Por Jesús Lara | Octubre 2024
Por su importancia global, caracterizar correctamente la formación social de la República Popular China y las tendencias de su desarrollo reviste una enorme relevancia para todo el mundo, especialmente para quienes aspiran a transformar radicalmente la sociedad capitalista global. Precisamente por eso, se trata de un terreno de fuerte disputa y desacuerdo, incluso dentro del campo marxista internacional.
La caracterización de la formación social china debe partir necesariamente de sus rasgos fundamentales. El más evidente es que prácticamente la totalidad de los valores de uso producidos en China son mercancías, elaboradas en unidades económicas capitalistas, sometidas a la lógica de la competencia y que emplean trabajo asalariado. Para muchos, este hecho basta para descartar cualquier potencial socialista en China. Desde la otra orilla, se suele responder que, aunque las relaciones de producción estén basadas en el trabajo asalariado y la producción de mercancías, el Estado —dirigido por el Partido Comunista— juega un papel decisivo interviniendo en la economía, además de impedir que la clase capitalista ejerza el poder político como clase organizada. Entre las formas más citadas de esta intervención se encuentran la participación de las empresas estatales en la economía, el control de sectores estratégicos, las restricciones a la inversión extranjera y el régimen de propiedad de la tierra, entre otros.
Todos estos elementos son, sin duda, importantes. Pero hay uno que suele pasar desapercibido y que tiene una relevancia fundamental: la manera en que el Estado busca estabilizar los precios de sectores económicos clave y, con ello, controlar la inflación. Este aspecto es crucial porque se trata, precisamente, de una intervención en lo que se considera el corazón del sistema capitalista: la formación de precios a través del mercado. En teoría, este proceso es el que asegura el buen funcionamiento de una economía capitalista: los precios reflejan la escasez relativa de los bienes y orientan las decisiones de producción. Manipularlos, según la ortodoxia, solo podría generar ineficiencias, desequilibrios y, eventualmente, crisis. Por eso, las políticas de control de precios siguen siendo un tabú para el pensamiento económico dominante, incluso después de que, en las últimas décadas, haya tenido que admitir la necesidad de una mayor intervención estatal.
Sin embargo, un examen cuidadoso del proceso de formación de precios en China revela algo distinto a lo que afirma la ortodoxia económica, esto es, que en prácticamente todos los sectores esenciales para la estabilidad monetaria, que van desde la energía y los productos químicos hasta los alimentos, los precios están profundamente intervenidos por el Estado, a través de una diversidad enorme de mecanismos. El objetivo de esa intervención es evitar fluctuaciones extremas, tanto al alza como a la baja, en los precios de los bienes fundamentales para la inflación. A grandes rasgos, entendemos por bienes fundamentales a aquellos que tienen el mayor potencial para aumentar el nivel de precios. Este potencial depende de qué tan importantes son para el consumo final de los hogares (por ejemplo, los alimentos), o de qué tan importantes son como insumos para el resto de las actividades económicas (por ejemplo, la energía). De ese modo, al controlar los precios de este grupo de bienes fundamentales para la inflación, se impide que las variaciones se propaguen al resto de la economía. Así, la regulación de un pequeño grupo de precios esenciales se convierte en una estrategia eficaz para controlar la inflación, que, en el caso de China, ha resultado notablemente exitosa.
Esta política puede rastrearse a lo largo de toda la historia de la República Popular, pero adquirió su forma actual durante la transición de la economía planificada a la economía de mercado, que tuvo lugar a finales de los setenta y de los años ochenta del siglo pasado. Isabella Weber (2021), profesora asociada de UMass Amherst, explica detalladamente este proceso en su libro Cómo China escapó de la terapia de choque. Una investigación reciente, titulada El sistema chino de estabilización de precios: estabilizando los sectores sistémicamente significativos (Weber et al., 2025), muestra que este tipo de intervención no desapareció con las reformas de los años ochenta y noventa, sino que persistió y se transformó, adaptándose a las condiciones cambiantes de la economía china y del entorno global.
Para comprender cómo opera este sistema, conviene repasar las principales modalidades de intervención que el Estado chino emplea para estabilizar los precios de los bienes esenciales. Aunque existen variaciones entre sectores y regiones, a grandes rasgos pueden distinguirse cuatro grandes tipos de políticas.
