Por Betzy Bravo | Febrero 2025
Hoy, más de tres décadas después de la Guerra Fría —cuando se invirtieron grandes cantidades de recursos para contrarrestar la filosofía marxista—, los estudios sobre marxismo han construido un prolífero nicho. Karl Marx ha recibido una gran atención, como lo señalan Christina Morina y Elizabeth Janik (2022, 19), no sólo por renovadas búsquedas en torno a su biografía sino también en sus aportaciones filosóficas y económicas. En este sentido, las investigaciones incluyen preguntas sobre los fundamentos de su teoría, por ejemplo: ¿hasta qué grado Hegel influyó en Marx? ¿Hasta qué grado lo hizo, por su parte, Feuerbach? ¿Qué retomó Marx del idealismo alemán? ¿Cuáles son sus auténticas aportaciones y cuáles son sus seguimientos de otras teorías?
Responder a la temática que ocupa este artículo no es sencillo ni puede haber una respuesta definitiva, dado el ritmo del desarrollo teórico de Marx en donde debemos considerar incluso su vida, pues, de acuerdo con Michael Heinrich, “quien quiera saber por qué estudió Marx unos temas y no otros o por qué hay tantas rupturas, nuevos comienzos y desplazamientos temáticos en sus obras, debe tener en cuenta la evolución política del autor, los conflictos y debates en los que se vio envuelto y sus circunstancias vitales, en ocasiones muy agitadas.” (2020, 30) Así pues, es difícil definir el materialismo de Marx de manera clara y concreta, se deben considerar cuestiones personales y políticas del propio autor. Sin embargo, se ha bosquejado (aunque no sólo) la influencia de las filosofías de Feuerbach y Hegel en Marx, aunque en sentidos diferentes.
La crítica de Marx y Engels a la izquierda hegeliana
En La ideología alemana (1845), Marx y Engels ofrecieron una definición negativa del materialismo: ser materialista significa “no ser idealista”. En este caso, el término “idealista” se refiere principalmente a Hegel y su influencia en el pensamiento alemán, que Marx considera una “ilusión hegeliana”. En dicha obra afirman:
La crítica alemana no se ha salido hasta en estos esfuerzos suyos de última hora, del terreno de la filosofía. Y, muy lejos de entrar a investigar sus premisas filosóficas generales, todos sus problemas brotan, incluso, sobre el terreno de un determinado sistema filosófico, del hegeliano. No solo sus respuestas, sino también los problemas mismos, llevan consigo un engaño. La sumisión a Hegel es la razón por la que ninguno de estos modernos críticos ha intentado siquiera una amplia crítica del sistema hegeliano, por mucho que cada uno de ellos afirme haberse remontado sobre Hegel. (Marx & Engels, 2014, 14).
Este enfoque implica pensar fuera de la perspectiva hegeliana sin demeritar sus profundos alcances. Marx argumenta que la crítica alemana permanece atrapada en la estructura hegeliana, incapaz de romper con sus categorías y conceptos. Así, aunque Feuerbach se presenta como una alternativa al idealismo de Hegel, Marx sostiene que en realidad sigue operando dentro de su lógica.
Entre 1843 y 1845, en el trayecto de Marx desde Alemania a París y Bruselas, su postura frente a Feuerbach cambió. Anteriormente, Marx elogió a Feuerbach por sus ataques contra Hegel, lo que hace sorprendente que luego criticara a Feuerbach de ser un “retoño del sistema hegeliano”, al igual que Strauss, Stirner y Bauer.
El sistema filosófico de Hegel es poderoso porque no se debilita con las críticas, sino que se fortalece y se renueva. Esto se debe a la propia lógica del absoluto hegeliano, que integra dentro de sí su identidad (lo que es) como lo que se le opone (su negación); se trata de una lógica contradictoria, que al negar su opuesto, lo integra en su sistema para desarrollarse.
Feuerbach pretendió superar el idealismo de Hegel con una filosofía materialista basada en la naturaleza y el ser humano, sin embargo, su pensamiento siguió atrapado en la estructura hegeliana en la medida en que seguía operando dentro de la misma lógica, quizá sin darse cuenta. El análisis de Karl Marx señala una ruptura con la filosofía idealista alemana. Posteriormente, su amigo y colaborador Friedrich Engels se preguntaba sorprendido por qué el impulso de Feuerbach resultó poco fecundo: “¿Cómo es posible que el gigantesco impulso de Feuerbach haya sido tan ineficaz en él mismo?” (1975, 46). La respuesta de Engels fue directa y respaldó en alguna medida el sistema de Hegel: Feuerbach no escapa del reino de las abstracciones, al cual criticaba enfáticamente, hacia la realidad concreta. La crítica de Engels a la reivindicación de la sensibilidad por parte de Feuerbach radica en que, aunque pretende ser concreta, es abstracta y pobre.
