Por Arnulfo Alberto y Nadia Campos | Junio 2025
El socialismo científico tuvo su contraparte práctica en el plano político del movimiento de los trabajadores en Europa con la formación de los partidos socialdemócratas. Esta conformación no fue lineal. En la configuración de poderosas organizaciones obreras, a la vez centralistas y democráticas, tuvieron lugar luchas y roces inevitables entre las numerosas sectas y grupos que hicieron avanzar el desarrollo organizativo e ideológico al final del día. Las nutridas batallas, abiertas o soterradas, permitieron la destilación de las tácticas más exitosas dadas las condiciones particulares de cada país. Aunque no se logró el objetivo final de la revolución social en todas las naciones, en todas ellas se edificaron potentes movimientos políticos unificados teóricamente que hicieron cimbrar los débiles cimientos estructurales de las incipientes democracias occidentales.
En Rusia, el partido socialdemócrata aparece bajo especificidades locales diferentes a la de los “países libres”. El imperio ruso en el siglo XIX era una monarquía absolutista que prohibía las libertades políticas más básicas tales como los derechos a la organización, la manifestación, la expresión de las ideas, la publicación y distribución de cualquier texto impreso, etc.
Lenin afirma que la historia de este partido desde 1884 hasta 1902 comprende tres periodos. El primero va de 1884 hasta 1894 y se caracteriza por la desconexión entre los cuadros socialdemócratas y el movimiento obrero. El segundo periodo, de 1894 a 1898 se define por la aparición de la socialdemocracia como movimiento social. El tercer periodo abarca al menos desde 1897 hasta la publicación del libro ¿Qué hacer? en 1902.
Lenin se muestra preocupado por dos cuestiones fundamentalmente. En primer lugar, la contaminación teórica de los cuadros socialdemócratas. La clase profesional y educada de Rusia empieza a mezclar categorías marxistas con conceptos de novedosas teorías provenientes de la “civilizada” Europa resultando en un eclecticismo que se aleja de los postulados del materialismo histórico. Segundo, esta pérdida de la brújula teórica se refleja en el terreno práctico en una ideología estrecha y limitada que propugna solo por luchas materiales inmediatas y en un trabajo artesanal y poco disciplinado que no alcanza a configurarse en una escala significativa y que da como resultado un movimiento disperso y débil.
Esa última es la característica principal del tercer periodo, el de la corriente economicista. Contra esta, Lenin plantea soluciones para abrir paso a una nueva etapa en la historia de la socialdemocracia rusa y concluye que en ese momento su corriente política debía acabar con las estrecheces y vacilaciones y dar paso al cuarto periodo o la etapa de la amplia lucha política nacional. Lo anterior con la meta de consolidar un verdadero partido político de alcance nacional capaz de aglutinar a las masas para llegar al poder. El debate con los economicistas se resume en tres transformaciones: convertir la limitada conciencia “tradeunionista” en conciencia de clase, el localismo en centralización y el trabajo artesanal en trabajo profesional. El problema que aquí nos ocupa es el tránsito del trabajo artesanal al trabajo profesional.
Problemas del trabajo artesanal
Lenin resumía los defectos del trabajo artesanal en: 1) el aislamiento de los círculos revolucionarios, 2) la falta de división organizada del trabajo, y 3) la ausencia de planes de acción a largo plazo (Qué hacer, 1902). Estos problemas, agravados por el localismo (trabajo enfocado solo en las necesidades de una zona) y el economicismo (trabajo enfocado en las necesidades inmediatas de los participantes), limitaban la calidad en el desempeño de las tareas, tanto teórica como organizativamente. La experiencia de ese trabajo se resumía así: al llegar a organizar obreros, después de seis o cuatro meses, los estudiantes que pertenecían al movimiento revolucionario, lograban establecerse exitosamente, pero por falta de bases organizativas, sufrían redadas por la policía, lo que generaba una extraordinaria dispersión de los militantes locales, composición fortuita de los círculos, falta de preparación y estrechez de horizontes en el terreno de las cuestiones teóricas, políticas y de organización (Qué hacer, 1902). Incluso, la práctica había demostrado que los nuevos integrantes con un bajo nivel teórico inevitablemente tenían un desempeño de bajo nivel en los círculos, ocasionando mucho perjuicio al movimiento (Carta a un camarada, 1902). Con tales resultados a nivel organizativo, los revolucionarios manifestaron que “el crecimiento del movimiento obrero sobrepasaba al crecimiento y desarrollo de las organizaciones revolucionarias”, ya que se creaba un círculo vicioso, comenzaba con un bajo nivel teórico y práctico que generaba resultados mínimos, finalmente, sufrían redadas que barrían con los pequeños resultados conseguidos, así como con los revolucionarios.
Para superar esos tres defectos -aseguraba Lenin- era necesaria la organización de las partes del trabajo revolucionario y tener un plan sistemático de acción.
