Por Betzy Bravo | Octubre 2023

Rafael Ramírez Castañeda fue un maestro veracruzano que trabajó incansablemente para hacer realidad la educación rural. No solo demandó la construcción de escuelas, sino también se dedicó a organizarlas y dirigirlas. Entre todos los educadores de la época, se destacó por su extensa producción escrita, especialmente dirigida a maestros y maestras.

Su principal preocupación era proporcionar una educación técnica a la población campesina para, de alguna manera, contribuir a que ésta mejorase su situación económica. Los desafíos que afectaban las escuelas rurales en aquella época eran similares a muchos que hoy continúan afectándonos: la pobreza, las malas condiciones de higiene y la desintegración social. También era preocupante el alto índice de analfabetismo en el sector campesino, así como la desintegración social. Por último, destacaba la falta de preparación técnica en el ámbito rural.

Esos eran los desafíos y problemas que Rafael Ramírez se planteó contrarrestar. De acuerdo con su pensamiento, era fundamental satisfacer las necesidades básicas de la gente y liberar sus mentes de las preocupaciones abrumadoras sobre cómo satisfacerlas, pues con ello, las familias podrían ser fácilmente encaminadas hacia su mejoramiento educativo y, en última instancia, cultural.

Fue en 1923 cuando Rafael Ramírez participó en una de las primeras misiones culturales llevadas a cabo en Zacualtipán, Hidalgo. El proyecto estaba enmarcado en la iniciativa de elevar el nivel educativo del país. El objetivo principal de estas misiones era brindar educación en las comunidades rurales e indígenas de difícil acceso en todo el país, incluyendo las zonas montañosas y costeras. Esta experiencia permitió a Rafael Ramírez profundizar el análisis sobre los desafíos significativos que enfrentaban las comunidades rurales. En respuesta, decidió dedicar todos sus esfuerzos para resolverlos a través de la educación escolarizada.

Durante la expedición, Rafael Ramírez trabajó en colaboración con Narciso Bassols y Moisés Sáenz. Desde entonces establecieron los principios y normas que guiarían la educación rural. Con el tiempo, se desarrolló un completo sistema educativo conocido como  Escuela Rural Mexicana. El proyecto no sólo se centraba en brindar a niños y niñas una educación básica, sino que también se concebía como una “Casa del Pueblo”. En este sentido, personas adultas de todas las edades y géneros acudían a la escuela para aprender habilidades y mejorar sus aptitudes.

Gracias a la visión y dedicación de Rafael Ramírez, la Escuela Rural Mexicana se convirtió en un símbolo de progreso y desarrollo en las comunidades rurales, brindando oportunidades educativas y fomentando el crecimiento integral de las personas, sin importar su edad o género. Uno de los objetivos primordiales de la Escuela Rural era la educación para las personas adultas.

Para Rafael Ramírez, dicho sector era el más importante al que debe dirigirse cualquier empresa educativa, pues un proyecto educativo que no atiende a los elementos maduros de la sociedad se incapacita a sí misma para moldear a la niñez, ya que ésta es moldeada por la comunidad en su conjunto. Para Castañeda era necesario abordar la educación desde una perspectiva integral, que considerara a toda la comunidad y no solo a una parte mínima, ya sea niños, niñas o jóvenes.

Así, la educación, que ha sido concebida principalmente para las generaciones jóvenes, en el caso de la población rural, que se encuentra notablemente rezagada, debe proyectarse también hacia el sector adulto y extenderse a toda la comunidad. De lo contrario, la educación dirigida únicamente al sector no maduro de la sociedad sería una tarea insignificante y sin impacto duradero.

La labor incansable de Rafael Ramírez Castañeda y su enfoque en la educación rural dejaron una huella significativa en la promoción del conocimiento y el desarrollo en las zonas rurales de México. Hoy, el proyecto no está concluido, y hay movimientos sociales que hacen honor al ejemplo del pedagogo veracruzano, como la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez”.


Betzy Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Fuentes

Rafael Ramírez en La Casa Del Pueblo y el Maestro Rural Mexicano: Antología, Universidad de Texas, Secretaría de Educación Pública, 1985.

Villanueva, Salinas, R. “La educación rural, coincidencia de dos pedagogos latinoamericanos: Jesualdo Sosa y Rafael Ramírez Castañeda”.

Por Betzy Bravo | Agosto 2023

Una educación que carece de un sólido proceso de aprendizaje conduce a una retórica moralizante, emotiva y superficial, incapaz de abordar las desigualdades e injusticias del mundo, puesto que no colabora en la profundización de lecturas, mecanismos de abstracción o comprensión, acciones que eventualmente posibilitarán que se forme una población crítica. Así, la enseñanza desde el nivel básico que se queda en la superficie, es decir, que no promueve el pensamiento matemático, lecturas y ejercicios prácticos, limita el razonamiento de los fenómenos de la realidad. Por ello, se ha dicho que la manipulación de los textos educativos por parte de las autoridades políticas y económicas tiene el objetivo de manipular, pues logra impedir en buena medida la reflexión y la crítica social.


En política educativa, es reiterado que las innovaciones tengan el objetivo de construir un conocimiento que no muestre ciertos procesos históricos o bien que los muestre a conveniencia. Por eso es sospechoso que en este año la Secretaría de Educación Pública (SEP) presente una nueva edición de los libros de texto gratuitos, aunada a la difusión de un libro que contiene un capítulo propagandístico en favor del gobierno en turno, así como a la eliminación de la materia de filosofía en el nivel medio superior.


Recientemente, ha llamado la atención la propuesta de eliminar los libros de matemáticas y español para el primer año de primaria. Aunque ha habido protestas al respecto por parte de especialistas, madres y padres de familia, la SEP parece decidida a implementar su nuevo modelo educativo sin llegar a un consenso previo con las entidades federativas y otros actores involucrados en la enseñanza pública.


Los libros de texto de la Secretaría de Educación han tenido gran importancia históricamente. Las ediciones de los mismos pueden consultarse en el Archivo de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG). Especial relevancia tiene el libro de matemáticas, pues a través de esta ciencia el cerebro es entrenado para elaborar procesos de abstracción necesarios, lo que ayuda a comprender cualquier tipo de conocimiento.
El libro de matemáticas para primer año de primaria ha evolucionado a lo largo del tiempo, ha pasado desde un enfoque en geometría y aritmética hasta abarcar temas más amplios y aplicaciones prácticas.


