Por Pablo Hernández Jaime| Agosto 2025
Las estimaciones oficiales
El 13 de agosto de 2025 se publicaron las estimaciones de pobreza de Inegi, institución que quedó a cargo de esta tarea tras la desaparición del organismo autónomo previamente encargado de la medición de la pobreza, el Coneval.
Las medidas presentadas se basan en los datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), publicada de forma bianual y que, desde hace ya bastantes años, ha servido como insumo para medir la pobreza en México.
Las estimaciones de Inegi dan como resultado una reducción importante en la pobreza multidimensional: prácticamente 13.4 millones de personas menos en situación de pobreza, una reducción de 12.3 puntos porcentuales con respecto a 2018.
Por su parte, la pobreza extrema (subconjunto de la pobreza multidimensional) se habría reducido en 1.7 puntos porcentuales, al pasar de 7 a 5.3%, lo que implica una reducción en la pobreza extrema de 1.7 millones de personas.
De acuerdo con estos datos, también habría un aumento en el grupo poblacional de personas “no pobres y no vulnerables”, al pasar de 23.7 a 32.5%, es decir, un aumento de 8.8 puntos porcentuales equivalente a 13 millones de personas.

Es importante notar, como complemento a esta rápida descripción de algunos resultados, que, en aparente contradicción con lo señalado antes, hubo un aumento en la población “vulnerable por carencias sociales”. Este aumento fue de 5.8 puntos porcentuales, lo que equivale a 9.2 millones más de personas vulnerables por falta de acceso a uno o más derechos sociales (educación, alimentación, calidad y espacios de la vivienda, servicios de la vivienda, salud o seguridad social).
Si observamos detenidamente cada una de estas carencias, podremos ver que hubo una reducción relativa (es decir, una reducción en el porcentaje) de todas las carencias sociales menos en salud. En términos absolutos, esta reducción se restringe solo a cuatro de los seis indicadores, pues aquí, además de haber un aumento en las carencias de salud, hubo un aumento en rezago educativo (el porcentaje de 2024 es menor al de 2018, pero el número de personas en rezago es mayor).
¿Quiere decir esto que hay gato encerrado? Esperemos un poco. Primero necesitamos revisar, aunque sea rápidamente, la forma en que Inegi mide la pobreza. Para esto, será muy conveniente revisar el siguiente gráfico, elaborado primero por Coneval y empleado ahora por Inegi (la estrategia de medición es la misma desde 2009).

Me permito citar un artículo donde explico la lógica de este gráfico[1]:
Lo primero que hay que saber es que, para evaluar la pobreza, el [Coneval] usa dos escalas: una de ingresos y otra de carencias sociales.
La escala de ingresos tiene dos líneas: una de pobreza y otra de pobreza extrema. La línea de pobreza indica, a partir de dónde, una persona cuenta con ingresos suficientes para alimentación, pero no para otras necesidades básicas como transporte, educación, vestido, salud, enseres, etc. La línea de pobreza extrema, en cambio, nos dice, a partir de dónde, dichos ingresos no alcanzan ni siquiera para alimentación.
La escala de carencias sociales tiene seis rubros: (1) educación, (2) salud, (3) seguridad social, (4) calidad y espacios de la vivienda, (5) servicios básicos de la vivienda, y (6) alimentación nutritiva y de calidad. En esta escala se registra la cantidad de necesidades insatisfechas de cada persona, independientemente de su ingreso.
Para el Coneval, las personas en pobreza son las que están por debajo de la línea de pobreza [por ingresos] y, además, cuentan con una o más carencias sociales. A las personas con una o más carencias, pero ingresos superiores a la línea de pobreza, las denomina vulnerables por carencias, mientras que, a las personas con ingresos inferiores a la línea de pobreza, pero sin carencias sociales, las denomina vulnerables por ingresos. Asimismo, el Coneval denomina personas en pobreza extrema al subconjunto en pobreza que tiene ingresos inferiores a la línea de pobreza extrema y tres o más carencias sociales; al otro subconjunto lo denomina pobreza moderada.
