Por Jesús Lara | Mayo 2025
En la primera parte de este artículo se intentó aclarar los conceptos de ingreso y riqueza acumulada, dos de las dimensiones más importantes a través de las cuales puede medirse la desigualdad entre personas. En esta segunda parte, buscaré explicar un aspecto fundamental del capital: la forma en que determina la distribución del ingreso y la riqueza. Es decir, consideraré al capital desde la perspectiva de su papel en la desigualdad de la distribución tanto de la riqueza nueva, el ingreso, como de la acumulada, la riqueza a secas, cuyas definiciones explicamos en la primera parte de este trabajo.
A un nivel muy concreto, podemos decir que el capital es una forma particular de la riqueza acumulada. Sin embargo, lo que lo diferencia de la riqueza en general es la función social que cumple y el resultado que produce: la característica central del capital es que su valor tiende a crecer con el tiempo. Como se mencionó en la primera parte, la riqueza acumulada puede adoptar múltiples formas —dinero, bienes inmuebles, maquinaria, etc.—, y lo mismo ocurre con el capital. Por tanto, no es la forma material de la riqueza lo que la convierte en capital, sino la función que desempeña bajo relaciones sociales de producción específicas.
Para ser precisos: la riqueza acumulada se convierte en capital cuando forma parte del proceso de producción y circulación de mercancías y cuando genera un rédito para su propietario. Uno de los principales retos de la ciencia económica ha sido, precisamente, explicar el origen de ese rédito o ganancia a nivel social. Y es mérito de Marx haber ofrecido la respuesta más rigurosa a esta cuestión. Por no ser el tema central de este trabajo, no retomaré en detalle la exposición de Marx sobre la esencia del capital —entendido como un valor que crece mediante la explotación del trabajo asalariado—, aunque dicho desarrollo sea indispensable para comprender científicamente el modo de producción capitalista. En coherencia con la primera parte, todas las magnitudes aquí presentadas se considerarán en términos de dinero, y no de trabajo.
Desde el punto de vista de la desigualdad, hay algunos conceptos clave que será necesario tener presentes en lo que sigue: el valor de capital (también llamado “acervo de capital” en la terminología moderna), el capital adelantado, el capital total o global, y la tasa de ganancia. Estos conceptos permiten establecer los vínculos entre el capital y la desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza.
Comencemos por el valor de capital. Al nivel de un capitalista individual —por ejemplo, una fábrica de televisores—, este valor se refiere al conjunto de todos los elementos que posee el capitalista y que participan directamente en la producción, o que son necesarios para asegurar su continuidad. La parte más significativa de este conjunto es lo que se denomina capital fijo, es decir, instalaciones, maquinaria, herramientas y demás medios materiales que tienen una vida útil superior a un ciclo de producción. Además del capital fijo, el capitalista debe contar con cierta cantidad de dinero para cubrir el pago recurrente de salarios y la compra de materiales y materias primas. También necesita una reserva de insumos y un inventario de productos terminados que esperan entrar en circulación. Si sumamos el valor de todos estos elementos en un momento dado —por ejemplo, el 31 de diciembre de 2025—, obtendremos el valor de capital del capitalista en ese punto del tiempo. Igual que el concepto de riqueza acumulada, esta magnitud es un acervo, es decir su unidad de medida (en este caso el dinero) no se define por unidad de tiempo. Ahora bien, lo que distingue al capital de otras formas de riqueza es que, para seguir siendo capital, esa magnitud (el valor de capital) debe crecer, y lo hace a través de las ganancias, las cuales permiten al capitalista reinvertir y expandir su producción o acceder a crédito con el mismo fin.
Ligado al concepto de valor de capital está el de capital adelantado, que puede considerarse su «gemelo». Éste se refiere a la cantidad de dinero que debe desembolsarse —es decir, adelantarse sin obtener una retribución inmediata— para iniciar o mantener la producción de manera continua en una esfera económica determinada. En términos comunes, equivale a la inversión inicial necesaria para montar un negocio.
