Por Arnulfo Alberto y Nadia Campos | Octubre 2025
Una y otra vez los medios informan sobre empresas que, durante mucho tiempo, han tenido buen desempeño, pero de pronto y por razones “aparentemente desconocidas” han empezado su declive. Empresas tan diversas como Mexicana de Aviación en México con 7, 400 trabajadores; en Estados Unidos, Sears, del giro de ventas al por menor, con 85 mil trabajadores y Art Van Furniture, comercio de muebles en el vecino país, con 3,100 trabajadores, todas tienen algo en común.
Estas compañías fueron administradas por fondos de inversión privados para después declararse en bancarrota, incapaces de hacer frente a sus obligaciones de deuda, así como a las prestaciones de los trabajadores, a las que tienen derecho por haber terminado la relación contractual. Sears, por ejemplo, una empresa que existió durante 132 años se declaró en quiebra al no poder pagar 134 millones de dólares en 2018. Aunque se barajen muchos factores para explicar su desaparición, como el surgimiento de Amazon, o el declive de los centros comerciales en Estado Unidos, los analistas coinciden en que la causa fue el mal manejo del fondo de inversiones ESL Investment, propiedad de Eddie Lampert.
La conclusión es la misma para el caso de Art Van Furniture, la cual resultó todavía más escandalosa. En 2017, cuando fue adquirida por parte del fondo de inversiones Thomas H. Lee Partners, era una compañía boyante, sin problemas y en expansión. Agresivas inversiones en bienes raíces por parte del fondo de inversiones, sin ningún tipo de respaldo en sus ingresos, destruyeron a una compañía de 60 años.
En el caso de Mexicana de Aviación, que nos resulta más cercano por ser una emblemática compañía mexicana, inició sus problemas desde la adquisición de Grupo Posadas, propiedad de Gastón Azcárraga Andrade. Este empresario adquirió deuda a través de Mexicana, capital que después fue utilizado por Grupo Posadas para financiar sus adquisiciones, según la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores y reportado por Proceso.
Esta constante extracción de riqueza por parte de los dueños de las empresas, en busca del máximo beneficio en el corto plazo, está en total contradicción con la necesidad social de creación de empleos, la conservación y mejora del know how, así como la creación de mercancías para satisfacer necesidades básicas de los seres humanos. Irónicamente, son estas necesidades abandonadas el argumento para apoyar a empresarios a cualquier costo, perdonándoles el pago de impuestos, donando bienes inmuebles, otorgando créditos y facilidades administrativas, por mencionar algunos.
Marx identificó esta dinámica dentro de las contradicciones del capitalismo, resumidas en conceptos como la anarquía de la producción y la contradicción entre de las relaciones sociales de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas. Esta problemática también ha sido reconocida por la teoría organizacional, aunque con menor riqueza, en el problema de agente-principal. Frente a este poder financiero, ¿quién defiende el empleo y los derechos? ¿Quién puede impedir la destrucción de las fuentes de empleo, el deterioro y desaparición de los derechos laborales? No es solo la labor del gobierno a través de regulaciones, que muchas veces llegan después y solo alcanzan a salvar unas migajas para paliar toda la destrucción que los dueños han dejado a su paso; son los trabajadores y la sociedad en general quienes deben conocer estos problemas, tomar conciencia de estas contradicciones y, por último, tomar un papel activo para defender y desarrollar lo que es suyo.
Arnulfo Alberto es maestro en Economía por la UNAM y Nadia Campos es maestra en Administración Pública.
