El emprendedurismo en la Nueva Escuela Mexicana, ¿remedio a la pobreza?

Por Ollin Vázquez | Julio 2026

De acuerdo con el portal de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), uno de los enfoques principales de este proyecto educativo es el fomento de las ideas emprendedoras en el sentido amplio de la palabra: se busca que los estudiantes tengan la habilidad de “identificar oportunidades, tomar decisiones, asumir riesgos y llevar a cabo proyectos en diversos ámbitos de su vida […] El objetivo es formar jóvenes capaces de generar ideas innovadoras, emprender proyectos y contribuir al desarrollo económico y social del país”. Entre las asignaturas contempladas para ese fin se encuentran: Emprendimiento y desarrollo de proyectos, Economía y administración de empresas, Innovación y creatividad, y Finanzas y negocios. Más adelante el portal señala: “Una de las principales oportunidades que ofrece la Nueva Escuela Mexicana es establecer vínculos con el ecosistema emprendedor local. Esto se puede lograr a través de la colaboración con empresas, emprendedores y organizaciones de la sociedad civil que promuevan el emprendimiento. Estas alianzas son parte de las oportunidades de la nueva escuela mexicana que permiten a los estudiantes aprender de experiencias reales y obtener mentoría”. De este planteamiento se desprende que, aunque la NEM busca fomentar una actitud emprendedora en términos generales (como la proactividad o la resolución de problemas cotidianos), hay un énfasis marcado en promover habilidades para gestionar negocios y finanzas personales.

El fomento del emprendedurismo en las escuelas públicas resulta beneficioso hasta cierto punto, en la medida en que permite a los estudiantes tomar conciencia de sus propias capacidades intelectuales y desarrollar su creatividad. El incentivo inmediato es la calificación y no la búsqueda consciente de ganancias; el resultado, que los estudiantes ponen en práctica ideas innovadoras que, de materializarse a gran escala, podrían generar beneficios para la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, la NEM omite hablar a los estudiantes de un elemento esencial para iniciar cualquier «emprendimiento»: el capital. En el marco del sistema capitalista, para emprender un proyecto productivo se requiere capital para adquirir medios de producción y fuerza de trabajo, y así generar una mercancía para ofrecer en el mercado. La pregunta es ¿quién es propietario de ese capital? los capitalistas, los ricos, los dueños de las fábricas donde laboran las familias trabajadoras, aquellos que se apropian de una parte del trabajo no pagado de los obreros. En el capitalismo existen dos clases fundamentales que se distinguen por los derechos de propiedad sobre los medios de producción: los capitalistas, poseedores del capital con que compran los elementos para producir, y los trabajadores, que carecen de medios de producción propios y solo poseen su fuerza de trabajo, la cual ofrecen como mercancía en el mercado a cambio de un salario.

Tampoco se les explica que, para volverse ricos mediante el emprendimiento y no solo «sobrevivir», se requiere explotar fuerza de trabajo; es decir, se necesita contratar trabajadores para apropiarse de la plusvalía generada. El salario que se paga por la mano de obra equivale únicamente al valor de los medios de consumo necesarios para la subsistencia del trabajador y su reproducción diaria; el valor excedente producido en el proceso productivo es apropiado por los capitalistas, y ese trabajo no retribuido constituye la fuente de las ganancias. En este sentido, el capital para iniciar un emprendimiento no está al alcance de quienes nacen en familias de trabajadores, pues sus padres carecen de posibilidades de ahorro. En México, por ejemplo, de acuerdo con el INEGI, el salario mínimo es de 9,582 pesos mensuales, mientras que el precio de la canasta básica familiar (para cuatro personas) asciende a 19,372 pesos; más del 80% de la población ocupada no logra costear dicha canasta.

Incluso en el improbable caso de que lograran obtener los recursos necesarios para poner en marcha un negocio, se enfrentarían a la feroz competencia en los mercados. Los productos de las empresas que sobreviven son aquellos que ofrecen los precios más bajos. Para poder ofrecer esos precios, una empresa requiere una producción altamente tecnificada y eficiente. Sin embargo, tecnificarse al grado de superar productivamente a la competencia exige grandes cantidades de capital para adquirir maquinaria más avanzada y sustituir constantemente la tecnología obsoleta. En este contexto, las familias compuestas por trabajadores mexicanos no disponen de capital para invertir, y el crédito al que pueden acceder es extremadamente limitado. De acuerdo con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), solo 1 de cada 5 MiPyMes logra obtener un crédito bancario, lo que restringe su crecimiento, innovación y capacidad para competir en mercados amplios. A causa de esta falta de financiamiento, el 32% de las MiPyMes no ha podido expandirse; el 13% ha tenido que detener temporalmente sus operaciones; y el 8% ha tenido que recortar su personal. No resulta extraño, por tanto, que este grupo de empresas no sobreviva más de tres años, y que año con año surjan y quiebren nuevas micro, pequeñas y medianas empresas.

Por esto, resulta pertinente que los estudiantes tomen con cautela el proyecto educativo de la NEM y no se hagan falsas ilusiones de que uno puede salir adelante y hacerse rico cuando tiene “mente de tiburón” o “es emprendedor. El sistema tiene una estructura que de por sí impide que los hijos de la población más pobre escalen socialmente; por el contrario, está diseñado para que, por un lado, los ricos se hagan cada vez más ricos y, por otro, los pobres se hagan más pobres.

Si ya está más que documentado que la solución a la desigualdad y la pobreza no reside en el emprendedurismo, cabe preguntarse: ¿por qué el gobierno insiste en promoverlo en las escuelas? ¿Estará acaso advirtiendo a los estudiantes que esa es la única forma de sobrevivir en el día a día cuando se inserten en el mercado laboral, dado que la economía mexicana no genera los empleos suficientes para absorber a la mano de obra? No debe olvidarse que más de la mitad de la población ocupada labora en la informalidad, se autoemplea y crea pequeños emprendimientos para subsistir diariamente, pero carece de prestaciones sociales, de ingresos fijos, de vacaciones pagadas, derecho a sindicalizarse u otros beneficios que otorga el empleo formal.

En conclusión, el emprendedurismo no constituye una salida estructural a la pobreza, puesto que el sistema está configurado para que unos cuantos acumulen riquezas mientras la mayoría apenas logra sobrevivir. La única salida verdadera es cambiar este sistema capitalista de raíz, y eso no se logrará con ideas millonarias, sino organizándonos, uniéndonos como clase trabajadora, y luchando para que el poder económico y político no siga en manos de los capitalistas. Solo cuando dicho poder recaiga en la clase trabajadora será posible construir un país donde los estudiantes puedan poner en práctica su inteligencia, sus conocimientos y su creatividad en proyectos que beneficien a la sociedad.


Ollin Vázquez es maestra en Economía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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