El enfoque de capacidades y justicia social en el desarrollo económico

Por Rogelio García Macedonio | Mayo 2025

El concepto de capacidades desarrollado por Amartya Sen proporciona un enfoque diferente de las concepciones del desarrollo en la economía y da una perspectiva diferente de cómo entender el bienestar y la justicia social. En lugar de centrarse exclusivamente en los recursos que las personas poseen o la utilidad que estos bienes generan, propone un enfoque que priorice las libertades reales que las personas tienen para alcanzar a realizar los proyectos que tienen en sus vidas, es decir, si los recursos con los que cuentan son suficientes para realizarse como personas.

Por ello, en este trabajo se examinará el concepto de capacidades dentro del marco de la justicia social, para después contrastarlo con las ideas de John Rawls. Así, también se analizarán las implicaciones que este enfoque tiene para la justicia social y cómo el desarrollo de las capacidades contribuye al desarrollo económico. Tratando de lograr este objetivo, en primer lugar, se abordará el concepto de capacidades y sus implicaciones, para después, en segundo lugar, realizar la comparación de este con las ideas de John Rawls sobre la justicia social. En tercer lugar, plantear algunas ideas en torno a cómo el enfoque de Sen influye en la discusión de la justicia social y el desarrollo de los países. Al final, se presentan las conclusiones del trabajo.

Capacidades y justicia social: Amartya Sen

Sen (1999) desarrolló su enfoque[1] de las capacidades como una alternativa a las teorías de justicia y bienestar que se basaban exclusivamente en estadísticas económicas como el ingreso o la riqueza. Para él, en este nuevo enfoque, es más relevante observar lo que las personas pueden hacer o ser, en lugar de simplemente saber cuánto poseen en términos de riqueza material. Esta concepción refleja una crítica, pues “una concepción satisfactoria del desarrollo debe ir mucho más allá de la acumulación de riqueza y del crecimiento del Producto Nacional Bruto y de otras variables relacionadas con la renta” (Sen, 1999: 30), para en su lugar poner en el centro del desarrollo, como una resignificación, la expansión de las libertades y capacidades de las personas para vivir la vida que valoran o aspiran.

Las capacidades se entienden como las libertades reales que tienen las personas para llevar a cabo distintos funcionamientos que pueden ir desde las necesidades básicas, como estar bien alimentado, hasta aspectos más complejos, como participar en la vida comunitaria. Estas capacidades no son únicamente libertades formales o legales, sino que se refieren a las oportunidades concretas que las personas tienen para convertir los recursos y bienes que poseen en funcionamientos valiosos. Derivado de esa concepción de capacidades, la pobreza se puede caracterizar “como la privación de capacidades básicas y no sólo como una renta baja. La privación de capacidades elementales puede traducirse en una mortalidad prematura, un grado significativo de desnutrición (especialmente en el caso de los niños), una persistente morbilidad, un elevado nivel de analfabetismo y otros fracasos” (Sen, 1999: 37). Conceptualizado de esta manera, es fácilmente entendible que el desarrollo de las personas debe verse como la expansión de las capacidades humanas y debe ser su principal objetivo y, por tanto, debe ser la medida clave del progreso. Por lo que el acceso a los bienes materiales solo son un medio que las personas tienen para ser o hacer y estos sirven para que las personas puedan lograr sus metas.

Este enfoque incluye dos tipos de libertades: la libertad negativa y la libertad positiva. La libertad negativa se refiere a la ausencia de interferencias o restricciones, ya sea del Estado o de otros actores para los individuos, mientras que la libertad positiva se refiere a la posibilidad real de llevar a cabo acciones o alcanzar ciertos logros contando con los medios, recursos y capacidades para hacerlo. Así, en Sen (1999), las capacidades son una forma de libertad positiva, ya que describen las oportunidades efectivas que las personas tienen para vivir de acuerdo con sus propias aspiraciones, por lo tanto, también es importante considerar la libertad como el fin y medio principal del desarrollo. Esto implica que las capacidades no solo son un objetivo final, sino que también son esenciales para el proceso de desarrollo. Esta idea contrasta con enfoques que consideran el desarrollo como un medio para alcanzar la libertad, porque aquí la libertad es tanto el medio como el fin.

