Sobre la contradicción dentro del Estado

Por Alan Luna | Abril 2025

Hay algunos filósofos importantes que han justificado teóricamente la necesidad del Estado. El problema por justificar es el siguiente: ¿por qué es necesario un poder que nos someta a todas las personas?

Como parte importante de este desarrollo teórico, surgieron los filósofos iusnaturalistas, quienes pensaban que había un estado natural y un estado civil, es decir, un estado en donde reinaban únicamente las leyes de la naturaleza y otro en donde los seres humanos libres se reunían para deliberar en acuerdo común las leyes bajo las cuales querían vivir.

Aquí es donde aparece el concepto del contrato social, un pacto entre miembros de una sociedad que, por acuerdo común, deciden vivir bajo un mismo régimen (leyes, constitución, instituciones, etc.). Este pacto puede ser explícito mediante una constitución, o parte de él puede transmitirse por medio de los usos y costumbres de una sociedad; pero todo aquel que quiera la protección del Estado está obligado a someterse al contrato social que hace posible el paso de la sociedad natural (iusnaturalismo, ley natural) a la sociedad civil.

El Estado busca proteger la propiedad y establecer ciertas reglas de funcionamiento sin las cuales los distintos intereses individuales harían que algunos sectores de la sociedad chocaran, pues no todos tienen los mismos intereses. Esta es la conclusión que arroja el estudio de la teoría del Estado, así como el análisis histórico del problema.

Pero si el Estado sirve para la protección de la propiedad privada, entonces no es imparcial, porque no todos tienen propiedad; o, en todo caso, quienes poseen más propiedad se verán más beneficiados por los mecanismos del Estado en perjuicio de aquellos que tienen cada vez menos. Por otro lado, el Estado dice encargarse del mantenimiento del orden y del cumplimiento de la ley para que no haya disturbios y los intereses encontrados no provoquen conflictos. Pero la pregunta que hay que hacerse es: ¿cómo surge el conflicto social?

Es verdad que puede haber algunas personas que no estén capacitadas para la vida social, pero los grandes conflictos no surgen de la cabeza de ningún loco: son el producto de un enorme descontento con el estado de cosas. Las revueltas ocurren cuando una parte importante de la población no está de acuerdo con la forma en que es manejado el Estado, se siente afectada por la ley y no beneficiada por el gobierno u otros aparatos de dominación.

Carlos Marx retoma todo lo desarrollado por los pensadores anteriores para argumentar que las diferencias entre los seres humanos existen porque pertenecemos a clases sociales distintas. Los intereses divergentes se explican porque, en el desarrollo de la economía de las sociedades, no todos nos beneficiamos de la misma manera de la producción de riquezas; y quienes tienen la oportunidad de acapararlas necesitan un aparato estatal fuerte para conservar sus pertenencias. El problema es, entonces, tratar de transformar el Estado existente para que sea cada vez más justo, tomando en cuenta que está en manos de cierto sector que busca beneficiarse de su posición de poder.

El Estado, como todo lo creado por la humanidad, tiene contradicciones internas que nos ayudan a explicar la complejidad de los fenómenos. En este caso, es, por un lado, el producto del desarrollo histórico de las formas de gobernar de las civilizaciones y, por el otro, el aparato de dominación de una clase sobre otra.

Grecia y su democracia, Francia y su república, Montesquieu y su división de poderes: todo forma parte de un desarrollo histórico que se complementa para la creación del Estado moderno. Hay que aprender a utilizar al Estado en su lado racional, como producto del desarrollo de muchos años en los que algo han aportado las distintas luchas y transformaciones. Sin embargo, mientras siga siendo el mecanismo y herramienta de dominación de una clase sobre otra, lo deseable será que se transforme en algo esencialmente distinto; esto es, que deje de ser el Estado representante de una clase social particular.


Alan Luna es maestro en Filosofía por la UAM e Investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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