Sobre La Revolución Mexicana: una muy breve introducción

Por Anaximandro Pérez | Mayo 2026

La Universidad de Oxford cuenta con una interesante colección de trabajos científicos dedicada a introducir a lectores especializados y no especializados a una gran variedad de temas correspondientes a múltiples áreas del conocimiento. Titulada Very Short Introductions, contiene textos de matemáticas, física, biología, química, sociología, historia, filosofía, arquitectura, diseño, arte, entre muchas otras disciplinas. Pues bien, en 2016, esta colección publicó el texto que quiero comentar ahora: The Mexican Revolution: A Very Short Introduction, escrita por uno de los mayores expertos en la Revolución Mexicana, el profesor británico Alan Knight.

Además de un necesario apartado introductorio y una lista de lecturas recomendadas por el autor, esta breve introducción está compuesta por seis apartados, que abarcan una amplia temporalidad, entre el Porfiriato y los gobiernos priistas posrevolucionarios. Todos esos apartados están nutridos por una lectura desapasionada (o acaso sea mejor nombrarla equilibrada) donde los actores, así como los acontecimientos de los procesos de la Revolución, son vistos en sus circunstancias, sin caer en una propuesta de ordenamiento teleológico de los acontecimientos que produjeron el Estado mexicano actual. En ese sentido, por ejemplo, en algún momento evalúa en alguna medida las posibilidades de futuro que pudieron tener los movimientos armados populares de Villa y Zapata, si hubieran prosperado frente al constitucionalismo carrancista.

Al ser un texto introductorio, la exposición de los problemas es reducida. Sin embargo, logran esclarecerse varias dinámicas de los procesos revolucionarios. En primer lugar, la evaluación del régimen de Porfirio Díaz lo expone como el triunfo de un Estado sobre la inestabilidad del siglo XIX mexicano, cuya historia estuvo plagada de guerras civiles, invasiones, golpes de estado y desfalco de la riqueza nacional, prácticamente desde la revolución independentista de 1810. Pero ni lo anterior, ni el desarrollo económico de México bajo el porfirismo implicaban que este fuera un régimen justo. Si bien la nación ganó estabilidad interna, también floreció una acumulación inédita de las tierras productivas en manos de unos cuantos propietarios de latifundios enormes. La situación era alarmantemente desigual pues de los 13 millones de habitantes que tenía México, 10 millones se dedicaban a labores del campo y, entre estos, 9.5 millones eran campesinos precarizados y sin tierras.

Knight muestra cómo esta situación injusta en un país fundamentalmente agropecuario, así como la precariedad de los trabajadores fabriles y el interés por participar de la política nacional de algunas élites regionales ajenas al grupo selecto de grandes latifundistas que se beneficiaban del porfirismo, condujeron al estallido revolucionario convocado por Francisco I. Madero en 1810. En ese sentido, el conflicto ocurrió como una guerra interna por el poder estatal en la cual participaron directa o indirectamente potencias extranjeras, en concreto Estados Unidos. La demanda más arraigada de las masas, el reparto del agro fue el combustible fundamental en una lucha política por un régimen más democrático que se verificó como un alzamiento de las regiones, las periferias o los actores desposeídos y/o democráticos contra los centros de poder porfirista (las ciudades, las capitales y las grandes propiedades); y a pesar de que el ejército nacional tenía la capacidad de someter la revolución, el dictador prefirió entregar el Estado, huyendo al exilio en Francia. Con Madero hubo elecciones, pero esto no rompió cabalmente la preeminencia de los grandes propietarios sobre la economía y la política. De hecho, Madero prefirió negociar, respetando a las viejas élites (entre ellas a la Iglesia), a la burocracia y a las fuerzas armadas de don Porfirio. Esto condujo, por un lado, a la inconformidad y rebeldía de algunos de sus antiguos aliados agraristas, como Emiliano Zapata, así como al golpe de Estado de 1813, perpetrado por el militar exporfirista Victoriano Huerta.

La exposición de estos eventos, la Decena Trágica, dan pie a la guerra de las fuerzas villistas, zapatistas y carrancistas contra el gobierno huertista. Esta lucha culminó con el triunfo de aquellas fuerzas revolucionarias, pero desembocó en una guerra fratricida entre éstas mismas que ganó, finalmente, el partido que recibió la venia de Estados Unidos: los carrancistas. Esto no implica, ni mucho menos, que las otras fuerzas, en especial los villistas, no contaran con apoyo norteamericano. Más bien, expone Knight, antes de que los estadounidenses reconocieran al carrancismo como gobierno de facto, en la frontera, la División del Norte recibía armamento directamente del país vecino. En todo caso, los carrancistas se impusieron por las armas, establecieron una constitución en la que se reconocían las demandas de los revolucionarios y comenzaron el reparto agrario.

Posteriormente, el libro aborda los gobiernos de los sonorenses Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, así como el Maximato, y culmina con el gobierno de Cárdenas y el nacimiento del priismo que configuró la política nacional contemporánea. Más allá de episodios muy sangrientos, como la guerra de los cristeros contra la dinastía de Sonora, o de episodios gloriosos, como la expropiación petrolera, Knight expone el desarrollo de una nueva política en la cual las causas campesinas y obreras que enarbolaron algunos luchadores populares en contra de la dictadura quedaron cooptadas por el poder. Esto ocurrió a través de la aparición de super organizaciones de trabajadores, como la CROM y la CNC, cuyas dirigencias, aliadas con el poder, facilitaron el reparto agrario y algunas mejoras en las condiciones de vida y trabajo, pero también llevaron prácticamente a la neutralización de cualquier intención rebelde por parte de trabajadores organizados que existe hasta el día de hoy.

En suma, el libro cumple a cabalidad con su función de introducir al lector a nuestra Revolución, sus causas y sus efectos a corto, mediano y largo plazo. Pero de la misma manera, invita a leer más sobre el proceso estudiado, a cuestionar las lecturas tradicionales u oficiales donde generalmente se presentan actores buenos contra actores malos y desaparecen los matices de los actores y los acontecimientos, y permite entender por qué el Estado mexicano sigue teniendo una gran influencia sobre la posibilidad de que existan luchas populares independientes y auténticas a través de las organizaciones legales de trabajadores.


Anaximandro Pérez es doctor en Historia por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS) de París.

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