Por Ehécatl Lázaro | Junio 2026
Liu Shaoqi es una de las figuras más destacadas del Partido Comunista de China. A la altura de Deng Xiaoping y Zhou Enlai. Liu se integró al Partido el mismo año de su fundación, 1921, y destacó tempranamente por su capacidad de organización obrera. Dirigió en 1922 una de las huelgas obreras más grandes de la historia de China, en la provincia de Jiangxi. Tras la ruptura del Primer Frente Unido entre el Kuomintang y el Partido Comunista, en 1927, Liu Shaoqi trabajó en las “zonas blancas”, en las ciudades controladas por el Kuomintang, donde consolidó los grupos revolucionarios en medio de la clandestinidad. Cuando Japón invadió China, tuvo una participación destacada como comisario político del Nuevo Cuarto Ejército. Fue él quien, en el VII Congreso del Partido Comunista, en 1945, en su calidad de uno de los cinco miembros del politburó permanente, propuso el concepto de Pensamiento de Mao Zedong como guia teórica del Partido. Después de la fundación de la Nueva China, ocupó posiciones tan importantes como presidente de la República Popular China, entre 1959 y 1968, y vicepresidente del Partido, entre 1956 y 1966, cargo que lo colocaba como el segundo hombre más importante del Partido, sólo por detrás de Mao Zedong. Durante la Revolción Cultural fue injustamente perseguido y falleció. En 1980 fue rehabilitado por el Partido y se le realizó un funeral de Estado.
En 1939, Liu Shaoqi participó dando clases en una escuela que los comunistas habían construido en el soviet de Yan’an. La escuela buscaba fortalecer la convicción comunista de los miembros del Partido, pues muchos de quienes se unían a él en el fragor de los acontecimientos tenían pocos conocimientos de la materia. Como resultado de ese curso, Liu Shaoqi escribió un folleto que se ha traducido al español con el título de “¿Cómo ser un buen comunista?” y “Para ser un buen comunista”, pero que verdaderamente se llama “Sobre la autocultivación de los comunistas”, entendida la autocultivación como el estudio de la teoría revolucionaria, su asimilación, su práctica y la autocrítica. En su folleto, Liu Shaoqi desarrolla la necesidad de estudiar el marxismo, comprenderlo, asimilarlo y aplicarlo, para tener buenos resultados en el Partido. El texto es relativamente pequeño y tiene un lenguaje muy sencillo, pues está pensado para dotar de una formación básica a quienes se inician en el movimiento comunista. Durante décadas, el Partido lo utilizó como material de estudio para los nuevos elementos de sus filas.
Más allá de la exposición que hace Liu, me interesa tomar aquí ese texto como un caso para observar la nacionalización del marxismo y la Segunda Integración. El marxismo como teoría y método tiene alcances universales, pero su utilidad es limitada si no es creativamente aplicado a una formación socioeconómica específica. Esto significa no sólo analizar la estructura económica de una sociedad, sino también la actividad política de las diferentes clases sociales, así como la cultura, la religión, el arte y en general lo que conocemos como superestructura. La sinización del marxismo sería la nacionalización del marxismo en China. Desde el centenario de la fundación del Partido Comunista, en 2021, Xi Jinping acuñó el concepto de Segunda Integración y llamó a promover su desarrollo. De acuerdo con Xi, la Primera Integración sería la combinación del marxismo con la realidad concreta de China, mientras la Segunda Integración sería la combinación del marxismo con la “excelente cultura tradicional de China” (Xi, 2021). En esta perspectiva, ambas integraciones sería necesarias como parte del proceso de sinización del marxismo.
Mao Zedong fue el exponente más acabado de la nacionalización del marxismo en China. Esto es así no sólo porque utilizó la teoría y el método marxistas para analizar la realidad económica y política del país, sino también por lo concerniente a la Seguda Integración. Si se hace una revisión atenta de su obra, salta a la vista que los recursos argumentativos están preñados de la cultura y la historia de China, como no podía ser de otra manera, pues todos los comunistas chinos de la primera etapa del Partido, antes de ser comunistas, eran chinos, herederos de una cutura y una cosmovisión milenaria. La dificultad de encontrar estos elementos en la obra de Mao estriba en que es necesario tener un conocimiento previo de la cultura, la historia y la lengua china, de otra forma, no puede encontrarse algo que no se sabe cómo es. Liu Shaoqi es menos hábil y muestra menos sutilmente la integración de la cultura china con la teoría marxista, por lo que observar este procedimiento es más sencillo en su obra que en la de Mao. Ése es el ejercicio de los siguientes párrados.
En el primer capítulo, Liu Shaoqi argumenta la necesidad que tienen los comunistas de autocultivarse. Dice: “Un revolucionario inmaduro tiene que pasar por un largo proceso de temple revolucionario y autocultivación, por un largo proceso de transformación, antes de llegar a convertirse en un revolucionario maduro y experimentado, capaz de aprehender y aplicar con maestría las leyes de la revolución”. (Liu, 2025)
Más adelante, da un giro hacia las Analectas.