Era importante señalar estos elementos porque uno de los principales factores que, al menos en las estimaciones de Inegi, ha contribuido mayormente a reducir la pobreza ha sido el aumento real en los salarios. En ese sentido, ha habido un grupo importante de gente que, al percibir mayores ingresos por su trabajo, es desplazada en el gráfico desde la zona de pobreza extrema a la zona de pobreza moderada o desde esta última hacia la zona de vulnerabilidad por carencias. Por eso, en realidad no es contradictorio que una reducción en pobreza (con esta medición) arroje al mismo tiempo un aumento en la población vulnerable por carencias.
¿Y las transferencias monetarias qué?
Una cosa que han señalado investigadores como Máximo Jaramillo es que los programas sociales han contribuido poco a estas reducciones en pobreza. ¿Por qué ocurre esto? Como señala el Análisis de resultados de la Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares (2024) desde un enfoque de desigualdad y redistribución de Indesig[2], esto puede deberse en parte a la pérdida de cobertura (de 2022 a 2024) y a la falta de progresividad de las transferencias, es decir, aunque es más el dinero transferido actualmente, son menos las personas beneficiadas y, además, es menor la parte de los apoyos que le toca a las personas más pobres, en comparación con años anteriores.
Estos señalamientos son importantes porque el efecto de los programas de transferencia sobre la pobreza, aunque son inmediatos sobre la medición, solo crecen de manera marginal en la medida en que crece la población pobre beneficiada. Por ejemplo, imaginemos que en México hubiera solo 100 personas pobres con ingresos que son 10 pesos menores a la línea de pobreza. Si implementáramos un programa de transferencias para darle 10 pesos a 10 de estas personas, en la medición, la pobreza por ingresos se habría reducido en un 10%, pasando de 100 a 90 personas. Ahora imaginemos que todas las condiciones de nuestro ejemplo siguen igual y que un año después le damos esos mismos 10 pesos a las mismas 10 personas. Con respecto al año anterior, no habría habido una nueva reducción en pobreza, puesto que las transferencias solo habrían mantenido la reducción previa. Para observar nuevas reducciones en pobreza se tendría que ampliar, cada vez, el número de beneficiarios pobres y su monto transferido. Por eso, si consideramos que los programas de transferencia ya existían antes de los gobiernos de López Obrador y Claudia Sheinbaum, mismos que no han ampliado mucho su cobertura, que pasó de 31 a 32% entre 2016 y 2024, y que incluso eran más progresivos antes, entonces no debería sorprendernos el poco impacto de estos programas sobre la pobreza.


Dos puntos críticos sobre la medición de la pobreza
Las mediciones de pobreza son un espacio de lucha de clases. Así, las mediciones son susceptibles de ser instrumentadas para la defensa de los intereses de los poderosos o de los pobres y explotados. Estas disputas, sin embargo, revisten un carácter altamente especializado y donde, por lo general, es difícil hallar abiertas y completas falsedades, pues la disputa se lleva a cabo en torno a matices, usualmente rodeados de muchos otros aspectos verdaderos o, al menos, verosímiles.
Para la medición multidimensional empleada en México, una de las críticas más frecuentes es la de Julio Boltvinik. Esta crítica señala, entre otras cosas, los siguientes dos puntos.
En primer lugar, denuncia el uso de umbrales de pobreza bastante precarios, tanto en lo que respecta a ingresos como en lo que se refiere a la satisfacción de necesidades básicas. Veamos el primero de estos dos. Para calcular los índices de pobreza reportados en 2025, se usaron las líneas de pobreza de agosto de 2024 elaboradas por el Coneval. Estas líneas indican lo siguiente[1]. Para el contexto rural, la línea de pobreza por ingresos (que incluye la canasta alimentaria y no alimentaria) es de 3 mil 296 pesos con 89 centavos al mes por persona, mientras que la línea de pobreza extrema por ingresos (que incluye solo la canasta alimentaria) es de solo 1 mil 800 pesos con 55 centavos mensuales per cápita. Por otro lado, para el contexto urbano, la línea de pobreza por ingresos es de 4 mil 564 pesos con 96 centavos y la línea de pobreza extrema por ingresos, de 2 mil 354 pesos con 65 centavos.