En 1972, se hizo un esfuerzo significativo para mejorar la calidad de todos los libros de texto, con énfasis en el ámbito de las matemáticas. Destacados matemáticos, como Eugenio Filloy, desempeñaron un papel fundamental en la creación de estos libros. De acuerdo con Raúl Rojas González, profesor en el Departamento de Matemáticas y Computación de la Universidad Libre de Berlín y matemático por el Instituto Politécnico Nacional, en 1972, el enfoque mexicano de enseñanza de las matemáticas era altamente sistemático. Los niños y las niñas aprendían a razonar en términos de conjuntos, a comprender su inclusión y comparabilidad. A partir de este enfoque, se derivaban los conceptos numéricos; se explicaban mapeos de conjuntos, lo que permitía comprender de manera implícita las propiedades de los números naturales y las operaciones aritméticas. Este libro de matemáticas tenía un extenso contenido y casi cada página ofrecía espacio para realizar ejercicios escritos. De esta manera, se fomentaba un aprendizaje activo, donde los y las estudiantes podían aplicar directamente los conocimientos adquiridos.


El enfoque y el rigor de este libro sentó las bases de su enseñanza. La última edición (2019) incluía 210 páginas y un material exclusivo para los docentes con el propósito de garantizar una didáctica efectiva. Esta tradición de valorar la enseñanza de las matemáticas fue eliminada hace unas semanas.
De acuerdo con la doctora en Pedagogía Irma Villalpando, los nuevos libros para el primer grado carecen de un enfoque sistemático en matemáticas y presentan cápsulas didácticas desordenadas. La materia de matemáticas ya no se enseñará con base en un libro independiente sino que se le dedicarán apenas 11 páginas integradas en un libro con varias ramas del conocimiento, tal enseñanza es concebida como “proyecto” y no como una materia, además, no da espacios para resolver ejercicios.


Se entiende que el nuevo enfoque pedagógico pretende alejarse de la pedagogía neoliberal, es decir, busca eliminar la competencia y la jerarquía entre individuos que predomina en la educación positivista científica. Contrario a esto, en el nuevo programa de estudios de la 4T tiene un gran peso el conocimiento ancestral, como la herbolaria. Se trata de una propuesta decolonial que pretende revalorar el conocimiento primitivo comunitario. Sin caer en la descalificación de las grandes enseñanzas populares, es importante cuestionar el destierro del conocimiento matemático.


Se nos recomienda ser flexibles y adaptarnos tanto antropológica como institucionalmente a los constantes cambios del mundo, se proclama por parte de las instituciones gubernamentales que la escuela debe modificarse para enfrentar los desafíos del futuro. Sin embargo, los cambios que incluye el nuevo programa de estudios limitan el pensamiento y el análisis al modificar radicalmente un contenido científico que privilegiaba el razonamiento. La 4T presume de brindar resistencia a las instancias económicas y de promover un ímpetu revolucionario. Pero una transformación real de la sociedad necesita que la enseñanza científica continúe teniendo su lugar. No es necesario que se eliminen las enseñanzas comunitarias, sino que simplemente no se privilegie a un solo tipo de conocimiento.


En lugar de que la escuela se adapte ciegamente al mandato de un partido político, tiene la importante tarea de preparar a jóvenes, niños y niñas para que comprendan realmente el mundo en que viven. Entender el mundo no implica simplemente adaptarse a él con los valores heredados por nuestros ancestros, sino tomar distancia para reflexionar sobre lo que debe ser cambiado. Esta distancia es posible, sí al conservar y transmitir las enseñanzas populares, pero también en buena medida gracias a la enseñanza de materias básicas como español y matemáticas. La educación pública actúa como un puente entre la familia y el mundo exterior, permite que el estudiantado se convierta en ciudadanía, en personas autónomas y capaces de dialogar, criticar y transformar la sociedad.


Es fundamental considerar a la escuela no como un mero aparato ideológico del Estado, sino como una de las conquistas más valiosas de la clase obrera, que debe ser preservada, cuidada y fortalecida políticamente. Los programas de estudios deben proclamar el atesoramiento de la enseñanza como un patrimonio de la humanidad que posibilita la reflexión y los avances científicos. Tal crítica y tal desarrollo se ven amenazados si se permite una intervención superficial en los libros de texto.


Betzy Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Octubre 2022

En septiembre, la Secretaría de Educación Pública (SEP) actualizó los indicadores educativos[1] del ciclo escolar 2021-2022, por lo que ahora podemos ver, aunque sea a grandes rasgos, la situación actual de la educación en México. En este artículo, sin embargo, trataré solo los temas de cobertura y absorción.

En educación básica, el preescolar es el nivel con menores Tasas Netas de Escolarización (TNE). Una TNE nos dice cuántos de los estudiantes en edad de cursar cierto nivel educativo de hecho se encuentran inscritos en él.

La TNE en preescolar se incrementó hasta el ciclo 2016-2017, cuando alcanzó 73.9%. Desde entonces, este indicador ha disminuido de manera sostenida, antes, durante y después del confinamiento por Sars-CoV-2. Como era de esperar, el mayor descenso ocurrió en el ciclo 2020-2021, durante el confinamiento. Aquí, la TNE pasó de 71.4% a 65.6%. Sin embargo, lo que se pudo observar en el último ciclo escolar fue un nuevo descenso, donde la TNE apenas alcanzó el 63.3%.

Para hacernos una idea de la magnitud del problema, consideremos que en 2021 la población de entre tres y cinco años fue de 6 millones 523 mil 361 niños y niñas, por lo que una TNE del 63.3% nos dice que durante el último ciclo escolar hubo cerca de 2 millones 393 mil 594 niños y niñas que, por una u otra circunstancia, no pudieron ejercer su derecho a la educación[2].

Este retroceso en el acceso a preescolar resulta por demás problemático si consideramos que los primeros niveles educativos son cruciales para combatir el rezago, las desigualdades e, incluso, para el desarrollo neurológico de niños y niñas[3].

En comparación con preescolar, la primaria cuenta con un acceso casi universal. Hasta el ciclo 2012-2013, la TNE rondaba el 100%. Sin embargo, desde 2013-2014, este indicador ha tendido a la baja, llegando a 97.4% en 2020-2021 y a 96.3% durante el último ciclo escolar. Estos dos descensos, que suman dos puntos porcentuales, parecieran ser poco, sobre todo para un contexto de pandemia. Sin embargo, si consideramos los absolutos, veremos que el problema no es menor. En el ciclo 2019-2020, el número de niños y niñas de entre 6 y 11 años que no asistía a la primaria era de cerca de 223 mil 443 en todo el país, casi un cuarto de millón[4]. En 2021-2022, esta cifra alcanzó los 487 mil 814 casos[5], es decir, más del doble que lo reportado dos años antes.

