¿Quién ganará la guerra de Irán?

Por Anaximandro Pérez | Abril 2026

La escalada abusiva contra Irán supone retos inéditos para Estados Unidos y su principal aliado, Israel. La virulencia ha llegado a tal nivel que en las redes se han ventilado comentarios, videos y opiniones que hablan incluso de una posible incursión terrestre de las fuerzas americano-israelíes. No obstante, a pesar de la supuesta superioridad militar de Washington, así como de las armas nucleares que poseen los imperialistas que comenzaron esta guerra, parece poco probable que esos aliados puedan imponerse sobre Teherán. Esto puede deducirse cuando menos de circunstancias como las características demográficas, militares, políticas y geográficas del país agredido.

Irán tiene 93 millones de habitantes, de los cuales 50.5% (47 millones) son hombres y 49.5% (46 millones) son mujeres. Por su parte, los agresores tienen unos 358 millones de habitantes. Israel cuenta con 10 millones y Estados Unidos con unos 348 millones (en ambos casos muy cerca de 50% hombres y 50% mujeres).[1] Si esto se mira en términos simplemente cuantitativos, sin considerar variables políticas, geográficas, tecnológicas, etc., la conclusión sería que los aliados son numéricamente superiores y, por lo tanto, ganarían por mayoría, tal como se ganaban las guerras en los días de Napoleón. Sería así porque, en correspondencia con sus dimensiones demográficas, EE. UU. e Israel tienen, respectivamente, unos 140 y 3 millones de personas listas para el servicio, mientras que Irán cuenta con apenas 41 millones.[2]

Cabe preguntarse, sin embargo, ¿cuánta gente puede mandar realmente EE. UU. a la región? Israel e Irán están localizados en Oriente Medio y podrían desplazar sus contingentes terrestres de manera más o menos sencilla. En cambio, Washington se halla a miles de kilómetros de distancia. En ese sentido, en la medida en que Israel no basta para lograr someter a Irán, Donald Trump tendría que trasladar muchísima gente a la región y mantenerla ahí con suministros mientras dura la campaña. Su reto es lograr que sus hombres y sus recursos sean suficientes para dominar a esa enorme población, someter a 41 millones de personas listas para servir militarmente a Teherán y, adicionalmente, cubrir los 1.6 millones de km2 que componen la superficie de Irán. La economía norteamericana ¿puede sostener esto? ¿El pueblo estadounidense estaría dispuesto a mantener la invasión caprichosa, criminal e injustificada de sus gobernantes? Tal vez no. O tal vez sí, aunque, de ser este el caso, probablemente aparecerían incomodidades financieras acompañadas por múltiples problemas en la retaguardia, como la oposición de sectores del interior o la resistencia de combatientes americanos que no deseen morir lejos de casa.

Esos números hacen, así, poco probable una intervención terrestre. Pero, evidentemente, las guerras de hoy emplean el aire y el mar. Son en buena medida conflictos indirectos con aviones, barcos, drones y proyectiles de largo alcance. Es más, hasta el momento la guerra en Oriente Medio la han sostenido dispositivos militares de ese tipo. Una conclusión fácil aquí sería decir que Estados Unidos ganará, pues generalmente se publicita que este país cuenta con el arsenal más grande del mundo en cuanto a fuerza aérea, fuerza naval, así como de proyectiles de medio y largo alcance.[3] Pero la evidencia que circula en las redes sociales choca con lo anterior. Es cierto que hay videos de bombardeos inusitados sobre capitales, refinerías, puertos y fábricas iraníes, pero de la misma manera circulan videos auténticos que prueban la destrucción de ciudades y puertos israelíes, de bases norteamericanas en los países árabes, de refinerías y embarcaciones que suministran petróleo a los invasores desde el Golfo Pérsico. Asimismo, circulan videos de inmensos arsenales subterráneos de Irán, con miles y miles de misiles balísticos y drones listos para defender al país agredido, y recientemente, al final de la primera semana de abril, bastaron unas cuantas horas para que las fuerzas iraníes lograran la destrucción de dos aviones y dos helicópteros norteamericanos, además de tres drones con tecnología estadounidense de punta.[4]

