Por Samira Sánchez | Marzo 2025
En la sociedad capitalista actual la basura se ha convertido en una catástrofe social y ambiental de magnitudes descomunales. En las últimas décadas, la producción desenfrenada de bienes muchas veces innecesarios y el consumismo alentado por el mismo neoliberalismo han logrado una producción incontrolada de enormes cantidades tóxicas de basura que cada vez es más imposible digerir por la naturaleza o por la tecnología tratadora de residuos. Ante esto han surgido propuestas como el reciclaje, ecoeficientistas, que no ven el problema en toda su complejidad.
Producción de basura en el capitalismo
El capitalismo, como modo de producción enfocado en garantizar la reproducción continua del capital y sus ganancias, solo puede seguir en la medida en que destruya a los seres humanos y a la naturaleza. Como resultado de la acumulación de capital se ha vuelto un problema inocultable para la sociedad el volumen de todo tipo de desechos. La basura debe comprenderse como el resultado de la interacción de unas sociedades con sus ecosistemas; es un reflejo de los modelos societales, de sus estructuras productivas y reproductivas y sus relaciones de poder.
Marx propone el concepto de metabolismo social, que resalta la relación entre la sociedad y la naturaleza con cinco procesos metabólicos: apropiación, transformación, distribución, consumo y excreción. Estos procesos nos permiten cuantificar los flujos de materia y energía que se intercambia entre el conjunto social y el de la naturaleza. A medida que la sociedad evoluciona la energía que se toma del medio natural es mayor que el que la que se renueva por el ciclo natural. Es en la sociedad capitalista donde la energía que la sociedad extrae de la naturaleza es mucho mayor que la se renueva, a esto le llamamos crisis ambiental (Barreda, 2017).
Sin lugar a dudas, los residuos generados en el proceso de excreción es uno de los factores más relevantes para comprender el conflicto ambiental. Así también este proceso es el más dependiente de los anteriores procesos del metabolismo. Esto último quiere decir que la excreción está determinada por la apropiación, transformación, distribución y consumo de los valores de uso dentro del capitalismo industrial. La generación de residuos está determinada por el consumo de los individuos, lo que a su vez está restringido por los procesos de distribución y de producción, pues estos determinan el ingreso de las personas que están condicionados por la apropiación de la riqueza material (Barreda, 2017).
La cantidad que cada persona produce está directamente relacionada con su inserción social, con la estructura territorial y con los modelos productivos y reproductivos. Es bien conocido que a mayores ingresos percápita, mayor producción de basura percápita. Así como las personas con mayores ingresos generan más basura, también los países más ricos, más industrializados y con mayor desarrollo empresarial crean la mayor cantidad de basura del planeta.
La acumulación de basura ocurre como correlato de la acumulación de capital. La producción y consumo de objetos nocivos en todo el mundo coincide con las capacidades de consumir toda esta producción (Solíz, 2017). Esto ha dado como resultado la producción de basura por encima de las capacidades de absorción y reciclaje, y de productos cada vez más nocivos para el planeta. Si esto lo analizamos en las circunstancias de un capital multinacional con relaciones de dominio-explotación, veremos que la geopolítica de la basura tiene múltiples determinaciones en las diferentes escalas, global, regional y local.
Un caso específico se puede ver en la relación entre México y Estados Unidos. La cuestión de los residuos es un tema político, cuyo desarrollo está profundamente arraigado a las relaciones de poder, de justicia y de gobernanza, con todos los vicios que el sistema capitalista imperante trae consigo
México, el basurero de Estados Unidos
El envío transfronterizo de basura de países ricos a países pobres, en donde la regulación ambiental es muy laxa y la capacidad de reciclaje es mucho menor que en los países de origen, es un síntoma más de la dominación imperialista en que vivimos de los primeros hacia los segundos. 5º elemento lab publicó un informe titulado El basurero de Estados Unidos: México y Canadá reciben la mayoría de los residuos peligrosos. Este informe muestra los datos sobre los flujos de salida de los residuos peligrosos de Estados Unidos, en el que México recibió 690 toneladas de las 1288 en 2022. Esto quiere decir, 54% de sus desechos.