En secundaria, la historia es un tanto distinta. Aquí, la TNE aumentó de manera sostenida hasta el ciclo 2014-2015, alcanzando un máximo de 88.3%. Desde entonces se ha observado una caída de la cobertura que, sin embargo, tuvo un ligero repunte en el ciclo 2020-2021, quedando finalmente en 83.9% durante el último ciclo escolar.

De nuevo, para hacernos una idea del tamaño del problema, consideremos que, en el ciclo escolar 2021-2022, había un 16.1% de jóvenes de entre 12 y 14 años que no asistía a la secundaria, es decir, 1 millón 75 mil 201 casos[6]. Por supuesto, no sabemos en qué proporción se trata de jóvenes que abandonaron sus estudios, los interrumpieron temporalmente, se quedaron rezagados en algún nivel anterior o definitivamente nunca ingresaron al sistema educativo.

Sin embargo, algo que sí sabemos es que, en los últimos dos años, el porcentaje de estudiantes que ingresa a secundaria, con respecto a los que egresan de secundaria, se redujo. Y lo mismo ocurrió con los egresados de secundaria que ingresan a media superior. A este indicador lo conocemos como absorción y nos dice qué porcentaje representan los nuevos ingresos a un nivel educativo con respecto a los egresados del nivel anterior.

Así, en secundaria, para el ciclo 2019-2020, pudimos observar un índice de absorción del 96.9%, lo que quiere decir que, por cada 100 egresados de primaria, hubo 97 estudiantes que ingresaron a la secundaria. Para el ciclo 2020-2021, sin embargo, la absorción fue de 94.5% y para 2021-2022 fue de solo 93.1%.

De acuerdo con la misma SEP, al final del ciclo antepasado hubo un total de 2 millones 274 mil 441 egresados de primaria, lo que quiere decir que, al menos y aproximadamente, hubo 156 mil 804 estudiantes que egresaron de la primaria en julio de 2021, pero no ingresaron a secundaria en agosto.

En media superior, por otro lado, la absorción del ciclo 2019-2020 fue de 102%. Es decir que entraban más estudiantes a preparatoria de los que egresaban de secundaria. Esto tiene sentido si consideramos que el indicador de absorción no toma en cuenta la edad normativa, como sí lo hace la TNE. Pues bien, al año siguiente, durante el confinamiento, la tasa de absorción fue de solo 91.1%, y en el ciclo escolar 2021-2022, fue de apenas 90.3%. Así, en el último ciclo escolar, hubo, al menos y aproximadamente, 195 mil 852 jóvenes que, habiendo egresado de la secundaria, no ingresaron a media superior.

La educación media superior constituye uno de los mayores filtros del sistema educativo. En términos de cobertura, nuestro sistema no ha logrado brindar acceso, ni siquiera, al 65% de los jóvenes de entre 15 y 17 años. A este respecto, la TNE aumentó de manera sostenida hasta 2017-2018, cuando alcanzó 63.8%. En lo sucesivo, sin embargo, solo tenemos reducciones sostenidas, alcanzando, en el último ciclo escolar solo 60.7% de cobertura neta.

Nuevamente, para hacernos una idea de la magnitud del problema, consideremos que en el último ciclo escolar la población de entre 15 y 17 años fue de 6 millones 671 mil 637 estudiantes. Esto quiere decir que, al menos y aproximadamente, 2 millones 623 mil 561 de ellos no estaban estudiando la preparatoria en el ciclo que acaba de concluir.

En educación superior el panorama es un tanto distinto. Aquí, la absorción, en lugar de subir, ha disminuido de manera progresiva desde hace ya varios años. En el ciclo 2012-2013, por ejemplo, por cada 100 egresados del bachillerato, había aproximadamente 86 estudiantes que ingresaban a la universidad. En el último ciclo escolar, por cada 100 egresados, solo ingresaron 68. Lo que este dato revela es que la expansión de la educación superior se está viendo rebasada progresivamente por la educación media.

Sobre la cobertura[7] en educación superior, ésta se ha incrementado de manera ininterrumpida. Aquí, contrario a lo observado antes con las TNE, no hubo reducciones durante los últimos dos años, lo que resulta positivo.

De hecho, por lo que hemos podido apreciar, parece que los efectos de la pandemia, al menos en cuanto a cobertura y absorción se refiere, se han centrado en la reducción del acceso a preescolar y las transiciones a secundaria y media superior.

Tal parece que, de cara a la compleja situación experimentada con la crisis sanitaria y económica, así como con las dificultades de las clases a distancia, muchos hogares mexicanos no encontraron otra alternativa que postergar el ingreso de sus hijos e hijas al preescolar, a la secundaria o a la preparatoria.

Enfrentamos un problema fundamental de la educación en México. Para que cada niño, niña y joven pueda ejercer su derecho a la educación es necesario, en primer lugar, que haya suficientes escuelas con lugares disponibles y es necesario, en segundo lugar, que todos estén en condiciones de poder acceder a ellas[8]. Si no se cumplen estas condiciones básicas, entonces no podremos atender y solucionar otros problemas igualmente importantes como la calidad y la equidad educativas.

El problema, además, se vuelve tanto más urgente, por cuanto los problemas de acceso y progresión en el sistema educativo están altamente influidos por la desigualdad[9]; de manera que son las niñas, niños y jóvenes de estratos más bajos los que o bien tienen menores oportunidades de acceso al sistema educativo o lo abandonan antes.


Pablo Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] https://www.planeacion.sep.gob.mx/indicadorespronosticos.aspx

[2] Todos los absolutos presentados en el artículo fueron tomados del Reporte de Indicadores Educativos de la SEP y que está disponible en el primer enlace citado.

[3] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-85502018000200033

[4] Considerando una población de entre 6 y 11 años de 13,301,957.    

[5] Considerando una población análoga de 13,236,735.

[6] De una población de entre 12 y 14 años de 6 millones 659 mil 928 jóvenes.       

[7] En educación superior no está disponible la cobertura en términos de TNE, por lo que utilicé el indicador de cobertura. Este, nos dice qué porcentaje representan todos los estudiantes de universidad (sin distinción de edad, en modalidad escolarizada y no escolarizada, aunque sin contar posgrado) con respecto a la población de 18 a 22 años.

[8] https://revistas.uam.es/jospoe/article/view/5625

[9] Lorenza https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-26732014000100004

Patricio, Emilio y Héctor https://libros.colmex.mx/wp-content/plugins/documentos/descargas/P1C230.pdf

Septiembre 2022

Si tuviera que resumir en pocas palabras la política pública de financiamiento educativo de la 4T, diría que ha consistido en recortes, reasignaciones a conveniencia, subejercicios y opacidad.

