Por Ollin Vázquez | Mayo 2026
¿Qué son las fábricas oscuras?
Las fábricas oscuras son unidades productivas casi totalmente automatizadas, donde robots, Internet de las cosas (IoT) e inteligencia artificial realizan el proceso productivo directo, sin intervención humana. El sobrenombre que se les ha dado proviene de que no es necesario emplear iluminación para operar, pues son máquinas las que realizan todo el proceso productivo. Además, tampoco requieren de ventilación, calefacción o aire acondicionado, pues en ellas no hay trabajadores que necesiten de esas condiciones. Como dato, la Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que se puede reducir el consumo energético entre 15 y 20 por ciento con esta forma de producción (IEA, 2023). En China, por ejemplo, se reportó que en 2022 se redujo el 1.7 por ciento del consumo energético industrial, atribuido a los avances en la automatización (NBS, 2023).
Desde el punto de vista marxista debe entenderse a las fábricas oscuras como la manifestación más acabada del aumento continuo de la composición orgánica del capital, que es una tendencia inherente al desarrollo capitalista. Recordemos que la bolsa de capital que es invertido en la producción se divide entre capital constante —invertido en maquinaria, tecnología, infraestructura, materia prima, etc.— y capital variable —invertido en comprar fuerza de trabajo humana—. La relación entre estos dos elementos se denomina composición orgánica del capital. Entre más grande sea ésta significa que de la bolsa de capital, se está invirtiendo más en maquinaria, equipo, tecnología y demás medios de trabajo y materias primas, en detrimento de la contratación de trabajadores. Y viceversa, entre más pequeña la composición orgánica del capital, se estará invirtiendo más en capital variable en detrimento del capital constante.
En una fábrica “normal”, la composición orgánica del capital es menor a la de la fábrica oscura, porque en la primera todavía se destina una cierta cantidad de capital a contratar obreros. En la fábrica oscura, en cambio, el trabajo vivo de los trabajadores ha sido sustituido casi totalmente por trabajo muerto contenido en las máquinas.
Las fábricas oscuras y el empleo
Como ya se ha mencionado, la producción en las fábricas oscuras no utiliza trabajadores directos en el proceso productivo. Esto implica que, en caso de que se trate de unidades productivas nuevas, se dejará de contratar trabajadores; y en el caso de que sean unidades económicas viejas, se despedirán trabajadores. O sea que, de extenderse esta forma de producir, disminuirá la capacidad de la industria de crear puestos de trabajo.
Para poner en marcha las fábricas oscuras se tienen que programar las máquinas y darles mantenimiento. En caso de que sea la misma empresa la que realice esta actividad, se necesitarán trabajadores con conocimientos en esa área y es probable que disminuyan los trabajos poco cualificados. De acuerdo con el reporte The Future of Jobs 2025 delForo Económico Mundial, se espera que para 2030 cerca del 40 por ciento de habilidades de los trabajadores se vuelvan obsoletas por la automatización. El florecimiento de las fábricas oscuras hará que se sustituya a los trabajadores directos del proceso productivo y se empleen en programación y otras actividades que requieren de más calificación.
Sin embargo, como la inteligencia artificial ha avanzado mucho y es capaz de programar, puede también sustituir a los trabajadores altamente calificados, eliminando muchos empleos que normalmente son altamente remunerados. En el reporte de 2023 se proyectó que para 2027 podrían desaparecer 83 millones de empleos debido a la automatización y el uso de la inteligencia artificial. Aunque podrían requerirse más trabajadores en otras áreas especializadas, como ciberseguridad, para proteger los datos y códigos de las empresas.
La plusvalía en las fábricas oscuras
Como mencionamos líneas arriba, en este tipo de fábricas se ha sustituido el trabajo vivo por trabajo muerto. Sin embargo, la única mercancía capaz de crear nuevo valor es la fuerza de trabajo. Durante el proceso productivo, el trabajador despliega su trabajo y conserva el valor de la materia prima sobre la que está trabajando, transfiere el valor de los medios de trabajo, y crea nuevo valor. Éste último, el valor nuevo, es equivalente al valor de la fuerza de trabajo y a la plusvalía.
Entonces, si no se emplean trabajadores en el proceso de trabajo de las fábricas oscuras, no hay forma de que se cree nuevo valor. Las mercancías contendrían solo el valor del trabajo muerto conservado y transferido de las materias primas y los medios de trabajo.
