Por Arnulfo Alberto | Enero 2026
Como siempre ocurre en el capitalismo, cuando hay un proceso de modernización o gentrificación, el daño colateral suele recaer en los más empobrecidos y en quienes carecen de poder. Esto es lo que está ocurriendo en la Calzada de Tlalpan, una de las avenidas más importantes de la Ciudad de México.
Esta vialidad tiene una larga historia. Es una ruta prehispánica que conecta la parte sur del valle de México con el centro histórico. En 1970, sufrió su primer proceso de modernización. Ese año, fue transformada en una vía rápida, sobre la cual, en el camellón central, se construyó la Línea 2 del Metro. Debajo de la calzada se construyeron pasos peatonales, incluyendo espacios comerciales para vendedores ambulantes informales que fueron desalojados de la antigua vía.
En 2025, inició un segundo proceso de modernización que forma parte de un desarrollo capitalista impulsado por el gobierno local en preparación para el Mundial 2026, organizado conjuntamente con Estados Unidos y Canadá. El proyecto se llama Calzada Flotante. Su costo estimado asciende a 2,2 mil millones de pesos. Se espera que el evento atraiga 5 millones de visitantes y, con esta obra, el gobierno pretende mostrar una “cara” moderna de la ciudad, con la que se busca maquillar la existencia de 2 millones de personas en pobreza extrema tan solo en su núcleo principal, y que la desigualdad alcance niveles extremos, de acuerdo con datos de Coneval y Oxfam.
Desde el Centro Histórico hasta la estación Taxqueña, sobre la actual Línea 2 del Metro, se construirá un andador peatonal elevado. También se incluirá una ciclovía de 34 kilómetros, que comenzará nuevamente en el centro y se dirigirá al estadio principal, donde se celebrará el partido inaugural en el antiguo Estadio Azteca. Tras una inversión privada de una institución financiera conocida para modernizar el recinto, este ha sido renombrado como Estadio Banorte, por cierto.
Este ambicioso proyecto seguramente incrementará el valor de la propiedad y del suelo circundante en la Calzada de Tlalpan. Las alcaldías involucradas son Cuauhtémoc, Benito Juárez y Coyoacán. Estas demarcaciones se encuentran entre las zonas con más procesos de gentrificación en la Ciudad de México. Este plan de embellecimiento, pues, contribuirá a acelerar la construcción de desarrollos de alta gama y la mercantilización de la vivienda en el área, agilizando así el desplazamiento de la población tradicional y creando un nuevo corredor para la acumulación de capital en una ciudad de por sí ya saturada.
No se trata, entonces, de un proyecto para el pueblo o la clase trabajadora, sino de una reestructuración capitalista que, a todas luces, forma parte del proceso más amplio de comodificación neoliberal de la ciudad. El objetivo principal de la gentrificación es facilitar la acumulación de capital y la maximización de ganancias para inversionistas inmobiliarios al revalorizar áreas previamente abandonadas o devaluadas. El daño colateral lo sufren las personas pobres y vulnerables que viven en esas zonas, quienes finalmente no pueden pagar el aumento de las rentas y son desplazadas hacia las periferias. El efecto de este proceso es la erosión de la comunidad y de la identidad. En el capitalismo, esto es un proceso continuo que se desplaza de un área a otra. Ahora le toca a la Calzada de Tlalpan después de que zonas como Polanco, Condesa y Roma se volvieron demasiado caras incluso para habitantes acomodados.
Este proceso no está completamente impulsado solo por el mercado, ya que es respaldado por el gobierno mediante las políticas de vivienda e infraestructura que promueve. Las políticas de vivienda actuales no están diseñadas para proveer bienes públicos a quienes los necesitan, sino para crear condiciones para que las empresas privadas ofrezcan unidades de vivienda conforme a la lógica comercial.
En el caso específico del proyecto de la Calzada de Tlalpan, el gobierno local está expulsando, en primer lugar, a pequeños productores urbanos de mercancías que han ocupado espacios bajo la avenida durante varias décadas, sin garantía de que podrán recuperarlos después de las obras en curso, que supuestamente buscan hacerlo más seguro y moderno.
No hay duda de que en estos pasos a desnivel se necesita una modernización con urgencia, ya que algunas personas temen cruzarlos por los delitos que ahí se cometen. Pero también es cierto que esto debería hacerse de común acuerdo con quienes las han ocupado desde hace décadas, cuando la actual vía rápida se construyó en medio de la ciudad, desplazando a los vendedores ambulantes.
Se dice que la empresa inmobiliaria del gobierno, Servimet, será la encargada de la modernización de los desniveles. La empresa ha hablado con algunos de los ocupantes, pero persisten incertidumbres sobre qué ocurrirá después y cómo se reubicará a los trabajadores cuando se vean obligados a abandonar sus espacios de trabajo, dejando a cientos de familias sin su medio de subsistencia.
En el sitio web del proyecto no hay ninguna mención sobre qué pasará con esos trabajadores. Entrevisté a varios de esos productores y pequeños vendedores, y es evidente que están inquietos por su futuro una vez que ya no se les permita permanecer en sus lugares actuales.
Un comerciante, el señor N. A., me expuso que ha ocupado el espacio durante décadas, que al gobierno no le importa y que pretenden expulsarlos sin ofrecer una alternativa viable. Me mostró evidencia de algunos pagos que realizaron hace varios años a la tesorería del gobierno local. Para él, esta es su única fuente de ingresos y, dada su edad, su salud y, principalmente, el estado de la economía de la ciudad es poco probable que encuentre empleo. Esta es la situación de la mayoría de los trabajadores.
La primera etapa del proyecto incluirá únicamente los espacios de la estación Pino Suárez hasta el Viaducto Río de la Piedad. Se espera que esto esté terminado antes del Mundial de Fútbol. El resto del pasaje será retirado después del evento. Según una nota de El Universal, algunas personas ya firmaron un acuerdo de reubicación temporal, pero el apoyo para este desplazamiento asciende a 1.000 pesos al mes, con la posibilidad de acceder a un microcrédito de entre 15.000 y 50.000 pesos. Estos recursos apenas alcanzan para sostener a una familia en la ciudad con el encarecimiento sostenido de la subsistencia. Hay muchas personas que consideran este acuerdo ridículo debido al largo periodo que tomará terminar la obra. Dado que la empresa afirma que parte del espacio se utilizará para otros fines no comerciales, también no está del todo claro si algunos trabajadores podrán regresar a sus posiciones anteriores. Me puse en contacto con Servimet para conocer su postura sobre este asunto, pero no he recibido respuesta hasta el 24 de enero de los corrientes.
Este incidente de acumulación capitalista y desarrollo neoliberal nos recuerda la necesidad de que la clase trabajadora se organice y se eduque para defenderse frente al poder burocrático de los funcionarios públicos al servicio de los intereses capitalistas de las empresas. Con individuos fragmentados y apolitizados, el gobierno y los capitalistas tienen las manos libres para hacer lo que quieran. Tomemos el ejemplo de la Calzada de Tlalpan como un anticipo de lo que viene para otros trabajadores desprotegidos en todo el país.
Arnulfo Emiliano es maestro en Economía por la UNAM