Durante los primeros años del gobierno obradorista desaparecieron varias partidas presupuestarias, incluyendo muchas dedicadas a la atención de sectores vulnerables o a mejorar la calidad del sistema educativo. Se eliminaron partidas como las de “Atención a la Diversidad de la Educación Indígena”, “Atención Educativa de la Población Escolar Migrante”, “Desarrollo de Aprendizajes significativos en Educación Básica”, “Escuelas de Tiempo Completo”, “Programa para la Inclusión y la Equidad Educativa”, “Evaluación de la calidad de la Educación”, entre otros. Además, tendríamos que considerar también los recortes en decenas de otros programas que no desaparecieron.

Pero ¿y todo esto para qué?, ¿a dónde fue el dinero? Durante este sexenio, los programas más beneficiados han sido “La Escuela es Nuestra”, las “Becas para el Bienestar Benito Juárez” de educación básica y media superior, y “Jóvenes escribiendo el Futuro”, es decir, los programas emblema de la administración. Tan solo en 2022, estos programas concentraron uno de cada cuatro pesos del ramo 11, destinado a educación pública.

Este aumento en transferencias no estaría mal si no fuera en detrimento de otros programas. Pues proceder así, recortando unos programas para favorecer otros es como cavar un hoyo para tapar otro. Además, habría que considerar que estas políticas han servido como moneda de cambio para fortalecer la clientela electoral morenista. Tristemente, la política de financiamiento educativo parece tener fines políticos y no educativos.

Pero esto no es todo, pues durante esta administración también ha habido subejercicios importantes del presupuesto. Tan solo durante el periodo de Delfina Gómez al frente de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se calcula que se dejaron de ejercer cerca de 25 MMDP[1].

El problema con el subejercicio es que permite que las autoridades hagan reasignaciones discrecionales, lo que favorece la opacidad en la función pública, es decir, que nos impide saber cuándo, cómo y con qué resultados se está gastando el dinero de los mexicanos, además que esta misma opacidad facilita los actos de corrupción.

En recientes fechas, por ejemplo, Dalila Sarabia y Data Cívica dieron a conocer que uno de los programas educativos emblemáticos y con más recursos de la 4T, La Escuela es Nuestra, presenta graves problemas de opacidad y podría incluso estar implicada en actos de corrupción. Al respecto, solo una de cada tres escuelas ha recibido apoyo y la SEP no cuenta con información sobre la aplicación de los recursos gastados, además de que, para ciertas localidades se reporta un número mayor de escuelas beneficiadas de las existentes[2].

En este contexto, ¿qué podemos esperar del proyecto de presupuesto en materia educativa? Lo primero que puedo decir es que el presupuesto proyectado es bastante similar al de años anteriores, aunque en esta ocasión es bastante optimista. A simple vista, parece traer buenas noticias, pues, con respecto a todo el presupuesto educativo, habría un aumento real de 6% con respecto al de este año. Sin embargo, la mayor parte de este aumento se ubica, precisamente, en el programa La Escuela es Nuestra, que pasó de 9.3 a 17.4 MMDP, lo que representa un aumento del 87%. Por lo demás, el nuevo proyecto no trae grandes recortes, pero tampoco corrige los operados en años pasados, y los programas beneficiados siguen siendo los mismos de siempre.

Digo que el presupuesto es optimista porque, como lo hizo notar Enrique Quintana, el presupuesto de egresos está planteado sobre la base de expectativas muy altas de crecimiento, así como pronósticos de baja inflación, tipo de cambio y tasas de interés. Y la cuestión es, precisamente que, en caso de no cumplirse estos supuestos, no se contará con los recursos suficientes para solventar el gasto público proyectado[3].  

Pero ¿qué sentido tiene proyectar un presupuesto poco realista? En mi opinión, la administración entregó un proyecto optimista para no dar de qué hablar, pero en el fondo sabe que no se ceñirá a lo planeado, sino que usará el subejercicio y la opacidad como herramientas para manejar el presupuesto a su conveniencia. En este sentido, las promesas del presupuesto son solo promesas vacías.


Pablo Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] https://www.24-horas.mx/2022/08/10/acumula-delfina-gomez-en-sep-25-mmdp-de-subejercicio/

[2] https://www.animalpolitico.com/2022/09/la-escuela-es-nuestra-apoyos-planteles-sin-cuentas/

[3] https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/enrique-quintana/2022/09/09/un-paquete-optimista-hay-bases-para-ello/

Julio 2022

Se dice que el adoctrinamiento educativo se da bajo un régimen fascista, sin embargo, puede darse perfectamente bajo una democracia. La Nueva Escuela Mexicana propuesta por la Secretaría de Educación Pública (SEP) es un intento de doctrina educativa.

El adoctrinamiento educativo ocurre en regímenes autoritarios, se trata de la transmisión de ideologías que son recibidas pasivamente por el estudiantado, tiene el objetivo de que las y los estudiantes hagan propia la ideología que beneficia al régimen gobernante. En el caso de México, ocurre en dos escalas: a escala local, al modificarse el contenido de las lecciones de historia del país, y desde una escala global, pues se acopla a algunos establecimientos que dictan organismos internacionales.

Así, la doctrina se establece, en primer lugar, desde un nivel global. Los proyectos educativos a escala mundial han ido acoplándose a los parámetros que dictan organismos internacionales: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos son organismos que rigen los planes económicos con base en los cuales se desarrolla la enseñanza en todo el mundo. Dichos planes tienen los siguientes objetivos: enseñar a gestionar las emociones, reducir los contenidos educativos (se le resta atención a la enseñanza de la historia y la filosofía, por ejemplo), dar primacía a la enseñanza de las ‘competencias’ y desarrollar técnicas ajenas a la educación como resolución de problemas empresariales. En pocas palabras, a nivel global, la educación está orientada al entrenamiento de la personalidad para emprender o acoplarse a los roles de las empresas.

En cuanto a la escala local, fue bien conocida la campaña de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para establecer nuevos planes de estudio, desde el nivel básico hasta el nivel medio superior, con el fin de que las nuevas generaciones se adapten a la nueva realidad mexicana, lo cual no es otra cosa que un eufemismo para hacer valer el aspecto dogmático que desean imponer.

Una muestra clara de esto fue la publicación del libro México, grandeza y diversidad, que alude al gobierno actual como el salvador de los males del pueblo; el gobierno de la 4T quiere hacer pasar por verdad esta mentira. Por otro lado, Delfina Gómez, la titular de la SEP, ha establecido que no se reprobará a los estudiantes porque eso fomenta la competitividad, algo propio del sistema neoliberal al que supuestamente se oponen ella y Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, con dicha medida no combaten al neoliberalismo, pues un sistema económico no se abole por decreto sino porque la misma realidad así lo impone, y en el país sigue imponiéndose la realidad neoliberal del mundo; poner dieces o cincos no libera al estudiantado de un sistema competitivo para el que, de hecho, ya está siendo preparado por dictamen de organismos internacionales.