En Estados Unidos la regulación de la basura se realiza mediante la Agencia de Protección Ambiental, que responsabiliza a las empresas de hacerse cargo de sus residuos desde el origen hasta la tumba. Sin embargo, para las empresas resulta oneroso el tratamiento de los residuos plásticos y tóxicos por lo que les resulta más barato comprar el servicio en países con regulaciones mucho más relajadas de los países subdesarrollados que lidiar con las regulaciones ambientales de los estados o con los altos costos de los centros de procesamiento estadounidense.
Desde 2018 la importación de basura en México ha aumentado 121%, lo que tiene sus casusas en varios sucesos. En primer lugar, China prohibió la importación de desechos plásticos por no ser susceptibles de reciclaje, por su toxicidad y por provocar grandes problemas de contaminación y daños a la salud de su población y territorio. Hasta antes de esta decisión China era el principal importador global de muchos tipos de materiales para reciclaje, pero por proteger a su población y territorio de la basura sucia e incluso peligrosa por algunos residuos tóxicos desde finales de 2017 anunció la prohibición total de la importación de basura.
En segundo lugar, desde 2018, desde la presidencia de la república mexicana se incentivaron las importaciones de los residuos tóxicos con el argumento de la reactivación económica, creación de empleos y generación de divisas. Los incentivos consistieron en el abaratamiento del cobro a las empresas estadounidenses por el servicio de tratamiento de la basura. Esto derivó en el empeoramiento de las condiciones de los trabajadores en el sector de la basura; el salario de estos, según el Banco Mundial, apenas asciende máximo a 8 mil pesos mensuales, pues hay gente que gana incluso 3 mil 500 al mes. Además, los trabajadores ahora enfrentan peores riesgos por las malas condiciones laborales ante el tratamiento de residuos tóxicos y peligrosos. Este modelo dirigido por la ganancia ha hecho que el tratamiento de los residuos se vea como un negocio en donde el gobierno mexicano privilegia motivos económicos por sobre la contaminación y la salud de su población.
Dominación mediante la basura
La basura constituye la premisa y resultado de una relación dialéctica entre las sociedades y su naturaleza y por tanto es un reflejo del modelo de producción y consumo capitalista. El capitalismo tiene la cualidad única de tener una capacidad productiva y al mismo tiempo una capacidad única para el consumo más allá de lo necesario. Esto ha provocado que los residuos producidos superen la capacidad de la tierra para reabsorberlos y su nocividad creciente pone en riesgo el mantenimiento de los ciclos vitales. Sin embargo, la irracional lógica de la ganancia hace que las soluciones se restrinjan a verlo como un problema ecoeficientista que reduce los problemas ambientales a términos mercantiles sin cuestionar el modelo, en su lugar lo reproduce.
Si bien el problema de la basura es grave a escala mundial, es importante territorializarlo, pues no todos los países tienen las mismas herramientas para superarlo. Mientras grandes potencias mundiales se jactan de sus cifras de reciclaje y pregonan sus prácticas como algo que se debería imitar en países menos desarrollados como los nuestros, gran parte de ese paraíso sustentable se alimenta gracias al envío a otros países de cientos de contenedores repletos de residuos plásticos que en el mejor de los casos se reciclan, pero que en muchos otros terminan en destinos imposibles de rastrear, incinerados, enterrados o reciclados en condiciones que nunca se aprobarían en los países exportadores. Estas prácticas imperialistas sólo son aceptadas porque son impuestas por quienes no sufren de manera directa las consecuencias de las falsas soluciones a la crisis de los residuos.
Samira Sánchez es maestra en Estudios Urbanos por El Colegio de México e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Bibliografía
Barreda, A. (2017). Economía Política de la actual basura neoliberal. M. Solíz, Ecología Política de la Basura: pensando los residuos desde el Sur, 93-118.
Solíz, M. F. (2017). ¿Por qué un Ecologismo Popular de la basura?. Ecología política de la basura: pensando los residuos desde el Sur.
Radiografía del movimiento transfronterizo de plásticos en México e implementación del Convenio de Basilea. Autores: Acción Ecológica; Asociación Ecológica Santo Tomás; Fronteras Comunes. México. 2022.