(1) Políticas de administración de la oferta.
Estas políticas tienen como objetivo aumentar de manera rápida la cantidad disponible de un bien para evitar que su precio aumente súbitamente, como puede ocurrir cuando, por alguna razón, aumenta la demanda. La forma más común es la acumulación de reservas estratégicas y su uso para estabilizar los precios. Tomemos como ejemplo el caso del grano. La lógica de las reservas de estabilización de precios es relativamente simple: el Estado acumula existencias de grano y decide cuándo liberarlas o aumentarlas según la evolución del precio de mercado. Cuando el precio sube drásticamente o se prevé un aumento, el Estado libera parte de las reservas de grano, incrementando la oferta y conteniendo la subida. Si, en cambio, el precio tiende a caer abruptamente, el Estado compra grandes volúmenes a los productores a un precio determinado, evitando que el valor colapse. Este mecanismo permite amortiguar tanto los picos inflacionarios, por un lado, como las caídas bruscas que pondrían en riesgo la rentabilidad del sector agrícola, por otro.
(2) Políticas de influencia indirecta en los precios.
En este caso, el Estado no interviene directamente en la formación del precio, sino que lo influye a través de impuestos o subsidios que modifican el precio final de la mercancía. Esta forma de intervención es muy común también en economías capitalistas desarrolladas. En momentos de emergencia —por ejemplo, ante una crisis energética o alimentaria—, la capacidad del gobierno para ajustar estos subsidios o impuestos puede ser decisiva para evitar aumentos significativos de precios o aliviar el impacto en los consumidores.
(3) Políticas de influencia directa sobre los precios.
Aquí, el Estado determina directamente el precio de un bien o establece márgenes dentro de los cuales puede fluctuar. Éste es el mecanismo más rápido y efectivo para contener un aumento o una caída, aunque también el que más distorsiones puede generar si se aplica de manera prolongada. Por eso, en la mayoría de los casos se concibe como una medida de emergencia destinada a ganar tiempo mientras se ajusta la oferta y se corrigen las causas del desequilibrio. Sin embargo, si el sistema de control de precios es lo suficientemente sofisticado y flexible, puede mantenerse durante periodos prolongados. Tal es el caso de sectores como el petróleo y sus productos derivados, donde el Estado chino ha logrado sostener un control continuo sobre los precios sin provocar los desequilibrios típicamente asociados a este tipo de políticas.
(4) El sistema de formación de precios dual o sistema de doble vía.
Esta institución es heredera de las economías planificadas del siglo XX, que nunca lograron estatizar por completo la agricultura. En China, sin embargo, el sistema de doble vía adquirió una significación particular al extenderse a sectores económicos esenciales y convertirse en una pieza clave de la transición a una economía de mercado. En este esquema, las agencias de planificación asignaban cuotas de producción a las unidades agrícolas, que debían vender al Estado a un precio fijo. Pero el excedente sobre esa cuota podía venderse libremente en el mercado a precios más altos. Weber (2022) explica cómo la expansión de este sistema terminó imponiéndose sobre la alternativa de liberalizar todos los precios de golpe, como ocurrió en la Unión Soviética y Europa del Este. Con el tiempo, la planificación fue reduciéndose hasta desaparecer en la mayoría de los sectores, pero el sistema no se extinguió por completo. En algunos casos, como el del carbón, base de la generación eléctrica, sigue utilizándose para mantener los precios dentro de límites predecibles y evitar crisis de oferta.
Una vez expuestos los mecanismos generales, vale la pena revisar dos ejemplos concretos que ilustran cómo se aplican estas políticas en la práctica: el del petróleo y el de la carne de cerdo.
En el caso del petróleo, China importa la mayor parte del crudo que consume, lo que la expone a la volatilidad de los precios internacionales. Si el país dependiera exclusivamente del mercado, los precios internos de los combustibles oscilarían al ritmo de las cotizaciones globales. Para evitarlo, el Estado aplica una combinación de reservas estratégicas y control directo de precios. Mantiene grandes existencias de petróleo que puede liberar ante aumentos súbitos y regula el precio de venta de la gasolina y del diésel mediante un sistema de precios mínimos y máximos. Estos márgenes se ajustan de manera periódica en función de la evolución del precio internacional.