El adoctrinamiento educativo actual, impuesto desde las instituciones de las élites económicas, es un proyecto totalitario astuto, no es un adoctrinamiento a la vieja usanza: fascista o patriota, es una doctrina que se establece con base en argumentos que parecen bienintencionados, pero que finalmente desembocan en la restricción de la crítica o la reflexión de los estudiantes.

La SEP se ha acoplado a objetivos establecidos por la enseñanza en beneficio de los empresarios al restarle importancia a las materias de humanidades en el nivel medio superior, y también ha elaborado un programa educativo que contiene propaganda electorera. Hay una doble vía de doctrina en La Nueva Escuela Mexicana, lo cual facilita la creación de sujetos débiles y manejables.


Betzy Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Junio 2022

Escucha este texto

La educación media superior, que constituye el bachillerato, es el cuello de botella de nuestro sistema educativo. Es en torno a este nivel que una mayor proporción de estudiantes interrumpe o se rezaga en sus estudios.

Para darnos una idea del problema, analicemos los siguientes datos. Para el ciclo escolar 2020-21, el Consejo Nacional de Población (CONAPO) estima que en México había 6 millones 674 mil 504 jóvenes con edades de entre 15 y 17 años. Este dato es importante porque este es el rango de edad considerado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para definir a la población “en edad de asistir a la preparatoria.”

Considerando esta edad, la SEP nos informa que para el ciclo señalado la Tasa Neta de Escolarización (TNE) en media superior ascendía 62.2%. Esto quiere decir que por cada diez estudiantes en edad de ir a la preparatoria solo seis estaban de hecho inscritos en una. Con esta información, podemos inferir que en el ciclo escolar pasado había aproximadamente 3 millones 203 mil 761 jóvenes en edad de ir a la preparatoria que no asistían a ella. Esto es poco más que la población de todo el estado de Coahuila, que cuenta con aproximadamente 3 millones 146 mil habitantes.

¿Quiere esto decir que 3 millones de jóvenes abandonaron la escuela? No exactamente. Este dato nos dice quienes, de los que deberían ir a la preparatoria, de hecho asisten y quienes no, pero no nos dice por qué no asisten ni cuándo dejaron de ir. Así, por ejemplo, es probable que algunos hayan abandonado sus estudios durante la secundaria o la primaria. Otros tal vez no abandonaron la escuela, sino que están rezagados en algún grado previo. Y otros más, quizá, nunca entraron al sistema educativo. Es difícil saberlo. Sin embargo, y en todo caso, esos más de 3 millones de jóvenes no están ejerciendo, en tiempo y forma, o en absoluto, su derecho a la educación.

Para hablar del abandono en media superior habría que considerar la matricula total que la SEP reportó para el ciclo señalado, y que asciende a 4 millones 985 mil 5 estudiantes. De estos, el abandono registrado fue de 10.8%, es decir, 538 mil 380 jóvenes que, en menos de un año, dejaron la preparatoria. Si consideramos que en el Estadio Azteca caben aproximadamente 87 mil personas, esta cantidad de jóvenes podría llenarlo más de seis veces.

Pero lo más lamentable de estas cifras es que no son extraordinarias. En el ciclo escolar 2018-19, antes de la pandemia, la TNE era de 63.6% y el abandono de 13%.  Es interesante notar que, mientras el abandono antes de la pandemia fue mayor que en el ciclo 2020-21, la cobertura fue menor. Esto se debe a que, durante este último ciclo, una gran cantidad de jóvenes que egresó de secundaria interrumpió su transición a media superior. Esto se puede observar con el indicador de “absorción”, que toma el total de estudiantes de nuevo ingreso en preparatoria (sean recién egresados de secundaria o no) y lo divide sobre el número de recién egresados de secundaria. Así, en el ciclo escolar 2018-19, la absorción registrada fue de 106.3%, mientras que en el ciclo 2020-21 fue de solo 91.1%, lo que representa una reducción de 15.2 puntos porcentuales. Este es quizá el cambio más drástico registrado por la SEP en las condiciones de acceso a media superior durante la pandemia. Sin embargo, es notoria la presencia de problemas de acceso ya añejos.

Por eso llama la atención, como lo señaló Alejandro Canales en su artículo ¿y la media superior? (educacionfutura.org, 26-05-2022), que tanto política como mediáticamente se siga ignorando en grado sumo a las preparatorias. Y es verdad que hay becas para los estudiantes de este nivel educativo. Sin embargo, y aunque las becas son necesarias, no son suficientes para corregir los grandes problemas de la educación media. Por eso resulta alarmante que la nueva administración esté relegando aspectos de la mayor centralidad, como el de la precariedad docente, que recientemente llevó a los profesores de 308 planteles del CONALEP a entrar en paro, para exigir atención a sus carencias laborales.

La media superior seguirá siendo el cuello de botella de nuestro sistema educativo mientras los gobiernos se rehúsen a tomar con seriedad los graves problemas educativos que aquejan a los mexicanos.


Pablo Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Mayo 2022

La nueva reforma de la Secretaría de Educación Pública (SEP) es, en lo fundamental, un cambio en el marco curricular del sistema educativo. Es decir, lo que buscan cambiar son más los contenidos de la enseñanza, la forma de organizarlos y presentarlos, así como algunos enfoques para comprenderlos. Por eso se dice que con esta reforma se busca salir de la “educación neoliberal”, que se quiere pasar de la competencia a la “compartencia”, que ya no habrá grados sino fases, que habrá autoevaluación, que se incluirán saberes tradicionales, que la comunidad estará en el centro de la enseñanza, que ya no habrá materias sino campos de conocimiento, etcétera. Pero, la cuestión no es si el sistema educativo, desde el punto de vista curricular, puede mejorar, fomentando la solidaridad, el humanismo y muchas otras cosas. Puede hacerlo. ¿Es esta la mejor propuesta curricular? Lo dudo. Es más una improvisación cargada de fraseología y menos una serie de propuestas concretas. Pero creo que lo más importante de esta reforma no es tanto lo que dice, sino lo que omite.

El objetivo del sistema educativo es y debe ser permitir que cada mexicano y mexicana garantice su derecho a la educación. Que haya suficientes escuelas y que todos, en los hechos, puedan asistir. Por eso la educación debe ser gratuita, completamente accesible a todos, y el sistema educativo debe ayudar a que esta condición se cumpla. Luego, es necesario que la educación sea de buena calidad y considere las diferencias socioculturales de la población. Y esto no es sencillo. Porque no se trata solo de tener a los profesores más capacitados o el mejor currículo. Se trata también, y quizá este es el reto más grande, de hacer que la escuela logre sortear las desigualdades sociales de los estudiantes. Porque estas desigualdades se traducen en abandonos, rezago, malos aprendizajes, etcétera. Y las principales víctimas de esto son los niños y niñas más pobres.

