Por Aquiles Celis | Febrero 2025
Durante la década de 1970, después de dos lustros de existencias dispersas, las organizaciones guerrilleras comenzaron un proceso de unificación a lo ancho y a lo largo del país. El 15 de marzo de 1973 se fundó en la Ciudad de Guadalajara la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). Este organismo pretendió unificar a todos los grupos guerrilleros regionales dispersos para establecer una acción coordinada y conjunta, con una dirección jerarquizada[1]. A los actos de conformación acudieron el Movimiento Estudiantil Profesional, el Frente Estudiantil Revolucionario, el Movimiento de Acción Revolucionaria, Los Enfermos, los Procesos, Los Guajiros y Los Lacandones, grupos asentados en distintas zonas geográficas del país.
La construcción ideológica de la praxis política de la LC23S la podemos ubicar en varios documentos. Uno de los principales intelectuales promotores de la unificación de los grupos guerrilleros en los primeros años de 1970 fue Raúl Ramos Zavala, maestro de la Facultad de Economía y miembro del Partido Comunista Mexicano. En el año de 1970 se organizó un congreso en Monterrey en el cual Ramos Zavala propuso un cambio de estrategia hacia la lucha armada y la creación de células guerrilleras en las principales ciudades. El rechazo de la asamblea y de la élite de las Juventudes Comunistas hacia las ideas de Ramos Zavala significó la deserción del profesor universitario y la creación de un grupo guerrillero que operaba en la Ciudad de México y en Monterrey, capital del Estado de Nuevo León. Este grupo fue conocido como Los Procesos en alusión al documento escrito por Ramos Zavala en donde vació su propuesta teórica de la necesidad de la lucha armada, titulado El proceso revolucionario en México. El tiempo que nos tocó vivir. Este constituyó una piedra fundamental para la centralización de la guerrilla.
Ramos Zavala no pudo coordinar la unificación de los grupos guerrilleros en torno a la LC23S, puesto que fue asesinado el 6 de febrero de 1972 en el Parque México por miembros de la policía[2]. Sin embargo, en el proceso de interacción con otros grupos sostuvo una reunión en 1971 con Ignacio Salas Obregón, estudiante del Instituto Tecnológico de Monterrey, quien continuó el proceso de unificación de las guerrillas. Salas Obregón militaba en el Movimiento Estudiantil Profesional, un grupo de extracción jesuita, que a partir del Concilio Vaticano II se acercó a la vía de la violencia para la conquista de las necesidades de los desprotegidos. Ignacio Salas Obregón junto a otros estudiantes del ITESM redactaron una serie de documentos conocidos como Los Maderas, en donde expusieron sus tesis y sus mecanismos de acción para su financiación como la lucha armada, los robos, las expropiaciones y para su vínculo con los distintos sectores de la sociedad.
Después de dos semanas de reuniones en la ciudad de Guadalajara quedó conformada la estructura jerárquica de la guerrilla y de dichas reuniones emanó el Manifiesto del proletariado. Cuestiones fundamentales del movimiento revolucionario, un documento teórico utilizado programa de acción para el funcionamiento de los organismos y los medios de mando de la estructura vertical que se consolidó. Este documento conjugaba las propuestas de Los Maderas y del pensamiento de Ramos Zavala. Una de las cuestiones fundamentales que proponía era unificar bajo una dirección central el movimiento guerrillero, es decir: establecer Comités de Zona que actuaran independientemente de los otros, con propuestas particulares, pero bajo las órdenes de la Coordinadora Nacional (el órgano central de la LC23S) y abarcar así todo el territorio mexicano[3] para establecer acciones coordinadas.
Durante el primer año de vida de la LC23S, sus miembros le declararon la guerra al Estado y mediante sus publicaciones invitó al pueblo a que se uniera a su causa y a rebelarse contra el sistema político para instaurar un Estado Obrero. La propaganda encontró eco principal, aunque no exclusivamente entre los estudiantes universitarios[4]. La guerra al Estado se manifestó también en asaltos bancarios, secuestros de empresarios y políticos de primera línea, expropiación de fábricas productoras y homicidios (sobre todo de policías, aunque también de confinados que se negaban a pagar el rescate).
La LC23S fue la organización guerrillera con más presencia en el periodo de 1971 a 1976, quizá por la línea política de centralización y aglutinación adoptada tras el Congreso de Unificación. Sin embargo, no fue la única organización guerrillera. Los esfuerzos de Ramos Zavala y la dirección de Salas Obregón no lograron centralizar todo el movimiento guerrillero, de hecho, muchos grupos, inconformes con la gestión de la Coordinadora Nacional, abandonaron la agrupación para volver a su acción independiente[5].
Uno de estos grupos independientes, impulsados por un espíritu y por métodos similares, pero con una praxis particular fue el Frente Revolucionario Armado del Pueblo, conformado por estudiantes de la Universidad de Guadalajara, conformada por los hermanos Alberto, Ramón y Juventino Campaña López[6]. Este grupo nació en el año de 1973, mismo año de la unificación de la LC23S y comenzó su actividad política. El periodo de vida independiente del FRAP fue efímero, pero sumamente intenso.
El 3 de abril de 1973, el FRAP secuestró al Terrance Leonhardy, cónsul de Estados Unidos en la Ciudad de Guadalajara y demandó al gobierno de Luis Echeverría, para su liberación, la suma de 1 millón de dólares y la liberación de 30 presos políticos[7], enjuiciados en la Ciudad de Guadalajara, negociación que al parecer el gobierno aceptó[8].