“Confucio dijo: “A los quince años ya tenía yo vocación por el estudio. A los treinta adquirí firmeza. A los cuarenta me vi libre de toda duda. A los cincuenta ya conocía el mandato del Cielo. A los sesenta mi oído era dócil a la verdad. A los setenta podía seguir los dictados de mi corazón sin transgredir ninguna norma establecida.” Aquí este ideólogo feudal sintetiza el proceso de su autocultivación. No se consideraba a sí mismo como un “sabio innato”. (Liu, 2025)
Liu Shaoqi dice aquí, si Confucio mismo, el sabio más grande de la antiguedad china, consideraba que era necesario autocultivarse permanentemente, examinarse y transformar su entendimiento y su comportamiento, con más razón los comunistas deben hacerlo. Continúa con otro gran sabio de la tradición china.
“Mencio, otro ideólogo feudal, dijo también que todos los que habían de asumir una “gran misión” y desempeñar un papel en la historia, tuvieron que pasar por un penoso proceso de temple, un proceso en el cual “debieron primero ejercitar su mente en el sufrimiento, endurecer sus músculos y huesos con el trabajo arduo y someter su cuerpo al hambre, su vida a la extrema pobreza y sus empresas a contratiempos. Con todos estos métodos, pudieron estimular su mente, templar su carácter y remediar su inaptitud”. (Liu, 2025)
Liu Shaoqi toma a Mencio, quizá el más grande continuador de Confucio, para darle fuerza a su argumento sobre por qué es necesario que los comunistas se autocultiven, pasen duras pruebas y se forjen en el sacrificio como requisitos para llevar a buen término la tarea revolucionaria.
En el siguiente capítulo desarrolla cuáles son los criterios que deben seguir los comunistas para autocultivarse. Principalmente deben “orientarse por las palabras, acciones y cualidades de los grandes fundadores del marxismo-leninismo”, dice Liu Shaoqi. Más adelante acota lo siguiente:
“Hay quienes dicen que es imposible adquirir el pensamiento y las cualidades de aquellos grandes genios revolucionarios que fueron los fundadores del marxismo-leninismo, y que, asimismo, es imposible elevar el pensamiento y cualidades de cada uno hasta alcanzar el nivel de aquellos. Consideran que los fundadores del marxismo-leninismo eran genios innatos, una especie de seres misteriosos. ¿Son correctos este punto de vista y esta afirmación? Creo que no”. (Liu, 2025)
Evidentemente, dice Liu Shaoqi, los militantes corrientes están muy lejos de tener esa profundidad de pensamiento y esa cultura tan amplia, “pero es perfectamente posible llegar a dominar la teoría y los métodos marxistas-leninistas y cultivar el estilo de trabajo de Marx y Lenin en la lucha” (Liu, 2025). Para darle fuerza a este argumento, retoma nuevamente a Mencio.
“Mencio dijo: “Todo el mundo puede ser un Yao o un Shun.” Considero que tenía razón. Todos los comunistas deben hacer esfuerzos por templarse y autocultivarse, mantener los pies bien puestos en la tierra, basarse en la realidad objetiva, elevar en lo posible su nivel ideológico y perfeccionar sus cualidades personales. No deben descorazonarse ni vacilar en su avance creyéndose incapaces de alcanzar la altura ideológica y adquirir las cualidades de aquellos grandes revolucionarios que fueron los fundadores del marxismo-leninismo”. (Liu, 2025)
Yao y Shun son dos emperadores legendarios de la historia antigua china. Más seres míticos que personas reales. Se trata del modelo máximo de virtud para el confucianismo. Yao heredó el trono por linaje familiar, pero él gobernó siguiendo los principios confucianos de benevolencia, justicia, respeto y piedad filiar. Fue un emperador amado por su pueblo y al final de sus días rompió con la tradición de heredar el trono a su familia. En lugar de ello escogió a Shun para ser el siguiente emperador. Shun no tenía ninguna relación familiar con Yao, era un hombre pobre, con un origen humilde, pero era un modelo de virtud y por eso lo eligió Yao. Shun gobernó tan bien como Yao y al terminar su reinado no legó el trono a su progenie, sino escogió a otro soberano siguiendo el criterio de la moral y la virtud necesarias, ese era Yu, fundador de la que se considera la primera dinastía de China, la Xia. En la cronología legendaria, Yao y Shun habrían existido aproximadamente alrededor del 2,300 antes de nuestra era.
Desarrollando a Confucio, Mencio sostenía que todas las personas pueden alcanzar los estándares de virtud y moral que tenían Yao y Shun, pero era necesario proponérselo firmemente y actuar en consecuencia. Liu Shaoqi retoma a Mencio y dice, todo el mundo puede ser un Marx y un Lenin, siempre y cuandos nos lo propongamos con firmeza y actuemos en consecuencia.
