Por Christian Jaramillo | Marzo 2025
El deterioro de los términos de intercambio es una tesis formulada por Prebisch en la década de los cincuenta del siglo anterior. Trata de explicar por qué a partir de los años 1876-1880 se produjo un deterioro progresivo en los precios de los bienes primarios en relación con los productos finales del sector industrial. De acuerdo con las estadísticas de las Naciones Unidas que Prebisch utilizó en su artículo originario El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus problemas principales, la relación había pasado de un índice 100 en 1876-1880, a un índice 68.7 en 1946-1947. El objetivo era explicar por qué sucedía esto si, de acuerdo con la teoría económica, a mayor productividad menores son los precios, de modo que la tendencia en la relación debía ser inversa, favorable para los países primario-exportadores, que tenían como eje de la acumulación el uso intensivo de la mano de obra.
Dos eran las causas que explicaban este fenómeno de acuerdo con Prebisch (1979). La primera menciona que en los países industriales las ganancias y los salarios crecen por encima de la productividad, y que en la periferia sucede lo inverso. La explicación que daba Prebisch a esta diferencia se encontraba en el poder de negociación salarial entre los países industriales y los primario-exportadores a través de los movimientos cíclicos de las economías. Durante las fases ascendentes del ciclo los beneficios aumentan en los países centrales, pero parte de este se transformaba en aumentos de salarios, como consecuencia del poder de los sindicatos. Luego, en la fase descendente del ciclo el beneficio se reducía, pero no los salarios, debido a la resistencia sindical. En cambio, en la periferia el movimiento obrero estaba desorganizado, de modo que su poder de negociación con los empresarios era mínimo, y no podían conseguir salarios comparables a los de los obreros de los países centrales. Por esta razón Prebisch señalaba que era importante la industrialización y el fortalecimiento de la organización obrera en América Latina, ambas ayudarían a que crezcan los salarios en la región. La primera por medio del aumento en la productividad y la otra a través de la lucha obrera, provocando una elevación relativa de los precios de los productos primarios.
El segundo argumento se refiere a la disparidad con la que tendían a crecer las importaciones de bienes primarios, por parte de los países centrales, en comparación con la importación de bienes industriales a mano de los países periféricos. En su informe a la conferencia inaugural de la UNCTAD de 1964, señalaba: “mientras las primeras se desenvuelven por lo general con relativa lentitud, salvo excepciones, la demanda de importaciones industriales tiende a crecer con celeridad” (Prebisch, 1979, pág. 21). De acuerdo con Prebisch esto sucedía así como resultado del progreso técnico que tendía a reemplazar productos naturales por sintéticos. De manera que el contenido de los productos primarios en los productos finales era cada vez menor. Y por otra parte la elasticidad ingreso de los bienes primarios es menor que la de los bienes industriales. Esto quiere decir que cuando el ingreso aumenta, la demanda de los bienes primarios también aumenta pero en menor proporción que la de los bienes manufacturados. A estos elementos se sumaba el aumento de la producción agrícola en los países industriales (desde mediados de los años sesenta), donde la agricultura se tecnificaba rápidamente. Los países periféricos ya no eran los únicos que producían bienes agrícolas, de manera que la reducción en la demanda de bienes primarios por parte de los países industriales presionaba los precios a la baja.
En suma, los factores que Prebisch (1979) ponía de relieve para explicar el deterioro de los términos de intercambio se pueden resumir en dos: factor político-social (poder de negociación sindical), y el factor comercial (ley de la oferta y la demanda). Como se observa, en ninguna de estas causalidades se toma en cuenta al factor de la producción, la esfera en la que se crea la riqueza social, y que en última instancia determina el resto de las esferas económicas. Es por esto por lo que autores marxistas como Rolando Astarita, han intentado dar una explicación a este fenómeno desde la teoría del valor-trabajo.
Antes de continuar con la explicación es importante señalar que Marx no desconocía que existen diversos factores que influyen sobre la determinación de los precios, como la oferta y la demanda; sin embargo, el valor de una mercancía siempre y únicamente se encuentra determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para crearla:
La oferta y la demanda no regulan más que las oscilaciones pasajeras de los precios en el mercado. Os explicarán por qué el precio de un artículo en el mercado sube por encima de su valor o cae por debajo de él, pero no os explicarán jamás este valor en sí (Marx, 2010, pág. 32).
