Por Christian Jaramillo | Diciembre 2025
El babuvismo fue un movimiento político que surgió en el marco de la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII. El nombre se debe al de su fundador y teórico Gracchus[1] Babeuf (1760-1797). El babuvismo fue heredero ideológico del materialismo francés del siglo XVIII[2], del comunismo <<racionalista>>[3] y de las experiencias organizadora e ideológica de las corrientes más izquierdistas de la Revolución Francesa (Cole, 1975).
Babeuf participó y apoyó la Revolución Francesa, pero creía que no era suficiente con alcanzar la República, sino que debía completarse el proceso revolucionario por medio de la abolición de la propiedad privada de la tierra. A diferencia de los jacobinos[4], que representaban el ala izquierda de la Revolución, consideraba que la redistribución de la propiedad privada era insuficiente para alcanzar los objetivos revolucionarios. Sólo a través de la propiedad común podía lograrse la verdadera igualdad social.
Babeuf había identificado desde muy temprano el verdadero significado de la Revolución Francesa: no se trataba de una democracia para las mayorías, para las masas que entregaron su vida en las batallas de 1789-1799, sino que en el fondo solo se había cambiado a unos ricos por otros en la cima de la sociedad. Y, efectivamente, la realidad social así lo evidenciaba. A inicios del siglo XIX la <<libertad, igualdad y fraternidad>> solo eran asequibles para un número muy reducido de personas: la burguesía ascendente y la nueva clase política. Los pobres se habían hecho más pobres, y los ricos más ricos: “para la parte más pobre de la población urbana, la consecuencia fue mayor miseria y sufrimiento. Los campesinos habían obtenido tierra, los obreros sólo hambre y falta de trabajo.” (Cole, 1975, pág. 26).
Fue en este contexto, en el que la Revolución Francesa quedaba al desnudo, en el que surge el babuvismo como fuerza política. De acuerdo con G.D.H. Cole, el babuvismo fue esencialmente un producto de la decepción revolucionaria. El pueblo llano había esperado mucho de la revolución, habían entregado sus vidas por las promesas de <<igualdad>> y <<libertad>>, pero más que nunca, sus vidas se precarizaban día tras día.
Sobre la idea de igualdad
En 1789 durante la Revolución Francesa se aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (antecedente directo y precursor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948). De acuerdo con esta “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”. En otras palabras, <<todos los hombres son iguales ante la ley>>. Respecto a la estructura social y legal del Antiguo Régimen, basada en derechos y obligaciones diferentes de acuerdo con el estamento al que se pertenecía, la Declaración fue revolucionaria. Sin embargo, para Babeuf la base de la igualdad social no se encontraba en el cambio de leyes, sino en la propiedad común de la tierra. De poco servía la <<libertad de derecho>> si esta no tenía como base una <<igualdad de hecho>>; esto es, de nada servía que una ley diga que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos, si es que la fuente de la riqueza social, la tierra, se encontraba en manos privadas.
Para Babeuf la propiedad privada de la tierra era la fuente de la desigualdad. Aunque la pequeña propiedad privada de la tierra se generalizara (tesis que defendían los jacobinos), la concurrencia del mercado llevaría a su concentración por parte de una clase y a su despojo por parte de otra. Babeuf no ahondó en el tratamiento del concepto de “clase social”, pero sus ideas respecto a la relación del productor directo con la propiedad de la tierra fueron muy importantes para su posterior desarrollo. Años después, Marx señalaría que las “clases sociales” están determinadas por la relación de propiedad del productor directo con los medios de producción. En ese sentido, Babeuf defendía que para que no haya desigualdad, la tierra (uno de los medios de producción fundamentales en la teoría de Marx) debía ser colectiva y no privada. Cualquier ley en ánimo de mejorar las condiciones sociales debía partir de ese hecho fundamental: la igualdad de hecho.
Los hombres que quieren ser verdaderos confesarán que después de haber obtenido la igualdad política en el derecho, el anhelo más natural y el más activo es el de la igualdad de hecho. Es más, en el anhelo o la esperanza de esta igualdad de hecho, la igualdad de derecho no será más que una cruel ilusión que […] sometería al suplico de Tántalo a la parte más numerosa y útil de los ciudadanos. […] no puede existir una contradicción más absurda y más peligrosa que la igualdad de derecho, sin la igualdad de hecho; ya que si yo tengo el derecho, la privación del hecho es una injusticia que subleva (Babeuf, 2014, pág. 43).