El siguiente capítulo desarrolla la idea de que sólo puede realizarse adecuadamente la autocultivación revolucionaria si los comunistas no se divorsian de la práctica revolucionaria de las masas populares. Después de introducir su argumento, Liu Shaoqi retoma a los clásicos confucianos.
“En los tiempos antiguos de China, Zengzi afirmó: “Reflexiono sobre mí mismo tres veces al día.” Se refería al problema del autoexamen. En el Libro de las Odas figuran frases muy conocidas como ésta: “De la misma manera que el cuchillo y la lima pulen el hueso, el buril y la piedra labran el jade”. (Liu, 2025)
La frase de Zengzi, discípulo de Confucio, proviene de las Analectas. El Libro de las Odas es un texto que contiene poemas escritos entre el siglo XI y el VI antes de nuestra era. En el siglo V antes de nuestra era, Confucio hizo una selección de poemas, los reorganizó y así editó la forma final del Libro de las Odas que se conoce hoy.
Liu Shaoqi retoma los clásicos confucianos para darle fuerza a dos de sus ideas. Primero, que los comunistas deben ser siempre autocríticos, aprender de la experiencia y modificar sus métodos para obtener mejores resultados. Segundo, que no basta la autocultivación teórica, sino que es necesario que la práctica revolucionaria pula esa teoría y la perfeccione, tal como la piedra labra el jade. Dice Liu Shaoqi: no tiene ningún sentido sólo estudiar la teoría revolucionaria si no se aplica en la realidad. Actuar así es comportarse como un mandarín del periodo feudal chino.
“Un letrado proveniente de la vieja sociedad me dijo de viva voz que de todas las máximas de Confucio, la única que él podía poner en práctica era “ninguna comida puede ser demasiado exquisita, ninguna carne picada demasiado fina”, y que las demás enseñanzas no las podía observar, ni nunca se había propuesto hacerlo”. (Liu, 2025)
Como comunistas, dice Liu Shaoqi, “estudiamos con el único objeto de poner en práctica lo que aprendemos y lo hacemos en bien del Partido, del pueblo y de la victoria de la revolución”. Divorsiar el estudio de la teoría revolucionaria de la práctica revolucionaria de las masas, en lugar de pulir el jade, haría de los comunistas unos falsarios, como los burócratas del periodo dinástico que sólo estudiaban a Confucio para obtener una posición oficial y después no lo aplicaban.
El capítulo 6 es sobre la subordinación incondicional de los intereses personales a los del Partido. Ésta, dice Liu Shaoqi, es la piedra de toque para juzgar la lealtad de un comunista a la revolución y la causa del comunismo. Un comunista verdadero tiene una elevada ética comunista, dice Liu. Podrá “preocuparse antes de que todo el mundo empiece a preocuparse y regocijarse sólo después que todo el mundo se haya regocijado” (Liu, 2025). Esta cita proviene del libro del siglo X, Memorial del Pabellón Yueyang, escrita durante el periodo de Song del Norte por Fan Zhongyan. Se considera una obra maestra en la literatura china y exalta las cualidades éticas del gobernante honesto. El comunista debe tener ese perfil. Cita nuevamente a Mencio:
“En suma, su firmeza e integridad revolucionarias deben ser tales que “ni las riquezas ni los honores podrán corromperlo; ni la pobreza ni las condiciones humildes podrán desviarlo de sus principios; ni las amenazas ni la violencia podrán someterlo”. (Liu, 2025)
El comunista debe también tener valentía revolucionaria para reconocer sus errores y continuar su lucha. Debe actuar como dicen las Analectas de Confucio: “Cuando los hombres excelsos cometen un error, son como el Sol y la Luna que resurgen en todo su brillo y plenitud después de un breve eclipse. No ocultan su error y proceden a corregirlo, así se ganan el respeto de todos” (Liu, 2025). El comunista debe tener una moral intachable. Cita a continuación la Doctrina del Medio, uno de los cuatro clásicos de Confucio: cuando dice que el hombre virtuoso “podrá “conducirse correctamente aun estando solo” (Liu, 2025). Los comunistas, pues, pueden encontrar un modelo de conducta en los hombres excelsos y virtuosos del confucianismo.
De esta manera, Liu Shaoqi retoma principalmente a los grandes clásicos de la tradición confuciana para reforzar sus argumentos sobre la necesidad que tienen los comunistas de autocultivarse. La integración de la tradición cultural china y el marxismo está presente en la obra de los máximos dirigentes del Partido Comunista, desde el periodo revolucionario hasta la actualidad. Tanto en los documentos hacia el interior del Partido como los dirigidos a la población en general. En este sentido, “¿Cómo ser un buen comunista?” puede ser considerado como un documento que ejemplifica tanto la sinización del marxismo, en general, como la Segunda Integración, en particular.
Ehécatl Lázaro es maestro en Estudios de Asia y África, especialidad China, por El Colegio de México.
Referencias
Liu Shaoqi (2025). Para ser un buen comunista. Editorial Larga Marcha
Xi Jinping (2021). Discurso en la ceremonia de celebración del centenario del Partido Comunista de China. Editorial del Pueblo.
