Cómo eliminar la pobreza

Por Rogelio García Macedonio | Octubre 2025

Con el primer informe de gobierno de la presidenta de México, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, se ha intensificado la afirmación de que alrededor de 13 millones de personas han salido de la pobreza. Más allá de los matices que expertos en la materia han esgrimido –ya sea sobre si efectivamente disminuyó o no, si se trató de parámetros demasiado limitados o incluso de la sospecha de que fueron datos “cuchareados” y que, por tanto, constituyen una cifra inverosímil y políticamente manipulada para posicionar una imagen de eficiencia gubernamental– lo que interesa en el presente trabajo es argumentar respecto a que; en la sociedad capitalista la pobreza no puede ser eliminada. Es una afirmación categórica que no admite duda, pero el trabajo trata de responder la causa fundamental de ello. El propósito del mismo no responde a actividades académicas, sino a la necesidad imperante de que sean precisamente los pobres los que entiendan este problema; específicamente, interesa que sea el proletariado mexicano el que descubra que la realidad de opresión y miseria en que vive no puede ser cambiado por un partido político en un Estado burgués, sino que tiene que ser obra del proletariado mismo el que lo pueda salvar de la barbarie. Por ello, explicará brevemente la forma en que funciona la sociedad y la tesis central de la concentración de la riqueza que conduce a la polarización social y, por consiguiente, las políticas sociales de los gobiernos sólo pueden controlar la pobreza a su conveniencia (de acuerdo a cómo las ganancias fluyen mejor hacia la acumulación capitalista), pero jamás eliminarla.

El fenómeno de la pobreza no es nuevo y de manera general se puede definir como la carencia de ciertos bienes y servicios que los hombres necesitan para reproducir su vida biológica y social en un momento histórico determinado de su existencia. Esto quiere decir que si se compara la forma de vida de un hombre de la Grecia clásica con la de un estadounidense del siglo XXI los bienes y servicios esenciales que cada uno necesita para reproducir su vida biológica y social serán diferentes. Entre los estudiosos esta discusión los llevó a concebir la pobreza como un fenómeno relativo, cuya percepción cambia en el tiempo en función de las formas de vida. La mayoría de ellos atribuye esa variación principalmente a la evolución cultural, sin reconocer que, en un análisis más profundo, la raíz de los cambios de esas concepciones se encuentra en el desarrollo de las fuerzas productivas. Son estas las que determinan un modo específico de organización económica y social, del cual se desprende, de manera casi directa, un pensamiento social acorde con esa organización.

Si se revisa la historia, no puede asegurarse que la humanidad haya vivido un momento donde la pobreza no existiera, es decir, donde los seres humanos no carecieran de los bienes necesarios para su reproducción biológica y social. Sin embargo, sí puede afirmarse que los niveles extremos de pobreza se han exacerbado a partir de la aparición de la sociedad dividida en clases sociales. Esto significa que, tras la disolución de la comunidad primitiva –en la cual predominaba una organización comunal del trabajo y una distribución equitativa de sus frutos que, a pesar de las extremadamente limitadas fuerzas productivas, obedecía a la máxima de que cada quien debía participar en el reparto del producto de acuerdo a sus necesidades– la pobreza dejó de tener como causa fundamental el limitado desarrollo de las fuerzas productivas, para ser exclusivamente debido a la injusta distribución del producto social, el resultado directo de la relación de explotación.

Los explotadores se apropian –a través del trabajo del esclavo, del siervo de la gleba o del obrero– de la riqueza social producida más allá de sus necesidades de reproducción biológica y social, mientras que los explotados carecen de lo mínimo indispensable para vivir. Esta ha sido la constante en la apropiación de la riqueza desde la aparición de las sociedades divididas en clases sociales: esclavismo, feudalismo y, finalmente, capitalismo.

Asimismo, puede observarse que, en cada uno de los estadios históricos de explotación, los explotados se han rebelado contra esa forma de organización social.  Basta recordar las frecuentes rebeliones de esclavos en la Grecia clásica, la de Espartaco en Roma o incluso el origen del cristianismo, que en sus primeras expresiones se erigió como una protesta contra la pobreza y la opresión ejercida por el imperio romano sobre los pueblos conquistados. En la historia más reciente, bajo el capitalismo, prácticamente desde su nacimiento –como bien afirman Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista en 1848, este sistema de producción genera riqueza a una velocidad sorprendente y en una magnitud sin precedentes, pero también, como contraposición, la gran mayoría de las personas se empobrece ineluctablemente–, los artesanos y obreros emprendieron luchas para superar sus condiciones de pobreza, es decir, para participar de la riqueza social de una manera justa. Hoy, el capitalismo se ha vuelto mundial, la gran industria moderna ha expandido este modo de producción que las condiciones de los trabajadores del mundo son, esencialmente, las mismas en cualquier lugar; una condición de pobreza.

