Por Christian Jaramillo | Septiembre 2025
En Paraguay, en diciembre de 1992, se descubrieron los denominados “Archivos del terror”, que son las actas de planeación de la “Operación Condor” o también conocido como “Plan Condor”. La “Operación Condor” fue un proyecto secreto de represión y terrorismo, coordinado entre los aparatos militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, y la Central de Inteligencia Americana (CIA)[1] (MMDH, 2020). El objetivo fue detener a los movimientos revolucionarios e incluso reformistas en la región. Para ello se establecieron dictaduras militares por medio de golpes de Estado. Formalmente se reconoce el despliegue de la “Operación” desde los años setenta, lo cierto es que los ataques militares contra los entonces denominados gobiernos populistas (se basaban en las ideas de la CEPAL y defendían la modernización o industrialización de los países) empezaron años atrás. El primer golpe de Estado fue en Brasil en 1964, contra los herederos del gobierno izquierdista de Getúlio Vargas. En Argentina, en 1966, el gobierno de Arturo Illia también fue derrocado, aunque ya en 1955 los militares habían hecho lo propio con Juan Domingo Perón, que apoyaba su gobierno en las organizaciones proletarias y en las masas de pobres (los famosos “descamisados”). Le siguieron Bolivia en 1971, Uruguay y Chile en 1973 y nuevamente Argentina en 1976.
El caso chileno fue uno de los más emblemáticos, Pinochet junto con la CIA derrocaron al primer gobierno socialista elegido democráticamente. Tras el bombardeo al Palacio de la Moneda, las fuerzas golpistas entraron al Palacio a punta de balazos y culatazos con el objetivo de dar caza al presidente. Al llegar al salón presidencial encontraron a Salvador Allende suicidándose con una arma rusa Kalashnikov que había recibido como regalo de parte de Fidel Castro. Tras los asedios previos a su gobierno (como el famoso episodio denominado “el tanquetazo”[2]), Allende había mencionado a sus cercanos que prefería morir de esa manera, antes que a manos de los esbirros del imperialismo (Marquéz, 2004).
El suceso que ejerció como punto de inflexión y desencadenó la formación del “Plan Condor” fue la Revolución Cubana de 1959. El triunfo de la Revolución socialista liderada por Fidel Castro representó una clara ofensa y amenaza para los dominios de Estados Unidos. Dejar que se propagaran las ideas marxistas en la región, en el marco de la Guerra Fría, era un peligro que debía ser detenido cueste lo que cueste. Así, las dictaduras militares se encargaron de perseguir a cualquier persona que pareciera “subversiva”. No se debía ser comunista o anarquista para ser asediado, bastaba con que se tuviera algunas ideas de “izquierda” para ser considerado blanco de la CIA y sus verdugos en Latinoamérica.
Dependiendo de la fuente, las muertes a manos del “Plan Condor” se cuentan desde cientos hasta 60 mil (MMDH, 2020). Sólo en Argentina se calculan 30 mil muertes durante la llamada “guerra sucia”[3] (Angell, 2025). Entre las víctimas más reconocidas se encuentran Víctor Jara, cantautor chileno que le cantó a las causas de los más pobres. Fue detenido por la fuerzas de Pinochet, lo encerraron, como a otros tantos miles en el Estadio Nacional de Chile[4], donde fue brutalmente torturado y golpeado; días después, el 16 de septiembre de 1973, fue encontrado muerto con más de 40 balazos encima. Orlando Letelier, ex ministro del gobierno de Salvador Allende, también fue asesinado años después (1976) con un coche bomba en Washington. Este evento evidencia que la persecución fue intensa y a escala global, los exiliados fueron perseguidos en diferentes partes del mundo, sobre todo en Europa. En Argentina fueron desaparecidos y después asesinados el hijo y la nuera del poeta argentino Juan Gelman.
Como parte del Plan Condor también se registran cientos de asesinatos perpetrados por medio de los “vuelos de la muerte”, en los que los capturados eran arrojados vivos al mar desde aeronaves de las dictaduras.