Con respecto a los umbrales de satisfacción de necesidades[3], en términos muy generales, se considera que se tienen insatisfechas las seis necesidades básicas cuando se cuenta con las siguientes condiciones:
- Rezago educativo. La persona se considera carente (en rezago educativo) si (1) tiene menos de 21 años y no asiste a la escuela, (2) nació a partir de 1998, tiene 22 años o más y no ha concluido el nivel medio superior, (3) nació entre 1982 y 1997 y no ha concluido la secundaria, (4) o si nació antes de 1982 y no cuenta con primaria terminada.
- Salud. La persona se considera carente si no cuenta con adscripción o derecho a recibir servicios médicos en alguna institución pública o privada. Aquí no se contempla la calidad del servicio o la disponibilidad de medicamentos gratuitos.
- Seguridad social. La persona se considera carente (1) si no tiene este servicio como parte de su empleo; o (2) si no está filiada al Sistema de Ahorro para el Retiro o a la Administradora de Fondos para el Retiro; (3) si no cuenta con alguna jubilación o pensión; o (4) si no es beneficiaria de algún programa social de pensiones para adultos mayores cuyo monto sea al menos equiparable al de la canasta alimentaria.
- Calidad y espacios de la vivienda[4]. La persona se considera carente cuando resida “en viviendas que presenten, al menos, una de las siguientes características”: (1) el piso es de tierra; (2) el techo es de lámina de cartón o desechos; (3) los muros son de “embarro o bajareque; de carrizo, bambú o palma; de lámina de cartón, metálica o asbesto; o material de desecho”; y (4) el hacinamiento es mayor que 2.5 personas por cuarto (sin contar baño ni pasillos, pero contando cocina).
- Servicios básicos de la vivienda. La persona se considera carente “cuando reside en viviendas con al menos una de las siguientes carencias”: (1) la persona no cuenta con una llave de agua potable dentro de su vivienda (aunque sea en el patio y sin considerar la frecuencia del suministro); (2) no cuenta con drenaje conectado al sistema público; (3) no tiene energía eléctrica; y (4) el combustible para la cocina “es leña o carbón, sin chimenea”.
- Alimentación nutritiva y de calidad. La persona se considera carente si vive en un hogar con un grado de inseguridad alimentaria moderada o severa. Aquí, inseguridad alimentaria moderada se refiere a una situación en que las personas del hogar disminuyen el número o porciones de los alimentos consumidos por falta de recursos económicos, mientras que la inseguridad alimentaria severa se refiere no solo a una reducción en las porciones o número de comidas, sino a la experiencia de haber sufrido hambre y no estar en condiciones de satisfacerla por falta de recursos[5].
Pongamos un ejemplo para ilustrar todos estos umbrales. Es importante notar que el siguiente ejemplo no está pensado para representar la situación más frecuente de las familias mexicanas. El ejemplo sirve, exclusivamente, para ilustrar el caso en que una familia se ubica mínimamente por sobre todos los umbrales de la pobreza manejados por Inegi.
Pensemos en una familia con cuatro miembros: padre, madre, hijo e hija. Los padres tienen 26 años, nacieron después de 1998 y cuentan solo con la preparatoria terminada. El niño y la niña, por su parte, tienen 6 y 7 años y asisten a una primaria poco equipada y con pocos maestros.