En la realidad, por supuesto, el trabajo no desaparece del todo: se tienen que programar las máquinas para que éstas puedan funcionar, además de darles mantenimiento, etc. Sin embargo, dependiendo del modelo de negocio de la empresa, este proceso se puede ejecutar por la misma empresa, o que la programación se realice en un eslabón anterior a la fábrica oscura. En el primer caso, la gran empresa posee centros de I+D —donde programan— y la fábrica oscura —donde producen—. En este modelo, aunque la programación no se realice en el mismo recinto, sino en un lugar bien iluminado y con las condiciones adecuadas, sí forma parte de la misma empresa y sí habría una parte del capital invertido en fuerza de trabajo, pues se estarían contratando programadores, ingenieros y demás.
Este es el caso de empresas como Tesla, que diseña el software para sus procesos productivos, pues tiene una forma de integración vertical —las empresas que incorporan diversos elementos de la cadena productiva al interior de esta se les denomina verticalmente integradas—. Un modelo similar tiene Fanuc, que es una empresa en la que robots fabrican robots. El software que controla las máquinas se diseña en los laboratorios de la misma compañía y se instala en los robots que producen luego más robots. En estos casos, el trabajo vivo de los programadores e ingenieros (trabajo, además, complejo y altamente cualificado) sí crea plusvalía. Digamos que ese capital individual sí está valorizando cierta cantidad de plusvalor correspondiente a esos trabajadores.
En el segundo caso, que además es el más común, otro capital, subcontratado, especialista en software, realiza la programación. En esta unidad productiva específica, dado que es puro trabajo muerto el que contienen las máquinas, no habría creación de plusvalía, pues el plusvalor ya fue generado y realizado por el capital que vendió el software. La pregunta que surge, entonces, es ¿de dónde provienen las ganancias de las fábricas oscuras si no hay trabajo vivo?
La ganancia en la fábrica oscura
Como mencionamos arriba, el trabajo vivo es el único capaz de crear plusvalía, y todas las ganancias capitalistas no son más que partes de la plusvalía producida socialmente por los trabajadores. Sin embargo, la ganancia de los capitales individuales no está determinada por la plusvalía que logran extraer individualmente. La plusvalía total generada en la sociedad (que depende del grado de explotación de la fuerza de trabajo) no se queda íntegramente en las empresas que la extrajeron, sino que se distribuye entre todos los capitalistas en proporción al capital total que cada uno ha invertido, y no en proporción a la fuerza de trabajo que emplean directamente.
La competencia y la movilidad del capital entre las ramas, que van en busca de mayor rentabilidad, tiende a igualar las tasas de ganancia. Si en una industria, por ejemplo, la textil, las ganancias suben por encima del promedio, los empresarios de otros sectores (como el calzado o la de alimentos) querrán llevarse su capital allí. Al llegar más inversiones a la industria textil, se produce más ropa, la oferta aumenta y los precios tienden a bajar. Al bajar los precios, también baja la ganancia que había atraído esas inversiones. Este movimiento de capitales de un sector a otro se detiene cuando las ganancias se igualan en todas las industrias. A ese nivel de ganancia que termina imponiéndose en toda la economía se le llama tasa media de ganancia, y en la medida en que se forma provoca una redistribución del plusvalor entre los distintos capitales.
En este sentido, las mercancías no se venden por lo que realmente «valen» en términos de tiempo de trabajo, sino a un precio de producción, determinado por el mercado, que se compone de dos partes: lo que al empresario le costó producir (materias primas, máquinas, salarios) más la ganancia media que le corresponde por el tamaño de su inversión. Los capitales que invirtieron una mayor cantidad de capital recibirán mayor porción de plusvalía, aunque tengan una composición orgánica del capital más alta, es decir, aunque hayan empleado mayor cantidad de su capital en maquinaria, equipo, etc., y no en contratar fuerza de trabajo.
En este proceso, los capitales con una composición orgánica del capital más baja que el promedio social (es decir, que utilizan proporcionalmente más trabajo vivo) producen más plusvalía de la que terminan reteniendo, mientras que aquellos con una composición orgánica más alta (como las fábricas oscuras) se apropian de plusvalía generada por otros capitales, compensando así su menor valorización. Si la ganancia fuera proporcional al trabajo vivo empleado, entonces ramas de la producción más intensivas en trabajo serían mucho más rentables que las menos intensivas, y esto no puede ser una situación sostenible en el largo plazo.
