Por Pablo Hernández Jaime| Enero 2026
Mi objetivo en estos tres artículos es sintetizar y reseñar algunas de las ideas que Marx presenta en sus famosos Manuscritos de economía y filosofía, de 1844, en torno al concepto de necesidades humanas.
Para esto, haré primero una breve contextualización de la obra, seguida de una rápida síntesis de su estructura y contenido, para después abordar el concepto que me interesa reseñar. Este será también el contenido de los tres artículos.
III. Ser humano y fuerzas esenciales
Lo presentado en el artículo anterior constituye un resumen muy sucinto de los Manuscritos de economía y filosofía de Marx en el que intenté sintetizar su dialéctica de la autoproducción histórica del ser humano. Esta dialéctica, inspirada fuertemente en la filosofía de Hegel, será una de las bases para la concepción materialista de la historia que Marx y Engels desarrollarán en La ideología alemana (2014), y que Marx resumirá de manera muy apretada en el Prólogo a su Contribución a la crítica de la economía política (2008). Menciono esto porque los planteamientos antes señalados no son las divagaciones de un joven filósofo que, después de madurar, abandonó la filosofía y se volvió “científico” (como si la ciencia implicara una renuncia a la filosofía). En realidad, estos planteamientos fueron desarrollados y aplicados metodológicamente por Marx en la elaboración de su Crítica de la economía política.
Ahora bien, uno de los aspectos que me interesa considerar de forma particular es el concepto de necesidades humanas. Sin embargo, para eso es preciso que también comprendamos a qué se refiere Marx cuando habla de ser humano, vida genérica y fuerzas esenciales.
De acuerdo con Marx, el ser humano es al mismo tiempo un ser viviente, sociable y consciente. Este es su basamento, y de aquí se desprenden sus potencialidades. (1) Como ser viviente, el ser humano pertenece al reino animal, es parte indisociable de la naturaleza y solo a través de su relación con ella puede satisfacer sus necesidades. (2) Como ser sociable, es un ente gregario, que no solo necesita de los demás para procurarse protección y subsistencia, sino que además (y como ya vimos) solo puede humanizarse mediante su relación con los demás. (3) Como ser consciente, finalmente, tiene la potencialidad de representarse el mundo mentalmente, pero no de forma puramente pasiva, limitándose a integrar los estímulos sensoriales de su entorno; más que esto, para Marx el ser humano tiene las potencialidades cognitivas para analizar, reflexionar, cuestionar, sintetizar, valorar e incluso recrear sus representaciones sobre el mundo.
Para Marx, estas tres grandes dimensiones son el fundamento y los ejes entorno a los que se articulan las prácticas y relaciones humanas. De aquí se desprende una gran variedad de relaciones recíprocas que sería infructuoso intentar agotar en unas cuantas páginas. No obstante, señalaré algunos ejemplos con fines didácticos. Al actuar para satisfacer sus necesidades, las personas establecerán relaciones sociales de muy diverso tipo (amistad, competencia, colaboración, división del trabajo, etc.) y, al mismo tiempo, ampliarán sus conocimientos sobre el mundo: sus regiones, geografía, climas, flora y fauna, así como sobre los ciclos migratorios de las especies, el cultivo de plantas, la crianza de animales, los diversos usos de la madera, y un largo etcétera. Sin embargo, las relaciones sociales que las personas ya han establecido previamente en la división del trabajo o en otras esferas de la vida social condicionarán también y al mismo tiempo la manera en que estas actuarán para satisfacer sus necesidades. Del mismo modo, los conocimientos disponibles permitirán el desarrollo de nuevas actividades, instrumentos o formas de organización para la producción y otro tipo de actividades.
Pero la cuestión se complica aún más porque estas relaciones recíprocas darán pie también a nuevos desarrollos. La sociedad crea nuevas necesidades, por ejemplo, de educación, planeación urbana, vestimenta e incluso recreo; la producción de conocimiento, por otro lado, se vuelve también una necesidad. Asimismo, el aumento de las necesidades traerá consigo una mayor división del trabajo, un mayor número de actividades productivas, y una creciente variedad de formas de relacionarse. Así surgirá toda la gran variedad de oficios y actividades que hemos conocido a lo largo de la historia y a través de las culturas. De igual modo, la aparición de nuevas relaciones sociales y mejores capacidades productivas permitirá a las personas ampliar sus conocimientos sobre el mundo, mientras que el desarrollo de la ciencia nos permitirá un mejor despliegue de nuestras fuerzas productivas.
