Por Pablo Hernández Jaime| Julio 2026
En 2020, seis de cada diez personas en México creían ser de clase media[1]. Sin embargo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reporta para ese mismo año que solo el 23.5 por ciento de la población podía considerarse “no pobre y no vulnerable”[2]; es decir, que poco menos de la cuarta parte de las y los mexicanos contaba con ingresos superiores a la línea de pobreza por ingresos y, al mismo tiempo, tenía cubiertas (aunque sea mínimamente), sus necesidades de vivienda, servicios básicos, educación, alimentación, salud y seguridad social.
Si consideramos que la clase media debería distinguirse cualitativamente de los sectores bajos, al menos, por contar con un nivel de vida que la coloque por sobre el nivel de pobreza, entonces, tendríamos que concluir con los datos de Inegi que para 2020, en México, la clase media era incluso menor al 23.5 por ciento, pues de ahí todavía tendríamos que descontar a las “clases altas”.
Sin embargo, parece haber una percepción equivocada entre la población. Muchas personas pobres se consideran de clase media, y lo mismo ocurre con personas de los estratos altos.
I. ¿De qué tamaño es la clase media en México?
Si tuviéramos que aventurar una medición aproximada de las clases medias en México, sugeriría considerar las estimaciones de Evalúa CDMX[3]. En este organismo, se emplea el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP), desarrollado por Boltvinik. No es lugar para entrar en detalles técnicos; sin embargo, es importante señalar que con esta medición se emplean líneas de pobreza más exigentes, y se añade la carencia de tiempo libre que no es considerada por Inegi.
El MMIP integra varias dimensiones en una escala que permite aproximarnos al grado relativo de satisfacción de las necesidades de las personas. La escala nos permite distinguir a quienes se encuentran por debajo o por encima de los umbrales de pobreza y pobreza extrema. Lo interesante aquí es que la escala también distingue entre las personas con “satisfacción mínima” y los “estratos medios”; la diferencia entre ambos grupos es que los primeros se encuentran apenas por sobre la línea de pobreza y, por tanto, se hayan en una posición muy frágil que, ante cualquier eventualidad, puede precipitarlos a una condición de pobreza; los “estratos medios”, en cambio, serían aquel grupo de la sociedad con un nivel de vida aceptable y relativamente seguro, aunque no llegan a ser ricos.
Considerando estos conceptos y medición, y de acuerdo con las últimas estimaciones (2024), en México solo el 12.7 por ciento de la población puede considerarse clase media, mientras que apenas el 0.9 por ciento se encuentra en el estrato alto. Por su parte, 14.3 por ciento de la población se encuentra en el grupo de “satisfacción mínima”; es decir, que ya no está en pobreza, pero se encuentra apenas por sobre este umbral. De manera que, cerca del 72.2 por ciento de las personas en México se encuentran en algún grado de pobreza; y si a este porcentaje sumamos el grupo de “satisfacción mínima”, podemos concluir que el 85.6 por ciento de la población no llega a ser clase media. México es un país de estratos bajos.
II. Los estratos medios y la pequeña burguesía
Dentro de la jerga marxista, y de izquierda, es frecuente escuchar el término “pequeña burguesía”, a veces incluso como un sinónimo o símil de “clase media”. Sin embargo, se trata de conceptos distintos que es necesario precisar.
La clase media o, para mejor decir, los estratos medios están referidos a una escala de desigualdad social (Kerbo, 2003). Un estrato es como un peldaño en una escalera; en este caso, la escalera sería la desigualdad en el nivel de vida de las personas y cada peldaño sería un estrato, es decir, una posición social vinculada a cierto nivel de vida; de manera que, así como los peldaños de una escalera están unos más arriba o más abajo que otros, así también a unos estratos les corresponderá un nivel de vida mayor o menor que a otros.