En las fábricas oscuras, al introducir mejores máquinas y tecnología más avanzada, lo que se busca es aumentar la capacidad productiva y la productividad sin que esto represente un aumento sustancial de costos para el capital individual. Los avances técnicos deben ser «rentables» para el capitalista en cuestión. Si el capitalista de la fábrica oscura produce a un costo mucho menor que el de los demás capitalistas de su misma rama porque tiene una ventaja técnica que le permite producir más por unidad de tiempo empleando casi los mismos recursos, obtendrá una plusvalía extraordinaria en el sentido clásico: vende sus mercancías al valor social (aún determinado por las condiciones técnicas menos eficientes), pero el valor individual de su mercancía es inferior.
En otras palabras, desde el punto de vista del capitalista individual, el precio de su mercancía no es igual la suma de capital constante, capital variable y plusvalía. Sino más bien, el capitalista ve el precio como lo que él gastó al inicio (su inversión), más el excedente sobre ese costo, es decir, su ganancia. Aquí ocurre una mistificación: la ganancia aparece como un excedente generado por el capital total que él adelantó, y no como fruto exclusivo del capital variable. El origen de la ganancia —la explotación— queda oculto.
¿Qué tanto se ha extendido este tipo de fábricas?
Estas empresas han florecido en distintas ramas de la producción, aunque todavía no se han generalizado al interior de las mismas, ni siquiera todas las filiales de una misma compañía operan de esta forma.
Algunos ejemplos de fábricas oscuras en China son Foxconn, donde se realizan actividades como ensamble de teléfonos y otros dispositivos electrónicos; BYD que realiza ensamblaje y chasis de coches eléctricos; y Xiaomi, que ensambla teléfonos. En Japón está Fanuc, que fue la primera que comenzó a trabajar como fábrica oscura desde 2001 y realiza servomotores, máquinas, amplificadores, láseres, etc. Pero estas empresas tienen otras sucursales en el mismo país o en otros países donde no producen así. Por ejemplo, la planta de Foxconn en Kunshan en 2016, de acuerdo con AppleSfera (2016), tenía cerca de 110 mil empleados, pero por el aumento de la automatización de algunas partes del proceso productivo la plantilla se redujo a 50 mil. Años antes esta misma empresa ya tenía planes de remplazar trabajadores por máquinas, sin embargo, no lo hicieron porque no eran tan precisos como los trabajadores y su margen de error era más alto. No hay datos públicos de cuántos trabajadores tiene actualmente esta planta, pero se sabe que Foxconn ya tiene una fábrica oscura operando en Shenzhen. Otra planta de Foxconn, la de Zhengzhou, tenía en 2022 cerca de 200 mil trabajadores (que laboraban en distintos turnos y en diferentes áreas).
Dado que esta forma de producir es reciente, no hay estadísticas sobre el número de empresas de este tipo. De lo que sí hay datos es del aumento de la producción y uso de robots industriales en el mundo. De acuerdo con Mordor Intelligence, el tamaño de mercado en 2025 fue de 88.27 mil millones de dólares y se espera que alcance los 218.56 mil millones en 2030, con una tasa de crecimiento de 20.28 por ciento. Muchos atribuyen el optimismo de este mercado a la transición de la manufactura global a la industria 4.0 o, como también las llaman, “fábricas inteligentes”, donde se encuentran englobadas, precisamente, las fábricas oscuras.
Sería muy complicado augurar que fábricas con estas características abarcarán a todas las ramas de producción del sector manufacturero, pues esto dependerá de si pueden valorizar a la tasa media de ganancia. En otras palabras, la cuestión es que aún no se define con claridad que sean el método de producción con los menores costos unitarios. Por ejemplo, en algunos lugares puede ser más eficiente y menos costoso emplear mano de obra barata, lo que reducirá el incentivo para cambiar la técnica de producción. O en los casos donde el Estado proporciona subvenciones o protege a la industria nacional, no hay incentivos para modificar la forma en que producen los capitalistas de dichos países.
Ollin Vázquez es maestra en Economía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