Nuestra familia vive en una casa con piso firme, paredes de ladrillo y techo de lámina metálica, en obra negra y sin acabados. La casa consta de dos cuartos de 4 metros cuadrados, uno para los papás y otro que sirve al mismo tiempo de cocina, sala y dormitorio para los niños. Además, hay un baño sin regadera ni agua corriente, pero que está conectado al drenaje público. Tienen luz eléctrica y una llave de agua potable junto a la puerta de la casa, de donde acarrean agua para almacenar la poca que llega una o dos veces por semana.
Por otro lado, la familia se registró en IMSS-Bienestar, por lo que hipotéticamente cuentan con el acceso a salud, aunque nunca pueden obtener los medicamentos ahí y terminan asistiendo a consulta privada en una farmacia de Similares.
Nuestra familia vive en una zona urbana del Estado de México, en una colonia poco pavimentada e insegura. Sin embargo, los padres se las han ingeniado para obtener, entre los dos, ingresos equivalentes a 18 mil 260 pesos al mes, unos centavos por sobre la línea de pobreza. Con este ingreso deben solucionar la alimentación, vestido, calzado, transporte, pago de renta y servicios para los cuatro, además de atender su salud y pagar uniformes y útiles escolares para sus hijos.
El padre trabaja en la CDMX y debe trasladarse tres horas de ida y otras tres horas de vuelta, seis días de la semana, y con una jornada de 8 horas diarias que a veces se extiende a 9. Esto hace que él esté fuera entre 14 y 15 horas diarias. Afortunadamente, en recientes fechas firmó su contrato laboral, por lo que ahora cotiza para el seguro.
La madre atiende un pequeño negocio en la puerta de la casa completamente administrado por ella y realiza todas las labores domésticas, así como el cuidado de los hijos. En términos de alimentación, nuestra familia reporta comer tres veces al día y no haber sufrido hambre, aunque su alimentación es poco diversa y mal balanceada.
De acuerdo con los criterios de Coneval e Inegi, la familia de nuestro ejemplo sería calificada como “no pobre y no vulnerable”, pues recibe un ingreso por persona mayor a la línea de pobreza y tiene satisfechas todas sus necesidades sociales básicas, al menos de acuerdo con los criterios de la medición. La primera crítica de Boltvinik es precisamente esta: que, al establecer umbrales de pobreza tan bajos, es muy fácil que califiquemos como “no pobres” a un grupo de personas que se encuentra bastante lejos de contar con las condiciones mínimas para una vida digna.
En segundo lugar, Boltvinik denuncia que la medición de pobreza de Coneval e Inegi solo considera pobres a los que se encuentran por debajo de los umbrales de pobreza por ingresos y de carencia de satisfactores sociales, calificando de “vulnerables” a los que solo caen por debajo del umbral en alguno de los dos casos. El problema con este movimiento, de acuerdo con él, es que al nombrar con un término distinto al de pobreza a grupos que también tienen carencias, se genera la ilusión de que los pobres son menos de los que serían considerando a toda la población carenciada. Coneval e Inegi insisten en que esta clasificación, entre pobres y vulnerables, sirve para distinguir particularidades en cada uno de los grupos sociales, y elaborar estrategias diferentes para su atención. Esto puede ser cierto. Sin embargo, también es verdad que la clasificación otorga a los gobernantes la ventaja de poder reportar como pobreza solo a un sector de toda la población con carencias.
Para ilustrar esto, volvamos a nuestro ejemplo. Imaginemos primero que nuestra familia de cuatro integrantes tuviera que cerrar el negocio de la entrada de su casa, por lo que pierden una parte de su ingreso. Ahora ya no tienen 18 mil 260 pesos al mes, sino 12 mil. Bajo estas nuevas condiciones, es claro que la familia enfrentará mayores problemas. Sin embargo, para los criterios de Coneval e Inegi seguirían sin ser calificados como pobres. Ahora serían “vulnerables por ingresos”.
Pongamos otro ejemplo y transformemos la vivienda de nuestra familia. Ahora viven en un solo cuarto, todo de lámina, con piso de tierra y sin agua entubada. Sin embargo, conservan los mismos ingresos de 18 mil 260 pesos al mes para cuatro personas. Incluso bajo estas condiciones, nuestra familia no sería calificada como pobre, sino como “vulnerable por carencias”.