Ambos conceptos se relacionan estrechamente: si un capitalista quisiera replicar exactamente la fábrica de televisores mencionada, necesitaría reunir el capital suficiente para construir instalaciones, adquirir maquinaria, comprar insumos para un ciclo productivo y pagar los salarios correspondientes. Es decir, tendría que adelantar una suma equivalente al valor de capital que ya está en funcionamiento. Si ese valor asciende a 100 millones de dólares, entonces esa será también la inversión necesaria para reproducir la fábrica. Esta aclaración, aunque pueda parecer evidente, es fundamental para entender el siguiente concepto: la tasa de ganancia.
Desde una perspectiva contable, la tasa de ganancia mide el rendimiento de una inversión. Se define como la proporción entre la ganancia obtenida en un período de tiempo, generalmente un año (g), y el capital adelantado (K). Como vimos, este último puede aproximarse mediante el valor de capital. Si la tasa de ganancia es del 20%, esto significa que, por cada 100 pesos invertidos, se obtienen 20 pesos de ganancia al año, suponiendo condiciones constantes.
Es útil descomponer esta tasa en dos componentes. Primero, la ganancia depende del valor nuevo producido en el año y de cómo se divide entre salarios y ganancias. Por ejemplo, si las ganancias representan el 50% del valor agregado, esto implica que de cada 100 pesos generados, 50 van a los capitalistas y 50 a los trabajadores. Segundo, la tasa de ganancia depende de cuánto valor nuevo se genera por cada peso invertido. Si esta relación es del 40%, entonces, por cada 100 pesos adelantados, se crean 40 de valor nuevo. Si la mitad de este valor va a los capitalistas, la tasa de ganancia será del 20% (50% de 40%).
Hasta aquí hemos analizado el caso de un capitalista individual. Sin embargo, para comprender la desigualdad a nivel social, es necesario pasar al nivel del capital en general, lo que nos lleva al concepto de capital social o capital global. Este se refiere a la suma de todo el valor de capital en funcionamiento en un momento dado, y se obtiene agregando el valor de capital de cada capitalista individual.
Este concepto resulta esencial para abordar un fenómeno clave en la dinámica capitalista: la centralización del capital, que describe el proceso mediante el cual un número cada vez menor de capitalistas controla una proporción cada vez mayor del capital total. Por ejemplo, según datos del INEGI, en 2023 el acervo de capital fijo del sector privado en México ascendía a 102.4 billones de pesos (es decir, 102.4 millones de millones de pesos). Redondeando para simplificar, supongamos que es de 100 billones de pesos.
Imaginemos que los 10 capitalistas más ricos poseen el 10% de ese acervo, es decir, cada uno controla 1 billón de pesos en capital. Si, diez años después, ese mismo grupo controla el 15%, podemos afirmar que se ha producido una centralización del capital. Este aumento en su participación implica que otros capitalistas vieron disminuir la suya. Suponiendo que el valor total del acervo no cambió en ese periodo, esto significa que estos últimos obtendrán menores ganancias e ingresos, mientras que el grupo más rico incrementará los suyos.
Con estos elementos, podemos finalmente esbozar una respuesta a la cuestión central planteada en este artículo: ¿cómo ayuda el concepto de capital a explicar la desigualdad de ingreso y riqueza? La respuesta es que la ganancia constituye la forma principal de ingreso para los capitalistas, y esta proviene de su propiedad sobre el capital, entendido como una forma de riqueza acumulada cuyo valor aumenta al participar en la producción y circulación de mercancías.
Este ingreso guarda una relación directa con dos variables: el valor total del capital en manos de cada capitalista y la tasa de ganancia. Esta última, a su vez, depende tanto del reparto del valor nuevo generado entre capitalistas y trabajadores como de la cantidad de valor nuevo creado por unidad de capital invertido.
En el sistema capitalista, hay una lucha constante, por un lado, entre capitalistas y trabajadores por aumentar o defender su parte del valor generado, y por otro, entre capitalistas individuales que compiten por controlar una mayor proporción del capital total. En la medida en que el capital se centraliza o en que aumenta la proporción de las ganancias dentro del valor agregado, se profundiza la desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza. Estas son dos tendencias estructurales y persistentes del capitalismo.
Por supuesto, la distribución del ingreso y la riqueza está determinada por una gran variedad de factores. El objetivo de estos dos artículos ha sido únicamente contribuir al uso más preciso de los conceptos clave que permiten medirla y comprenderla con mayor profundidad.
Jesús Lara es economista por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