Desde esta perspectiva el deterioro de los términos de intercambio se puede explicar por la diferencia creciente entre el trabajo complejo y el trabajo simple, a medida que avanza el desarrollo de nuevas tecnologías en los países económicamente avanzados. La idea de trabajo simple y complejo está relacionada con las diferencias que existen en la preparación de la fuerza de trabajo, y las consiguientes diferencias en la generación de valor de cada uno de los trabajos. El trabajo medio simple “es el empleo de esa simple fuerza de trabajo que todo hombre común y corriente, por término medio, posee en su organismo corpóreo, sin necesidad de una especial educación” (Marx, 1999, pág. 11). Es decir, es trabajo que, por lo general, requiere de poco tiempo de entrenamiento para que llegue a los estándares de productividad medios, como un ensamblador de línea de montaje o un operador de máquina. En las empresas de montaje, por ejemplo, los trabajadores que recién se incorporan pueden tardar dos semanas a lo mucho para alcanzar el nivel medio de productividad de sus compañeros (Astarita, 2008). Por su parte, el trabajo complejo “no es más que el trabajo simple potenciado o, mejor dicho, multiplicado: por donde una pequeña cantidad de trabajo complejo puede equivaler a una cantidad grande de trabajo simple” (Marx, 1999, pág. 11 y 12). Este trabajo exige de una mayor preparación de la fuerza de trabajo.
Esto implica que una empresa que emplea en promedio más unidades de trabajo complejo o calificado, genera más valor por unidad de tiempo, que en las empresas que emplean en promedio más unidades de trabajo simple o poco calificado. Por lo tanto, las empresas que emplean en alta proporción trabajo calificado, esto es, trabajos que requieren de alta formación en habilidades -técnicos, ingenieros, científicos, etc.- y bienes de producción tecnológicamente avanzados, pueden generar más valor en relación con las empresas que usan trabajo que requiere pocas habilidades o que su curva de aprendizaje es corta en el tiempo (Astarita, 2008). Esta diferencia puede ser creciente a medida que los países desarrollados concentran cada vez más este tipo de producción, y en las cadenas globales de valor los países atrasados se concentran en trabajos simples (sea en la producción de bienes primarios o industriales). Por lo tanto, la diferencia de precios también puede ser creciente.
Las diferencias salariales también reflejan la disparidad en los gastos de preparación de la fuerza de trabajo. El trabajo complejo, entendido como mercancía, contiene más valor implícito que el trabajo simple debido a que su preparación requiere de más tiempo socialmente necesario. Para el capitalista los salarios representan parte de los costos de producción, de modo que si suben, el precio de las mercancías lo harán consecuentemente.
Sin embargo, la explicación anterior sólo pretende dar una exposición de movimientos tendenciales. No pretende negar la posibilidad de que “durante periodos más o menos largos de tiempo existan reversiones parciales del deterioro de los términos de intercambio” (Astarita, 2008, pág. 9). Por ejemplo, si durante un periodo la demanda de bienes primarios o manufacturados supera de manera “consistente” la oferta, entonces este hecho estará indicando la necesidad de que se destinen más capitales, más trabajo social, a su producción. De modo que a medida que los capitales se desplacen a estas ramas, y aumente la oferta, “los precios de mercado se establecerán alrededor de los precios de producción” (Astarita, 2008, pág. 9). Así, la teoría del valor-trabajo ofrece una explicación alternativa al deterioro de los términos de intercambio, que históricamente ha estado dada por la visión de la CEPAL.
Bibliografía
Astarita, R. (29 de agosto de 2008). Rolandoastarita. Obtenido de Deterioro de los términos de intercambio: cuestiones desde la teoría del valor: https://cdi.mecon.gob.ar/bases/docelec/ah1103.pdf
Marx, K. (1999). El Capital. México: Fondo de Cultura Económica .
Marx, K. (2010). Salario, precio y ganancia. México: Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx.
Prebisch, R. (1979). Nueva política comercial para el desarrollo . México: Fondo de Cultura Económica.