Este sistema es viable porque la distribución de combustibles está dominada por gigantescas empresas estatales, que pueden absorber pérdidas temporales o márgenes reducidos de ganancia sin quebrar. En ese sentido, la rentabilidad de las empresas estatales sirve como amortiguadora, evitando que las fluctuaciones del precio internacional del petróleo crudo se transmitan rápida y completamente al precio de los combustibles y, con eso, al resto de la economía en forma de inflación.
Un segundo ejemplo, quizá menos intuitivo pero igualmente revelador, es el del cerdo, alimento básico en la dieta china y componente central de la canasta de consumo popular. En este sector, el Estado administra reservas estratégicas de carne congelada y de cerdos en pie, tanto a nivel central como local. Para anticipar los cambios del mercado, el gobierno monitorea la relación cerdo–pienso, indicador que mide la rentabilidad de la cría. Este indicador rastrea el precio del cerdo (que obtienen los productores) and relación con el costo de la dieta del mismo (el pienso).
Cuando la relación cae por debajo de 5 a 1, criar cerdos deja de ser rentable. En ese escenario, muchos productores sacrifican animales o abandonan la actividad, lo que podría provocar escasez futura y un repunte de precios. Para evitarlo, el Estado compra carne para las reservas nacionales, sosteniendo los precios y garantizando la continuidad productiva. En cambio, cuando la relación supera 12 a 1, las ganancias son excesivas y los precios de la carne suben demasiado para los consumidores. Entonces el gobierno libera parte de las reservas para aumentar la oferta y así relajar al mercado.
Este sistema actúa como un mecanismo contracíclico que compra cuando los precios caen y vende cuando suben, suavizando el ciclo natural del sector porcino. Sin intervención estatal, los precios seguirían un patrón recurrente: suben, estimulan la producción, el exceso de oferta los hace caer, los productores se retiran y los precios vuelven a subir. Las reservas estratégicas permiten romper ese ciclo, estabilizando el mercado y protegiendo tanto a productores como a consumidores.
Los casos del petróleo y del cerdo son solo ejemplos de las múltiples formas en que el Estado chino interviene para garantizar la estabilidad de los precios en sectores clave. Estas políticas, aunque cambiantes, tienen raíces en el periodo de la economía planificada y en la etapa de transición al mercado. Su estudio ayuda a comprender la naturaleza específica de la formación social china. En primer lugar, resulta insostenible afirmar que China es simplemente “una economía capitalista más”. No lo es si consideramos el grado de intervención sistemática del Estado en la función más esencial del mercado: la formación de precios.
Pero, al mismo tiempo, estas políticas muestran que la economía china sigue subordinada a las leyes del capital, la competencia y la acumulación. El Estado no crea una lógica económica distinta; opera dentro de los límites del capitalismo, intentando paliar sus efectos más destructivos. El Estado interviene tanto para mantener precios accesibles para los consumidores como para evitar que caigan hasta el punto de amenazar la rentabilidad de muchos capitales simultáneamente. En el fondo, la economía china continúa regida por las leyes objetivas del modo de producción capitalista, mientras el Estado intenta contenerlas y canalizarlas para alcanzar objetivos políticamente determinados.
Los resultados, en el terreno de la inflación, son claros: China mantiene una de las tasas más bajas del mundo, lo que ha permitido aumentos sostenidos en los salarios reales de la clase trabajadora. Pero esta estabilidad se mantiene mediante un equilibrio frágil, una oscilación permanente entre liberalización e intervención. Incluso cuando parece sometido, la anarquía del mercado capitalista vuelve a irrumpir, obligando al Estado a reacomodar sus mecanismos de control.
Por cuánto tiempo y bajo qué condiciones podrá y tendrá que sostenerse este equilibrioes, sin duda, una de las grandes preguntas de nuestra época.
Jesús Lara es economista por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Referencias
Weber, I. (2021). How China Escaped Shock Therapy: The Market Reform Debate. Routledge.
Weber, I., Zhou, J., Pu, P., & Lara Jauregui, J. (2025). China’s System of Price Stabilization: Buffering Systemically Significant Sectors [Unpublished manuscript].