Por supuesto, el problema de las carencias y desigualdades educativas no es nuevo. Y no se ha resuelto, no tanto por falta de conocimientos. En México tenemos muchos expertos en educación. Ha sido más un problema de falta de voluntad política, así como de continuidad en las políticas educativas y, sobre todo, un problema de presupuesto. Para mejorar el sistema educativo necesitamos mejorar la infraestructura, el equipamiento de las escuelas y las condiciones laborales de los profesores. Necesitamos incluso que la escuela sea capaz de cubrir algunas necesidades de los estudiantes, como la alimentación o el transporte. Y todo esto requiere presupuesto. Esto es lo que no se ha solucionado en tantos años. Y lo peor de todo es que con la política de austeridad -casi “austericida”- de la 4T, más bien estamos desarmando, arrancándole herramientas al sistema educativo. Se recortan y desaparecen programas educativos. Se desatiende la infraestructura. Se elimina el Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE).

El gobierno está dejando al sistema educativo a ciegas y desarmado, volcando el presupuesto a transferencias, diciendo que hace algo, cuando en realidad está vulnerando profundamente el derecho a la educación. Porque garantizar este derecho no es solo cuestión de becas, sino de un diseño institucional sólido y orientado a la compensación de desigualdades.

Todo esto se refleja, finalmente, en la propia reforma curricular de la SEP. Porque venimos de una pandemia y después de dos años con clases a distancia aumentaron tanto los rezagos como los abandonos. En este sentido, necesitaríamos un plan de intervención, no solo para volver a clases, sino para evaluar la magnitud del daño y plantear medidas para corregirlo. Pero no hay tal plan. Al respecto, la SEP publicó su “Estrategia nacional para promover trayectorias educativas y mejorar aprendizajes en educación básica”, que supuestamente busca corregir los problemas generados por la pandemia. Pero el diagnóstico es pésimo. Y la propuesta de intervención, de solo tres páginas, básicamente le dice a las escuelas que le echen ganas, que estén pendientes de nuevos abandonos y que traten de dar apoyo socioemocional a los estudiantes. El plan no dice nada de las carencias materiales de la educación, ni del presupuesto que se requeriría para resolverlas, y tampoco dice nada sobre elaborar un mejor diagnóstico del problema. Volviendo a cuento, la nueva reforma curricular pretende hacer una “revolución” de los contenidos educativos y su organización, con mucha retórica, pero sin las condiciones materiales para operar ningún cambio significativo, y descuidando tanto las carencias y problemas históricos del sistema educativo, como los estragos de la pandemia.


Pablo Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales

Mayo 2022

Escucha este texto

Hace unos días, la SEP dio a conocer su “Estrategia Nacional para promover trayectorias educativas y mejorar aprendizajes en educación básica.”

El documento pretendía ser un diagnóstico sobre el impacto de la pandemia en la educación (específicamente en lo que se refiere a logro educativo, pérdida de aprendizajes, rezago y abandono escolar) y, al mismo tiempo, un plan de intervención para corregir estos problemas.

El primer capítulo, sobre logro educativo, compila los resultados de pruebas estandarizadas que ya conocemos, como PLANEA y PISA, y cuyos últimos registros son hasta 2019. En ese sentido, el diagnóstico es el que ya conocemos: a pesar de contar con una cobertura amplia en educación básica, la calidad de la educación, al menos en cuanto a aprendizajes se refiere, es deficiente.

El segundo capítulo, sobre pérdida de aprendizajes, contiene información obtenida a partir de dos instrumentos. El primero fue una encuesta, con 23 preguntas de opción múltiple, que los profesores tenían que autoaplicarse para reportar su percepción sobre la perdida de aprendizajes, abandono y necesidades de la formación docente. El otro instrumento fue una entrevista, también autoaplicada, sobre rezago y abandono. Este segundo instrumento, sin embargo, solo se aplicó en seis estados.

Lo primero que hay que señalar aquí son los problemas de la muestra. Es verdad que se aplicaron 70 mil cuestionarios. Sin embargo, la observación está sesgada, es decir, no es representativa y, además, desconocemos las características del sesgo, pues básicamente el cuestionario lo respondió quien quiso responderlo.

Los cuestionarios autoaplicados y con autoselección pueden llegar a ser útiles para cosas específicas o cuando no hay otra forma de obtener datos. El problema es que, si quieres diseñar una “estrategia nacional” entonces necesitas datos censales o de una encuesta con un diseño muestral riguroso. Y aquí no tenemos ninguna de las dos.

El segundo problema es que se está tratando de evaluar aprendizajes sin tener una medición de aprendizajes. Esto es lo más grave. Los cuestionarios evalúan la percepción de los profesores. Y esta percepción puede ser considerada un proxi muy indirecto, pero no una medición de aprendizajes. El problema no son los datos sobre percepción, que pueden llegar a ser útiles. El problema es que, si tu objetivo es hacer una estrategia para corregir la pérdida de aprendizajes, lo más adecuado es tener, al menos, una medición estandarizada de los mismos, que aquí no se tiene.

Sobre los resultados de este segundo capítulo, se menciona que 46% de los profesores percibe una alta o muy alta pérdida de aprendizajes. También se dice que estas pérdidas se ubican más en las áreas de pensamiento lógico-matemático y comprensión lectora. Sin embargo, aquí es donde las limitaciones de los datos hacen sentir su peso, porque ¿en qué consiste una pérdida de aprendizajes en cada una de estas áreas? Tratándose de percepciones, es difícil saberlo.

El tercer capítulo es sobre abandonos. Y aquí ocurre algo parecido a lo que ocurrió con el primer capítulo. Se reportan los datos de siempre, elaborados a partir de la matriculación, lo que (como el mismo documento reporta) no permite ubicar los casos de estudiantes que, a pesar de seguir inscritos, en los hechos se han desvinculado del sistema educativo.

Pero la mayor decepción de este documento es la estrategia de dos páginas y media que propone para resolver estos problemas, y que consiste en 1) hacer evaluaciones al inicio de cada periodo escolar, 2) elaborar un protocolo de atención socioemocional, 3) promover metodologías innovadoras de enseñanza, 4) continuar con el sistema de alerta temprana de abandonos e 5) impeler a los profesores a usar las herramientas que la SEP les ha proporcionado.