En el modo capitalista de producción la pobreza que padece la clase trabajadora no es producto de las artimañas que usan los patrones para no pagar completas las jornadas o cualesquiera otros medios que buscan reducir la parte del salario que les toca a los trabajadores. Incluso aplicando la legislación laboral más justa dentro de los límites capitalistas, la explotación de los patronos hacia los obreros seguirá existiendo y la pobreza seguirá creciendo en la medida en que el sistema capitalista se siga desarrollando. Es decir, no hay que buscar las explicaciones de la pobreza en artimañas o chicanas de los patronos, sino en el propio sistema capitalista. Engels[1] lo expuso en los siguientes términos: “el obrero cede su fuerza de trabajo al capitalista a cambio de un jornal. Después de unas cuantas horas de trabajo, el obrero ha reproducido el valor del jornal. Pero, según el contrato de trabajo, el obrero aún debe trabajar unas cuantas horas más hasta completar su jornada. El valor creado por el obrero durante estas horas de plustrabajo constituye la plusvalía, que no cuesta ni un céntimo al capitalista, pero que éste se embolsa. Tal es la base del sistema que va dividiendo más y más a la sociedad civilizada en dos partes: de un lado, un puñado de Rothschilds y Vanderbilts, propietarios de todos los medios de producción y consumo, y de otro, la enorme masa de obreros asalariados, cuya única propiedad es su fuerza de trabajo. Y que la causa de todo esto no reside en tal o cual deficiencia de tipo secundario, sino únicamente en el sistema mismo, lo ha demostrado hoy con toda evidencia el desarrollo del capitalismo en Inglaterra”.

Así como para el clásico del marxismo se revelaba la miseria como consecuencia del desarrollo del sistema capitalista en Inglaterra, hoy en México se presentan las mismas condiciones para los trabajadores.

De acuerdo con las últimas mediciones del Inegi, la pobreza multidimensional[2] en 2024 alcanzó 29.6% de la población, lo que equivale a 38.5 millones de personas. Al desagregarse, la pobreza moderada abarcó 24.2% y la pobreza extrema 5.3%, es decir, 31.5 y 7.0 millones, respectivamente. Además, 5.8% fue vulnerable por ingresos y 32.2% lo fue por carencias sociales y solo 32.5% no presentó vulnerabilidad alguna. Es decir, siguiendo la medición de esta institución, si se agrupan sólo en dos sectores a la población entre pobres y no pobres, podemos afirmar que sólo 3 de cada 10 mexicanos no padecen pobreza y el 70% sí (agrupando carencias, pobreza moderada y extrema y vulnerables por ingreso y por carencias sociales suman 70% de la población), es decir, alrededor de 90 millones de personas.

El análisis de los servicios que el Inegi usa para integrar el índice de pobreza –esto no significa que sean todos los servicios que la población tiene que cubrir, sino que por apegarse a una metodología el Inegi así lo determina, desde luego que excluye muchas cosas que los mexicanos no pueden cubrir y sin embargo no son incluidos– tampoco son alentadores para los mexicanos. De 2016 a 2024 el rezago educativo prácticamente se mantuvo igual, a pesar de que desde que inició la administración morenista se afirma que la educación es una de las prioridades. El acceso a la salud empeoró en ese periodo, hoy 44.5 millones de personas no pueden acceder a ella y destinan, cuando así lo demandan las enfermedades, gran parte de sus recursos para atenderse, incluso rematando las pocas propiedades con las que puedan contar o la salida más trágica, dejarse morir; no hay en México un sistema de salud que garantice que puedan atender su salud. La seguridad social, que es que las personas trabajadoras formales tengan acceso a servicios financieros y médicos, apenas y mejoró en 2.7 millones de 2016 a 2024 y, aún así, alrededor de 70 millones no tiene acceso a la seguridad social, es decir, son trabajadores informales y viven de su ingreso diario, para ellos no hay futuro certero.

Es cierto que en lo que va de la administración morenista el salario mínimo aumentó (real, no nominal) en un poco más del 100% y, dentro de los parámetros que se usan para medir la pobreza, éste fue el factor más importante para que los resultados fueran de una reducción de la pobreza, no los programas sociales del Gobierno Federal. Pero si analizamos el salario como lo que es, desde el punto de vista científico de Marx, será prudente afirmar que este tampoco será suficiente para superar la pobreza.

