Una reflexión sobre la lógica dialéctica

Por Pablo Hernández Jaime| Mayo 2026

Cuando hablamos de “lógica dialéctica” es común pensar a dicha lógica cómo una alternativa que, además, está en contraposición a la llamada “lógica formal”; como si se tratara de dos sistemas alternativos de razonamiento con axiomas, reglas y conceptos distintos, pero que en todo caso ya están establecidos.

No obstante, (y dejando de lado que la “lógica formal” no es una sola, y que además habría que considerar también una amplia variedad de lógicas no clásicas) me parece que es impreciso hacer esta contraposición de esa manera, y es lo que quiero cuestionar en este pequeño texto.

La llamada “lógica dialéctica”, al menos como lo expone Evald Iliénkov en su libro homónimo, no es propiamente un “sistema de razonamiento”, si por esto entendemos a un conjunto preestablecido de supuestos, reglas y conceptos para la elaboración de razonamientos coherentes. La “lógica dialéctica”, en cambio, sería algo más parecido a una “metodología de investigación”, entendiendo por esto último no una receta para alcanzar el conocimiento, sino un conjunto de reflexiones, cuestionamientos y estrategias en construcción, que sirven para acercarnos al conocimiento de la realidad por las razones correctas y con plena conciencia de los posibles errores, sesgos o vacíos en dicho conocimiento.

Quiero detenerme brevemente en esta última distinción porque quizá no es del todo clara. “Una receta para alcanzar el conocimiento” sería algo así como “un método único”, una serie de pasos universales que siempre y en todo momento sirven para alcanzar el conocimiento de la realidad. En cambio, “un conjunto de reflexiones, cuestionamientos y estrategias en construcción” implica que puede haber más de un método; el camino del conocimiento no siempre es el mismo. Esto es importante considerarlo porque “el método” o la estrategia de investigación que sigamos dependerá siempre de la naturaleza de nuestro objeto de estudio, de las preguntas que queramos responder, y del grado de desarrollo de la ciencia. Por otro lado, el hecho de que el conjunto de reflexiones, cuestionamientos y estrategias esté en construcción quiere decir que no solo el conocimiento de la realidad avanza, sino que también lo hace nuestra conciencia sobre los distintos caminos para alcanzar dicho conocimiento; y esto es particularmente importante porque el conocimiento total no son solo los resultados de la investigación, sino también los caminos recorridos para llegar ahí.   

Pero volvamos a lo que mencioné más arriba. En su libro, Iliénkov plantea que la llamada “lógica formal” fue un resultado de antiguas investigaciones; y dicha “lógica” servía para ayudar a precisar los razonamientos a la hora de formular y expresar el conocimiento. Sin embargo, en épocas posteriores, esta “lógica” sufrió una relativa mistificación por parte de algunos pensadores: el “sistema lógico” empezó a ser concebido oficialmente (principalmente por influencia de la iglesia) como parte original y consustancial del pensamiento y naturaleza humanas, además de ser considerada la herramienta necesaria y suficiente para asegurar el camino a la verdad.

De acuerdo con Iliénkov, esto limitó de forma parcial el avance del conocimiento durante mucho tiempo. La lógica se convirtió en una suerte de “corsé” o “camisa de fuerza” para la investigación, pues debía ser respetada a priori. Sin embargo, el propio desarrollo de la filosofía y la ciencia comenzó a cuestionar esta forma de entender la lógica.

Es complicado tratar de sintetizar con precisión y detalle lo que ocurrió a continuación. No obstante, y a juicio de Iliénkov, es en este momento donde la filosofía clásica alemana entra en escena.

Las investigaciones de Immanuel Kant (considerado el iniciador de esta tradición filosófica) habían quedado altamente influidas por un filósofo escocés llamado David Hume. Este último, en sus trabajos, había intentado encontrar el fundamento empírico de todo conocimiento; sin embargo, halló nociones que no tenían un referente empírico claro y directo, como la causalidad. Todo parecía indicar que había algo propio de la conciencia del sujeto cognoscente (dado a él de antemano), y que le ayudaba a ordenar la experiencia (sin provenir de ella), y que le permitía construir el conocimiento.

Hume había sido muy riguroso en sus razonamientos, y Kant quedó muy impresionado, por lo que se planteó el reto de investigar las posibilidades de la ciencia para estudiar la realidad en sí misma, aún considerando que existían elementos propios de la subjetividad humana que, si bien nos permiten conocer la realidad, nos obligan a hacerlo siempre a nuestro modo muy particular.

Hasta aquí, los hallazgos podrían servir para reforzar la idea de que la conciencia humana posee una “lógica” propia y ya establecida de antemano, como dada por naturaleza. Sin embargo, la cosa no termina aquí.

Los planteamientos de Kant abonaron el camino para que surgiera una tradición filosófica muy potente que hoy conocemos como idealismo clásico alemán. Algunos de los filósofos más representativos o al menos más conocidos de esta tradición fueron Kant, Fichte, Schelling y Hegel, y sus progresos filosóficos (junto a los de muchos otros pensadores) generaron una transformación radical en la manera de comprender la filosofía y la ciencia.