Eso es todo. La “estrategia” son cinco recomendaciones genéricas, sin detalles y, sobre todo, sin mención alguna sobre las carencias de infraestructura y equipamiento de las escuelas, ni sobre los diferenciales de acceso que los estudiantes deben enfrentar por culpa de la desigualdad. Es decir, la estrategia propone generalidades que o ya se han propuesto o parcialmente ya se aplican, pero sin considerar los problemas materiales y de acceso más urgentes del sistema educativo.


Pablo Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales

Marzo 2022

La educación no debe ser ni un privilegio ni una inversión, sino un derecho imprescindible.

La educación pública, laica y gratuita, es una de las columnas vertebrales de la ciudadanía; por dicho derecho fundamental, al menos 40 mil personas murieron, fue adquirido con el deseo y la sangre de muchos miles, pues es una de las conquistas de la Revolución Francesa, y si se deja de cultivar puede perdérsele fácilmente.

Ahora bien, el educar está necesariamente ligado a la esfera pública, ya que se trata del primer contacto de niñas y niños con la sociedad. La educación implica una confrontación con la realidad social y, en ese sentido, un camino alterno a la autoridad familiar (que, desgraciadamente, repetidas veces está llena de dogmas, irracionalidades y violencia). La educación debiera contribuir para conocer el mundo de forma libre, independiente y autónoma. Y ésta es la tarea que lleva a cuestas el gobierno, que debe garantizar a través de las leyes del Estado.

En México, desde 1988 hay una verdadera agresión a los derechos constitucionales educativos. Para desgracia de millones, los daños a la enseñanza pública se han fortalecido en los últimos tiempos. Los recortes de recursos para fortalecer el aprendizaje son cada vez mayores. En este año, no hay dinero destinado a infraestructura educativa, y recientemente eliminaron el importante programa “Escuelas de Tiempo Completo”, que beneficiaba a más de tres millones de estudiantes.

Por otro lado, los planes y programas de estudio han sido agraviados notablemente.  Delfina Gómez, la titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), informó que este mes continuarán las asambleas de consultas a la ciudadanía para elaborar el nuevo marco curricular, las cuales son una especie de consulta popular de López Obrador, es decir, son una farsa que sirve para perpetuar al partido político en el poder. El marco curricular ya está establecido (puede descargarse aquí: https://bit.ly/3sFQFC5) y en las consultas a la masa lopezobradorista solo se vota a su favor, de acuerdo con Marco A. Fernández, especialista de México Evalúa.

En buena medida, la base de los nuevos planes de estudio son apuntes obsoletos que se presentan como guía de una educación popular, cuando realmente se trata de una continuación del neoliberalismo en la escuela pública. Pero eso no es lo más grave, sino la ausencia de raciocinio en la estrategia de enseñanza: se plantea, por ejemplo, que la estructura curricular de los planes de estudio pasados debe eliminarse dado que es fragmentaria y que, por tanto, divide al conocimiento, hecho que desemboca en la incapacidad de conocer la realidad integralmente. Esa argumentación es absurda, resulta difícil creer que los especialistas de la SEP no sepan que para la síntesis del conocimiento de la realidad es necesario que primero haya un análisis, y por ello es imprescindible que la enseñanza sea a través de múltiples materias, desde diversos campos de la realidad que han de conjuntarse abstractamente en el cerebro humano.

No puede agotarse cada falacia del plan de estudios 2022 en este espacio, además, ése no es el objetivo. Pero si de lo que se trata es de que la educación se adecue a la sociedad y sus necesidades cambiantes, es claro que se ha de buscar un patrón eficiente de medida para evaluar las condiciones actuales. Dicha evaluación tendría que darse a través de verdaderos especialistas y no de pretenciosos mercenarios compinchados a favor de sí mismos y en contra de formar no ya una ciudadanía crítica, sino mínimamente una ciudadanía. Preocupa que la ambición irracional disfrazada de transformación continúe los estragos a un derecho que costó años y sangre de miles de actores políticos. Una sociedad que pierde los pilares de la enseñanza pública se dirige hacia un abismo y tal parece que hacia allá nos conducirán si no somos capaces de poner un alto.  


Betzy Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Febrero 2022

El 3 de octubre de 1921 se fundó la Secretaría de Educación Pública (SEP). Desde entonces, la educación en México ha avanzado enormemente. Sin embargo, aún queda mucho por hacer. La SEP tiene, todavía, una deuda con los mexicanos.

Antes de empezar, sin embargo, cabe hacer dos advertencias. En primer lugar y como dice el título, este texto quiere dar un panorama general del acceso a la educación básica en México. En este sentido, quedan fuera otros problemas relacionados con la calidad, la inclusión o la equidad. En segundo lugar, este panorama no busca ser exhaustivo. De hecho, es un análisis bastante acotado, dedicado a analizar, fundamentalmente la cobertura y expansión, pero sin considerar otros temas propios del acceso, como la gratuidad o la desigualdad. Todos estos y otros problemas, serán objeto de trabajos posteriores. Hechas las aclaraciones, prosigamos.

Empecemos considerando el analfabetismo. En los últimos 50 años (1970-2020), las personas (mayores de 15 años) que no sabían leer ni escribir pasaron de ser una de cada cuatro a solo una de cada veinte (1). Sin embargo, ese 4.7%, registrado en 2020 y que pudiera parecer poco, representa a casi 4.5 millones de personas (4,456,431), lo que equivale casi a la mitad de la población de la CDMX (9,209,944) y que es más que la población de cualquier capital de estado.

Fuente: INEGI.

Por supuesto, el grueso de estas personas se ubica en los grupos de mayor edad, mismas que no pudieron beneficiarse del viejo sistema educativo, pero que tampoco han podido beneficiarse posteriormente, mediante la educación para adultos. Por eso llama la atención la sostenida reducción del presupuesto destinado a este rubro. Tal parece que el Estado mexicano hubiera decidido dejar que el problema del analfabetismo se resuelva “naturalmente”, con el recambio generacional.

Fuente: INEGI.

Fuente: SHCP

Sigamos con la educación básica. Esta parte del sistema educativo nacional (SEN) está integrada por la educación inicial (0 a 2 años), preescolar (3 a 5), primaria (6 a 11) y secundaria (12 a 14). De estas cuatro modalidades, la primera es la más incipiente, contando con una cobertura de apenas 3.8% en el ciclo escolar 2019-2020 (2). Los otros tres niveles educativos, por el contrario, se han expandido bastante en los últimos años. Esto se puede observar en la evolución de su tasa neta de cobertura. Esta tasa, indica qué porcentaje de las personas en edad de estudiar cierto nivel educativo están de hecho inscritas en dicho nivel. La tasa neta de cobertura difiere de la tasa bruta de cobertura o cobertura bruta en que esta última contabiliza a todos los estudiantes inscritos en determinado nivel, independientemente de su edad, y los divide entre el número de personas en edad de cursar dicho nivel educativo. La cobertura neta, para hacer esta operación, solo considera a los estudiantes inscritos que cuentan con la edad normativa.

