Por Ollin Vázquez | Marzo 2025
En el modo de producción capitalista, los trabajadores son los menos beneficiados y los más perjudicados, tal como lo señaló Marx. En tiempos de crisis económica o estancamiento productivo, los capitalistas pueden ver reducidas sus ganancias o enfrentar una disminución en la rentabilidad de sus inversiones, pero los trabajadores sufren las consecuencias de manera directa en su existencia material. Pierden su único medio de subsistencia, la venta de su fuerza de trabajo, lo que los condena a condiciones de vida precarias, e incluso a la muerte, como resultado de la pobreza y la falta de acceso a recursos básicos (Marx, 1844).
Por otro lado, en períodos de prosperidad económica, los dueños de las empresas y los capitalistas acumulan ganancias exorbitantes, mientras que los trabajadores rara vez se benefician de manera significativa o duradera. Aunque en estos períodos puede haber un aumento en la creación de empleos y un incremento temporal de los salarios, estos beneficios suelen ser efímeros debido a la dinámica inherente del capitalismo. La demanda de fuerza de trabajo no siempre crece al mismo ritmo que la producción, que la expansión económica, y esto se debe a varios factores estructurales del sistema. Uno de estos factores es que una mayor proporción de la inversión se destina a maquinaria y tecnología avanzada, en lugar de a la contratación de mano de obra. A medida que el capitalismo se desarrolla y la competencia entre capitalistas se intensifica, se prioriza la automatización y la mejora de los procesos productivos, lo que reduce la necesidad de contratar trabajadores. Además, la concentración y centralización del capital, que da lugar a grandes oligopolios, disminuye la inversión total en empleo en comparación con épocas en las que existía un mayor número de empresas.
Otro factor determinante es la globalización y la movilidad del capital. Las empresas trasladan sus operaciones a países con salarios más bajos y grandes reservas de mano de obra desempleada, lo que perjudica a los trabajadores de los países desarrollados. Este fenómeno ha llevado a una precarización del empleo y a una disminución de los salarios en muchas regiones, incluso en economías avanzadas.
Los trabajadores, por tanto, son víctimas del sistema capitalista en todos los sentidos. Incluso en países como Alemania y Estados Unidos, donde históricamente los sindicatos han logrado garantizar mejores condiciones laborales y salariales, los trabajadores están enfrentando las consecuencias de las crisis recurrentes del capitalismo. Un ejemplo claro de esto son los despidos masivos en grandes corporaciones. En diciembre de 2024, Mercedes-Benz anunció el despido de 16,000 empleados a nivel global, sumándose a los 20,000 despidos realizados dos años antes, con el objetivo de reducir su plantilla en un 10% para ahorrar 5 billones de euros para 2027[1]. Meta, por su parte, despidió a 3,600 trabajadores (5% de su fuerza laboral global), argumentando que no cumplían con un «nivel de rendimiento» esperado. BMW también planea recortar 8,100 empleos para reducir costos en 2 billones de euros.
Según el Institut syndical européen, entre 2019 y 2023 desaparecieron alrededor de 853,000 empleos industriales en Europa. Desde finales de 2024, los efectos de la relocalización de empresas debido a cambios geopolíticos y económicos globales se han hecho evidentes, afectando gravemente a los trabajadores europeos. La crisis comenzó en Alemania, donde el desabastecimiento de gas ruso afectó la competitividad industrial, provocando un aumento descontrolado en los precios de la energía y agravando las tensiones en las cadenas de suministro, ya debilitadas por la pandemia de COVID-19.
La industria automotriz, en particular, ha sido duramente golpeada. Volkswagen anunció que reduciría su producción y despediría a 35,000 trabajadores en Alemania hasta 2030, con el objetivo de ahorrar 1,500 millones de euros anuales en costos laborales. Esto fue el resultado de negociaciones con el sindicato IG Metall, ya que inicialmente la empresa planeaba cerrar tres de sus fábricas en el país. Thyssenkrupp Steel Europe también anunció planes para reducir el 40% de su plantilla hasta 2030, lo que implicaría despedir a 5,000 trabajadores y transferir a 6,000 más a empleadores externos[2].
Estos casos no son aislados, sino que reflejan una crisis más amplia de la industria europea y global. El capitalismo, en su fase actual, ofrece cada vez menos beneficios a la clase trabajadora. Las crisis económicas se han vuelto más recurrentes y severas, y las promesas de prosperidad y bienestar que el sistema alguna vez proclamó son ahora cosa del pasado.
Es urgente tomar conciencia de que el capitalismo ha agotado su capacidad para garantizar una vida digna para la mayoría de la población. Se requiere un nuevo modo de producción que priorice el bienestar colectivo sobre el lucro individual, un sistema que distribuya la riqueza social de manera equitativa y que garantice condiciones de vida dignas para todos. La lucha por una alternativa al capitalismo no es solo una cuestión de justicia, sino de supervivencia humana en un mundo cada vez más desigual y precario para la mayor parte de la población.
Ollin Vázquez es maestra en Economía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Notas
[1] https://www.linkedin.com/pulse/mercedes-benz-faces-new-wave-job-cuts-amid-crisis-andrew-wetten-tnjvc
[2] https://es.linkedin.com/posts/pablocortesgutierrez_thyssenkrupp-anuncia-un-recorte-de-plantilla-activity-7289904384090501120-Ai4P
