La interrupción de los estudios en México

Por Pablo Hernández Jaime| Febrero 2025

¿Cuántos estudiantes interrumpen sus estudios en México? Para aproximarnos a responder esta pregunta, podemos recurrir a dos de los indicadores que nos brinda la SEP, estos son los porcentajes de abandono y absorción. Ambos indicadores tienen sus limitaciones y sesgos, pero se complementan mutuamente.

El objetivo de este artículo es doble. Por un lado, se busca calcular el mínimo aproximado de estudiantes que, de acuerdo con datos de la SEP, interrumpe los estudios escolarizados en México. Por otro lado, interesa dar a conocer el significado y contenido, así como algunas de las limitaciones de los indicadores de abandono y absorción escolar.

1. Abandono

Cuando la SEP habla de abandono escolar se refiere a los estudiantes que interrumpieron sus estudios al interior de cierto nivel educativo. Se refiere, por ejemplo, a los estudiantes que ya estaban inscritos en la primaria y que, sin haberse graduado, ya no se inscribieron al ciclo siguiente. Podríamos decir que el número de abandonos es igual al número de reinscripciones esperadas y no realizadas. Así, el porcentaje de abandono se obtiene dividiendo el número de no reinscripciones entre la matrícula total del ciclo escolar anterior y multiplicándolo por cien.

Pongamos un ejemplo sencillo. Imaginemos que en el ciclo escolar 2022-2023, la primaria Francisco Villa tenía una matrícula de 90 alumnos y ese mismo ciclo escolar egresaron 30, por lo que se esperaría que 60 estudiantes se reinscribieran en el ciclo posterior. Sin embargo, en el ciclo 2023-2024 la matrícula fue de 80, de los cuales 30 fueron nuevos ingresos a primero, por lo que el número de reinscripciones fue de solo 50 y el número de abandonos de 10. Aquí, para obtener el porcentaje de abandonos, solo hay que dividir 10 entre 90 y multiplicarlo por 100, lo que nos da 11.1%.

Sin embargo, hay al menos dos problemas con esta forma de medir el abandono.

El primer problema es que el método es susceptible de subestimar el abandono ante el retorno de estudiantes que interrumpieron la escuela en ciclos anteriores. Así, por ejemplo, si entre uno y otro ciclo escolar Ana no se reinscribe a secundaria, pero María, que lleva un año sin estudiar, este año sí se inscribe, la SEP registraría que no hubo ningún abandono. Claramente, esto no tiene sentido. Un retorno escolar no contrarresta un abandono. Sin embargo, el método de medición es insensible a este tipo de casos, por lo que lo más probable es que el número y porcentaje de abandonos reportados por la SEP esté subestimado. 

El segundo problema es que esta forma de medir el abandono genera subestimaciones y sobreestimaciones cuando los estudiantes se cambian de escuela. Para el plantel de procedencia, el cambio de escuela es una no inscripción que puede llegar a ser tomada como abandono, generando una sobreestimación. Por el contrario, para el plantel de recepción, el cambio representa una inscripción no esperada que puede “enmascarar” algún abandono o dar como resultado abandonos negativos. Cuando analizamos entidades federativas, este problema está parcialmente resuelto, pues todos los cambios de escuela dentro del estado se contrarrestan: lo que se suma en un plantel se resta en otro. Pero ¿qué pasa con los estudiantes que cambian de escuela entre estados? Este segundo problema solo se resuelve analizando el abandono a nivel nacional.

Además de los dos problemas anteriores, el abandono presenta una limitación adicional, y es que, por definición, éste solo nos deja ver las interrupciones escolares al interior de cada nivel educativo, pero no nos enteramos de cuántos de los estudiantes egresados continuaron o no con sus estudios en el siguiente nivel. Aquí es donde la absorción nos puede ser de utilidad.

II. Absorción

En materia de interrupción de los estudios, los abandonos nos cuentan solo una parte de la historia. El porcentaje de absorción nos ayuda, aunque no definitivamente, a solventar este problema.

