Saber de arte

Por Aquiles Lázaro | Marzo 2025

Cuando apreciamos una obra de arte, sea esta del tipo que sea, se activa en nuestro intelecto un repertorio particular de conocimientos. Esto quiere decir que del total de saberes que poseemos, activamos solamente una parte, intentando articularla de forma coherente para entender la obra.  

Expliquemos con detalle. Los conocimientos que poseo yo, como individuo son de una naturaleza muy diversa: sé cocinar pizzas, sé hablar varios idiomas, sé jugar ajedrez, sé tocar la guitarra, sé usar Potoshop, sé nadar, sé andar en bici, sé manejar coche automático y estándar, sé jugar volleyball, sé montar a caballo, y un sinfín de cosas más cuya ennumeración resulta absurda. Ignoro, por otra parte, tantas cosas interminables de enlistar: no sé jugar pocker, no sé usar Excel, no sé interpretar una integral en matemáticas, no sé patinar en hielo, no sé hacer acrobacias, no sé hablar maya, y un etcétera infinito.

Las enumeraciones anteriores, a riesgo de parecer absurdas y ociosas, ilustran con claridad el caudal de conocimientos particulares que posee cada individuo, independientemente de factores como la edad o el nivel de escolaridad. Es muy difícil, pues, calificar con este solo criterio si un individuo es más culto que otro, o menos culto, pues todos poseemos un repertorio cultural amplio y diverso de por sí. Así visto, ¿cómo se mide quién sabe más que otro, quién es más culto que otro? ¿Montar a caballo me hace más culto que saber Excel? Es imposible responder así, en abstracto.

El único método válido para medir la pertinencia de nuestro repertorio particular de conocimientos consiste en «aterrizarlo» a la realidad, en aplicarlo en alguna situación concreta de nuestra actividad. Si soy un oficinista que debe generar semanalmente reportes numéricos, es claro que saber usar Excel será más importante que tocar la guitarra. Si soy una antropóloga investigando sobre poblaciones indígenas de Centroamérica, saber maya me sirve más que jugar volleyball. El oficinista que sabe Excel es más culto, y la antropógola que sabe maya es más culta.

Pues bien, apreciar una obra de arte requiere también un repertorio particular de conocimientos: conocimientos sobre arte. Una de las falacias más recurrentes sobre el tema es el lugar común de que «cualquiera puede entender el arte». Tomada en bruto, esta fórmula solo tiene validez como slogan de motivación para acercarnos al arte. Pero, de hecho, ni el gran público ni los pretendidos especialistas pueden realmente apreciar una obra artística si no tiene absolutamente ningún conocimiento sobre el arte.

El malentendido ha tenido severas implicaciones. Por parte del público, de un lado, se exige a los artistas más o menos explícitamente la satisfacción de un determinado gusto masivo (esta crítica se hace especialmente patente en el arte contemporáneo, sobre el cual el público no especializado opina generalmente que es feo, absurdo o sin sentido). Del lado de los presuntos intelectuales, por el otro lado, se expresa tácitamente que, puesto que saben mucho, saben también de arte. 

He expresado en otros textos que ver toda la filmografía de Agnès Varda no nos volverá especialistas en cine, ni leer las obras completas de Goethe tres veces nos hará críticos literarios. Si bien es posible entrenar y educar nuestras capacidades de apreciación artística (a través, entre otras cosas, de la exposición reiterada al arte), los conocimientos particulares sobre el arte, sobre su técnica, su historia, sus corrientes, sus debates intelectuales, solo se adquieren estudiándolos metódicamente. Es, digamos, como aprender un idioma: de nada nos servirá zambullirnos desde cero en conversaciones grupales interminables con hablantes nativos; es necesario comenzar con el vocabulario básico y las estructuras gramaticales más sencillas.

Así es que para apreciar una obra de arte no basta saber algo, ni siquiera saber mucho, así en general. La apreciación auténtica ante una obra solo se logra si activamos el canal correcto de nuestros conocimientos, si sabemos mucho no solo en general, sino mucho sobre arte.


Aquiles Lázaro es promotor cultural e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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