Sobre la dialéctica de las necesidades en los Manuscritos de 1844: II. Resumen de la obra

Por Pablo Hernández Jaime| Enero 2026

Mi objetivo en estos tres artículos es sintetizar y reseñar algunas de las ideas que Marx presenta en sus famosos Manuscritos de economía y filosofía, de 1844, en torno al concepto de necesidades humanas.

Para esto, haré primero una breve contextualización de la obra, seguida de una rápida síntesis de su estructura y contenido, para después abordar el concepto que me interesa reseñar. Este será también el contenido de los tres artículos.

II. Resumen de la obra

El libro consta de tres manuscritos inconclusos. No obstante, la obra presenta cierta consistencia interna que nos permite considerar que el texto sigue una línea argumental más o menos nítida y, por tanto, es posible sintetizar su contenido, al menos en sus rasgos esenciales.

El primer manuscrito está mayormente dedicado a analizar el funcionamiento de la economía capitalista, centrándose en las relaciones antagónicas que hay entre trabajadores asalariados, burgueses y terratenientes. De acuerdo con Marx, los trabajadores asalariados carecen de propiedad sobre los medios de producción y, para poder sobrevivir, deben vender su fuerza de trabajo a los propietarios burgueses. El problema es que los salarios de los trabajadores tienden a ser bajos y solo pueden mantenerse en una condición de relativa bonanza en un contexto de continuo crecimiento económico. Toda vez que la economía se estanque o se contraiga, se destruyen empleos y aumenta la miseria de los trabajadores. El problema aquí es que el capitalismo tampoco puede mantener un crecimiento perpetuo y sin fluctuaciones, además de que incluso en condiciones de crecimiento sostenido, la tecnificación de la producción reduce relativamente la necesidad de más trabajo, por lo que aún bajo condiciones de crecimiento, los trabajadores llevan las de perder.

En cuanto los burgueses, Marx enfatiza el hecho de que sus ganancias no provienen de su propio trabajo, sino de la apropiación de trabajo ajeno no retribuido, es decir, de la explotación. Incluso si el propietario delegara sus tareas de administración y supervisión, continuaría recibiendo sus beneficios por el simple hecho de ser propietario. No obstante, los capitalistas no actúan a capricho, sino que se rigen por la dinámica de la competencia; para sobrevivir en el mercado, deben reducir sus costos de producción, aumentar la explotación y acumular capital. Los capitales más débiles perecen en la competencia y los sobrevivientes engordan, lo que genera una tendencia a la acumulación.

Los terratenientes, finalmente, se apropian de una parte de la riqueza social a través de la renta de la tierra. Esto los coloca en una posición antagónica con los trabajadores, pero también con los burgueses, pues la renta de la tierra implica un costo adicional para el productor que es deducida de sus ganancias. En este mismo sentido, dicha renta es también y al mismo tiempo una deducción del trabajo no retribuido a los obreros.

El primer manuscrito termina con la famosa sección sobre trabajo enajenado. Aquí, Marx presenta las diversas maneras en que la propiedad privada transforma el trabajo en una actividad enajenada. Cuando hablamos de enajenación, grosso modo, podemos definirla como el proceso o resultado de la pérdida de control sobre alguna de nuestras creaciones. De acuerdo con Marx, en la moderna sociedad capitalista, la enajenación se expresa de varias formas:

  • El trabajador pierde control sobre los productos del trabajo (explotación).
  • El trabajador pierde control sobre su proceso de trabajo (lo que en El capital Marx denomina subsunción).
  • Los individuos pierden control en la relación con su ser genérico; es decir, de los individuos con respecto al trabajo como modo colectivo de producción y satisfacción de necesidades y, por tanto,
    • En su relación con la naturaleza.  
    • En las relaciones de competencia y conflicto que las personas establecen entre sí.