Dentro de este nuevo enfoque es clave la funcionalidad. Las funcionalidades son las distintas cosas que una persona puede hacer o ser. Un funcionamiento puede incluir aspectos básicos como estar alimentado o tener buena salud, pero también puede abarcar logros más subjetivos, como sentirse realizado o ser respetado en la comunidad. Un ejemplo que utiliza Sen es el caso de una persona que puede estar desnutrida, no porque no tenga acceso a alimentos, sino porque elige no comer por motivos religiosos o de salud. En este caso, la persona tiene la capacidad de estar bien alimentada, pero elige no ejercer esa capacidad. Esto subraya la importancia de la libertad de elección y muestra que el simple acceso a recursos no es suficiente para garantizar el bienestar.

La importancia de reconceptualizar el desarrollo es que esto también tiene que verse desde el aspecto de la justicia social. Para Sen (1999), las teorías de justicia que se enfocan únicamente en la distribución de bienes y recursos fallan en capturar las diferencias individuales en la capacidad de convertir esos recursos en bienestar. La justicia no debe limitarse a distribuir bienes de manera equitativa, sino que debe preocuparse por las oportunidades reales que tienen las personas para llevar vidas a las que aspiran. Pero a la par de ello, la distribución equitativa de los recursos no garantiza por sí sola una vida digna, porque las personas tienen capacidades diferentes para transformar esos recursos en bienestar. Esto sugiere que dos personas con el mismo nivel de recursos pueden tener vidas muy diferentes, dependiendo de factores como la salud, la educación y el entorno social en que se desarrollan.

El enfoque de capacidades tiene una estrecha relación con el concepto de desarrollo humano, porque en lugar de medir el desarrollo únicamente en términos de crecimiento económico, el desarrollo debe evaluarse por la expansión de las capacidades humanas. Es decir, implica que el desarrollo no es solo un proceso de acumulación de riqueza, sino también de empoderamiento y ampliación de las libertades individuales. Es en este contexto donde Sen (1999) critica que el crecimiento del PIB no puede dar por sí mismo como resultado el desarrollo, sino que este debe ir acompañado de una expansión de las capacidades humanas de las personas, esto significa que el verdadero desarrollo es aquel que permite a las personas vivir vidas que tienen razones para valorar y esto solo se puede lograr ampliando sus libertades y capacidades.

Para terminar de concebir este concepto vale apuntar que representa una ruptura con la economía del bienestar tradicional, pues esta se centra en las variables ingreso y recursos como estadísticas que indican el bienestar, pero con Sen esto no es tan importante, sino que se pone el acento en cómo los individuos son capaces de hacer cosas con los recursos que tienen, lo que él denomina funcionamientos, es decir, cómo amplía sus capacidades y libertades. Pero lo que podría decirse que refleja el desarrollo es la capacidad que tienen las personas para usar los ingresos para lograr funcionamientos valiosos.

La justicia social en John Rawls

Rawls (1971: 24-26), propuso lo que él denominó la justicia como equidad, esta se basa en dos principios fundamentales: 1) el principio de la libertad, que sostiene que cada persona debe tener un derecho igual al esquema más amplio posible de libertades básicas compatibles con un sistema similar para otros; y, 2) el principio de diferencia, que establece que las desigualdades sociales y económicas deben ser organizadas de tal manera que beneficien a la mayor cantidad de las personas menos favorecidas en la sociedad y que, así, los menos favorecidos también tengan acceso a la justicia social.

Un aspecto fundamental es la idea del velo de la ignorancia, que es una herramienta metodológica en la que las personas imaginan que diseñan una sociedad sin saber qué posición ocuparán en ella, se supone que ellos actúan de manera racional y, por tanto, elegirán un sistema que asegure la máxima protección para los menos aventajados dado que podrían encontrarse ellos mismos en esa posición en algún punto en el tiempo. En su construcción de la justicia social son fundamentales los bienes primarios. Estos incluyen derechos, libertades, ingresos y oportunidades, por lo que el enfoque de Rawls es que la justicia se alcanza cuando estos bienes se distribuyen equitativamente, de tal manera que todos los individuos tengan acceso a lo necesario para alcanzar sus metas y llevar vidas plenas.