Cuando la SEP habla de absorción se refiere a cuántos estudiantes ingresaron por primera vez a cierto nivel educativo con respecto al número de egresados del nivel anterior. Así, el porcentaje de absorción se calcula simplemente dividiendo el número de nuevos ingresos a un nivel sobre el número de egresos del nivel anterior y multiplicándolo por cien.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos que en el ciclo 2023-2024 hubo en México un total de 100 egresados de primaria y un total de 100 nuevos ingresos a secundaria. Diremos entonces que hubo 100% de absorción. De igual manera, si el número de ingresos a secundaria hubiera sido de 95, diríamos que el porcentaje de absorción fue de 95% y podríamos decir también que hubo un porcentaje de no absorción de 5%.

Hasta aquí todo es sencillo. Sin embargo, es necesario tener cuidado con la absorción, pues presenta problemas similares a los del abandono.

El primero de estos problemas es con los ingresos tardíos, es decir, con los nuevos ingresos de estudiantes que egresaron del nivel anterior, no este año, sino en años previos. Este tipo de ingresos tardíos pueden causar, por ejemplo, que el porcentaje de absorción en algunos niveles educativos, como en media superior, sea incluso mayor a 100%. Así, por ejemplo, si en el ciclo 2023-2024 hubo 100 egresos de secundaria, podría ocurrir que hubiera 110 ingresos a preparatoria, ya que estarían entrando estudiantes que egresaron de la secundaria en años anteriores.

Si no existieran los ingresos tardíos, podríamos hacer las siguientes interpretaciones: en primer lugar, un porcentaje de absorción nacional mayor a 100 sería imposible; en segundo lugar, un 100% de absorción nos diría que todos los egresados de un nivel entraron al nivel siguiente; y, en tercer lugar, el porcentaje de no absorción nos permitiría saber exactamente cuántos estudiantes interrumpieron sus estudios entre uno y otro nivel.

Sin embargo, los ingresos tardíos existen, por lo que las interpretaciones deben ser otras. En materia de interrupción de los estudios, por ejemplo, un 100% de absorción nacional no nos permite saber si hubo estudiantes que interrumpieron sus estudios, y un porcentaje de absorción menor a 100, por ejemplo 90, solo nos permite saber que hubo, al menos, 10% de egresados que no pudieron ingresar al nivel siguiente. No sabemos si solo fue el 10%, pero sí sabemos que fue al menos el 10%.

El segundo problema con la medición de la absorción son las migraciones entre estados. La Ciudad de México, por ejemplo, tiene porcentajes de absorción mayores a 100% en secundaria y media superior. Esto se puede deber a los ingresos tardíos, pero también a que hay estudiantes del Estado de México, de Hidalgo, Morelos, u otros estados que viajan o se mudan a la CDMX para estudiar. Por eso resulta problemático evaluar los porcentajes de absorción a nivel estatal.

III. Algunas aclaraciones

Considerando todo lo anterior, podemos calcular el mínimo aproximado de estudiantes que interrumpen sus estudios a nivel nacional si conjuntamos los abandonos y la no absorción. Sin embargo, aquí hay que tomar algunas precauciones adicionales.

En primer lugar, el dato que presenta la SEP sobre absorción en sus estadísticas es el correspondiente al inicio de cada ciclo. Esto quiere decir que el dato considera cuántos ingresos hubo al inicio del ciclo con respecto a los egresos del nivel y ciclo anterior. Por otro lado, el abandono se calcula considerando la matrícula actual con respecto a la matrícula del ciclo posterior. En otras palabras, la absorción que se reporta en el ciclo 2023-2024 corresponde al tránsito entre los ciclos 2022-2023 y 2023-2024; por el contrario, los abandonos reportados en 2023-2024 corresponden al tránsito entre los ciclos 2023-2024 y 2024-2025.

Para hacer un calculo común del abandono y la no absorción, lo más conveniente es usar un mismo periodo de transición. Esto nos permitirá evaluar ambos indicadores en relación con una misma matrícula. Lo que haremos, entonces, será tomar los datos de abandono reportados de un año y los datos de absorción reportados en el año siguiente, y no los reportados en el mismo año.

