Sequías en el norte de México

Por Ollin Vázquez | Agosto 2025

A lo largo de la historia, la supervivencia y el progreso de la humanidad han dependido del conocimiento y el dominio de las leyes que rigen la naturaleza. Todo lo que el ser humano utiliza para vivir —desde herramientas básicas hasta tecnologías avanzadas— es, en esencia, una transformación de la materia por el trabajo. Gracias al desarrollo científico la humanidad ha logrado aprovechar las fuerzas naturales en su beneficio para crear los bienes y servicios que necesita para elevar su calidad de vida. Sin embargo, bajo el sistema capitalista, estos avances no benefician a todos por igual, sino que sirven a los intereses de los dueños del capital.

La máquina de vapor, que revolucionó la producción industrial durante el siglo XIX, fue creada gracias a los avances científicos de la época: la combustión del carbón calentaba agua hasta generar vapor a alta presión, el cual movía un pistón que, mediante un sistema de bielas y volantes, convertía el movimiento lineal en rotatorio. Este proceso permitió mecanizar tareas que antes requerían fuerza humana o animal, multiplicando así la capacidad productiva. Otras aplicaciones de la ciencia a la producción son los fertilizantes sintéticos, los transgénicos y las técnicas de irrigación en la agricultura, que han incrementado exponencialmente los volúmenes de producción de alimentos. No obstante, estos avances no están orientados a resolver el hambre en el mundo, sino a maximizar ganancias para las grandes corporaciones agroindustriales.

El potencial de la ciencia para mejorar las condiciones de vida es innegable. Su aplicación en la construcción de obras de infraestructura y servicios públicos como carreteras, presas, redes de agua potable y sistemas de drenaje, han facilitado el desarrollo urbano. Sin embargo, en el capitalismo, el acceso a estas infraestructuras y a las distintas tecnologías depende del poder adquisitivo. Mientras las élites pueden sortear los efectos de los problemas ambientales, la mayoría de la población no. Un caso emblemático es la sequía que afecta a México desde finales de 2022, cuyas consecuencias devastadoras podrían evitarse empleando la tecnología adecuada como lo han hecho otros países. En China se hace la “siembra de nubes” para provocar la lluvia artificialmente con sustancias como el yoduro de plata. Hay que aclarar que para esto es necesario que haya nubes “adecuadas”: deben tener una capa de grosor de entre 2 a 3 kilómetros. Incluso se han hecho planes para evitar que caiga granizo en las zonas con áreas cultivadas para evitar la pérdida de las siembras. Es decir, con los avances científicos pueden controlar las precipitaciones y adecuarlas a las necesidades de la población. Así también, poseen infraestructura hidráulica potente para almacenar suficiente agua para las temporadas de escasas precipitaciones. El gigante asiático construyó el rio artificial más grande del mundo, conduciendo agua del sur al norte de China para abatir la escasez de agua -son 1,800 kilómetros del proyecto de Trasvase Sur-Norte, pero se pretende que para 2050 alcance los 4,300 km de largo-. En cambio, en México nadie ha querido escuchar a los pequeños productores y ejidatarios del norte del país, que no tienen los recursos suficientes para hacer frente a las sequías.

Según la Comisión Nacional del Agua más del 64% del territorio mexicano enfrenta algún grado de sequía. Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sinaloa y Sonora tuvieron durante todo mayo, en el 100% de sus demarcaciones, sequía; en Durango y Querétaro, el 94%; Guanajuato, San Luis Potosí, Coahuila, Tabasco y Zacatecas, entre el 64 y 76%. Los pequeños agricultores y ejidatarios son los más afectados, pues se ha vuelto más costoso adquirir agua porque los pozos han disminuido su nivel y extraerla eleva el consumo de energía. También se ha tenido que perforar para buscar nuevos pozos, lo que también ha incrementado los costos[1] de los agricultores. Se ha documentado en varios periódicos que hay ejidatarios en Chihuahua que se han visto obligados a vender su ganado o reducir el tamaño de sus cultivos; esto afecta a más de 83,600 chihuahuenses, que laboran en economías familiares (no reciben salario). También se ha visto afectada la contratación de jornaleros. El periódico El País documentaba el caso de unos ejidatarios de Chihuahua que contrataban temporalmente a 1,500 trabajadores, la mayoría de ellos tarahumaras de la sierra, pero estaban considerando reducir la fuerza de trabajo a menos de 900 porque no pueden sembrar la misma cantidad de hectáreas por falta de agua (INEGI, 2023). Estas sequías generarán un aumento de la centralización del capital, pues eliminarán a los pequeños campesinos y ejidatarios que no puedan sostener este incremento de costos. Mientras tanto, industrias como las refresqueras o cerveceras, que consumen millones de litros de agua, operan sin ningún apuro.

Estas afectaciones son evitables para quienes tienen grandes capitales y riquezas. La tecnología y la ciencia actuales podrían garantizar agua para todos, sin embargo, en un sistema donde los avances científicos son mercancías, solo unos cuantos se benefician y pueden evitar los desastres naturales. Son los pequeños productores y ejidatarios quienes se están viendo más afectados, porque la tecnología y los avances en la ciencia solo benefician a quien paga por ellos.


Ollin Vázquez es maestra en Economía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

NOTAS

[1] https://elpais.com/mexico/2025-06-26/los-productores-del-norte-de-mexico-en-alerta-por-la-sequia-que-dura-tres-anos-los-pozos-se-quedan-sin-agua.html

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