Cabe decir que esta metodología para la medición de la pobreza multidimensional no es nueva, sino que se comenzó a implementar en 2009. En este sentido, incluso con todas estas limitaciones, los últimos datos de Inegi reportan una reducción en la pobreza. Lo que quiero enfatizar con estos señalamientos es que una reducción en la pobreza (medida como se mide) no necesariamente implica que la gente ahora tiene acceso a una vida digna.
Una medición alternativa y la población con satisfacción mínima
En México existe una metodología distinta, no oficial, para la medición de la pobreza. Esta segunda estrategia, desarrollada por Boltvinik, utiliza los mismos datos que Coneval e Inegi, pero sigue procedimientos distintos, establece umbrales diferentes, considera otros aspectos como la disponibilidad de tiempo libre y elabora una sola escala de pobreza. En los próximos días se publicarán las estimaciones de pobreza para 2024 con este método, denominado Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP), a cargo del Consejo de Evaluación de la Ciudad de México (Evalúa CDMX).
No es el lugar ni el momento para entrar en muchos detalles sobre este método alternativo de medición. Sin embargo, lo menciono porque me interesa señalar dos cosas bastante notables. La primera es que este método sí considera de manera aparte al sector de la sociedad que, aunque ya no puede ser calificada como pobre, porque está por sobre los umbrales, se encuentra en una situación tal que su satisfacción de necesidades es apenas la mínima indispensable.
La cuestión será sumamente relevante para un análisis más preciso de la pobreza. De acuerdo con los datos de Inegi (vistos al inicio de este texto), hay 42.3 millones de personas en México que ya “no son pobres ni vulnerables”, lo que representa 13 millones de personas más que en 2018, cuando solo se reportaron 29.3 millones en este sector. Esto podría llevarnos a pensar que son 42.3 millones de personas las que ahora cuentan con las condiciones materiales para llevar una vida digna. Sin embargo, y como ya vimos, esto no es necesariamente cierto. Un sector importante de esta población se encuentra apenas por sobre los niveles de satisfacción mínima (como en nuestro ejemplo de la sección anterior). Será necesario esperar a las estimaciones de Evalúa CDMX para conocer los resultados, pero por ahora podemos hacernos una idea si analizamos rápidamente los resultados de la medición de 2022. Me permito citar otro artículo donde analicé esto con anterioridad[6].
De acuerdo con Evalúa CDMX, para 2022, el 75.8% de la población experimentaba algún grado de pobreza, es decir, 97.7 millones de personas. Consecuentemente, la población no pobre, el 24.2% restante, asciende a 31.2 millones. Sin embargo, dentro de este grupo, hay 15.8 millones que se encuentran en la categoría de “satisfacción mínima” (12.3% de la población).
Las personas con “satisfacción mínima” se encuentran efectivamente por sobre los umbrales de pobreza, pero muy apenas. Estamos hablando de un grupo de mexicanos y mexicanas que cuentan con ingresos apenas suficientes, tienen mínimamente cubiertas sus necesidades de vivienda, salud, alimentación, educación, seguridad social, condiciones sanitarias, telecomunicaciones, servicios y tiempo libre. Sin embargo, su grado de satisfacción está tan cerca del mínimo aceptable que resulta ser extremadamente frágil: prácticamente cualquier eventualidad (enfermedad, fallecimiento, despido, etcétera) puede precipitarlos directamente a la pobreza. De acuerdo con Evalúa CDMX, el “estrato medio” está integrado por apenas el 11.1% de la población y el “estrato alto” por solo el 0.8%. En términos absolutos, esto quiere decir que solo 14.3 millones de personas son de “clase media” y exclusivamente 1 millón pertenece a la “clase alta”.