Posteriormente, en la década de los 80, las “democracias” regresaron a la región, sin embargo, las políticas en contra de la expansión de las ideas de “izquierda” se mantuvieron por medio de la llegada del neoliberalismo. Una de las respuestas de los movimientos socialistas latinoamericanos fue la llegada de los gobiernos “progresistas”, que se caracterizaron por ser contrarios a los principios del neoliberalismo, especialmente estaban en contra de las políticas impulsadas desde el Consenso de Washington. El primero de ellos fue el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela en 1999. Posteriormente llegaron otros gobiernos, Lula da Silva a Brasil en 2003; Néstor Kirchner a Argentina en 2003; Evo Morales a Bolivia en 2006; Rafael Correa a Ecuador en 2007; Daniel Ortega a Nicaragua en 2007; Cristina Fernández a Argentina en 2007; Fernando Lugo a Paraguay en 2008; José Mujica a Uruguay en 2010; Dilma Rousseff a Brasil en 2011; entre otros.
Al igual que en las décadas de los 60 y 70, estos gobiernos han sido perseguidos por Estados Unidos y sus centros de inteligencia. Las formas cambiaron, los instrumentos se hicieron más sutiles (aunque no en todos los casos), pero el fondo sigue siendo el mismo: frenar cualquier atisbo de socialismo, progresismo o de izquierdas en la región. A este nuevo proceso de persecución se le ha denominado Nuevo Plan Condor o Plan Condor 2.0.
Los poderes fácticos que hemos osado desafiar utilizan otros métodos como el bombardeo mediático, los golpes de Estado parlamentarios, el acoso económico, la difamación de líderes democráticamente electos, los jueces venales, entre otros métodos, para tratar de recuperar sus espacios perdidos (Correa, 2011).
Por ejemplo, el 30 de septiembre del 2010, Rafel Correa, uno de los baluartes del “socialismo de siglo XXI”, sufrió un intento de golpe de Estado. En un acto de sublevación, la policía ecuatoriana retuvo y cercó al expresidente en un hospital de donde tuvo que ser rescatado por una unidad de comandos especiales (Grupo Especial de Operaciones), y en el que murieron un estudiante y cuatro militares. En 2016, Dilma Rousseff sufrió un golpe de Estado parlamentario[5] en Brasil, tal como sucedió con Manuel Zelaya (2009) y Fernando Lugo (2012) en Honduras y Paraguay, respectivamente. No suficiente con los golpes de Estado, a modo de escarmiento y de amenaza para quienes osen rebelarse nuevamente contra los intereses de Estados Unidos y de las rancias burguesías latinoamericanas, todos los expresidentes de estos gobiernos “progresistas” han sido procesados (en medio del escándalo por el amañamiento de los juicios) con el objetivo de silenciarlos, castigarlos y quitárselos de en medio para unas próximas contiendas electorales.
Por mencionar algunos casos, se encuentra Cristina Fernández, quien fue sentenciada en junio de este año a seis años de prisión por el delito de administración fraudulenta. Fernández alega ser víctima del lawfare[6], y de una persecución política, mediática y judicial orquestada por “el poder económico concentrado”, en particular por el Grupo Clarín, principal conglomerado mediático del país. Cristina Fernández, representante del peronismo, ha sido dos veces presidenta de Argentina y hoy se alza como la principal fuerza opositora al gobierno de Javier Milei; de hecho, el día siete de este mes, el peronismo derrotó estrepitosamente a Libertad Alianza, partido de Milei en los comicios para legisladores provinciales de la región electoral más grande del país, Buenos Aires[7]. Otra víctima ha sido Lula da Silva, quien fue condenado en 2017 a más de veinte años de cárcel por cargos de corrupción y lavado de dinero, sin embargo, después de 580 días en la cárcel, el Supremo Tribunal Federal de Brasil revocó las condenas y fue liberado. Al igual que Fernández, alegó que fue víctima de persecución de las élites locales y extranjeras, que su liberación es muestra de su inocencia, y que todo se trató de un montaje para no permitirle participar en las elecciones de 2022, mismas que ganó, y hoy es el actual presidente del país.
Los casos no terminan ahí, el propio Rafel Correa, que actualmente reside en Bélgica, tiene una orden de captura internacional por parte del Estado ecuatoriano; sin embargo, La Corte Internacional de Justicia ha declinado en cumplir con esa orden del gobierno ecuatoriano al poner en evidencia las incongruencias que muestra el proceso legal, y por falta de pruebas de lo que se le acusa al expresidente. Evo Morales es otro ejemplo, pero los mencionados han sido suficientes para evidenciar las nuevas formas de persecución que sufren los gobiernos “subversivos”, contrarios a las políticas lacerantes del neoliberalismo.