La pequeña burguesía, por otro lado, es un concepto referido a una estructura de clases sociales. Dicha estructura, al menos desde una perspectiva marxista, se define a través de una relación de explotación; es decir, una relación donde un grupo social se apropia ventajosa y sistemáticamente del excedente económico creado por otro sector de la sociedad. En el modo de producción capitalista, la estructura de clases sociales se establece, esencialmente, en torno a la explotación del trabajo asalariado para la obtención de plusvalor (Marx, 1975; Wright, 1997, 2005).
No obstante, esto no quiere decir que toda la sociedad se divida de forma simple, categórica y homogénea entre burgueses explotadores y proletarios explotados.
Al interior de cada una de estas clases surge una gran variabilidad que es preciso tomar en cuenta: por ejemplo, proletarios productivos o improductivos de plusvalor, y con una mayor o menor calificación o jerarquía; o bien, burguesías que explotan de forma directa o indirecta a los trabajadores, o que realizan su labor a una escala y con una capacidad técnica mayor o menor. No obstante, también surgen distintos grupos correlativos que, si bien no encajan dentro de alguna de estas dos clases, sí se definen o articulan en relación con la dinámica general del modo de producción capitalista y la explotación del trabajo asalariado[4].
III. La pequeña burguesía
Los dos sectores sociales a los que con mayor frecuencia se les ha denominado pequeña burguesía son a los pequeños patrones y a los trabajadores independientes, típicamente asociados con las profesiones liberales o con los pequeños campesinos. Los trabajadores independientes, sin embargo, y aunque guardan nexos con la pequeña burguesía, no pueden ser considerados parte del mismo grupo y requieren un análisis aparte, por lo que no serán abordados aquí.
De acuerdo con Marx, la burguesía es el sector de la sociedad que posee cierta propiedad privada sobre los medios de producción y, mediante la libre contratación de trabajo asalariado, produce bienes para el mercado con el objetivo de obtener una ganancia.
Cada una de las determinaciones implicadas en esta definición, sin embargo, supone una serie de circunstancias para poder operar de forma efectiva. Por ejemplo, no basta con que un propietario privado posea algún medio de producción, sino que es necesario que cuente con los medios y recursos adecuados y suficientes para poder participar de forma competitiva en el mercado. En este sentido, no basta tampoco con que el propietario en cuestión explote a algún trabajador asalariado, sino que deberá explotar a un número suficiente de ellos y con la intensidad adecuada, para que su negocio sea rentable.
Para vivir apenas el doble de bien que un obrero común y reconvertir en capital la mitad del plusvalor producido, el capitalista [del ejemplo que Marx presenta] tendría que multiplicar por ocho el número de obreros y el mínimo del capital adelantado. Es cierto que él mismo puede, al igual que su obrero, participar directamente en el proceso de producción, pero en ese caso sólo será un híbrido de capitalista y obrero, un “pequeño patrón”. […] La suma mínima de valor de la que debe disponer el poseedor individual de dinero o de mercancías para metamorfosearse en capitalista, varía con las diversas etapas de desarrollo de la producción capitalista y, en una etapa de desarrollo dada, difiere entre las diversas esferas de producción, según sus condiciones técnicas específicas. (Marx, 1975, pp. 374–375).
Siguiendo estas consideraciones, la pequeña burguesía sería, entonces, aquel sector de la sociedad que, si bien es propietario privado de medios de producción y explota trabajo asalariado, lo hace en una escala o disposición técnica insuficientes. Así, los pequeños patrones deberán ellos mismos autoexplotarse para la supervivencia de su negocio o, incluso si esto no es así, vivirán siempre bajo la amenaza de la bancarrota.
VI. Breve mirada a la situación en México
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE, 4to trimestre de 2025), el sector de los empleadores en México está compuesto por aproximadamente 3.6 millones de personas, es decir, el 3.4 por ciento de la población en edad de trabajar (PET, 15 años o más) o el 5.8 por ciento de la población ocupada.