Me detuve a resaltar estos aspectos porque, considerando que la reducción en pobreza reportada por Inegi es resultado, en buena medida del aumento real de los salarios, es probable que, en las futuras estimaciones de Evalúa CDMX observemos un aumento considerable de la población en condiciones de “satisfacción mínima”. Probablemente esta sea la razón de que, a pesar de las reducciones observadas en pobreza (reportadas por Inegi), haya quienes acusen no apreciar cambios sensibles, cualitativos, perceptualmente evidentes de estas reducciones. Esto sería así no porque la pobreza no se haya reducido (midiéndola como la mide Inegi) sino porque el mejoramiento en los niveles de vida, en muchos casos, no es de tal magnitud ni ha sido sostenido durante el tiempo suficiente para que los cambios sean más notorios a ojos vista.
Esto me lleva a la segunda cosa notable que me interesa señalar, y es que, Inegi y Evalúa CDMX trabajan exactamente con los mismos datos, pero siguen un método distinto de estimación de la pobreza. En ese sentido, no es extraño que lleguen a resultados diferentes. Si miramos la tabla anterior, veremos que, para Evalúa CDMX, la pobreza total se redujo porcentualmente entre 2018 y 2022 de 79.1 a 75.8%. Sin embargo, en términos absolutos esto solo representó una reducción de 0.2 millones de personas, es decir, aproximadamente 200 mil personas menos en pobreza. Estos datos discrepan de los presentados por Coneval, quienes reportaron una reducción en pobreza de 5.1 millones de personas para el mismo periodo.
Pero ¿por qué es tan grande la diferencia reportada por uno y otro organismo? Entre otras cosas, por lo que ya mencioné arriba: la definición de umbrales y el hecho de que Coneval (y ahora Inegi) considera pobres solo a las personas que se encuentran al mismo tiempo por debajo de la línea de pobreza por ingresos y cuentan con una o más carencias sociales (esto es la intersección de ambos conjuntos). Si sumamos a la población pobre y vulnerable, usando los mismos datos de Coneval, podemos ver que el porcentaje de personas “pobres o vulnerables” (la unión de ambos conjuntos) en 2018 era de 76.3% y en 2022 era de 72.9%, lo que traducido a números absolutos representa a 94.5 y 94 millones de personas, respectivamente. En estos términos, y con los mismos datos de Coneval (sin usar la metodología de Boltvinik) podríamos decir que el total de personas pobres o vulnerables se redujo solo en 500 mil personas entre 2018 y 2022.
Recordemos que Boltvinik e Inegi trabajan con los mismos datos. Si miramos nuevamente la tabla de Evalúa CDMX veremos que la población en pobreza extrema se redujo de 30.9 a 26% entre 2018 y 2022. En términos absolutos esto representa una reducción de 4.7 millones de personas menos en pobreza extrema. Al ser una medición más estricta la de Evalúa CDMX y colocar los umbrales de pobreza más arriba (además de considerar otras carencias que no consideran Coneval o Inegi como la carencia de tiempo libre), no es que esta medición no registre los cambios cuantitativos en el nivel de vida de las personas, sino que no considera que tales cambios sean suficientes para reconocer que se ha superado cualitativamente la pobreza.
Pero… ¿entonces sí subieron los ingresos y sí bajó la pobreza?
La evidencia disponible indica que, efectivamente, subieron los ingresos y se redujo la pobreza en México, en buena medida debido al aumento real de los salarios y no tanto por los programas de transferencias, como se puede apreciar en el reciente informe de Oxfam e Indesig (¿Derechos o privilegios? Una mirada a la ENIGH 2024 desde las desigualdades), de donde se extrajo la siguiente tabla. Lo que está en disputa, fundamentalmente, es la magnitud en el aumento de ingresos y en la reducción de pobreza.

Pero ¿no son engañosos estos datos? Lo primero que hay que decir es que estos aumentos en los ingresos ya están deflactados, es decir, que ya descuentan la inflación, por lo que se trata de aumentos reales y, por tanto, vienen acompañados de un incremento en el poder adquisitivo de las familias.