Este párrafo describe el carácter distintivo de Babeuf en relación con las tendencias igualitaristas de la época basadas en el pensamiento ilustrado[5]. Se desprende, además, que sin la igualdad de hecho, los derechos de las personas no serían más que una “cruel ilusión”. Esta afirmación es aún más relevante por la experiencia histórica en la que se hizo:
Ya no es en los espíritus donde hay que hacer la revolución, no es ya aquí donde hay que buscar su éxito: en ellos, está hecha y rehecha desde hace tiempo; toda Francia lo testimonia; pero es en las cosas donde es necesario que esta revolución, de la cual depende la felicidad del género humano, se haga al fin y también plenamente. ¡Ah! ¿Qué le importa al pueblo, que les importa a todos los hombres un cambio de opinión que no les proporcione más que una felicidad ideal? […] La situación moral del pueblo no es hoy más que un sueño maravilloso que hay que realizar, y no lo pueden realizar más que haciendo en las cosas la misma revolución que han hecho en los espíritus (Babeuf, 2014, pág. 46).
Ante esta situación, Babeuf consideraba que era necesario deshacer el Directorio[6] (1795-1799), que se había caracterizado por su carácter reaccionario, represor, conservador políticamente y corrupto. Era una utopía esperar de ese gobierno medidas en aras de socializar la tierra, de modo que se hacía urgente tomar el poder por la fuerza. A este plan secreto se lo denominó la <<Conspiración de los Iguales>>.
La Conspiración de los Iguales
El 10 de mayo de 1796, Babeuf junto a una masa heterogénea de revolucionarios radicales (Buonarroti, Maréchal, Antonelle, Darthé, Germain, Debón, Lepelletier y otros) organizaron la <<Conspiración de los Iguales>>, que consistió en derribar el Directorio al que veían como un gobierno que estaba llevando a Francia hacia el pasado: “devolviéndola a la opresiva niebla del despotismo” (Harrison, 2023).
Los conspiradores desarrollaron el plan durante marzo y abril de 1796. Eligieron el 19 de mayo como el día para su ejecución[7]. Una de las primeras medidas que se llevaron a cabo fue asignar agentes a cada uno de los barrios de París, con el objetivo de sumar apoyo para el golpe. Sin embargo, no pasó mucho antes de que el plan fuera descubierto. Uno de los conspiradores, Georges Grisel, entregó el proyecto al Directorio a cambio de dinero.
El 10 de mayo, Babeuf y Buonarroti fueron arrestados, y durante los días siguientes fueron capturadas otras 128 personas relacionadas con la Conspiración. El 26 de mayo Babeuf fue sentenciado a muerte y al oír el veredicto intentó suicidarse asestándose varias puñaladas, pero ninguna de las heridas resultó ser mortal. Al día siguiente fue guillotinado sin posibilidades de apelar la sentencia. De los 128 hombres arrestados se juzgó a 65, de ellos 56 fueron absueltos. Por su parte Buonarroti y otros 6 conspiradores fueron deportados (Harrison, 2023).

Durante los siguientes treinta años, la Conspiración de Babeuf, como se dio en llamarla, pasó desapercibida, a lo mucho era recordada como una nota al pie en la historia de la Revolución Francesa, pero en 1828, Buonarroti escribió su Historia de Buonarroti sobre la conspiración de Babeuf por la igualdad, donde relata sus recuerdos de la conspiración y señala los principales postulados de las ideas de Babeuf. Esta obra de Buonarroti contribuyó en la inspiración de los pensadores comunistas del siglo XIX. Karl Marx y Friedrich Engels, por ejemplo, se refirieron a la Conspiración como “la primera aparición de un partido comunista realmente actuante” (Karl Marx y Friedrich Engels, 1971, pág. 245), y León Trotsky consideró a Babeuf el fundador del legado comunista.
El primer comunista
Se lo reconoce como el precursor del comunismo porque a diferencia de las tendencias igualitaristas de la época, Babeuf consideraba que no era suficiente con denunciar la inoperancia del Directorio para cumplir con las demandas más básicas del pueblo, sino que creía que era necesario su derribo, y sobre ese instaurar un nuevo gobierno liderado por representantes de las masas. Creyó además en la <<lucha de clases>>. Diferente a los utopistas de su época, que veían en la educación y la cooperación de clases la solución a la pobreza, Babeuf entendió que los intereses de las clases populares y los de la clase dominante eran irreconciliables. En ese sentido, observó que la base social del cambio se encontraba en el pueblo, en los pobres, en los desposeídos, y no en la humanidad en general (incluidos los ricos) como aseguraban algunos utopistas[1]. Por último, vio en la violencia el camino para conquistar el poder político. Si bien el comunismo científico (marxismo) no ve en la violencia un medio de lucha imprescindible, lo usa y lo defiende si las condiciones así lo ameritan.