Y es que Feuerbach, quien aboga en cada página por la importancia fundamental de los sentidos en el conocimiento y la inmersión en la realidad concreta, llega a ser un pensador completamente abstracto cuando se trata de otras relaciones humanas que no sean las sexuales. En lugar de analizar las relaciones humanas en términos históricos, sociales o económicos, las reduce a cuestiones morales: se abstrae de otras relaciones que son también importantes.
Aquí radica la diferencia entre Hegel y Feuerbach. Para Hegel, la Ética es un concepto amplio que abarca el Derecho, la moralidad individual y la estructura del Estado. En cambio, Feuerbach, aunque intenta ser más “realista”, no desarrolla un análisis concreto de la sociedad en la que vive. Su concepción abstracta no explica cómo las relaciones humanas se ven afectadas por factores materiales como la economía, la política, las instituciones sociales o el Estado.
Feuerbach refleja su énfasis en lo sensorial, pero también su limitación al tratar lo humano en términos abstractos: “En el otro alcanzo la conciencia de la humanidad; mediante el otro experimento y siento que soy ser humano; en el amor hacia él me doy cuenta de que él me pertenece y yo a él, que no podemos existir el uno sin el otro, que sólo la comunidad constituye la humanidad” (2009, 203). A primera vista, Feuerbach parece reconocer la importancia de las relaciones humanas en concreto. Sin embargo, su análisis no va más allá de una afirmación general sobre la “comunidad”, sin examinar cómo esas relaciones están determinadas por condiciones materiales, económicas o históricas. Este es el punto donde Marx lo critica, donde argumenta que Feuerbach no comprende el carácter concreto y cambiante de las relaciones sociales, sino que las trata de manera idealista.
Hegel, Feuerbach y el problema de la crítica
Lo que parecía una feroz crítica a Hegel se convierte en un homenaje a la Fenomenología del espíritu. Feuerbach, al rechazar tanto el comienzo lógico como el fenomenológico de Hegel, transforma su propia filosofía en una manifestación del último. Irónicamente, Hegel podría considerar los escritos de Feuerbach como los primeros en tomar en serio el comienzo fenomenológico en la certeza sensible, transformando al supuesto adversario en uno de los mejores alumnos.
Feuerbach se queda atrapado en la frontera entre lo concreto y lo abstracto, repitiendo constantemente la necesidad de lo real. Sin embargo, su crítica a Hegel por partir del pensamiento en lugar del ser no es del todo justa. Hegel nunca pretendió ocultar nada: cuestionó qué sabe y qué dice la conciencia cuando pretende enfrentarse a lo otro de sí misma. La crítica debería dirigirse a la conciencia misma con tal pretensión.
El problema radica en que Feuerbach, al exigir lo positivo y lo real frente a la especulación hegeliana, termina atrapado en los mismos conceptos abstractos que critica. Hegel podría preguntar a Feuerbach lo mismo que a la certeza sensible: ¿qué dice cuando dice lo que dice? Feuerbach exige determinación frente a lo indeterminado, pero el concepto de determinación no es en sí mismo una determinación concreta. La crítica de Engels sugiere que Hegel, de alguna manera, es menos “hegeliano” que sus críticos. Combatir una versión imaginaria de Hegel puede ser una forma de evitar ser hegeliano, pero también es una manera de integrarse en su sistema.
El fracaso general de la izquierda hegeliana en su enfrentamiento con Hegel, como se analiza ahora en Feuerbach, no prueba que Hegel tenga razón, sino que revela una dificultad oculta en la crítica a su sistema. Hegel ha absorbido a sus oponentes y ha convertido toda la historia de la filosofía en una exposición de su sistema. En su visión, no hay enemigos reales, ya que su ser es otro. La especulación hegeliana maneja cualquier crítica otorgando al adversario incluso más razón de la que él mismo pretende tener.
Feuerbach, al criticar el comienzo lógico hegeliano, no pudo evitar ser atrapado por el comienzo fenomenológico. A pesar de haber ofrecido una respuesta convincente, sus textos funcionan como Hegel había previsto. Esto sugiere que la crítica a Hegel no implica solamente refutar textos filosóficos específicos, sino que hay algo en el propio lenguaje que opera hegelianamente, incluso en las críticas más precisas. El idealismo, por tanto, podría no ser simplemente una postura histórica, sino una ilusión necesaria. Por tanto, la lección que Marx extrae de este enfrentamiento no es solo filosófica, sino materialista: para superar verdaderamente a Hegel, no basta con criticar sus conceptos dentro del mismo marco lógico, es necesario transformar las condiciones materiales de existencia y el sistema de pensamiento.
Betzy Bravo es maestra en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Bibliografia
Engels, F. (1975). Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Pasado y presente.
Feuerbach, L. (2009). La esencia del cristianismo, Trotta.
Heinrich, M. (2020). Karl Marx y el nacimiento de la sociedad moderna, Akal.
Marx, K. & Engels, F. (2014). La ideología alemana, Akal.
Morina, C. & Janik, E. (2022). The invention of Marxism: How an Idea Changed Everything, Oxford University Press.