Este proceso, en que las personas actúan para cubrir sus necesidades, crean nuevas, despliegan sus capacidades, adquieren nuevas formas de relacionarse y amplían su conocimiento sobre el mundo y sobre sí mismas, formando una espiral virtuosa que va en ascenso y expansión, es lo que Marx denomina vida genérica humana. Pero aclaremos esto. Para Marx, la vida genérica es la forma en que una especie se procura la subsistencia. La cuestión aquí es que prácticamente todas las especies están sujetas por entero a un tipo de actividad vital que no acepta muchas variaciones o que ellas no pueden modificar a voluntad. El ser humano, en cambio, sí puede incidir conscientemente para transformar su actividad vital y con esto se vuelve capaz de transformarse a sí mismo. Esto es lo que da arranque a la espiral virtuosa que antes mencionamos. Esta es la base de la concepción materialista de la historia y esta es también la dialéctica de la autoproducción humana que se desarrolla en los Manuscritos.
Las fuerzas esenciales humanas, por su parte, son los factores que motivan y hacen posible este proceso: las necesidades y capacidades. Ahora resulta relativamente fácil entender estos conceptos. Las necesidades son el conjunto de requerimientos que una persona, un grupo o la sociedad en su conjunto deben satisfacer para seguir existiendo en sus condiciones actuales. Esto es muy fácil de entender cuando pensamos en las necesidades de subsistencia: si una persona no come, no duerme o no bebe agua, muy pronto empezará a sufrir daño físico y eventualmente morirá. Sin embargo, las personas no solo debemos sobrevivir en tanto seres vivientes, sino que también contamos con necesidades sociales y personales muy diversas. Por eso, si queremos que las personas desplieguen su vida en un nivel más amplio de humanidad, será necesario cubrir muchas otras necesidades, además de las de subsistencia, por ejemplo, de formación académica, laboral, interpersonal, de hábitos y cuidados mutuos, etcétera. En caso de que estas necesidades no sean cubiertas adecuadamente, las personas verán reducido su potencial humano.
Las capacidades, por otro lado, son el conjunto de aptitudes, destrezas, habilidades y conocimientos que una persona, un grupo o la sociedad en su conjunto puede ejercer para resolver cualquiera de sus necesidades o apetencias. Para satisfacer una necesidad de consumo estético, por ejemplo, no solo será necesario estar frente a una obra de arte, sino que además será preciso que la persona desarrolle ciertas capacidades de apreciación. Por otro lado, para satisfacer las necesidades estéticas de otros, es necesario que haya artistas capaces de producir las obras correspondientes. No obstante, con su creación, el artista no solo satisface la necesidad contemplativa de un espectador, sino que también satisface su propia necesidad creativa y ejerce su capacidad creadora. Esta multiplicidad de capacidades surge no solo del ámbito artístico, sino que se extiende al conjunto de todas las necesidades humanas.
Es importante notar que cuando Marx habla de necesidades y capacidades no solo se refiere a las de los individuos. Las fuerzas esenciales humanas también están presentes a nivel social. Aquí, las capacidades sociales se pueden observar no ya en las habilidades y destrezas de una persona, sino en el conjunto de las fuerzas productivas de una sociedad. Las necesidades, por otro lado, pueden ir desde crear instituciones educativas para garantizar que ciertos sectores de la población desarrollen las destrezas demandadas por la producción, pasando por la manutención de la infraestructura pública en las ciudades y pueblos, hasta la constante producción de tecnología y maquinaria que permita mantener, elevar o mejorar la producción de bienes para el consumo o de tiempo libre para las personas.
Para Marx, el conjunto de todas las fuerzas esenciales humanas, incluyendo por supuesto las capacidades productivas de una sociedad, constituyen la riqueza humana; es decir, no solo la riqueza bajo la forma de bienes materiales de consumo, sino la riqueza en un sentido más amplio: la riqueza como despliegue y florecimiento de las necesidades y capacidades de los individuos, de los grupos y de la sociedad.