No obstante, este primer manuscrito termina con un giro que le da una profundidad adicional a los planteamientos: “aunque la propiedad privada aparece como fundamento, como causa del trabajo enajenado, es más bien una consecuencia del mismo” (Marx, 1972, p. 117). Hasta aquí, Marx había analizado la enajenación como algo que ocurre solo bajo las condiciones históricas de la propiedad privada. Sin embargo, el concepto de enajenación tiene una dimensión más profunda: representa el proceso histórico que da origen a las estructuras sociales, tanto las objetivas como las subjetivas, y en esa medida la enajenación no solo es un resultado de ciertas condiciones estructurales, sino que también es causa de ellas.

El segundo manuscrito es muy breve y continúa explorando la relación entre trabajo enajenado y propiedad privada. Para Marx, la división del trabajo es la que da origen a la propiedad privada, y una vez que esta se ha instituido, se alimenta del trabajo ajeno. Sin embargo, la forma en que está organizada la propiedad no es estática, sino que se va transformando, abriendo paso a otras formas de propiedad que traen como consecuencia formas diversas de subjetividad entre los individuos. Así, por ejemplo, la propiedad privada feudal genera individuos pasivos, que controlan el acceso a la tierra para la producción, pero que no hacen esfuerzos activos por mejorar el proceso productivo. En cambio, la propiedad privada burguesa, que es una propiedad orientada a la producción mercantil mediante trabajo asalariado, genera individuos activos, orientados a una constante innovación productiva.

El tercer y último manuscrito puede dividirse en cinco secciones. La primera sección es muy breve y está en relación directa con el contenido del segundo manuscrito, pues continúa analizando la relación entre propiedad y trabajo. La segunda sección, sin embargo, implica un cambio en el análisis. Hasta aquí, Marx exploró la relación entre propiedad privada y trabajo enajenado; sin embargo, en esta segunda sección del tercer manuscrito explora las posibilidades de superación de la propiedad privada en el comunismo y su impacto sobre la subjetividad humana. El apartado es sumamente interesante, no tanto porque Marx se ponga a prefigurar la sociedad comunista, sino porque analiza con mayor detalle las maneras en que la sociedad determina nuestra conciencia y subjetividad.

Para Marx, todos los fenómenos sociales encuentran su sustantividad en las prácticas y relaciones de las personas; en otras palabras, la raíz material de todo fenómeno social, de toda cultura, puede rastrearse hasta las acciones e interacciones que las personas establecen entre sí. Las ideologías y hábitos; nuestras formas de relacionarnos con los demás, la manera en que producimos y distribuimos la riqueza; los objetos culturales que creamos para asistirnos; e, incluso, las maneras en que comprendemos, sentimos y valoramos el mundo, nuestras esperanzas y anhelos; todos estos y otros fenómenos encuentran su anclaje real en las prácticas y relaciones de las personas.

Cuando las personas actuamos, cambiamos algo en el mundo, lo hacemos más humano. Pero también, y al mismo tiempo, nos cambiamos a nosotros mismos. El pintor que produce un cuadro crea una obra de arte, pero también construye sus capacidades y necesidades artísticas; y lo mismo pasa con el constructor, el cocinero, el amante, el político, el científico, el amigo, etcétera.

La cuestión aquí es que las personas no hacemos esto desde cero. Nuestras acciones no ocurren en un vacío, sino que actuamos en relación con los productos que otras personas han creado antes que nosotros. Este contexto, material y humano, con el que cada generación se encuentra, como fenómeno dado, son las condiciones que dan forma a las prácticas y relaciones sociales en cada momento histórico y contexto cultural. Al actuar en sociedad, las personas nos humanizamos en relación con otras personas; nos apropiamos de sus formas de producir y consumir, de sus maneras de ver y sentir el mundo, de sus formas de relacionarse con los demás y con la naturaleza, de sus hábitos y costumbres, de su forma de hablar e, incluso, de su forma de comprenderse como individuos, etc.