La cobertura neta en preescolar ascendió de manera sostenida hasta el ciclo 2016-2017. En 2001-2002, solo uno de cada dos niños y niñas de entre 3 y 5 años, asistía al preescolar. En 2016-2017, eran tres de cada cuatro. Sin embargo, y desde entonces, ha habido una reducción más o menos tendencial que se acentuó con los últimos dos ciclos escolares. Del ciclo 2019-2020 al ciclo 2020-2021, la cobertura neta pasó de 71.4 a 65.6%, respectivamente, lo que representa una reducción de 5.8 puntos porcentuales en la cobertura. Esta es la contracción de cobertura más grande observada en el SEN. En términos absolutos, esta reducción puede estimarse en un total de 380,941 niños y niñas (3).

Por otro lado, la cobertura neta en primaria está muy cerca del 100% desde hace ya bastante tiempo. Solo a mediados de la década pasada, esta cobertura tuvo una reducción de 1%, de la cual se recuperó parcialmente, para volver a caer en los últimos tres ciclos escolares, donde la cobertura pasó de 98.3% en el ciclo 2019-2020 a 96.3 en el presente ciclo 2021-2022 (4). Este retroceso de apenas el 2%, sin embargo, representaría, aproximadamente, a 264,735 estudiantes (5). En otras palabras, la reducción de 2% que observamos en la cobertura neta, con respecto al ciclo 2019-2020, supondría una reducción estimada en las inscripciones de un cuarto de millón de niños y niñas. Por supuesto, es muy probable que esta reducción en la cobertura se deba al contexto de pandemia, aunque no necesariamente se trata de casos de abandono, entendiendo por abandono a estudiantes que ya estaban inscritos en el nivel primaria y que se dieron de baja o que ya no se inscribieron al ciclo siguiente. También puede tratarse de un retraso en el ingreso a primaria; es decir, también puede tratarse de niños y niñas que, habiendo terminado el preescolar, no ingresaron a la primaria cuando debieron hacerlo, quizás esperando el regreso a clases presenciales, lo que, no obstante, constituye otra forma de interrupción de los estudios.

Ahora bien, en secundaria, la cobertura neta ascendió de manera importante durante los primeros quince años del siglo XXI, pasando de 69.6% en el ciclo 2001-2002 a 86.2 en el ciclo 2016-2017. Sin embargo y después de una caída de caso 2% en 2017-2018, la cobertura ha oscilado en torno al 84%. Curiosamente, y en contraposición con los niveles de preescolar y primaria, en secundaria no se observó una contracción de la cobertura durante los últimos ciclos escolares. Pero aquí hay que poner atención, porque una cobertura neta de 84% quiere decir que, como contrapartida, 16 de cada 100 jóvenes en edad de asistir a la secundaria, no asiste. En términos absolutos, esto representa, para el ciclo escolar 2020-2021, a 1,058,366 jóvenes (6). Las razones pueden ser muchas: algunos interrumpieron sus estudios durante la primaria o al terminarla, otros más se rezagaron en el nivel escolar previo o en la transición a la secundaria y otros más, quizá los menos, nunca ingresaron a la escuela. Al final, todos estos casos se juntan para configurar este nivel de cobertura neta.

Fuente: elaboración propia con datos del INEE (7).

Por supuesto, los estudiantes más propensos a enfrentar interrupciones y rezago son los estudiantes más pobres. En su informe sobre educación básica de 2019 (8), el extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), reportó, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), que, solo el 56 por ciento de los jóvenes de entre 17 y 21 años, en situación de pobreza extrema, contaba con al menos secundaria concluida; es decir, que 44% de estos jóvenes no había terminado dicho nivel. Entre los jóvenes en situación de pobreza moderada, este porcentaje es de solo 14.2, y entre los jóvenes fuera de pobreza, dicho porcentaje se reduce a cero.

Estos son, a muy grandes rasgos, los niveles de acceso a la educación básica. Ciertamente, hay grandes y muy importantes avances. Sin embargo, también hay grandes fisuras. Estas fisuras, vistas como porcentajes, pudieran llegarnos a parecer poco relevantes. Sin embargo, representan grandes retos que nuestro SEN debe enfrentar. Y estos retos resultan tanto más urgentes por cuanto los más afectados resultan ser precisamente los sectores más vulnerables: las niñas y niños en pobreza, indígenas y de zonas rurales. Además, cuando pasamos de porcentajes a absolutos, nos damos cuenta de que se trata de cientos de miles, e incluso millones de personas, cuyo derecho a la educación se ve vulnerado. Y tal vulneración, que en muchos casos es resultado de carencias socioeconómicas y que se traduce en desventajas educativas, también es algo que el SEN debe atender. Sin las políticas de inclusión y equidad adecuadas, el sistema educativo tiende a reproducir, e incluso contribuye a legitimar, las desigualdades sociales que permean a la sociedad. De aquí la urgencia que hay por atender los problemas de la educación básica y de aquí la urgencia de atender los problemas más básicos de acceso. Sin acceso, que es la condición sine qua non para que cada persona, cada niño y niña, pueda ejercer su derecho a la educación, difícilmente podremos atender otro tipo de problemas.


Pablo Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

(1). Todos los datos relativos a analfabetismo se obtuvieron de INEGI (http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/analfabeta.aspx?tema=P#:~:text=En%20M%C3%A9xico%2C%20durante%20los%20%C3%BAltimos,no%20saben%20leer%20ni%20escribir.


(2).https://www.planeacion.sep.gob.mx/Doc/estadistica_e_indicadores/principales_cifras/principales_cifras_2019_2020_bolsillo.pdf.


(3). Esto, considerando una población estimada por CONAPO, para 2020, de 65,66,981 niños y niñas con edades de entre 3 y 5 años.


(4). Todos los datos relativos al presente ciclo escolar, 2021-2022, aunque oficiales, tienen el carácter de estimaciones preliminares.


(5). Esto, considerando una población estimada por CONAPO, para 2021, de 13,236,735 niños y niñas con edades de entre 6 y 11 años.

(6). Esto, considerando una población estimada por CONAPO, para 2020, de 6,677,989 jóvenes con edades de entre 12 y 14 años.


(7). https://historico.mejoredu.gob.mx/evaluaciones/panorama-educativo-de-mexico-isen/at01b-tasa-cobertura/
https://www.inee.edu.mx/medios/informe2019/stage_01/index.html.

Scroll al inicio