| Por Romeo Pérez

La innovación y el desarrollo científico y tecnológico son instrumentos centrales para alcanzar el crecimiento económico y el bienestar social en cualquier país, dice el documento Inversión para la Ciencia, Tecnología e Innovación, elaborado por la Oficina de Información Científica y Tecnológica para el Congreso de la Unión (INCyTU 2018). Además, los descubrimientos científicos y la generación de tecnología influyen en el desarrollo económico de un país, debido a que la innovación en la agricultura, salud, transporte y energía reduce los niveles de pobreza, explica el estudio Ciencia y Tecnología en México del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública.

Sin embargo, el gobierno mexicano camina en una dirección diferente a lo aconsejado por estos organismos reconocidos y respetados. Veamos: 1) en el Índice Mundial de Innovación 2018 México figura como uno de los países que menos recursos destina a la investigación científica y al desarrollo tecnológico, comparado con algunas naciones europeas y asiáticas. Por ejemplo, datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), indica que, en 2017, México ocupaba el lugar 56 en el rubro de la innovación, toda vez que su gasto equivalía al 0.5 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras que países como Finlandia, Japón, Israel y República de Corea destinaban seis u ocho veces más. 2) Con respecto a la formación de investigadores, la situación también es muy preocupante: en aquel mismo año (2017), en México había 244 investigadores por cada millón de habitantes, mientras que Rusia, Estados Unidos de América, Alemania, Japón, República de Corea, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Israel tenían entre 12.7 y 33.8 veces más; Israel, por mencionar solo un ejemplo, forma ocho mil 247 investigadores por cada millón de habitantes. 3) Otro indicador que muestra el atraso de México es el GIDE/PIB, que mide el porcentaje del PIB destinado al Gasto en Investigación Científica y Desarrollo Experimental (GIDE).

En países desarrollados, este porcentaje varía entre 1.5 y 4.2 por ciento, mientras que el de México fue de 0.33 por ciento de 2001 a 2006; del 0.43 por ciento de 2013 a 2018 y para este año se espera algo semejante, de acuerdo con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). 4) Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE 2017) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 47.6 por ciento de los desempleados en México cuenta con formación académica de nivel medio superior y superior, información compartida por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), que detectó que 3.5 millones de personas terminaron la universidad en el período 2005 – 2010 y que en ese mismo lapso solo se crearon 500 mil empleos. Por otro lado, la Academia Mexicana de Ciencias reporta que anualmente egresan tres mil jóvenes con doctorado, pero únicamente la mitad logra encontrar un empleo fijo y bien remunerado, y solo tres de cada 100 doctores pueden ingresar al sector público.

Como se observa, la situación no es muy alentadora. Pero lo peor de esto se halla en el hecho de que en el actual sexenio, el Estado Mexicano va en dirección contraria al rumbo deseable, pues el Conacyt tuvo un recorte de dos mil 261.2 millones de pesos (véase Presupuesto de Egresos de la Federación 2019), reducción que afectará, particularmente a los proyectos de investigación básica y aplicada, así como al desarrollo tecnológico, ya que de los 448 proyectos existentes en 2018, solo siguen vigentes 179.

La disminución o de plano la eliminación del presupuesto en obras y proyectos de gran impacto hará que la desigualdad y la pobreza se agudicen cada vez más. Ya se ha demostrado que los apoyos en efectivo (incluidas las becas) con entrega directa o a través de tarjetas bancarias, no reducirán la pobreza de los mexicanos, pues lo único que hacen es resolver algunas necesidades de corto plazo. Por tanto, si se desea un cambio de fondo, acabar en definitiva con la desigualdad y la pobreza en México, no queda más que plantearse la creación de grandes proyectos de innovación y desarrollo tecnológico, así como obras de impacto social que resuelvan las necesidades colectivas del pueblo mexicano, como el desarrollo urbano, viviendas, pavimentación, creación de albergues estudiantiles para miles de jóvenes, escuelas totalmente equipadas, institutos con laboratorios, unidades deportivas, casas de cultura, hospitales, teatros, auditorios, etc.

Romeo Pérez es doctor en ciencias físico-matemáticas por la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú, e investigador. Opinión invitada.
cemees.romeo@gmail.com

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