Los verdaderos cimientos del éxito bancario suizo

Por Nadia Campos | Septiembre 2026

Con frecuencia, los libros de texto, los medios de comunicación e incluso el acervo popular presentan a Suiza como un país neutral, políticamente estable, ajeno a los conflictos y depositario de una cultura de paz. Este rasgo distintivo se ha erigido en la explicación predilecta del éxito financiero de su banca, así como de la ingente concentración y administración de riqueza que ostenta a escala global. Sin embargo, el investigador Gabriel Zucman cuestiona esta narrativa. En su obra La riqueza oculta de las naciones, sostiene que los datos históricos contradicen esa versión edulcorada.

El fin de la Primera Guerra Mundial trajo consigo un endeudamiento público sin precedentes. Las pensiones a los veteranos, la reconstrucción de infraestructuras, la atención a los huérfanos, las nacionalizaciones y otras cargas fiscales engrosaron las responsabilidades estatales y, con ellas, la imperiosa necesidad de financiación. En Francia, el impuesto sobre la renta, que en 1920 alcanzaba el 50 %, se elevó al 72 % en solo cuatro años. Según Zucman, este contexto marcó el alumbramiento de la evasión fiscal y la explicación del éxito suizo.

A la par de estos gravámenes, el país se hallaba en condiciones óptimas para acoger flujos de capital. La banca suiza, por su parte, ya gozaba de una influencia notable: los bancos habían conformado un cartel que logró imponer al gobierno el pago de intereses elevados, con jugosos márgenes de beneficio. Además, desde 1907, el Banco Nacional Suizo actuaba como prestamista de última instancia, con capacidad de intervención en caso de crisis. Todo ello contribuyó a robustecer el entramado bancario helvético.

No cabe duda de que la estabilidad política constituye un factor relevante, pero no es el determinante ni el más decisivo: esa estabilidad, garantizada desde el Congreso de Viena en 1815, había preservado al país de contiendas y descalabros durante largo tiempo; sin embargo, la transformación de su sistema bancario se produjo con posterioridad. A ello se suma un cambio estructural en la naturaleza de la riqueza en las naciones industrializadas desde finales del siglo XIX, cuando los activos financieros comenzaron a superar a la propiedad de tierras.

Todo lo anterior explica que, durante el periodo de entreguerras, los activos gestionados en Suiza procedentes de países como Inglaterra, Francia y, en menor grado, Alemania, Italia y España, se multiplicaran por diez, según investigaciones recientes citadas por Zucman. Fue precisamente en la década de 1920 cuando se produjo esta migración de capitales; poco después, se legisló en Suiza a favor del secreto bancario. Ello desmonta también el argumento de que dicha reserva se concibiera para proteger patrimonios de potenciales víctimas de gobiernos autoritarios.

A la luz de estos datos, Zucman concluye que la verdadera razón del éxito bancario suizo en aquellos años fue la evasión fiscal, fenómeno cuyas repercusiones aún afectan la tributación internacional en la actualidad.


Nadia Campos es maestra en Políticas Públicas por el ITAM.

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