En segundo lugar, es necesario explicitar una decisión, y es que ahí donde los porcentajes de absorción fueron mayores a 100% (esto solo ocurrió en media superior), la no absorción se definió como cero. Esta decisión era importante para no subestimar las interrupciones. Una no absorción negativa, matemáticamente, habría contrarrestado los abandonos o no absorciones de otros niveles, dando como resultado un número y porcentaje artificialmente menor de interrupciones. Cabe decir que esta decisión no corrige completamente la subestimación y tampoco genera sobreestimaciones; esto es así porque incluso con una absorción mayor al 100%, es perfectamente posible que el número de ingresos tardíos sea tan grande que contrarreste la no absorción de estudiantes recién egresados. En tales casos, definir la no absorción como cero es el supuesto más benigno, porque asume que todos los recién egresados transitaron al nivel siguiente, pero evitando una subestimación mayor de las interrupciones.

En tercer lugar, es importante considerar que la SEP no reporta sistemáticamente la situación de absorción y abandono de los estudiantes en sistemas no escolarizados o de educación a distancia. En ese sentido, hay que tener cuidado con la interpretación de los datos, pues los datos solo nos permitirán saber la cantidad y porcentaje mínima y aproximada de estudiantes que interrumpieron sus estudios en modalidades escolarizadas. En cuarto lugar, una ultima aclaración es que los datos de abandono solo están disponibles desde el nivel primaria en adelante, y los de absorción desde el ingreso a secundaria y hasta nivel superior. En ese sentido, no se consideran en absoluto las interrupciones en educación inicial o preescolar, ni el no ingreso a primaria.

IV. Interrupción de los estudios escolarizados en México

De acuerdo con los datos brindados por la SEP, hay una tendencia histórica a la reducción de los porcentajes de interrupción de los estudios escolarizados en México. Aquí, interrupción nos remite al porcentaje de estudiantes que, durante el ciclo escolar señalado, abandonó sus estudios sin concluir el nivel en el que se encontraba inscrito o, bien, se graduó, pero no logró ingresar al siguiente nivel educativo.

En el último ciclo escolar, 2023-2024, el porcentaje de interrupciones fue de 5%, el menor en 34 años. Cabe notar que los porcentajes de interrupción se redujeron, de manera casi constante, desde el ciclo 1990-1991 y hasta el ciclo 2001-2002, tras lo cual se observó un incremento a lo largo de dos años, seguido de nuevos descensos hasta el ciclo 2010-2011. En lo sucesivo se observan nuevos incrementos, donde la proporción mayor de interrupciones se registró durante la pandemia.

Si miramos el número absoluto de interrupciones, podemos apreciar, por ejemplo, que, para el último ciclo escolar, 2023-2024, hubo un 1,427,593 interrupciones. Para hacernos una idea del tamaño del problema, esta cantidad de estudiantes es casi la misma que toda la población del estado de Tlaxcala. Se trata de 1.4 millones de niños, niñas y jóvenes que, temporal o permanentemente, no han podido continuar con sus estudios, algunos solo de forma escolarizada, pero la gran mayoría en absoluto. Por supuesto, muchos de estos niños, niñas y jóvenes retomarán sus estudios en algún momento posterior. Otros ya no volverán. Pero todos están viendo vulnerado su derecho a la educación.

Este es buen momento para recordar que estos cálculos solo nos indican cuál es el número y porcentaje mínimo y aproximado de interrupciones. En la realidad, lo más probable es que las interrupciones sean bastantes más, aunque con los datos brindados por la SEP no es posible saberlo. Cabe señalar también que no estamos considerando aquí la calidad de los aprendizajes, ni las condiciones de equipamiento, infraestructura o personal de las escuelas. El problema de la interrupción de los estudios solo es uno de los varios retos que debemos afrontar. Sin embargo, y en todo caso, cada año decenas de miles de estudiantes se ven imposibilitados o desanimados a continuar con sus estudios.

Poder acceder y permanecer en la escuela son las dos primeras condiciones de posibilidad para garantizar el derecho a la educación. Por supuesto, no son las únicas condiciones. Pero son dos condiciones indispensables.


Pablo Hernández Jaime es doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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