Por Vania Sánchez | Marzo 2026
De acuerdo con el FMI, el PIB per cápita tanto de la República Popular China como de México ronda los $25 mil dólares anuales. Una igualdad que tiene detrás muchas diferencias. Mientras que, en los últimos 25 años, México apenas duplicó el PIB per cápita, China lo multiplicó por 10. Las diferencias se extienden a prácticamente todas las variables que refieren el desempeño económico. También a la inversión. Ésta -medida como la Formación Bruta de Capital Fijo- en los últimos 15 años en México se mantuvo en torno al 22 por ciento del PIB; mientras que, en China en el mismo periodo, se ubicó entre 42 y 45 por ciento, el doble. México está sumido en un círculo vicioso de bajo crecimiento y baja inversión; la economía no crece porque no hay inversión suficiente y viceversa.
Por otro lado, el papel central de China en las esferas económicas y políticas globales es incontestable. Es, además, el país clave en buena parte de las cadenas globales de suministros y lidera el ranking de países en innovación en diversos sectores, así como acuerdos multilaterales de desarrollo económico entre los países del Sur Global.
México forma parte del Sur Global. No obstante, su aparato productivo se halla altamente integrado a las cadenas de valor de EE. UU., este país es -con diferencia- su principal socio comercial y el primero en el ranking de países con inversión extranjera directa que recibe México -hasta 45 por ciento. Esta condición histórica ha marcado la relación económica de México con el mundo y particularmente con China.
Por ejemplo, y a pesar de diversos acercamientos diplomáticos, México no forma parte de la Iniciativa de la Franja y la Seda, ni se ha aliado con el Banco Asiático en Inversiones en Infraestructura, y en los días que corren, asistimos a una escalada arancelaria que afecta directamente a las importaciones de ese país a pesar de que China es el segundo socio comercial de México.
Según datos oficiales, la inversión en México está concentrada en la manufactura de exportación (32 por ciento) a saber, las industrias: automotriz y de autopartes, de productos y equipos electrónicos, química y farmacéutica, principalmente; así como en la industria de la construcción, particularmente la inmobiliaria (28 por ciento) y en los sectores del comercio y los servicios (18 por ciento). Los rubros citados concentran 3 de cada 4 dólares de la inversión y dependen en gran parte de la importación de componentes provenientes de China, con quien mantenemos un enorme déficit comercial
La apuesta por el multilateralismo en las relaciones internacionales no obsta para establecer acuerdos bilaterales bajo la estrategia ganar-ganar. En México hay espacio para incrementar la IED proveniente de China. En el último lustro hemos asistido a un incremento de ésta, pero todavía es relativamente baja. La proximidad con el mercado estadounidense, su posibilidad de traducirse en bajos costos logísticos, los todavía bajísimos costos de la mano de obra, la integración productiva regional del Norte de América son ventajas absolutas de México y que poco variarán en el futuro.
Una de las causas identificadas por los académicos del bajo nivel de inversión es el carácter rentista del sector financiero que opera en México. De ahí que las fuentes informales de financiamiento sigan siendo importantes. En estas condiciones, la IED proveniente de China resulta fundamental no solo para aumentar la inversión, sino para impactar en la productividad de la economía mexicana, fundamental para el desarrollo económico y social de nuestro país. Este es un amplio espacio de cooperación entre nuestras dos naciones.
Vania Sánchez es doctora en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona.
