Feminismo más allá de una ideología del capitalismo

Por Victoria Herrera | Febrero 2025

El feminismo no es solo una ideología del capitalismo. Desde sus orígenes, ha estado vinculado a las luchas de clase, ya que surgió con el propósito de lograr la emancipación de las mujeres, del mismo modo que el objetivo final del socialismo es la liberación de la clase trabajadora. Ambas luchas se han nutrido mutuamente a lo largo de la historia. Un claro ejemplo de ello es que el Día Internacional de la Mujer fue instaurado por el feminismo marxista, liderado por Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, ambas militantes del Partido Socialdemócrata Alemán.

Si bien a lo largo de la historia ha existido su contraparte, el feminismo burgués —que reivindica los derechos individuales de las mujeres y, en sus orígenes, representaba la lucha por el derecho al voto y al trabajo sin cuestionar la explotación capitalista—, es fundamental refutar la idea de que el feminismo es solo una ideología enajenante del capitalismo. Sostener esta afirmación mutila las luchas históricas que las mujeres han encabezado, muchas veces en alianza con la clase trabajadora, como la reducción de la jornada laboral, pero también el derecho al voto, al aborto y al divorcio, entre otros.

Es especialmente relevante hacer hincapié en el doble origen con que surgió el feminismo: uno burgués y otro marxista, para ponderar con claridad de qué feminismo se habla cuando se le critica o cuando se le sigue. Porque desde las posturas más distantes, particularmente y de manera evidente, de los hombres en el poder vienen todo tipo de improperios con tal de sabotearlo y desacreditarlo. Para algunos el feminismo es solo una ideología capitalista que pretende dividir la lucha de la clase trabajadora, mientras que, para los señoros de ultraderecha es una ideología asociada al socialismo. En ambos casos, el pensamiento machista, tanto de “izquierda” como de derecha, recurre casi siempre a los mismos argumentos.

En su reciente discurso en la Cumbre de Davos, Javier Milei —cuyo ideario es ampliamente conocido— no solo volvió a manifestar su aversión al socialismo, como hizo el año pasado, sino que también arremetió contra el feminismo y el ecologismo. Allí expresó que el feminismo radical, que él asocia con el socialismo, es una distorsión del concepto de igualdad… que lo que realmenete pretende es poner una mitad de la población en contra de la otra.

Dijo expresamente: “Llegamos incluso al punto de normalizar que muchos países, supuestamente, civilizados si uno mata a la mujer se llama “feminicidio y eso conduce a una pena más grave, que si uno mata a un hombre solo por el sexo de la víctima, legalizando, de hecho que la vida de una mujer vale más que la de un hombre enarbolando la bandera de la brecha salarial de género, pero cuando uno mira los datos, es evidente que no hay desigualdad para una misma tarea, sino que la mayoría de los hombres tienden a profesiones mejor pagadas que la mayoría de las mujeres. Sin embargo, no se quejan de que la mayoría de los presos son hombres ni que los plomeros son hombres, ni que la mayoría de las víctimas de robo y asesinato son hombres y ni que hablar de la mayoría de las personas que murieron en guerras…” ¡Vaya alegato patético del machismo!

Mark Zuckerberg, otro magnate de la economía global y dueño de Meta, fundador de Facebook, ha expresado su opinión sobre el auge de empresas que, en su visión, se han vuelto «culturalmente castradas» al intentar distanciarse de lo que él describe como «energía masculina». Zuckerberg, quien, cabe mencionar, mantiene una relación de amistad con figuras como Donald Trump y Javier Milei, afirmó que es positivo que una cultura «celebre un poco más la agresividad». Además, señaló: «Creo que la energía masculina es algo bueno, y obviamente la sociedad está llena de ella, pero me parece que la cultura corporativa estaba tratando de alejarse de eso».

Ambas posturas reflejan la misoginia de hombres con poder y una ideología abiertamente antifeminista y antisocialista. Sin embargo, sus ideas van más allá de la mera descalificación, lo que resulta aún más grave. En Argentina, por ejemplo, esto ha llevado a la anulación de la figura del feminicidio. La eliminación de esta categoría del Código Penal Federal no solo invisibiliza la violencia contra las mujeres, sino que contribuye a su aumento y agravamiento. Por ello, es fundamental no desacreditar al feminismo. Las recientes declaraciones de representantes de la ultraderecha mundial demuestran que el feminismo es más fuerte de lo que sus detractores quisieran admitir.

Históricamente, los personajes más nefastos han menospreciado el papel de las mujeres en la política y la ciencia. Sin ánimo de herir susceptibilidades y retomando a Virginia Woolf, es sabido que Napoleón consideraba a las mujeres incapaces, del mismo modo que figuras como Mussolini las despreciaban abiertamente. En contraste, solo los grandes humanistas, como Goethe y Marx, han reconocido el verdadero valor de las mujeres. No cabe duda: el feminismo es una poderosa herramienta de emancipación, no solo para las mujeres, sino para la clase trabajadora en su conjunto, pues cuestiona las estructuras capitalistas de poder y disputa los espacios tradicionalmente ocupados por hombres capitalistas acostumbrados a la opresión.


Victoria Herrera es historiadora por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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