Lo segundo que habría que señalar es que un aumento en los salarios no es necesariamente contradictorio con la falta de crecimiento económico, como varios analistas han acusado. De hecho, ese es uno de los casos que analiza Marx en Salario, precio y ganancia para defender la lucha obrera por mejores remuneraciones. Su argumento, en la sección producción, salarios y ganancias, es básicamente el siguiente: incluso asumiendo que no hay aumento del producto ni de la productividad, y que tampoco hay variación en el valor del dinero, un aumento de los salarios no necesariamente se traducirá en un aumento fatal de los precios, pues éstos últimos están mediados también por la oferta y la demanda. En este escenario, lo que ocurre es una redistribución del ingreso social: el aumento salarial se logra a costa de una reducción en la ganancia capitalista. Esto implica que los trabajadores disponen de mayor poder adquisitivo y pueden ampliar su consumo de bienes esenciales, mientras que la burguesía debe restringir su propio consumo. Así, el efecto del aumento salarial no es necesariamente un incremento de precios, sino una modificación en la distribución de la riqueza producida, lo cual hace efectiva la mejora en las condiciones de vida de los trabajadores incluso sin crecimiento económico adicional. Por supuesto, esto no es necesaria y puntualmente lo que ha pasado con el aumento de los salarios en México. Sin embargo, sirve para ilustrar una de las posibilidades contempladas por Marx.
Pero entonces ¿no hay dudas sobre el aumento de los ingresos reportados por Inegi? Volvamos sobre este punto. Recientemente, Julio Boltvinik publicó un artículo en su columna semanal de La jornada. El artículo se titula Lucha por el poder político y medición de la pobreza 1ª entrega[8]. Por supuesto, habría que esperar todas las entregas para ver el resto del análisis, pero por lo pronto y a reserva de nueva información, el texto señala que una parte del aumento de los ingresos reportados por Inegi y, por tanto, una parte de la reducción de la pobreza podría ser el resultado de cambios en la recolección de datos en campo. En caso de ser así, estaríamos observando una sobreestimación en el aumento de los ingresos y, por tanto, una sobreestimación en la reducción de pobreza, derivadas ambas de una modificación en la obtención de los datos y no necesariamente a cambios sustantivos en las condiciones de vida de las personas.
De acuerdo con Boltvinik, esta sobreestimación puede corregirse ajustando los ingresos a cuentas nacionales, que es lo que anteriormente se ha hecho en las estimaciones de Evalúa CDMX. En la 2ª entrega de su artículo Lucha por el poder político y medición de la pobreza[9], Boltvinik ya adelanta algunos resultados sobre las nuevas estimaciones de este organismo. De acuerdo con sus cálculos, la reducción de la pobreza entre 2018 y 2024, ya con los ingresos corregidos, y siguiendo los criterios del MMIP, sería de apenas 6.6% y no de 29.4% como señaló Inegi. En términos absolutos, esta reducción implicaría solo 1.6 millones menos de pobres, y no 13.4 millones como afirma el gobierno.

En los siguientes días tendremos disponible estas estimaciones completas de Evalúa CDMX, mismas que nos permitirán observar, desde una perspectiva más crítica, los cambios en pobreza extrema y en el grupo de satisfacción mínima.
¿Qué sigue?
Quiero terminar este apresurado texto señalando algunas cuestiones programáticas que me parecen importantes, cuando menos para ser consideradas.
En primer lugar, me parece importante señalar que, reconocer una reducción en la pobreza, incluso con las importantes correcciones de Boltvinik, no implica plegarse ante el conjunto de las políticas del gobierno y tampoco implica asumir que tales políticas son las mejores posibles o las que mejor atienden las necesidades e intereses de las y los trabajadores.