El modelo alternativo de Lenin prioriza la práctica organizativa y la educación teórica de los integrantes para lograr un trabajo de mayor calidad, más profesional. Por ello, enmarcado en el cambio de lucha económica a lucha política (denuncias de todos los problemas sociales desde el punto de vista de la socialdemocracia), en este paso del trabajo artesano al profesional está en primer lugar la división del trabajo para la campaña de denuncias. Aunque en las obras teóricas no se hace mucha referencia a las actividades de la campaña de denuncias de la lucha política, en algunos artículos se menciona, así como en materiales bibliográficos. Uno de ellos es la Unidad de los obreros y la tendencia de los intelectuales, donde las actividades alrededor de la campaña de denuncias incluyen la organización de varias conferencias semanales y giras de propagandistas, impresión y distribución de volantes, círculos de agitadores y propagandistas, etcétera. En síntesis, esta campaña de denuncias debía ser centralizada y de temas políticos, con varios revolucionarios trabajando por un objetivo común, pero desempeñando las diferentes actividades mencionadas.
Con esas actividades en mente, Lenin reconocía la necesidad de al menos tres tipos de revolucionarios: los teóricos, los propagandistas y los agitadores. El teórico realiza estudios sobre los problemas, el propagandista plasma en palabra escrita la explicación de esos problemas en las contradicciones dentro del sistema capitalista para un público más educado y el agitador explica entre las masas ejemplos de los problemas específicos del momento. Inclusive, su propuesta no solo se queda en las actividades de la campaña, sino que la especialización debía realizarse hasta por rama de la industria o problema social, para que la calidad de la agitación fuera lo más exacta posible (Qué hacer, 1902). Esto significa que los revolucionarios también deben especializarse y por lo tanto lleva mucho tiempo lograr un desempeño de calidad, pero no es imposible.
Propuesta de reorganización
¿Cuál es la propuesta de formación de revolucionarios profesionales? Con la experiencia previa del partido, antes del año 1901, Lenin llegó a la conclusión de que, tanto para la lucha económica como la lucha política, aquellos voluntarios recientes en el trabajo del partido no podían realizar actividades de propaganda y agitación entre las masas, por la especialización que requería, lo cual no implicaba que fuera imposible asignarles tareas de otro tipo. En Carta a un camarada, Lenin apunta que una actividad práctica debe ser la primera tarea de los nuevos elementos que se unen a las filas del movimiento revolucionario. Cabe preguntar entonces: ¿qué actividades prácticas en concreto tendrían los nuevos colaboradores? Al no atender círculos locales, ni enfocarse en la lucha económica, iniciarán en la logística de las conferencias de los agitadores y propagandistas, la impresión de volantes, en la invitación y la difusión entre las personas a estos eventos, que tiene que ser masiva, para todas las clases y capas de la población. Se sobreentiende que con el tiempo los nuevos integrantes serían capaces de consolidarse teórica y organizativamente, para que finalmente se incorporaran al trabajo político entre las masas.
En consecuencia, tanto la lucha económica como la lucha política se ven beneficiadas de la profesionalización, pero estas también tienen sus diferencias. Las actividades de un revolucionario profesional adquieren todavía más claridad cuando se comparan con las de un jefe político “tradeunionista” que desempeña lucha económica, puesto que era la lucha económica frente a la que se definía y se diferenciaba la lucha política. El jefe político “tradeunionista” ayuda a organizar la lucha de los obreros contra los patronos y el gobierno, el revolucionario profesional es un tribuno popular que sabe reaccionar ante cualquier arbitrariedad de cualquier clase que se presente. Así pues, de forma concreta el jefe político “tradeunionista” organiza la denuncia de abusos, explica las injusticias de las leyes, la complicidad entre privados y gobierno etcétera, pero sólo ve sobre las relaciones entre su grupo y los patronos y el gobierno, por lo tanto genera conciencia “tradeunionista”. El revolucionario profesional, debe crear conciencia de clase, por ello ve las relaciones entre todas las clases y por lo tanto denuncia a todas las arbitrariedades, y todavía más, involucra a las personas en esa lucha diaria y práctica (Qué hacer, 1902).
En resumen, la dinámica exigía una reorganización del trabajo y Lenin reconocía que en un principio existirían dificultades, pues habría que encontrar el balance correcto del uso de cuadros entre lucha económica y lucha política, la nueva división del trabajo y el cambio de calidad de este. Después de algún tiempo de instaurado el cambio, ya con revolucionarios profesionales más consolidados, entonces sería posible realizar campañas de denuncias cada vez más grandes. A diferencia del trabajo artesanal, extremadamente local y economicista, gracias a la reorganización de las tareas sería posible abordar los problemas de forma nacional, profesional y política. De la calidad de cuadros que se utilicen para involucrar a las grandes masas en la lucha política, así como su seguimiento y consolidación va a depender la calidad de esta campaña de denuncias y con ello la posibilidad de aglutinar a la mayoría de la población, para finalmente tomar el poder político, meta última de todo este plan. La crítica al artesanado no era mera didáctica organizativa: buscaba transformar la socialdemocracia en un partido de nuevo tipo, capaz de dirigir la toma del poder. Este modelo, aunque contextualizado en la Rusia zarista, ofrece un marco analítico para estudiar la relación entre formación teórica, eficacia militante y construcción de hegemonía en movimientos contemporáneos. La experiencia rusa del partido socialdemócrata debe servir como ejemplo para pensar nuestra propia realidad y dada las especificidades nacionales de nuestro país, ajustar en nuestra actividad política cotidiana las tácticas probadas en el tiempo para nuestra labor de organización de la clase trabajadora.
Arnulfo Alberto es maestro en Economía por la UNAM y Nadia es maestra en Administración Pública.