Con respecto al tema que nos ocupa, fue Fichte, después de Kant, quien dio uno de los primeros grandes giros. De acuerdo con las ideas vertidas por Fichte en su Primera y segunda introducción a la teoría de la ciencia, Kant había planteado correctamente el problema, pero no avanzó lo suficiente en su solución; sí, es útil saber que nuestra percepción del mundo está sesgada, filtrada y ordenada por aspectos propios de nuestra subjetividad; pero es igualmente importante tratar de entender de donde vienen o cómo surgen esos aspectos o rasgos propios de la conciencia, pues es necesario no dar por sentado el conocimiento que debe ser demostrado. El aporte de Fichte fue tratar de comprender el origen y desarrollo del sujeto cognoscente y su consciencia.

Con este movimiento, el idealismo alemán emprendió un camino que lo llevó a estudiar la interrelación y movimiento de la conciencia, en relación con, y como parte del mundo. A esto se abocaron en buena medida las investigaciones de Schelling y Hegel. Para ellos, la cuestión planteada por Kant ya debía ser comprendida en otros términos: sí, las personas conocemos el mundo a partir de ciertas nociones y disposiciones propias de nuestra consciencia; conocemos el mundo a nuestro modo; pero esa “lógica” de la consciencia no es fija, y no está dada de antemano a las personas. Dicha “lógica” es también parte de un desarrollo histórico muy amplio y que implica una serie de transformaciones reciprocas entre las personas y el mundo que habitan, que ellas transforman y que las determina. La “lógica” y la conciencia también son un producto histórico.

Llegados a este punto, ni la llamada “lógica formal”, ni ninguna otra, puede entenderse como dada de antemano al pensamiento humano.

Pero ¿quiere esto decir que la conciencia no tiene “lógica”?, ¿qué implica esto con respecto al estudio científico de la realidad?, ¿si la lógica formal no es “el método”, entonces lo es la “lógica dialéctica”? Intentemos responder estas preguntas, aunque sea provisionalmente.

De cierto modo, podríamos decir que la conciencia sí tiene su “lógica”, su racionalidad. Pero no es una lógica establecida de antemano con axiomas, reglas y conceptos. La “lógica” de la consciencia tiene un origen y desarrollo, y en ese sentido, la llamada “lógica formal” puede considerarse solo uno de sus momentos, pero nada más. Para estudiar la conciencia humana en su totalidad, haría falta (como dijo Lenin en sus Cuadernos filosóficos) estudiar la historia del pensamiento y de las ciencias, la historia del lenguaje, la evolución de la psique humana, el desarrollo de los procesos psicológicos de las personas, etc.

Con lo dicho hasta aquí, podemos decir que, en el idealismo alemán, la llamada “lógica dialéctica” no es un “sistema lógico” sino una aproximación científica, donde se buscan reconstruir las experiencias y caminos históricos del conocimiento, para estudiar el origen, desarrollo, funcionamiento y tendencias de la realidad.

Con esto en mente, podemos responder otra de nuestras preguntas y decir que la “lógica dialéctica” no se convierte en “el método de conocimiento”, entendido éste como una serie de pasos fijos. Sin embargo, la “lógica dialéctica” sí nos ayuda a comprender el tipo de reflexiones, cuestionamientos y estrategias de conocimiento que se han planteado para el estudio de un fenómeno. Aquí, fue Hegel quien puso varios grandes ejemplos de esta “metodología” con la Fenomenología del espíritu, la Filosofía del derecho o la Ciencia de la lógica, entre otros; y fue precisamente Marx quien, retomando la “metodología” de estos ejemplos pudo elaborar su Crítica de la economía política.

¿Quiere decir esto que Marx siguió unos pasos dictados de antemano por Hegel? Para nada. ¿En qué consistió entonces el ejemplo que Marx retomó de él? Fundamentalmente, y entre otras cosas, tal ejemplo consistió en comprender que, para estudiar científicamente el modo de producción capitalista, no era necesario repetir a Hegel o “deducir” de su teoría el conocimiento de la economía, sino (1) estudiar las principales aproximaciones que la ciencia hasta ese momento había hecho al problema en cuestión: la historia de las doctrinas económicas, de las teorías de la plusvalía, etc.; y (2) acercarse al estudio de la realidad misma de su fenómeno: la historia del comercio, del dinero, de la tecnología, de las leyes fabriles, de las crisis y del desarrollo económico en general. Precisamente de aquí, del estudio del pensamiento y realidad económicos, es de donde Marx podría obtener las pautas específicas para estudiar el origen, desarrollo, funcionamiento y tendencias del modo de producción capitalista.

Pero ¿no es esto lo que hace toda ciencia?, ¿quiere decir esto que el ejemplo de Hegel resulta superfluo? En absoluto. El ejemplo es útil para afinar nuestra reflexión, cuestionar nuestras prenociones y avanzar hacia el conocimiento del movimiento interno de nuestro fenómeno. Sin embargo, Hegel no nos va a dar lo que no puede, y esto es (1) los avances científicos de nuestro tiempo y (2) el estudio contemporáneo del fenómeno real.  

Con lo anterior, volvemos al punto de partida y también llegamos a la conclusión de este artículo: la “lógica dialéctica” no es un “sistema” que llegue a sustituir a la “lógica formal”. De hecho, y como lo ha señalado Henri Lefebvre, es perfectamente posible expresar en términos de lógica formal el resultado de una investigación guiada por la “lógica dialéctica”. Esta última, para ser más precisos, debe ser entendida como una “metodología de investigación”. Pero no una metodología como una receta, sino como un conjunto de reflexiones, cuestionamientos y estrategias en construcción para el estudio de la realidad, y si buscan una obra que ejemplifique cómo se puede hacer esto, ahí está El Capital de Marx.


Pablo Hernández Jaime es doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México.

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