Lo que hemos analizado aquí nos dice que, en gran medida y aún con las correcciones hechas por Boltvinik, la reducción de la pobreza es resultado mayoritario de los aumentos al salario. Los programas sociales presentan poco impacto, por lo que sería necesario hacerles una crítica y exigir mejoras en su implementación. Asimismo, habría que decir que el empleo en México presenta importantes problemas que no se están atendiendo de forma integral. Es necesario promover el empleo formal, y esto en buena medida requiere que haya crecimiento económico. De hecho, la política de aumentos salariales no será sostenible en el tiempo sin dicho crecimiento, y esto no necesariamente será porque el salario se vuelva inflacionario, sino también y entre otras cosas porque los altos salarios pueden generar problemas relevantes para la sobrevivencia de pequeños negocios, muchos de los cuales representan también una forma de subsistencia de las familias. El crecimiento económico y la creación de empleos formales son un punto crucial que no se está atendiendo.
Otros aspectos relevantes en los que es necesario cuestionar y exigir son la salud y educación. La medición de la pobreza solo registra el acceso más básico a estos servicios, pero no señala nada de su calidad o de la disponibilidad de suministros y personal, ya sean medicamentos y doctores en las clínicas o equipamiento y personal docente bien remunerado en las escuelas.
También es necesario señalar y denunciar la falta de políticas de obra pública que no se consideran en la medición de la pobreza, pero que afectan directamente la vida de las personas. Aquí se encuentran la necesidad de mejorar el transporte público de las diversas ciudades del país, así como atender los gravísimos problemas en el drenaje profundo de zonas metropolitanas como la del Valle de México o la de Guadalajara, mismas que han presentado afectaciones severas debido a las lluvias y a la falta de mantenimiento.
Incluso si los aumentos al salario y la reducción de la pobreza fueran de la magnitud que indica Inegi, esto seguiría siendo insuficiente, por lo que necesitamos exigir todo lo que falta.
Pero hay un segundo punto que me parece incluso más relevante que el anterior. Las personas necesitan entender que no es deseable ni conveniente que dependamos de la voluntad y el contentillo de los gobernantes para atender estos y otros problemas. La gente puede y debe exigir que se solucionen sus demandas, y eso solo lo pueden hacer educándose y organizándose de forma colectiva. Si la gente no lo hace, entonces, así como estos gobiernos (en buena medida siguiendo las recomendaciones del T-MEC) aumentaron los salarios, otros gobiernos los contendrán o los reducirán, y no podremos hacer mucho para impedirlo. Es necesario que la gente entienda que el gobierno no le hace ningún favor, que no somos, como alguna vez sugirió AMLO, como mascotas a las que hay que darles algo de comer y ya. Exigir políticas para el bienestar público es un derecho e incluso una obligación popular.
Pablo Hernández Jaime es doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
NOTAS
[1] https://cemees.org/2024/10/27/reduccion-de-la-pobreza-y-marxismo/
[2] https://www.indesig.org/wp-content/uploads/2025/07/Resultados-preliminares-ENIGH-2024.-2025.07.30.pdf
[3] https://www.coneval.org.mx/Medicion/Documents/Lineas_de_Pobreza_por_Ingresos/Lineas_de_Pobreza_por_Ingresos_ago_2024.pdf
[4] Las definiciones presentadas a continuación fueron tomadas de la nota técnica de INEGI https://inegi.org.mx/contenidos/desarrollosocial/pm/doc/pm_nota_tecnica_2024.pdf
[5] https://www.coneval.org.mx/Medicion/Paginas/Medici%C3%B3n/Calidad-y-espacios-en-la-vivienda.aspx
[6] https://www.coneval.org.mx/Informes/Coordinacion/Publicaciones%20oficiales/FOLLETO_MEDICION_MULTIDIMENSIONAL.pdf
[7] https://cemees.org/2025/01/30/estas-mas-cerca-de-ser-pobre-que-millonario/
[8] https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/08/15/columnas/economia-moral-26239
[9] https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/08/22/columnas/economia-moral-12772