La situación actual de Venezuela no es un caso aislado a este proceso, forma parte de una gran red en la que participan la oligarquía venezolana en conjunto con la CIA, con el objetivo de derrocar al gobierno chavista y poner el petróleo al servicio de los Edmundo González, María Corina, su séquito, y sus patrones: el imperialismo estadounidense. Sin embargo, a diferencia del primer “Plan Cóndor”, el contexto internacional ha cambiado, Estados Unidos se encuentra política y económicamente debilitado, enfrentado a potencias económicas que le están ganando sus viejos mercados, es el caso de los BRICS o concretamente China, que a pesar de las sanciones su presencia crece en la región. Sin duda, esto ha representado una afrenta directa para Estados Unidos, que históricamente ha encontrado en América Latina un mercado seguro donde colocar sus mercancías y de donde proveerse de materias primas baratas. Permitir que aumente la presencia de otros países en la región, no haría más que ahondar su profunda crisis económica. En ese sentido, se hace urgente que América Latina esté preparada para enfrentar a las diferentes formas de ataque que Estados Unidos ha utilizado históricamente con el objetivo de mantenerla atada a sus dominios.
Christian Jaramillo es economista por la Facultad de Economía de la UNAM
NOTAS
[1] Posteriormente se incorporaron otros países, es el caso de Ecuador y Perú.
[2] Fue un intento de golpe de Estado que ocurrió poco más de dos meses antes del 11 de septiembre de 1973. Consistió en la movilización de dieciséis tanques desde el Regimiento Blindado N°2, para asediar el Ministerio de Defensa y el Palacio de la Moneda. En este evento se registraron al menos veintidós muertes (Marquéz, 2004).
[3] “La guerra sucia” fue el nombre que le dieron a los eventos de terrorismo de Estado que sucedieron entre 1976 y 1983, en el contexto de la “Operación Condor”, donde la dictadura de Videla reprimió y despareció a miles de argentinos acusados de subversión.
[4] En este marco de persecución, el Estadio Nacional se había convertido en un centro de detención, tortura y exterminio de perseguidos políticos. Se estima que alrededor de veinte mil personas fueron hacinados en los baños y galerías del estadio (Biblioteca Nacional de Chile, 2010).
[5] En los últimos años ha surgido esta nueva tipología de golpe de Estado que “nada tiene que ver con las revueltas, motines, asonadas, cuartelazos, todos ellos de carácter violento, sino con una nueva modalidad que consiste en apoyos parlamentarios que niegan la Constitución, la violan, y que utilizan la ingeniería golpista para desmontarla, aparentemente de manera pacífica y legal” (Cabrera, 2023)
[6] La palabra lawfare está formada por law (ley) y warfare (guerra). En un inicio fue utilizada en el ámbito militar, con el paso del tiempo se la ha empleado en la esfera civil para referirse a una “persecución judicial” o “judicialización de la política”. En el contexto actual de persecución de los gobiernos de izquierda, el concepto se ha usado para “denunciar un tipo de acoso y derribo a miembros de un gobierno o de la oposición a través de los tribunales. Es el nuevo golpismo”, señaló Pablo Iglesias en su perfil de la red social X. En la misma línea, Carles Puigdemont definió el término como “el uso estratégico de las leyes para perjudicar a disidentes o rivales políticos”, dando una apariencia de legalidad a una operación oscura.
[7] Con el 96.33% de las mesas escrutadas, los peronistas se impusieron con un 47.25% de los votos, superando por más de 14 puntos a la alianza entre la Libertad Avanza y el PRO (el partido que gobernó con Mauricio Macri) que obtuvieron un 33.72% (Caro, 2025)
Bibliografía
Cabrera, J. V. (27 de septiembre de 2023). ¿Un golpe de Estado parlamentario? Obtenido de https://www.linkedin.com/pulse/un-golpe-de-estado-parlamentario-javier-vargas-cabrera/
Caro, I. (8 de septiembre de 2025). 4 razones que explican la peor derrota electoral de Javier Milei en Argentina desde que es presidente. BBC News Mundo.
Correa, R. (2011). Presidencia de la República del Ecuador. Obtenido de https://www.presidencia.gob.ec/el-nuevo-plan-condor-tiene-como-objetivo-a-los-gobiernos-progresistas/
Angell, K. (2025). Guerra sucia: Argentina [1976-1983]. Enciclopedia Británica.
Biblioteca Nacional de Chile. (2010). Estadio Nacional (1938-2010). Memoria Chilena.
Marquéz, L. C. (2004). Desde el tanquetazo al gole del 11 de septiembre. Santiago de Chile: Universidad Bolivariana.
MMDH. (2020). Operación Cóndor: Historias personales, memorias compartidas. Chile: Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.