Sin embargo, El 95.2 por ciento de los empleadores en México está conformado por pequeños patrones de microempresas, es decir, unidades económicas tan pequeñas que no superan los diez empleados. De hecho, el 86.8 por ciento son microempresas de cinco o menos empleados. Si contamos, además, a las pequeñas empresas, con hasta 50 empleados, entonces el porcentaje asciende a 99.4 por ciento. En pocas palabras, la mediana y gran burguesía en México representa a una diminuta minoría.
Claro está que contar con una empresa de más de cinco empleados ya resulta una condición bastante favorable en comparación con el resto de las empresas. Sin embargo, seguimos hablando de micro propietarios. Considérese, por ejemplo, que entre los pequeños patrones con microempresas de entre 6 y 10 trabajadores, 44% percibe ingresos que no superan los dos salarios mínimos. Entre los dueños de empresas más pequeñas, este porcentaje asciende hasta el 71.2%.
En general, conforme el tamaño de la empresa aumenta, el ingreso de los patrones sube. Por ejemplo, entre los pequeños empresarios con unidades de 16 a 50 empleados, poco más de la mitad percibe ingresos equivalentes a tres salarios mínimos o más. Sin embargo, la gran mayoría de los pequeños patrones en México perciben en realidad ingresos bastante modestos.

En un sentido similar, habría que considerar también que el 48.7 por ciento de los empleadores en México se ubica, con su empresa, en el sector informal de la economía, el 99 por ciento no tiene acceso a seguridad social y tampoco cuenta con prestaciones; el 38 por ciento trabaja entre 35 y 48 horas semanales y el 39 por ciento trabaja más de 48 horas por semana.
En este artículo sería complicado estudiar con más detalle las condiciones de vida de los pequeños patrones (de los cuáles tres de cada cuatro son hombres), y tampoco es el objetivo de este análisis. Sin embargo, interesa dejar claro que la inmensa mayoría de los empleadores en México son propietariosde micro y pequeñas empresas que, en muchos casos, no alcanzan a tener buenos ingresos, deben trabajar jornadas extenuantes y no poseen seguridad social ni acceso a la salud.
No tenemos certeza sobre cuántos de estos pequeños propietarios podrían ser considerados o no clase media. Sin embargo, parece claro que muchos de ellos están lejos de serlo, y que su función, en tanto propietarios privados de unos medios de producción incipientes, consiste, más que en acumular capital, en procurarse la propia existencia y contribuir a procurar la de sus empleados, que no por eso son menos explotados y muchas veces deben enfrentar condiciones laborales extremas, sobre todo en las empresas más pequeñas.
Pablo Hernández Jaime es doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México.
NOTAS
[1] https://forbes.com.mx/encuesta-6-de-cada-10-mexicanos-se-consideran-de-clase-media/
[2] https://www.inegi.org.mx/contenidos/desarrollosocial/pm/doc/pm_presentacion_2024.pdf
[3] https://www.evalua.cdmx.gob.mx/medicion-de-la-pobreza-desigualdad-e-indice-de-desarrollo-social/medicion-de-la-pobreza-2018-2022/principales-resultados
[4] https://cemees.org/2026/05/29/sobre-la-situacion-del-proletariado-en-mexico/
Referencias
Kerbo, H. (2003). Perspectivas y conceptos en el estudio de la estratificación social. En Estratificación social y desigualdad. El conflicto de clase en perspectiva histórica, comparada y global (pp. 3–18). McGraw-Hill.
Marx, K. (1975). El Capital. Crítica de la Economía Política. Libro Primero: El Proceso de Producción del Capital (P. Scaron, Ed.; Vol. 1). Siglo XXI.
Wright, E. O. (1997). Class Counts. Comparative studies in class analysis. Cambridge University Press.
Wright, E. O. (2005). Foundations of a neo-Marxist class analysis. Cambridge University Press.