Por ello también parece muy difícil una derrota de Teherán por esas vías indirectas. Aquí podría pensarse en otro escenario, mencionado públicamente por los agresores: la rebelión de las masas iraníes en contra de su Estado teocrático, “denunciado” (léase pintado) en Occidente como un régimen opresor, destructor de vidas y quebrantador de libertades. Este escenario no ha aparecido y probablemente esté muy lejos de materializarse después de los ataques de marzo, dispuestos por Trump. En cuanto a esto, ha de considerarse que la mayoría chiita iraní (89% de la población)[5] respeta profunda o significativamente a la figura religiosa suprema chií de su país, el Ayatolá, quien, además es el gobernante de Irán. ¿Qué habrán pensado esos millones de personas cuando asesinaron a Ali Jamenei? ¿Qué pensarán cuando sus representantes religioso-políticos, (entre ellos el nuevo Ayatolá) los llaman a resistir, vengar y castigar la agresión? Es posible que algunos iraníes se amilanen teniendo en frente los cráteres de los misiles estadounidenses. No obstante, la resistencia que ha mostrado Irán y las manifestaciones masivas en contra del intervencionismo que asesinó a Jamenei sugieren que ocurre lo contrario. Parece que los iraníes están defendiendo a su Estado y es probable que, al hacerlo, esté erigiéndose aquella unión poderosa que planteaba Carl von Clausewitz al proponer (palabras más, palabras menos) que un escenario nacional positivo en una conflagración interestatal es la alineación del gobierno, los militares y el pueblo de un país hacia el objetivo común de dejar en el suelo a su agresor.

El impacto de los esfuerzos bélicos de Teherán es, además, abrumador. Controlan un paso fundamental del petrolero del mundo (esto es, el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo mundial), lo cual está impactando drásticamente sobre los precios del combustible, y sus bombas pueden alcanzar vehículos de los interventores, así como cualquier otro objetivo dentro de los países árabes que tienen alianzas económicas con Occidente. Por todo lo anterior, pienso que la única salida que permitiría un triunfo norteamericano indiscutible sería el empleo de sus bombas nucleares. Esto es, destruir todo lo que vive en varias ciudades enteras para neutralizar a los iraníes. No obstante, tomar esa vía equivaldría a dispararse en todas las extremidades, pues destruiría millones de vidas en países aliados y enemigos de Oriente Medio; las explosiones y la radioactividad podrían destruir varias economías regionales, y, acaso, el conflicto devendría una guerra nuclear mundial, mediante la intervención directa de los dos principales aliados nucleares de Irán (China y Rusia).

En suma, las particularidades de este conflicto invitan a concluir que Irán no será derrotado. Su población, su posición geoestratégica, sus recursos militares, las características de su población y su gobierno, entre otras cosas, permiten pensar de esa manera. A los regímenes agresores de Estados Unidos e Israel se les están agotando las armas, así como el camino de la diplomacia (cuando menos desde el momento en que asesinaron a Jamenei). Pareciera que la única salida victoriosa que está quedando en manos de los agresores es el uso de armas de destrucción masiva, pero esto conduciría a una escalada internacional mayúscula del conflicto y, eventualmente, a la desaparición absoluta de los propios imperialistas.


Anaximandro Pérez es doctor en Historia por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS) de París.

NOTAS

[1] Cf https://worldpopulationreview.com y https://www.worldometers.info.

[2] Cf https://www.globalfirepower.com.

[3] Véase por ejemplo la información de este país en Ibidem.

[4] https://actualidad.rt.com/actualidad/597251-aeronaves-eeuu-destruidas-rescate-pilotos-iran.

[5] https://worldpopulationreview.com

Scroll al inicio

Descubre más desde CEMEES

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo