La diferencia entre el materialismo histórico y el materialismo clásico

Por Betzy Bravo | Agosto 2025

1. Introducción

Es difícil comprender qué es el materialismo histórico (denominado también materialismo dialéctico) porque no podemos desprenderlo completamente del idealismo, de manera que para comprender a profundidad el materialismo histórico es necesario comprender la concepción idealista. Esta proposición parece contradictoria, pues normalmente se presenta al materialismo como algo ajeno, e incluso contrapuesto, antitético o contradictorio, al idealismo. Sin embargo, los planteamientos filosóficos, como parte de la historia del pensamiento, tienen causas históricas que los conectan entre sí. De manera que no se puede desvincular absolutamente un pensamiento de otro. Incluso en la contradicción hay afinidades, de hecho, la afinidad y la discordia son concomitantes, por ello Heráclito decía: “Lo que se opone es concorde, y de los discordantes [se forma] la más bella armonía, y todo se engendra por la discordia.” (Fragmento 8).

¿En qué consiste la conexión entre materialismo histórico e idealismo? Y a su vez, ¿cuál es la diferencia entre materialismo clásico y materialismo histórico (o dialéctico)? La respuesta no puede agotarse por completo en una columna de texto, pero puede elucidarse alguna idea básica al respecto. El objetivo central de este ensayo es distinguir el materialismo dialéctico del materialismo clásico, y para ello será necesario considerar una base del idealismo (específicamente la importancia de la razón) que fue retomada por Marx en su filosofía materialista, denominada materialismo histórico. A lo largo de este texto usaré indistintamente los conceptos materialismo histórico y materialismo dialéctico, dado que comparten significados, puesto que la dialéctica no puede eludir a la historia.

2. Los hechos de la razón y el materialismo clásico

Si no existieran hechos de la razón, la realidad sería más asequible, podría tener una comprensión casi inmediata: bastaría que se comprendiera el atomismo, sería suficiente acercarnos a Demócrito. Bastaría, pues, conocer el materialismo llano: aquel que establece que hay una realidad externa más allá del ser humano, que no requiere especulación, pues los hechos están dados sin necesidad de explicación. Pero el caso es que hay hechos de la razón, éstos sí que requieren un análisis profundo, donde el pensamiento traspase el ámbito fenoménico de la realidad para llegar a la esencia de la misma. De manera que, entonces, la definición de materialismo dialéctico no es simple, no es una fórmula que establece una realidad externa al sujeto conocida por los sentidos sin necesidad de la reflexión.

Un hecho de la razón es una dimensión práctica de la razón, se trata de un razonamiento que desafía la estructura establecida, lo que significa que está profundamente vinculado a la práctica. Un ejemplo de un hecho de la razón es el avance racional de la concepción de las mujeres en la historia y en la sociedad: la lucha por el reconocimiento de las mujeres. Otro ejemplo es el reconocimiento de la violencia estructural y el combate a la misma desde varios espacios, ya sea desde el lenguaje o desde las prácticas sociales y políticas. De manera que un postulado racional tiene implicaciones en la práctica social. La reflexión está imbricada en la realidad social y viceversa. Éste es un planteamiento expuesto por grandes idealistas alemanes (Fichte, Hegel): la repercusión del razonamiento en sus grados más elevados en las transformaciones sociales.

Ahora bien, el materialismo clásico es una concepción mecanicista de la realidad, desarrollado por Demócrito y Epicuro. Esta visión filosófica, en general, sostiene que la materia no es una percepción subjetiva, sino que se trata de una existencia objetiva. Sin embargo, existen diferencias entre los planteamientos de estos filósofos, que fueron analizados inéditamente por Karl Marx (pues hasta entonces no se habían atendido los matices de esas teorías).

2.1 Breve nota sobre la diferencia entre el materialismo de Demócrito y el materialismo de Epicuro según Marx

En su tesis doctoral, Marx compara dos filosofías de la Antigua Grecia: analiza la diferencia radical entre Demócrito y Epicuro en su concepción de la realidad y el conocimiento.

A decir de Marx, Demócrito cae en una contradicción al afirmar, por un lado, que “el fenómeno es lo verdadero” (según Aristóteles) y, por otro, que “la verdad está oculta” (según citas escépticas). En otras palabras, el planteamiento contradictorio de Demócrito consiste en que afirma, por una parte, que lo que vemos y sentimos (el fenómeno) es la verdad, pero por otra parte afirma que no podemos conocer la verdad, de manera que lo percibido es una ilusión en donde no podremos nunca tener certezas.

Marx destaca que de allí proviene el empirismo extremo de Demócrito, pues al reducir la realidad sensible a una ilusión, se siente obligado a buscar de un modo obsesivo todo el conocimiento empírico posible, estudiando por el mundo diferentes culturas (geometría en Egipto, astronomía con los caldeos, etc.), pero sin alcanzar nunca su objetivo, ya que su teoría atomista no logra conciliar los principios con la experiencia: los planteamientos abstractos con la experiencia del mundo real.

Epicuro, en cambio, integra la percepción sensible como criterio de certeza, evitando así la escisión entre razón (planteamientos abstractos) y la realidad. Epicuro adopta una postura dogmática y coherente: para él, los sentidos son fuentes fiables de verdad, y el mundo sensible no es una mera apariencia subjetiva, sino un fenómeno objetivo que brinda certeza.

Para Marx, esta divergencia filosófica va más allá de la teoría: Demócrito representa la angustia del saber que no se reconcilia con el mundo, mientras Epicuro encarna una filosofía práctica, donde la verdad se afirma con convicción y libertad. Aquí se vislumbra ya el interés de Marx por sistemas filosóficos que, como el de Epicuro, niegan el determinismo y abren espacio a la acción humana. La crítica a Demócrito refleja, además, su rechazo a las contradicciones teóricas que terminan en pasividad o en una búsqueda infinita de datos sin transformar la realidad. Así, de acuerdo con Marx, el materialismo clásico de Demócrito desemboca o bien en el dogmatismo o bien en la inutilidad práctica.

3. Necesidad histórica, razón y libertad

Hay dos aspectos fundamentales en la realidad: los logros de la libertad, que son también hechos de la razón, y la necesidad histórica, a la que Carlos Liria denomina coágulos de tiempo. Para comprender la distinción entre materialismo histórico e idealismo, debemos entender la fuerte (y críticamente fundada desde Kant) distinción entre la razón y la necesidad histórica.

La necesidad histórica es una cadena de sucesos causales que conforman hechos con base en las condiciones existentes dadas; así, los hechos no podrían haber ocurrido de otra manera puesto que las condiciones existentes son su fundamento y ocurrieron de modo tal que no pudieron desembocar en otro tipo de hecho. Por otro lado, la razón está fundada en la necesidad, de manera que, dialécticamente, convergen necesidad y contingencia, puesto que la razón en sí misma no es necesaria, sino más precisamente es un resultado de la necesidad histórica. La razón en sí misma es una irrupción contingente que va contra las leyes del curso histórico. ¿Cómo podría ser de otro modo, si la libertad -como expresión de la razón- ha aparecido en contra del devenir histórico en cada época, en contra de los sistemas dominantes e injustos?

Los coágulos del tiempo son el resultado del fluir de la historia; las obras de la libertad son las grietas de ese fluir histórico que parece casuístico. La libertad irrumpe en la necesidad histórica. En este sentido, la razón es una intrusa en un devenir histórico que podría desenvolverse en injusticias ad infinitum si la razón no irrumpiese. Se presenta entonces una cuestión para comprender la vinculación entre libertad e historia: ¿cómo explicar que la libertad es en sí misma una contingencia si nace de las necesidades históricas?, ¿no tendría que ser ella parte del curso de la historia, una necesidad también en sí misma? El materialismo no puede eludir tal dilema: si la razón no sigue el flujo causal de la historia, cómo se explica que sus hechos existan. El razonamiento nace en la historia pero actúa contra ella.

La comprensión de la historia y de los logros de la libertad, aún en contra del decurso histórico, reclama un análisis más allá del carácter fenoménico de un materialismo llano, pero no sólo eso: la comprensión profunda de la historia y de lo real, en sus hechos esenciales, no puede darse a través de un materialismo clásico que se conforma con el conocimiento fenoménico, si fuera así, la filosofía fundada por Marx sería incapaz de transformar la realidad y, en ese sentido, pasaría a ser una filosofía que sólo se dedica a interpretar el mundo, no a transformarlo.


Betzy Bravo es maestra en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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