En suma, aunque hay diferencias cruciales con el comunismo de Marx y Engels, lo cierto es que Babeuf fue un revolucionario como casi ningún otro en su época. Hay pensadores que en retrospectiva han sido críticos con Babeuf por su falta de cientificidad en el accionar revolucionario; sin embargo, es importante tener en cuenta que el contexto histórico de la Francia de finales del siglo XVIII, con un capitalismo en ciernes y sin una clara delimitación de las nuevas clases sociales que se iban forjando, no hacía fácil una disección exhaustiva de las leyes internas del modo de producción capitalista. Además, a diferencia de Marx, Babeuf no es reconocido por ser un teórico o un científico social, de hecho, hay pocos registros de escritos propios, la mayoría son artículos que escribió en el periódico que fundó “El Tribuno del Pueblo”.
No obstante, a pesar de su “poca cientificidad”, sus conclusiones, como se mostró más arriba, estuvieron mucho más cerca del marxismo que del socialismo utópico. En ese sentido, hay que reconocer en Babeuf un gran revolucionario y sobre todo un hombre de su época, y el primero en darse cuenta de la necesidad del salto conceptual de la revolución burguesa a la revolución proletaria.
Christian Jaramillo es economista por la Facultad de Economía de la UNAM
Bibliografía
Cole, G. (1975). Historia del pensamiento socialista I. México: Fondo de Cultura Económica.
Babeuf, G. (2014). El manifiesto de los plebeyos y otros escritos. Buenos Aires : Godot.
Engels, F. (2000). Del socialismo utópico al socialismo científico . Puerto Rico: Juventudes Socialistas.
Harrison, M. (2023). Gracchus Babeuf y la Conspiración de los Iguales. World History.
Karl Marx y Friedrich Engels. (1971). La Sagrada Familia. Buenos Aires: Claridad.
M. Rosental y P. Judin. (1946). Diccionario Filosófico Marxista. Montevideo: Pueblos Unidos.
Nebrera, M. (1997). P. Sylvain Maréchal: Manifiesto de los Iguales (Pretexto para una reflexión sobre los orígenes del concepto de igualdad material). Estudios Políticos (Nueva Epoca), 117-136.
Plejánov, J. (1896). El Materialismo Histórico. Moscú: Lenguas Extranjeras.
NOTAS
[1] Estos socialistas utópicos veían la solución a los males económicos y sociales en la cooperación entre ricos y pobres, por medio del entendimiento de que “no estaba bien” que unos tuvieran mucho y otros poco.
[1] Su nombre verdadero fue Francois-Noël Babeuf. Adoptó el apelativo <<Gracchus>> en honor a los hermanos Graco (Tiberio y Cayo), patricios romanos de la época republicana, que defendieron políticas en favor de los ciudadanos desposeídos: “realizaron una labor sin precedentes de desarticulación de latifundios y de adjudicación de pequeños lotes de tierra a cada ciudadano” (Nebrera, 1997)
[2] La idea principal de este materialismo es que el hombre está determinado en su totalidad por el medio ambiente en el que vive y, a la vez, este último es resultado de las opiniones de la gente que conforma ese medio ambiente. De modo que para cambiar la realidad social es necesario un cambio en las ideas (Plejánov, 1896).
[3] Se conoce a Etienne Morelly como el principal comunista utópico francés del siglo XVIII. Era uno de los representantes del movimiento “ilustrado” francés. Morelly identificaba en la propiedad privada el origen de todos los males sociales. Y el origen de la propiedad privada se encontraba en la falta de ilustración de los hombres, principalmente de los legisladores, que eran quienes tomaban las decisiones de la vida social. En ese sentido, la supresión de la pobreza y la desigualdad se lograría, en última instancia, a través de la educación y la ilustración de los hombres, especialmente de los que toman las decisiones de un país (M. Rosental y P. Judin, 1946).
[4] Respecto a la propiedad de la tierra, los jacobinos “pensaban que la misión de la revolución era difundir los derechos de propiedad de tal manera que disminuyesen las desigualdades” (Cole, 1975, pág. 24). Esto es, para los jacobinos la solución a la desigualdad se encontraba en la extensión de la pequeña propiedad privada; en cambio, para Babeuf era imprescindible la eliminación de la propiedad privada de la tierra como condición para acabar con la pobreza.
[5] Estas se caracterizaban por señalar los vicios y perjuicios sociales que ocurrían en la pujante sociedad capitalista. Sin embargo, encontraban su causa en la falta de educación y carácter científico de los gobernantes. De modo que si se elegía a un gobernador ilustrado, por ende justo, se acabarían los problemas de pobreza y desigualdad.
[6] Fue el gobierno más conservador y reaccionario del primer periodo de la República en Francia. Llevó ese nombre debido a que el ejecutivo estaba conformado por cinco directores. Entre algunos de los aspectos más curiosos de este gobierno es que modificaron la ley para que solo la población económicamente pudiente tuviera el derecho de elegir políticamente. Los pobres, sobre todo los sans-culottes, habían perdido su derecho elegir.
[7] A esta fecha la nombraron el Día del Pueblo.
