Las primeras concepciones del Socialismo y Comunismo

Por Christian Jaramillo | Febrero 2026

De acuerdo con los registros históricos, la palabra socialisme apareció por primera vez impresa en el periódico francés Le Globe en 1832. Este periódico, entonces dirigido por  Pierre Leroux,[1] se había convertido en el principal órgano de difusión de las ideas de Saint-Simon. La palabra socialisme se usaba para caracterizar la doctrina saint-simoniana. En obras de la época, como la Nouvelle Encyclopédie,[2] Pierre Leroux y Jean Reynaud emplearon ampliamente la palabra “socialismo” con ese sentido; sin embargo, pronto empezó a ser utilizada para referirse a un conjunto de grupos que aspiraban a un nuevo orden social. En la década de 1840 “socialismo” como “socialista” ya no se usaban únicamente para referirse a las ideas de Saint-Simon. En países como Francia, Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos, comenzaron a utilizarse para referirse a los intelectuales y sectores que estaban en contra de las doctrinas defensoras del individualismo económico.

Socialistas eran los que oponiéndose a que se subrayaran en forma predominante las exigencias del individuo, hacían resaltar el elemento social en las relaciones humanas y trataban de poner en primer lugar ese aspecto en el gran debate acerca de los derechos del hombre que desencadenó en el mundo la Revolución Francesa (G.D.H. Cole, 1975, pág. 10).

Así, se denominaba “socialista”,  a quien, defendiendo los principios universales de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, priorizaba lo “social” en oposición a lo “individual”. Este documento, emergido como triunfo de la Revolución Francesa, proclamaba que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”. En la Europa aún semi-feudal de inicios del siglo XIX, defender la igualdad de derechos era un acto revolucionario, ya que en el feudalismo cada grupo social tenía derechos y obligaciones diferentes dependiendo de la clase a la que perteneciera.

Bajo esta consideración amplia del concepto, fueron tres los grupos a los que originalmente se llamó “socialistas”. En Francia eran los saint-simonianos y los fourieristas, y en Gran Bretaña los owenistas. A pesar de sus muchas diferencias, Saint-Simon, Fourier y Robert Owen coincidían en su oposición a: 1) el individualismo económico promovido por los fisiócratas y, posteriormente, por Adam Smith; 2) un sistema económico de competencia como medio para que el obrero consiga su sustento; 3) la fe en una “ley natural” económica que, por sí sola generara bienestar común, con la única condición de que los políticos se abstuviesen de regular los problemas económicos; y 4) la doctrina del laissez-faire. Para ellos, los asuntos económicos y sociales necesitaban una organización colectiva de carácter positivista[3] para fomentar el bien común. En 1839, el economista Jerome Blanqui denominó a todos estos pensadores como “socialistas utópicos”,[4] nombre que los acompañaría para siempre al haber sido adoptado por Marx y Engels para referirse a ellos en el Manifiesto Comunista.

Así pues, socialismo, tal como la palabra se empleó primero, significaba “ordenación colectiva de los asuntos humanos  sobre una base de cooperación, con la felicidad y el bienestar de todos como fin” (G.D.H. Cole, 1975, pág. 12). Este socialismo primitivo no hablaba de lucha de clases ni de proletariado, tampoco de una organización política revolucionaria como medio imprescindible para alcanzar un orden diferente al que criticaban, sino más bien de igualdad, justicia social, comunidades ideales, felicidad y en la educación positivista como medio para lograr los objetivos.  .

Comunismo fue otra palabra que empezó a usarse en Francia durante la agitación social que siguió a la revolución de 1830. No se sabe exactamente cómo y cuándo surgió, pero se le ligaba con las sociedades revolucionarias secretas de París durante la década de 1830, y se sabe que para 1840 se usaba para referirse a las teorías de Étienne Cabet[5], que sugerían la noción de communauté, la de tener cosas en común y específicamente la propiedad común. La otra acepción, más militante, estaba relacionada con los clubes clandestinos de extrema izquierda en los que también participaban revolucionarios exiliados, como fue el caso de Marx y Engels, que estando en Inglaterra crearon la Liga de los Comunistas. Prefirieron “comunismo” antes que “socialismo”, porque, de acuerdo con ellos, expresaba lucha revolucionaria y tenía una idea más clara de la propiedad y goce comunes. De acuerdo con Engels (2009), era menos utópica: “se prestaba mejor a ser asociada con la idea de la lucha de clases y con la concepción materialista de la historia”:

En 1847, dos tipos de personas eran consideradas socialistas. Por un lado, estaban los partidarios de los diversos sistemas utópicos, en particular los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, quienes, en esa fecha, ya se habían reducido a meras sectas en extinción gradual. Por otro, los múltiples tipos de charlatanes sociales que querían eliminar los abusos sociales mediante sus diversas panaceas universales y todo tipo de parches, sin perjudicar en lo más mínimo al capital ni a las ganancias. En ambos casos, personas que se mantenían al margen del movimiento obrero y que buscaban apoyo más bien en las clases “educadas”. […] En 1847, el socialismo significaba un movimiento burgués, mientras que el comunismo, un movimiento obrero (Engels, 2009, págs. 82-83).

A partir de la publicación del Manifiesto Comunista en 1848, los términos “socialismo” y “comunismo” adquirieron una nueva concepción dentro del pensamiento socialista. El “socialismo” dejó los límites utópicos para convertirse en la teoría política-económica marxista: el socialismo  científico. Por su parte, el “comunismo”, además de referirse a la fase final de la sociedad sin clases, pasó a significar la organización política de la clase obrera para la toma del poder. En la próxima entrega se tratará más a fondo a los socialistas utópicos, sus ideas principales, sus aportes y sus limitaciones.


Christian Jaramillo es economista por la Facultad de Economía de la UNAM

NOTAS

[1]En sus primeros años como intelectual fue uno de los seguidores más destacados de Saint-Simon. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en un crítico feroz de quienes se consideraban discípulos del pensador socialista, al considerar que estos habían caído en el fanatismo religioso.

[2] La Nouvelle Encyclopédie de Pierre Leroux y Jean Reynaud fue un intento consciente de superar la Encyclopédie de Diderot. No se trataba simplemente de una actualización más, sino de una superación moral y filosófica que pretendía ir más allá de los postulados del liberalismo político -como el individualismo-  para introducir nuevos principios basados en el socialismo romántico.

[3] Para estos socialistas, los políticos debían educarse bajo los postulados del método científico. Sólo así podrían ser justos y tomar decisiones para el bien común.

[4] Para Blanqui, economista de escuela liberal, estos pensadores eran “utopistas” porque sus propuestas carecían del rigor científico de su tiempo. Sus sistemas sociales ideales se basaban en la especulación moral y desafiaban los principios fundamentales de las escuelas económicas de la época (fisiócratas y clásicos).

[5] Aunque en su época se lo ubicaba entre los primeros comunistas, en la historiografía del pensamiento socialista se le considera dentro del marco de los socialistas utópicos. Durante un tiempo gozó entre los obreros de una popularidad que solo se explicaba por el estado incipiente del movimiento obrero. Marx lo calificó como “el representante más popular, aunque el más superficial del comunismo” (K. Marx y F. Engels, 1971, pág. 211)

Bibliografía

Engels, F. (2009). Prefacio a la edición alemana del Manifiesto Comunista de 1890. Madrid: Fundación Federico Engels.

G.D.H. Cole. (1975). Historia del pensamiento socialista I. México: Fondo de Cultura Económica.

K. Marx y F. Engels. (1971). La sagrada familia. Buenos Aires : Claridad.

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