Banksy: ¿un antisistema?

Por Christian Jaramillo | Junio 2026

Banksy es un “artista” que desde hace un par de décadas se hizo conocido por sus “obras” antisistema.  Sin embargo, a medida que los años pasan y su nombre se mediatiza – tal vez por su anonimato, aunque en los últimos días se ha confirmado que su verdadera identidad es la del inglés Robin Cunningham- surgen cada vez más dudas de si el mensaje disidente de su “obra” es genuino o se trata de un anzuelo para mercantilizar mejor su propia “crítica”.  Para empezar, es importante mencionar que no se tratará sobre la forma o los rasgos estéticos de su “arte”, no es el objetivo de este artículo. Lo que sí se señalará sobre esta cuestión, para que el lector comprenda lo que este “artista” hace, es que sus “obras” son grafitis hechos con plantillas: se descarga una imagen de internet, se imprime con dimensiones determinadas  y se aplica aerosol con pintura en los espacios vacíos. Algo que un niño sin conocimiento de pintura podría hacer.

Esto no es una crítica al arte del grafiti, muchos de ellos requieren un verdadero conocimiento de la técnica y los elementos que conforman una pintura. Estos artistas no usan plantillas, pintan a mano alzada, únicamente con el conocimiento previo de la composición pictórica -la forma, el volumen, el manejo de la luz, el color, el espacio, la perspectiva, etc.

Dicho esto, toca analizar el contenido de la “obra”. Y es que es el tema de los grafitis, el mensaje disidente, lo que más ha llamado la atención de la gente. Ver grafitis en los que el “artista” se burla o pone en evidencia las contradicciones del sistema y  de las instituciones formales e informales sobre las que se monta – como “Tribunales Reales de Justicia, Londres” o ”Napalm”, por mencionar algunos– ha hecho que mucha gente, precisamente aquella que se siente defraudada y vejada por el sistema, lo vea como una especie de Robin Hood de los pobres. Sin embargo, ¿qué tan real es esta imagen que se ha ganado?

Lo cierto es que toda su obra está mercantilizada, y no es nada barata. Podría pensarse que sus grafitis, al estar estampados en paredes de lugares aleatorios de una ciudad, son gratuitos y que incluso podrían beneficiar al propietario, pues tendría en su propiedad “una obra de gran valor”. Sin embargo, para que el dueño de la casa o local pueda certificar que tiene un Banksy, antes tiene que enviar fotos del grafiti a Pest Control, la empresa del “artista”, para que verifique que la pieza fue efectivamente hecha por él. Una vez verificada, la empresa le pide al propietario del inmueble que pague cientos o miles de euros por un certificado, dependiendo del grafiti, y solo así le entregan el documento que autentica la “obra”.

Este es uno de los mecanismos por los que el “artista” obtiene ingresos. Otra forma, y la más contradictoria con su mensaje, es la venta y subasta de sus “obras”. Los grafitis “originales” de las paredes los repite en pequeños lienzos y los vende o los lleva a subastas donde han alcanzado millones de dólares. Por ejemplo, “La niña con globo” alcanzó los 25.4 millones de dólares, “Game Changer” se vendió por 21.4 millones de dólares, “Girasoles de la gasolinera” 14.6 millones de dólares, etc. (Infobae, 2021).

Entonces ¿mercantilizar una creación artística está mal? No. De hecho, en el sistema capitalista esta es casi la única forma que tienen los artistas para vivir. Sin embargo, acumular millones de dólares a través de la prostitución de un discurso antisistema sí resulta al menos contradictorio. Es importante tener en cuenta que ser millonario no significa otra cosa que tener en las manos miles de horas de trabajo no pagadas a los obreros del mundo. En el sistema capitalista eso no tiene nada de malo per se, es parte de la misma dinámica del sistema: invertir dinero para capitalizarlo lo máximo posible. El problema es cuando te dices antisistema y alzas la bandera anticapitalista, pero con la única intención de fondo de beneficiarse económicamente de ello.

Ha habido “artistas” similares a Banksy, con propuestas artísticas simplonas, como Warhol, que hizo millones de dólares vendiendo impresiones coloridas de  Coca-Cola, sopas enlatadas Campbell o Marilyn Monroe. Pero Warhol al menos era sincero, no usaba la política ni temas sensibles para enriquecerse. En su momento llegó a declarar que lo único que le interesaba de su “arte” era el “dinero y la fama”. Y eso es aceptable. Como se mencionó, así funciona este sistema. Pero resulta un poco hipócrita usar la etiqueta de “artista” antisistema o de izquierdas y a la vez beneficiarse de él, exprimiendo al máximo las posibilidades que da para acumular dinero.

Por si esto no fuera suficiente, en 2010, en una entrevista casi perdida en internet, Banksy declaró: “Me digo a mí mismo que uso el arte para proponer la disidencia, pero tal vez solo uso la disidencia para promocionar mi arte. Me declaro inocente de haberme vendido, pero lo hago desde una casa más grande de la que tenía antes” (Canal 13, 2026). Si esto no es una declaración de principios y la aceptación de que todo este tiempo ha usado la simbología progre con el único fin de mercantilizar más y mejor sus “obras”, entonces ¿qué es?

Aun así se podría contraargumentar y decir: “bueno, a pesar de lo señalado ha logrado generar cierta conciencia crítica en la gente, y eso de alguna manera puede compensar lo otro”. No hay que engañarse, compañero lector, este tipo de “artistas” son más peligrosos que los que oficialmente usan el arte para difundir ideas del sistema. Pues como se observa, solo les importa el dinero. Así que si mañana les es más conveniente pintar a favor del capitalismo, lo harán. En realidad, se venden al mejor postor. ¿Y cuál es el problema de ello? Que durante todos estos años Banksy se ha ganado a mucha gente con los temas de sus grafitis, y si da un giro ideológico en sus obras, aunque sutil -la introducción de la cultura hegemónica no siempre es de golpe, no es estratégico para el sistema- sus seguidores pensarán que continúan consumiendo “arte progre”, y así, inconscientemente, se convierten en  reproductores de las ideas culturales del sistema.

En suma, Banksy no es un “artista” antisistema. Es un «artista» del sistema que ha aprendido a venderle al capitalismo su propia crítica. Su anonimato no ha sido una forma de protesta o resistencia, es marketing –incluso ha evadido impuestos de esa manera-. Sus grafitis no son disidencia, son gancho. Y mientras el pueblo trabajador sueña con el fin del capitalismo, Banksy cobra millones por recordárselo. No es un revolucionario. Es un eslogan que se vende caro.


Christian Jaramillo es economista por la Facultad de Economía de la UNAM

Bibliografía

Canal 13. (16 de marzo de 2026). Canal13.cl. Obtenido de https://www.13.cl/ar13/noticias/fin-del-misterio-investigacion-revela-la-verdadera-identidad-detras-del-artista

Infobae. (14 de octubre de 2021). Infobae.com. Obtenido de https://www.infobae.com/america/cultura-america/2021/10/14/otro-record-para-banksy-su-obra-autodestruida-se-subasto-por-usd-254-millones-en-londres/

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