Sólo a través de la riqueza objetivamente desarrollada del ser humano es, en parte cultivada, en parte creada, la riqueza de la sensibilidad humana subjetiva, un oído musical, un ojo para la belleza de la forma. En resumen, sólo así se cultivan o se crean sentidos capaces de goces humanos, sentidos que se afirman como fuerzas esenciales humanas. Pues no sólo los cinco sentidos, sino también los llamados sentidos espirituales, los sentidos prácticos (voluntad, amor, etc.), en una palabra, el sentido humano, la humanidad de los sentidos, se constituyen únicamente mediante la existencia de su objeto, mediante la naturaleza humanizada (Marx, 1972, p. 146).

Las personas somos un producto de nuestros contextos sociales y estos contextos, a su vez, son el resultado de un desarrollo histórico en el que han concurrido las acciones de millones de personas. No obstante, también nosotros somos quienes ahora contribuimos (por acto u omisión) a la producción de nuestro contexto social, así como a la producción de los contextos futuros. Esta es la dialéctica de la autoproducción histórica del ser humano que Marx retoma de Hegel y que nos presenta en buena parte de los Manuscritos.

El problema surge cuando los procesos o productos de nuestra acción caen fuera de nuestro control. En ese momento, los fenómenos sociales se vuelven relativamente autónomos y adquieren una lógica propia; ya no los controlamos, sino que ellos nos controlan. Esto es la enajenación para Marx y es, también, otro de los grandes temas dentro de este libro, pues la existencia de formas sociales enajenadas no solo implica que las personas no podemos controlarlas, sino que, además, ni siquiera podemos comprenderlas. Con la enajenación, los fenómenos sociales se vuelven una segunda naturaleza para las personas, y por eso es necesario estudiarlos, para poder comprenderlos y construir los medios materiales para transformarlos y recuperar nuestro control sobre ellos.

La tercera sección del tercer manuscrito continúa explorando estas ideas; es en este apartado donde Marx aborda con mayor detalle los conceptos de necesidades y capacidades humanas, es decir, nuestras fuerzas esenciales. Sobre este punto volveré en el tercer artículo.

La cuarta sección del tercer manuscrito está abocada al dinero, que constituye una forma objetiva de enajenación. Para Marx, el dinero no es solo una herramienta para facilitar los intercambios, sino que es también y sobre todo un producto de nuestras relaciones de producción e intercambio., El dinero contribuye a ocultar el hecho de que son las personas, con su división del trabajo, las que crean la riqueza social y que, por tanto, dependemos las unas de las otras para vivir. El dinero se erige como un poder real, que no solo es capaz de comprar productos, sino que incluso es capaz de otorgarle a su poseedor atributos como el honor o la belleza, al mismo tiempo que genera en las personas una falsa idea de independencia.

La quinta y última sección del tercer manuscrito está dedicada a hacer una crítica de la filosofía de Hegel. El apartado es bastante denso e interesante, y para sintetizarlo sería necesario una revisión más extensa. Sin embargo, para los objetivos de este artículo me interesa señalar solo una cosa, y es que en esta sección Marx reconoce que uno de los aspectos que rescata de la filosofía de Hegel es, precisamente, la dialéctica de la autoproducción histórica del ser humano que permea todos los Manuscritos y que he intentado reseñar aquí en sus líneas más generales.

Lo grandioso de la Fenomenología hegeliana y de su resultado final (la dialéctica de la negatividad como principio motor y generador) es, pues, en primer lugar, que Hegel concibe la autogeneración del hombre como un proceso, la objetivación como desobjetivación, como enajenación y como supresión de esta enajenación; que capta la esencia del trabajo y concibe el hombre objetivo, verdadero porque real, como resultado de su propio trabajo (Marx, 1972, p. 187).

*   *   *

En el siguiente artículo intentaré presentar la relación entre la dialéctica de la autoproducción del ser humano y los conceptos de necesidades y capacidades humanas.


Pablo Hernández Jaime es doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México.

Referencias

Marx, K. (1972). Manuscritos: Economía y Filosofia. Alianza Editorial.

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