Novedad de la patria

Por Gerardo Almaraz| Julio 2026

En 1921, Ramón López Velarde publicó el breve pero certero ensayo Novedad de la Patria. El país surgía entre las cenizas de su épica revolucionaria, sin un sendero claro hacia el porvenir y consumido por el desencanto de haber ofrendado, a cambio de la sublevación nacional, a sus mejores hombres y mujeres. En tal situación, el poeta propuso una introspección que trascendiera la memoria histórica y política para situarnos en la más modesta: la Patria íntima, a la que hoy le debemos una reflexión, ahora que padece el desprecio de sus hijastros.

En su “Novedad” López Velarde señaló dos ideas fundamentales. La primera consistía en abandonar una concepción de la patria reducida a sus manifestaciones más externas: la exaltación de las grandes gestas históricas, como la Independencia, o la veneración de sus mártires, como Cuauhtémoc. Aferrarse únicamente a esas imágenes era perderse como quien camina hacia delante mirando siempre hacia atrás. Avanzar así produjo un presente ficticio: el espejismo de un país pomposo, moderno y “multimillonario”, heredero de las ilusiones del Porfiriato. En consecuencia, dijo el poeta, que este enfoque nos alejaba de lo que realmente éramos en la vida cotidiana, en el ámbito individual e íntimo donde se manifiesta la totalidad de nuestro ser: “el café con leche de su piel”.

La segunda, más que idea, fue una exhortación dirigida a la gente sin amor y desatenta que quiere “poner las sillas sobre la mesa” e irse. En la construcción de una nación posrevolucionaria, necesitada de sus hijos más fieles y de quienes la conocían a fondo, era indispensable perseverar la unidad para atravesar los años de sufrimiento que la historia había impuesto. A eso se refería el López Velarde: a la prisa de apartar las manos de la obra común y dejarla a merced de quien quisiera apropiársela. Inermes, apáticos y desenfadados, esos hijos abandonaron a la patria, ya sea marchándose de ella o permaneciendo inmóviles frente a las amenazas que la acechaban.

A más de cien años de aquella notable reflexión del poeta zacatecano, sus palabras continúan interpelándonos. Ya no es un simple ripio la injerencia gringa en el país. Ningún pretexto de intromisión puede justificarse, sea bajo la promesa de combatir una manada de narcos o bajo cualquier otra excusa, por extravagante que parezca. Hay hijos, sin embargo, que aprovechándose del escándalo de la nación envueltos en traje azul y blanco aseguran defender el lábaro patrio mientras ofrecen el centro de la mesa al águila rubia de pezuña conocida. Hablan en nombre de México, pero están dispuestos a entregar aquello que dicen defender.

Por otro lado, quienes hoy sostienen el cetro nacional tampoco resuelven los problemas que nos aquejan. De nada sirve decirle: «Te amo, Patria», o vestirse de percal y abalorio cuando, en la práctica, no se enfrenta al descuido ni a la ira, los dos enemigos del amor. Todo queda reducido a un entusiasmo aparente, a una devoción de palabra incapaz de traducirse en cuidado, responsabilidad y autocrítica.

No se les puede llamar de otro modo que hijos postizos: tanto a aquellos que la entregan en tarja de oro a las rapiñas como a estos que, al ocuparse más de defenderse a sí mismos por comodidad, cálculo e inercia política, renuncian a examinar sus propios errores y procuran el mismo desenlace. Hijos espurios que, en una noche de gala, se reúnen para limar sus asperezas virtuales y comulgar en una sola: la American Society.

Para López Velarde cada mexicano está hecho de hebras de luz cotidiana, entre notas de gracia y contradicción; místico y terrenal, heroico y apático a la vez. Pero en esa complejidad, por indefinible que seamos, el poeta nos recuerda con su voz ronca y pectoral que no cometamos la atrocidad de huir ni de permanecer inermes frente a quienes la entregan y frente a quienes la descuidan.  La patria, que vive al día y de milagro, debe ser defendida desde sus entrañas por sus verdaderos hijos. Aquí y ahora.


Gerardo es Sociólogo por la UACh, autor de Vestigios (2022) y creador artístico del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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