Por Ehécatl Lázaro | Junio 2025
Es un lugar común que la disciplina de Relaciones Internacionales fue, básicamente, una disciplina estadounidense durante el siglo XX. Como la potencia líder del mundo capitalista, Estados Unidos necesitaba conocer de manera científica la política internacional. Las universidades del país abrieron carreras en Relaciones Internacionales, se crearon revistas científicas donde publicar y debatir los nuevos conocimientos, y surgieron camadas de expertos en la materia, que se integraron al mundo laboral como investigadores en las universidades y Think Tanks o como asesores del gobierno y las empresas. En términos prácticos, el resultado de todos estos esfuerzos fue un conocimiento más preciso de la política internacional, para combatir eficazmente al comunismo y garantizar el dominio sobre los países del Sur Global. En términos teóricos, Estados Unidos se convirtió en la fuente de todo el saber académico: los grandes exponentes teóricos de las Relaciones Internacionales, así como los grandes paradigmas de la disciplina, aparecieron en Estados Unidos.
Así surgió el concepto de poder suave (soft power), acuñado por el estadounidense Joseph Nye en 1990, como contraparte del tradicional poder duro (hard power). De acuerdo con Nye, un Estado puede ejercer su poder sobre otros Estados de dos maneras diferentes. 1) Puede hacerlo mediante la coerción, recurriendo a la fuerza para obligar a otro Estado a comportarse de una manera determinada; para ello, los recursos básicos son las fuerzas armadas y la economía. 2) Y puede hacerlo a través de la atracción, persuación o convencimiento. Aquí los recursos básicos son la cultura, los valores políticos, la política exterior y también la economía. Todas las grandes potencias utilizan los dos tipos de poder para lograr sus objetivos en el plano internacional.
Para Joseph Nye, el poder suave siempre ha estado ahí. Desde que los Estados existen como tales, siempre han tratado de ganar influencia sobre otros Estados a través de la persuación. Durante la Guerra Fría, con un mundo bipolar, Estados Unidos utilizó todos los recursos posibles de poder suave para atraer a más Estados hacia el campo capitalista. Las películas de Hollywood, la música, las universidades, los programas de televisión y radio, la cooperación para el desarrollo económico, el desarrollo tecnológico, el discurso de libertad y democracia, entre otros, fueron recursos que Washington usó para proyectar una imagen positiva en el mundo. En el marco de la Guerra Fría, Estados Unidos desarrolló una sólida maquinaria de poder suave que coexistía con su también portentoso poder duro.
Cuando Nye introdujo el término de poder suave, la Unión Soviética estaba a punto de colapsar. De acuerdo con Nye, en el mundo unipolar que vendría después de la Guerra Fría, Estados Unidos debía privilegiar el uso del poder suave para preservar su dominio mundial, generando las condiciones para que su liderazgo fuera aceptado como legítimo por todo el mundo. En el mundo unipolar, Washington debía restringir el uso del poder duro, pues como única gran potencia, no tenía rivales que pudieran competir en terreno militar y económico. Si en el mundo bipolar Estados Unidos había impulsado por igual el poder duro y el suave en su lucha contra la Unión Soviética, el mundo unipolar sería el reino del poder suave.
La política exterior del gobierno de Bill Clinton (1993-2001) estuvo marcada por una avalancha de la cultura y las grandes empresas estadounidenses a nivel mundial, llenando el vacío dejado por la extinta Unión Soviética, aunque paralelamente la OTAN avanzó hacia Rusia y estalló la guerra de Yugoslavia. Con George Bush (2001-2009), Estados Unidos volvió a desenvainar la espada y llenó de guerras Medio Oriente y el Norte de África, bajo el discurso de que estaba luchando contra terroristas que amenazaban la libertad, la democracia y los derechos humanos, luego del ataque de las Torres Gemelas. Barack Obama (2009-2017) fortaleció la narrativa del liderazgo de Estados Unidos con base en su poder suave, disfrazando el uso de la fuerza e iniciando una nueva estrategia para reducir la presencia estadounidense en Medio Oriente y redirigirla a Asia. Puede decirse que con Clinton, Bush y Obama, Estados Unidos buscó concientemente privilegiar el poder suave, manteniendo activo el poder duro.
La llegada de Trump a la Casa Blanca (2017-2021) coincidió con la crisis del mundo unipolar previsto por Nye. El rápido crecimiento económico de China, el resurgimiento de Rusia como potencia, así como la formación de bloques internacionales promotores del multipolarismo, como los BRICS, llevaron a Estados Unidos a darse cuenta de que la estructura del mundo estaba cambiando y que su liderazgo indiscutido había dejado de ser tal. El reconocimiento de esta situación ya había llevado a Obama a impulsar la estrategia del Pivote a Asia en su segundo gobierno.
Durante su primer gobierno, Donald Trump asumió una línea dura de America Primero, con la idea de dejar de buscar el liderazgo mundial y dedicarse a fortalecer las capacidades económicas, militares y tecnológicas de Estados Unidos. Se alejó del discurso de libertad, democracia, derechos humanos, multilateralismo y ayuda al desarrollo, herramientas tradicionales del poder suave estadounidense. Al mismo tiempo, impulsó el poder duro basado en las sanciones económicas, más que en el uso de las armas. Joe Biden (2021-2025) trató de aplicar una política exterior propia del mundo unipolar que ya no existe. Desempolvó los recursos del poder suave, trató de lavarle la cara a Estados Unidos como en los viejos tiempos, y buscó volver a ser el líder del “mundo libre”, asumiendo una política más agresiva que la de Trump contra Rusia y China. Fue precisamente con Biden cuando comenzó la guerra en Ucrania, en 2022, año que marca el fin definitivo del momento unipolar.
El segundo gobierno de Trump (2025-2029) reafirmó las convicciones de su primer gobierno y las profundizó. Su gobierno ha reconocido públicamente que el mundo unipolar ya dejó de existir y ahora Estados Unidos va a competir con otros países, pero principalmente con China, a quien considera el único competidor que verdaderamente le representa un reto. Absolutamente despreocupado por el poder suave, Trump ha cerrado las universidades a los estudiantes extranjeros, ha iniciado deportaciones masivas, ridiculiza a Zelensky en la Casa Blanca, presume que los presidentes de todo el mundo le “besan el trasero”, ha enterrado completamente el discurso de la libertad, los derechos humanos y la democracia, y cerró agencias como USAID, que desde la Guerra Fría eran brazos del poder suave estadounidense. Mientras tanto, está fortaleciendo las capacidades militares de Estados Unidos, ha lanzado una nueva guerra comercial para debilitar a China, busca expandir el territorio estadounidense anexando a Canadá y Groelandia, habla de posibles intervenciones militares en Panamá y México, y quiere construir una nueva cúpula dorada que le dé a Estados Unidos superioridad militar en el espacio.
El poder suave estadounidense se desarrolló durante la Guerra Fría, alcanzó su punto más alto durante el momento unipolar y está en una etapa de crisis en el nuevo mundo multipolar. Como dice Nye, el poder suave siempre ha estado ahí, por lo que cabe esperar que incluso con Trump y los siguientes gobiernos (¿JD Vance? ¿Marco Rubio?) continúe, pero reducido a su mínima expresión. Ese espacio lo llenará el poder duro. Si para Estados Unidos el mundo unipolar fue el reinado del poder suave, el mundo multipolar será el del poder duro. Es posible que en su nueva política exterior Washington privilegie el poder duro como no lo hemos visto antes, ni siquiera durante la Guerra Fría.
Ehécatl Lázaro es maestro en Estudios de Asia y África, especialidad China, por El Colegio de México.
