Por Victoria Herrera | Mayo 2026
Cuentan que en el Mundial de México 1986, entre el fervor futbolístico, era común escuchar una rechifla incómoda para las autoridades: “No queremos goles, queremos frijoles”. La anécdota, que para algunos podría parecer una simple ocurrencia, guarda una profunda realidad de la situación nacional de entonces. Aunque la imagen internacional que se proyectaba era la de un país estable y moderno lo cierto es que la situación de las y los mexicanos seguía igual de lamentable que durante la crisis económica de 1982 y el terremoto de 1985. La población mexicana seguía sufriendo los efectos de la “Década pérdida”.
Es sabido que aquel mundial fue asignado a México en un contexto de aparente bonanza económica, luego de un breve periodo de crecimiento económico que intentaba superar dicha crisis. El descubrimiento que se realizó en aquel momento y la explotación de los yacimientos petrolíferos de Cantarell permitió que la economía mexicana creciera aceleradamente. Ese efecto catapultó al país al grado de convertirlo de nueva cuenta en “casi el paraíso” como lo fue durante el “milagro mexicano” y cuya historia concluyó, precisamente, cuando nuestro país fue sede de las Olimpiadas de 1968. No es ocioso recordar que fueron las movilizaciones estudiantiles las que mostraron la verdadera cara del sistema político mexicano. En ambos momentos, como ahora que México vuelve a ser una de las sedes del Mundial 2026, los reflectores internacionales alumbraron solo una de las muchas aristas de la realidad nacional.
Hoy como hace cuarenta años, cuando se celebró el Mundial de 1986, la mayoría de las y los mexicanos siguen exclamando por lo mismo, aunque no se exprese de la misma forma ni con el mismo grito. El informe más reciente de OXFAM no deja lugar a dudas: 18. 8 millones de personas en México no tienen acceso a una alimentación nutritiva y de calidad. Esa cifra contrasta drásticamente con la riqueza acumulada por la élite nacional. Es decir, mientras millones de personas en este país se van a la cama con hambre, apenas 22 mexicanos ¡tan solo veintidós personas! poseen una fortuna conjunta equivalente al PIB de estados enteros.
Bajo esta circunstancia es imposible negar que las condiciones de hace cuarenta años siguen siendo las mismas, incluso, peores para los más pobres, mientras que para esos 22 milmillonarios mexicanos las cosas van de maravilla. De acuerdo con el informe de OXFAM solo el 1 % más rico concentra el 32% del ingreso nacional. Los ultrarricos siguen enriqueciéndose cada día que pasa y los pobres se vuelven más pobres, al mismo tiempo que la cantidad de pobres aumenta en el país.
La urgencia del combate a la pobreza debería ser el eje rector de cualquier política pública cuanto más si el gobierno presume su interés por la justicia social como es el caso. Por eso, el grito de 1986 aunque no se escuché como en aquel momento es más vigente que nunca. No se trata de un rechazo al deporte sino de mostrar una realidad que no se puede ocultar. Las imágenes que México ha proyectado al mundo en 1968, 1986 y ahora se opacan con la realidad que viven millones de mexicanas y mexicanos. Por eso hoy más que nunca es indispensable y urgente un verdadero combate contra la pobreza en México.
Victoria Herrera es maestra en Historia por la UNAM.