Para Marx[3] el salario es el valor (que se expresa en precio) que tiene la fuerza de trabajo que vende el obrero al capitalista. El valor del salario lo determina como sigue:

“El valor de la fuerza de trabajo, como el de toda otra mercancía, lo determina el tiempo de trabajo necesario para la producción, incluyendo, por tanto, la reproducción de este artículo específico. Considerada como valor, la fuerza de trabajo no representa más que una determinada cantidad de trabajo social medio materializado en ella. La fuerza de trabajo sólo existe como actitud del ser viviente. Su producción presupone, por tanto, la existencia de este. Y, partiendo del supuesto de la existencia del individuo, la producción de la fuerza de trabajo consiste en la reproducción o conservación de aquél. Ahora bien; para su conservación, el ser viviente necesita una cierta suma de medios de vida. Por tanto, el tiempo de trabajo necesario para producir la fuerza de trabajo viene a reducirse al tiempo de trabajo necesario para la producción de estos medios de vida: o lo que es lo mismo, el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para asegurar la subsistencia de su poseedor… Las necesidades naturales, el alimento, el vestido, la calefacción, la vivienda, etc., varían con arreglo a las condiciones del clima y a las demás condiciones naturales de cada país. Además, el volumen de las llamadas necesidades naturales, así como el modo de satisfacerlas, son de suyo un producto histórico que depende, por tanto, en gran parte, del nivel de cultura de un país y, sobre todo, entre otras cosas, de las condiciones, los hábitos y las exigencias con que se haya formado la clase de los obreros libres… El valor de la fuerza de trabajo se reduce al valor de una determinada suma de medios de vida. Cambia, por tanto, al cambiar el valor de éstos, es decir, al aumentar o disminuir el tiempo de trabajo necesario para su producción”.

Es decir, el salario debería ser suficiente para que el obrero pueda reponer la fuerza de trabajo que le permita presentarse al día siguiente a otra jornada de trabajo y ser capaz de garantizar la reproducción de su descendencia biológica, es decir, la reproducción de la clase proletaria. Pues bien, en esa descripción y en la lógica del funcionamiento del capitalismo, el salario del obrero no le permite acceder a una vida que lo ponga más allá de apenas poder satisfacer las necesidades básicas, muchas veces eso no necesariamente garantiza que sean los medios para tener una vida digna. Si bien es cierto que como conjunto social el aumento del salario permite al sistema aumentar la capacidad del consumo de los obreros (y los pobres en general) lo más importante es que esto permite a la clase capitalista incrementar sus ganancias, que al final, la disputa entre salario y ganancia es lo que determina cuánto de lo que se produce socialmente es destinado en forma de salario para los obreros. Nunca, pues, será suficiente con el aumento del salario que el proletariado supere las barreras de la pobreza, es imposible dentro del capitalismo.

Solo como anotación, también es importante ver cómo se van destruyendo los mitos; el más reciente respecto al salario es que si aumenta el salario crece la inflación. Pero con el aumento reciente, esto no se mostró así, tal como Marx ya lo estudió y plasmó en el tomo II de El Capital; “el salario aumenta con el aumento en el precio de los medios de subsistencia necesarios. Su aumento es consecuencia, no causa del aumento en los precios mercantiles”. Sin embargo, este mito era conveniente a la existencia de una economía capitalista (en su versión neoliberal) que busca extraer hasta la última hora de ganancia de la clase obrera, por lo que fue necesario mantenerlo, y no fue sino hasta que esa obtención de ganancia se ponía en peligro, cuando el sistema permitió que el salario creciera. Es decir, no fue un mesías encarnado en la figura del ex presidente Andrés Manuel López Obrador el que subió el salario, sino el funcionamiento del sistema capitalista el que así lo demandó y permitió.

Dados los elementos esgrimidos, se va haciendo evidente que; en el capitalismo, la clase proletaria, que es la que vive pobre, no puede superar la pobreza. No es una conclusión visceral, sino la expresión de una verdad inocultable a lo largo de la historia del capitalismo. Ahora bien, esto no pretende dejar sin esperanza al proletariado, sino todo lo contrario; fueron también Marx y Engels los que estudiaron seriamente al sistema no solo para comprenderlo, sino esencialmente para tener elementos que les permita plantear cómo debía superarse un estadio histórico que permite la explotación del hombre por el hombre por uno que plantee de nuevo la colaboración productiva y la repartición equitativa de la riqueza social producida. Esa fuerza física transformadora la encontraron en el proletariado, la clase que es capaz de organizar la producción en un sistema social superior al capitalismo, al mismo tiempo de distribuir sus frutos con equidad; para ello es necesario que el proletariado se arme con la teoría marxista que le permita comprender el mundo para poder transformarlo, solo de esa manera, suprimiendo el modo de producción capitalista, es como se puede eliminar la pobreza. Todo lo demás serán paliativos, pero nunca solución definitiva al problema de la pobreza.


Rogelio García Macedonio es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

NOTAS

[1] En el Prólogo a la edición alemana de 1892 a La situación de la clase obrera en Inglaterra.

[2] Mide no sólo la pobreza por ingresos, sino que incluye además las carencias de seis servicios.

[3] En El Capital, tomo I de Carlos Marx.

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