Diferencias entre Sen y Rawls

La teoría de las capacidades de Sen contrasta con la teoría de justicia de Rawls. Rawls se enfoca en la distribución de bienes primarios antes mencionados y cómo estos se distribuyen de manera equitativa entre todos los individuos en una sociedad. Según esto, la justicia se trata de garantizar que estos bienes primarios se distribuyan de forma que maximicen el bienestar de los menos favorecidos a través de lo que él llama el principio de diferencia. Sin embargo, Sen critica este enfoque al argumentar que los individuos tienen habilidades diferentes para convertir esos bienes primarios en bienestar, es decir, dadas las condiciones específicas de cada persona, estas son capaces de ir convirtiendo de diferentes maneras la capacidad de ser o hacer sus proyectos de vida. Así, aunque las personas tengan acceso a las mismos bienes y servicios, cada uno realizará de manera diferente sus capacidades y libertades. Por eso la crítica de Sen a Rawls se basa en que centrarse únicamente en los bienes primarios ignora la diversidad de los seres humanos y sus distintas necesidades. Sen afirma que “la igualdad rawlsiana de bienes primarios proporciona una vara de medir inadecuada para comparar el bienestar de las personas, porque las personas difieren enormemente en su capacidad para convertir recursos en libertades reales” (Sen, 1999: 75). En contraposición a Rawls, Sen sostiene que la justicia social no debe evaluarse por la distribución equitativa de bienes, sino por las oportunidades que tienen las personas para llevar vidas que creen en son las que encajan en sus proyectos de vida y que ellos valoran.

Uno de los aspectos que destaco como diferencia entre ambas posturas, es el tratamiento de la diversidad humana, es decir, cómo se concibe al individuo dentro de su esquema teórico. Rawls parte del supuesto de que las personas son racionales y que, detrás del velo de la ignorancia, elegirían principios de justicia que maximicen el bienestar de los menos aventajados. Sin embargo, Rawls no aborda las diferencias intrínsecas en las capacidades de los individuos para convertir los bienes en bienestar. Sen, en cambio, pone gran énfasis en la diversidad humana. Él sostiene que las diferencias en salud, educación, habilidades físicas y mentales, entre otras, deben ser consideradas para evaluar la justicia. Sen argumenta que las diferencias individuales en las capacidades para convertir los recursos en funcionamientos valiosos hacen que la igualdad de recursos no sea suficiente para lograr la justicia. Esto lleva a una concepción más flexible de la justicia, en contraste con la teoría más estructurada de Rawls.

Por otro lado, podemos ver dos concepciones claves también, la libertad y la justicia distributiva. En Rawls la justicia es una cuestión de distribuir los bienes primarios de manera que maximice el bienestar de los menos aventajados. Aunque Rawls incluye libertades básicas en su lista de bienes primarios, su enfoque se centra en la distribución de bienes. Por el contrario, Sen pone énfasis en una libertad real o la capacidad de las personas para actuar y vivir de acuerdo con sus propios valores y deseos; esta libertad no puede lograrse solo a través de la igualdad en la distribución de bienes, sino que requiere que las personas tengan las oportunidades reales para elegir sus propios caminos de vida. Así, para este autor, la libertad real sería el verdadero indicador de la justicia social, de tal manera que las personas deben tener condiciones para hacer uso de los recursos que promuevan su libertad y, por ende, su bienestar.

El enfoque de capacidades tiene importantes implicaciones para el desarrollo, pues al enfatizar las libertades y oportunidades individuales, en lugar de limitarse al crecimiento económico, el enfoque orienta las políticas de desarrollo hacia la mejora del bienestar humano, esto conlleva a que las políticas públicas que asume el Estado deben centrarse en expandir las capacidades de las personas, ya sea a través de la educación, la atención médica o los sistemas de apoyo social. Estas políticas pues, crean un círculo que genera crecimiento económico y, si se logra crear las condiciones para ampliar las capacidades de las personas, desarrollo. Este sería pues, uno de los principales beneficios que genera el crecimiento y desarrollo en las sociedades si se basa en ampliar las capacidades y las libertades de los individuos. Es decir, el enfoque de capacidades ofrece una perspectiva más integral del desarrollo. En lugar de centrarse exclusivamente en los indicadores económicos, los países pueden evaluar su progreso examinando cómo expanden las capacidades de sus ciudadanos. Las naciones que priorizan el desarrollo humano, asegurando que la población tenga acceso a la educación, la atención sanitaria y las libertades políticas, serán más propensas a experimentar un crecimiento más sostenible y equitativo.

