Contra el imperio de los ricos, la organización popular

Por Diego Martínez| Febrero 2026

Como cada año, la Oxfam, con su informe ahora titulado “Contra el imperio de los más ricos” nos muestra el grosero avance de la concentración de la riqueza a nivel mundial. Esta vez, se destaca la relación que existe entre el poder económico y el poder político, que avanzan a la par en su fortalecimiento. Llegamos al grado en el que “los 12 milmillonarios más ricos del mundo acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, más de 4000 millones de personas”. Mientras que a nivel mundial una de cada cuatro personas pasa hambre, unos pocos acaparan más de lo que podrían consumir, quienes aun si gastaran millones diarios, no les alcanzaría la vida para gastarse todo el dinero acaparado.

Son millones de personas que se ven privadas de los medios indispensables para una vida digna, sin embargo, no cuentan con la fuerza suficiente para cambiar las cosas. La clase dominante, la que se ha beneficiado de esta situación, dispone de una gran variedad de mecanismos que le permite acaparar la riqueza y no verse amenazada, no solo a nivel ideológico para justificar sus grandes fortunas, sino que, cuando eso no es suficiente, y la gente comienza a protestar, a salir a las calles para exigir un reparto más equitativo de la riqueza, cuenta con la fuerza del estado, que defiende sus intereses: los intereses del capital.

Una de las ideas que maneja la Oxfam es que la desigualdad económica erosiona la democracia. Y esto es así en la medida en que los milmillonarios utilizan su poder económico para influir en las decisiones del estado, desde apoyos a candidatos para las campañas, inversiones, contratos, etcétera. Mientras que las personas que dieron su voto a los gobernantes se quedan al margen y de manera pasiva esperan a que se cumplan las promesas hechas en las campañas.

Este control que los capitalistas tienen sobre el estado no es nuevo, y ya desde el Manifiesto Comunista, Marx y Engels mencionaban que el Estado no era sino un administrador de los negocios de la burguesía. Y hoy, cuando vemos como se han enriquecido al amparo del poder político, la tesis marxista demuestra su vigencia. Sin embargo, Marx y Engels no se limitaron a exponer la forma de dominación del capital, sino que llegaron a la conclusión de que, si la clase trabajadora y los pobres del mundo quieren tener un nivel de vida digno, es decir, una vida que les permita desarrollarse plenamente, deben luchar por el poder del Estado.

Los milmillonarios han comprendido que para acrecentar su fortuna deben controlar el poder político, y van a hacer todo lo necesario para conservarlo. No por nada, la persona más rica del mundo, Elon Musk, llegó a declarar cuando se dio el golpe de Estado en Bolivia a Evo Morales, que darían un golpe de Estado donde quisieran. En su lucha por seguir acrecentado sus fortunas y por mantener el control, no solo han monopolizado el poder político, sino el consumo de los recursos naturales que se hace de manera acelerada, llegando a puntos críticos en los que toda la humanidad está en riesgo.

Dentro de las tradiciones revolucionarias, solo el marxismo ha tenido la claridad para proponer una alternativa a la sociedad basada en la máxima ganancia, así como la vía para lograrlo. En Marx y Engels encontramos la crítica más radical al capitalismo: demostraron que la base de la riqueza de unos pocos es la explotación y la miseria de muchos; que los intereses entre explotados y explotadores son incompatibles; así como la necesidad de superar este sistema si es que se quiere conservar a la humanidad entera. Han existido otras teorías que planeaban la conciliación de los intereses entre explotados y explotadores, pero en esencia no eran sino posturas burguesas disfrazadas. Es en la corriente marxista que encontramos también la ruta para la superación del capitalismo.

Fue Lenin el que ideó el instrumento con el que las masas tomarían el poder: el partido revolucionario. Hasta la fecha no ha habido otra propuesta política que asegure la toma y conservación del poder. Ciertamente las ideas de Lenin surgieron en un contexto determinado, pero tienen el potencial de explicar y adaptarse a las realidades como la que hoy vivimos. Sin un destacamento que trabaje a tiempo completo por la revolución, que esté lo suficientemente preparado para no corromperse ni traicionar a su clase, poco se va a lograr. Sin personas abnegadas y decidas a mover a las masas que no se atreven a rebelarse contra los que hoy ven crecer sus fortunas bajo el cobijo del Estado, veremos perecer a toda la civilización.

La información que año con año Oxfam nos presenta, solo confirma la necesidad de transformar radicalmente las cosas, y la única propuesta que cumple con esas exigencias es la de Marx, Engels y Lenin. Para lograrlo, necesitamos el partido revolucionario y la organización de las masas, que, al no contar con medios de producción, su fuerza radica en su número y unidad.


Diego Martínez es sociólogo por la UNAM.

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