| Por Abentofail Pérez

El objetivo de Dussel es, en sus 20 Tesis de Política, desentrañar teórica y prácticamente a la política como concepto y como hacer. Metodológicamente pretende ir de lo abstracto a lo concreto analizando los conceptos más relevantes, o más afines o discordes a la teoría que busca construir. 

Es difícil encontrar una estructura pura en el análisis de Dussel. La diversidad que se observa en los referentes teóricos a los que se acerca dificultan encontrar una guía analítica que fundamente las definiciones que se aventura a dar en varias de sus tesis. Es cierto que en él se revela la inclinación a algunas ideas de izquierda, y en esa medida sobresale el marxismo. A pesar de ello la contradicción puede observarse en él como un enriquecimiento del análisis filosófico que busca realizar sobre la política. 

Elabora en gran medida su fundamento teórico a partir de los tratados clásicos de filosofía política. Las ideas de Hobbes, Locke y Rousseau sobre el principio fundamental de conservar la vida, para sustentar la idea del Contrato Social, se encuentran presentes en su pretensión de construir a partir de ella la simiente de la organización pública. Es cierto que mantiene distancia principalmente con Hobbes sobre la configuración del orden político a partir de este principio de naturaleza, pero recupera innegablemente la idea del contrato como necesaria para construir el cuerpo político. La distinción entre potentia como el poder en sí del pueblo, como condición de legitimidad y posibilidad, y la potestas como poder institucionalizado y organizado, como razón práctica, será el eje de su análisis y el objetivo ideal será, en última instancia, lograr dirimir la contradicción real que entre estos dos poderes se observa, es decir, sintetizar en un poder legítimo y hegemónico apoyado por el pueblo, construido sobre instituciones política sólidas y operantes en beneficio de éste.

En este sentido el político debe aspirar a servir con vocación al pueblo y en la medida en que su llamado a servir al desamparado sea real, entonces ejercer su voluntad obedeciendo la voluntad popular. La fetichización del poder a la que alude Dussel es real e innegable. Considero un acierto el énfasis sobre el factor político de un concepto que sobre todo en Marx y desde Feuerbach, se había orientado al elemento económico y filosófico. Crear ídolos y olvidarse después que fue uno quien los creó para ahora servirlos ciegamente, define esta fetichización del poder. La realidad al respecto es congruente y el fenómeno encierra no solo ceguera o ignorancia, sino un modo particular de ejercer la política en el sistema democrático moderno.

El reconocimiento teórico de los pilares del andamiaje sobre el que se construye la política, sobre todo en la modernidad, donde podemos identificar el aporte de Dussel, así como la crítica a conceptos como el weberiano sobre el poder que aducen una idea contraria al ejercicio del poder político, son sumamente enriquecedores y aleccionadores. Sin embargo, es en el terreno práctico que pretende redefinir el autor de las 20 Tesis, en el que se observan incongruencias y convergencias con el fenómeno real.

La intención de Dussel de redefinir la aplicación de la política apelando a imperativos categóricos de carácter ético muy difícilmente lograrán un efecto real en un mundo donde la política y los grupos que en ella se conforman han roto desde hace ya mucho tiempo con esta potentia a la que él alude. Los grupos de poder, que más allá de sus intereses particulares, representan los intereses de una clase, son inmunes a los principios éticos y a los llamados al servicio o la vocación. Se adaptan a las nuevas circunstancias metamorfoseándose, cambiando de forma, sin por ellos cambiar en los hechos la práctica política. Apelar a los principios en una democracia que ha demostrado su inviabilidad práctica pero que sostiene la bandera de igualdad, fraternidad y libertad, aunque dichos conceptos sean cada vez más huecos como el mismo Dussel reconoce, es seguir el ideario grouchiano que mandaba: “estos son mis principios, y si no les gustan, tengo otros”.

El noble oficio de la política ha desaparecido, pero considero que la causa fundamental no son los hombres corruptos o corruptibles que se acercan al poder, sino el sistema político que refleja la decadencia del sistema económico al que, si bien alude Dussel, lo nombra solo como uno de los componentes que se entrecruzan con el elemento político, y entre los que se encuentran también el ecológico y el cultural.

La pretendida praxis de liberación solo podrá lograrse cuando los diversos grupos excluidos de la participación política logren unificar sus intereses y convertirse nuevamente en hegemonía y, en ese sentido, lograr que la potentia alcance su síntesis con la potestas. Dicha unificación tendrá como eje central el sistema económico, es decir, el capitalismo, solo así podrán los intereses particulares converger en un interés general y unificador que le permita al pueblo recobrar el control político. Pero esta transformación tendrá que efectuarse más allá del campo ético y cultural, en el terreno de lo real, o de lo político real.


Abentofail Pérez es historiador por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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