Sin embargo, con el surgimiento de la enajenación aparecen también las necesidades enajenadas. De acuerdo con Marx, la diferencia entre una necesidad humana y otra enajenada es que la primera, al satisfacerse, permitirá el surgimiento de nuevas necesidades y capacidades, mientras que la segunda, al ser satisfecha, limitará el desarrollo de estas fuerzas esenciales e, incluso, puede llegar a destruirlas.
El ejemplo que pone Marx en sus Manuscritos es la necesidad de acumulación de capital. Para poder satisfacer esta necesidad es preciso que la producción social se oriente no ya a la satisfacción de necesidades de las personas, sino a la maximización de la ganancia. Bajo esta lógica, el modo de producción incentiva la formación de nuevas necesidades (algunas superfluas o esporádicas) para motivar el consumo, pero al mismo tiempo y de forma paradójica limita esta capacidad de consumo entre las grandes masas trabajadoras. Así, aunque el modo de producción capitalista trae consigo un aumento impresionante de la riqueza social, al mismo tiempo genera una constante insatisfacción de necesidades entre la población pobre. El problema llega a tal punto que, incluso, algunas capas de la población se acostumbran al consumo de bienes dañados o perjudiciales para su propia salud, lo que supone una contracción de sus necesidades y una destrucción de sus capacidades.
Dentro de la propiedad privada […] cada individuo especula sobre el modo de crear en el otro una nueva necesidad para obligarlo a un nuevo sacrificio […] Esta enajenación se muestra parcialmente al producir el refinamiento de las necesidades y de sus medios de una parte, mientras produce bestial salvajismo, plena, brutal y abstracta simplicidad de las necesidades de la otra […] Incluso la necesidad del aire libre deja de ser en el obrero una necesidad […] El irlandés no conoce ya otra necesidad que la de comer, y para ser exactos; la de comer patatas, y para ser más exactos aún sólo la de comer patatas enmohecidas, las de peor calidad. Pero Inglaterra y Francia tienen en cada ciudad industrial una pequeña Irlanda (Marx, 1972, pp. 156-158).
Pero las necesidades enajenadas no se restringen a la acumulación de capital. Toda necesidad cuya satisfacción implique la limitación o destrucción de las fuerzas esenciales humanas sería una necesidad de este tipo. La necesidad de los Estados e Imperios por hacer la guerra sería un ejemplo muy notable, pues una guerra no solo implica que una parte de los recursos serán empleados para la producción de armas y no para la satisfacción de necesidades humanas, sino que, además, la satisfacción de esta necesidad implica directa e inmediatamente el exterminio de otras personas. También podríamos buscar casos a nivel individual, por ejemplo, con las adicciones o con la aparición de ciertos trastornos donde las personas encuentran placer o satisfacción en transgredir a otros.
Podríamos enumerar más ejemplos, pero creo que resulta más relevante mencionar lo siguiente: las necesidades enajenadas son un producto particular de otras formas de enajenación más estructurales, como la propiedad privada, el mercado, el Estado, el capital, entre otras. Cuando Marx denuncia este tipo de necesidades no lo hace gratuitamente. Para él, la urgencia por superar el estado de cosas actual no radica solo en querer cambiar una forma de organización social por otra. El sentido de la revolución no es solo ni fundamentalmente cambiar a unos poderosos por otros, sino construir las bases para una sociedad donde la producción y reproducción de la vida en su sentido más amplio no esté enajenada, y donde el libre desarrollo de todos sea una condición para el libre desarrollo de cada uno.
Esta es la perspectiva ética del socialismo científico: desarrollar y emplear la ciencia para transformar el mundo y alcanzar una sociedad distinta, donde no solo no haya explotación y dominación, sino donde cada persona pueda desarrollar de la manera más plena y libre sus fuerzas esenciales humanas.
Pablo Hernández Jaime es doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México.
Referencias
Marx, K. (1972). Manuscritos: Economía y Filosofia. Alianza Editorial.
Marx, K. (2008). Contribución a la crítica de la economía política (J. Tula, Ed.; 9.a ed.). Siglo XXI.
Marx, K., & Engels, F. (2014). La Ideología Alemana. Akal.