Conclusiones

El enfoque de capacidades propuesto por Amartya Sen redefine el concepto de justicia social y desarrollo al situar en el centro del análisis la libertad real de las personas para realizar vidas que valoran. En contraste con teorías tradicionales que se enfocan en la distribución equitativa de recursos, Sen sostiene que el verdadero desarrollo debe medirse por la expansión de las oportunidades efectivas de las personas para alcanzar sus aspiraciones, más allá de la mera acumulación de bienes materiales. Este enfoque reconoce la diversidad humana y la capacidad diferencial de los individuos para transformar los recursos en bienestar.

A lo largo de este trabajo se ha intentado argumentar que el enfoque de capacidades ofrece una visión más inclusiva de la justicia social, en la cual no solo se distribuyen bienes, sino que se crean condiciones para que las personas puedan ejercer sus libertades. La teoría de justicia de John Rawls, aunque innovadora, es limitada en este aspecto, ya que su principio de bienes primarios no aborda la diversidad de capacidades humanas, sino que considera a agentes racionales que priorizan la justicia para el más desfavorecido. Sen critica que una distribución equitativa de recursos no garantiza igualdad en las oportunidades reales de las personas para convertir esos bienes en funcionamientos valiosos.

El contraste entre Sen y Rawls resalta que la justicia no puede reducirse únicamente a la distribución de bienes materiales, sino que debe tener en cuenta las diferencias en las capacidades de los individuos para utilizarlos. El primero argumenta que las políticas públicas deberían centrarse en ampliar las capacidades humanas, ya que esto no solo promueve el bienestar individual, sino que también impulsa el desarrollo sostenible y equitativo de los países, por lo que la verdadera justicia social se alcanza cuando todas las personas tienen la libertad real de elegir y realizar sus propios proyectos de vida, lo que convierte a la expansión de las capacidades en un fin en sí mismo y en un medio para el desarrollo.

El enfoque de capacidades tiene profundas implicaciones para las políticas de desarrollo. Al priorizar el bienestar humano sobre el crecimiento económico, este enfoque permite una comprensión más amplia y equitativa del progreso. Las naciones que invierten en expandir las libertades de sus ciudadanos, a través de la educación, la salud y las libertades políticas, estarán mejor posicionadas para lograr un desarrollo más inclusivo y sostenido. Así, el desarrollo no solo consiste en mejorar las cifras económicas, sino en asegurar que todos los individuos puedan vivir vidas plenas y valiosas. Finalmente, los dos enfoques son liberales. Es decir, en el centro ponen al individuo; las libertades básicas son prioridad absoluta, el medio y el fin. Sin embargo, dado que dentro de los estudios de pobreza, equidad y justicia social estos enfoques son unas de las corrientes principales, no se puede considerar como inútil su estudio. Es decir, a pesar de ese detalle, debe estudiarse y conocerse.


Rogelio García Macedonio es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

NOTAS

[1] Es necesario aclarar que para Sen su enfoque no tiene pretensión de teoría, sino simplemente de eso, un enfoque que permita ampliar la concepción de la pobreza y el desarrollo más allá de las variables como riqueza e ingreso.

Referencias

Sen, A. (1999). Desarrollo y Libertad, Ed. Planeta. Consultado en https://indigenasdelperu.wordpress.com/wp-content/uploads/2015/09/desarrollo_y_libertad_-_amartya_sen.pdf el 26 de septiembre de 2024. 

Rawls, J. (1971). “Teoría de la Justicia”. Sexta reimpresión, trad. de María Dolores González, Ed. Press of Harvard University Press, Cambridge, Mass. Consultado en https://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2019/12/doctrina48358.pdf el 22 de septiembre de 2024. 

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