Leer es comprender

Por Gerardo Almaraz| Octubre 2026

Solía decir el profesor Enrique Vivas, al dictar su primera clase en la preparatoria, que saber leer bien una pregunta en el examen era tener el cincuenta por ciento de la respuesta. Su consejo, en principio, me pareció extraño como si se tratara de un disparo a la mitad de un concierto de arpas porque estábamos en la materia de Agronomía y no en la asignatura de Taller de Expresión Oral y Escrita. Al avanzar el semestre, como el gran lector que es, nos sugirió libros de literatura y, en repetidas ocasiones, recomendaba consultar el pequeñísimo Larousse. La exhortación cobra ahora sentido cuando volvemos a revisar los resultados de 2025 sobre comprensión lectora en México del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA), perteneciente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): de los 38 países miembros evaluados, nuestro país quedó en el lugar 37 en esta área.

Los temores sobre nuestra involución son ciertos. En 2003, el puntaje que obtuvimos fue de 400 puntos, el más bajo en la historia de esta evaluación; en 2018 alcanzamos el máximo, con 420 puntos, y en 2025 retrocedimos a 408 (IMCO, 2026). Se puede decir que es el peor resultado en 20 años, si lo comparamos con los 410 puntos obtenidos en 2006, o que apenas hemos avanzado ocho puntitos desde aquel piso histórico. Los 503 puntos de Japón, el país de la OCDE con mayor puntuación, también están muy lejos de los 535 y 527 puntos de Singapur y China, respectivamente, que, aunque no son miembros de la OCDE, obtuvieron los mejores puntajes en comprensión lectora.

Pero saber leer y comprender lo leído son dos cosas diferentes, aunque integrales. Leer no solo consiste en la capacidad de unir una palabra con otra o de codificar el lenguaje escrito cuya intención es comunicar. El autor de Pedagogía del oprimido, Paulo Freire, proponía ahondar más allá: leer es un acto que parte del conocimiento de la realidad y se entrelaza con ella. En otras palabras, la misma OCDE (2009) define en su método que la reading literacy, que se traduce como capacidad o competencia lectora, consiste en la comprensión, el empleo, la reflexión y el compromiso personal con los textos escritos, con el fin de alcanzar metas propias, desarrollar el conocimiento y el potencial personal y, en consecuencia, participar en la sociedad.

Quienes responden el examen PISA son jóvenes que cursan el último año de la secundaria o el primero de la preparatoria, entre los 15 y 16 años. La comprensión lectora no consiste simplemente en contestar un examen de conocimientos básicos (del que tampoco hemos evolucionado bien, por cierto, si pensamos en los desconcertantes resultados del examen de ingreso a la UNAM 2026), sino en saber, como puntualiza Domingo Argüelles en su artículo Problemas de lectura y comprensión, inferir cosas a partir de lo leído, incluso aquellas relacionadas con el sistema legal de nuestro país que, a su parecer, para los jóvenes son pura ciencia ficción y compararlas con las experiencias de estudiantes de la misma edad en Alemania, Austria, Finlandia o Francia, parece algo exorbitante.

Si entendemos por qué los estudiantes mexicanos vuelven a ocupar los últimos lugares en comprensión lectora, diremos que no es simplemente porque no sepan leer. El sistema educativo está diseñado, por lo menos eso hemos constatado, para utilizar el alfabeto y decir lo necesario. Pero comprender supone una tarea más ardua, incluso un amor hacia el conocimiento que va más allá de la práctica de la lectura, de la acumulación de un léxico, de la lectura rápida o de la implementación de la lectura obligatoria. Comprender también significa establecer una relación entre lo que se lee y la realidad que nos rodea. ¿Hasta dónde sabemos comparar, por ejemplo, el derecho internacional con su aplicación en nuestro sistema de justicia? Leer con un enfoque diferente comienza cuando somos capaces de preguntarnos qué significa aquello que acabamos de leer y qué relación tiene con el mundo en que vivimos.


Gerardo es Sociólogo por la UACh, autor de Vestigios (2022) y creador artístico del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

*Ilustración de Eduardo Ramón Trejo. Tomada de Tierra Adentro.

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