Un año y pocos meses después, el FRAP puso en práctica la Operación Tlatelolco, 2 de Octubre, operativo dirigido al secuestro de José Guadalupe Zuno Hernandez, hombre que rozaba los 80 años, miembro de la alta clase política de Jalisco –fue Gobernador del Estado entre 1923 y 1926- y, para añadirle más dramatismo, suegro del Presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez. La mañana del 28 de agosto de 1974, Zuno Hernández se dirigía al Instituto Tecnológico cuando fue interceptado por los guerrilleros, que lo privaron de su libertad. El FRAP lanzó un comunicado ese mismo día en el que se adjudicaba la autoría de ese acto. Solicitó, a cambio de la vida del político, la inmovilización de las fuerzas policiales y militares, un pago de 20 millones de pesos y la liberación de 10 pesos políticos.
“Invocar la memoria de Tlatelolco para justificar el secuestro de un anciano de 80 años, conocido por sus ideas democráticas y populistas” escribió Octavio Paz en septiembre de ese año, “revela la descomposición moral e ideológica de los extremistas. Los “Enfermos”, como se llamaba a sí mismo uno de estos grupos (el de la Universidad de Sinaloa), se han vuelto los incurables.”[9] Con la facilidad que le daba su posición de intelectual cercano al echeverrismo, Paz calificó a todos los grupos guerrilleros, a pesar de sus diferencias internas, como una desviación política. Como hemos visto, el FRAP no pertenecía a la LC23S en esta época, pero sí Los Enfermos. Cualquier acto violento, justificado teóricamente de la forma que fuese, en esa coyuntura particular era, para Paz, no solo un error, sino un retroceso en las libertades democráticas.
La Reforma Política de Luis Echeverría Álvarez [10]constituía para Paz, uno de los pasos más firmes en la tarea de abolir el monopolio de la representatividad política, usurpado por el PRI. Teóricamente, al abrirse el espacio para la discusión pública, todas las manifestaciones de pluralidad encontrarían vasos comunicantes. La violencia cerraba esa posibilidad, por eso Paz hizo recomendó al Estado de actuar rápido, sin ceder a los chantajes y, dentro del marco de la legalidad, la captura de todos los miembros del FRAP. Finalmente, Zuno Hernández fue liberado a 10 días de su secuestro.
Lo que siguió a este intento de unificación de los grupos guerrilleros fue la reacción del Estado por combatirlos. Aunque los esfuerzos por centralizar la dirección de los grupos guerrilleros en México durante la década de 1970, como lo intentó la Liga Comunista 23 de Septiembre, demostraron cierto grado de articulación y acción coordinada, estas iniciativas fracasaron en unificar plenamente el movimiento. Esta fragmentación facilitó al Estado mexicano implementar estrategias represivas que incluyeron persecución, tortura, desaparición y asesinato de guerrilleros, debilitando significativamente las posibilidades de consolidación del movimiento dando comienzo a un proceso muy oscuro de la historia contemporánea de nuestro país.
Aquiles Celis es maestro en Historia por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Notas
[1]Para entender el proceso desde la lectura descriptiva de la reconstrucción de la organización de la LC23S, consultar: Fritz Glockner, Los años heridos. La Historia de la Guerrilla en México, 1968-1985, México, Planeta, 2019. Cfr., con el análisis historiográfico: Alberto López, La liga. Una cronología. México, La Casa del Mago, 2013. p.31. Para entender el organigrama de mando y el funcionamiento de la estructura consulte Diego Dannemiller, La discusión historiográfica en torno a la Liga Comunista 23 de Septiembre, tesis para obtener el grado de Licecnciado en Historia, UNAM, FFyL, 2019.
[2]Ibid.p.10
[3]Ibid.p.11-45. La división geográfica de los comités, más que una realidad, fue una propuesta a corto plazo, pues la asimetría del accionar de los grupos guerrilleros estuvo siempre condicionada por la centralización de la actividad en puntos clave como La Ciudad de México, Culiacán o Monterrey.
[4]Octavio Paz, La docta adulación, Revista Plural, 36, septiembre de 1964, p.40. La adhesión de las clases medias y de los estudiantes universitarios a la guerrilla fue, para Paz, no se debió a que sus integrantes padecieran la crisis del capitalismo sino al “nihilismo de la abundancia”. Consideró que, en mayor medida, la juventud y las clases medias que se inmiscuyeron en la actividad guerrillera fue una cuestión, digamos, psicológica, ya que este sector “no halló mejor manera de librarse de sus obsesiones que proyectar sus sueños en las actividades de los jóvenes estudiantes rebeldes. Pero no se contentaron con aprobar la legítima rebelión juvenil, sino que se convirtieron en los apologistas y en los teóricos de la alianza contranatura entre las prácticas fascistas de los extremistas y la ideología del socialismo.
[5]Para un mapeo general de los grupos guerrilleros de la época y las distintas escisiones producidas por conflictos ideológicos o políticos, consultar: María Támariz, Operación 23 de Septiembre. Auge y exterminio de la Guerrilla Urbana en la Ciudad de México, tesis para obtener el grado en licenciada en Ciencias de la Comunicación, Facultad de Estudios Superiores de Aragón, UNAM, 2007.
[6]Laura Castellanos, México Armado, México, Era, 2006. A través de la reconstrucción de las distintas organizaciones armadas del país, la autora expone los vínculos ideológicos del FRAP a la Federación de Estudiantes de Guadalajara, una organización que integró la LC23S en su origen, pero también sus reivindicaciones de independencia de acción con respecto a dicha agrupación.
[7]Octavio Paz, “Diálogo en forma de monólogo”, Revista Pural, 41, abril de 1975, pp.78-80. La petición de la liberación de presos políticos resultó para Octavio Paz, cuando menos, ambigua. En un diálogo ficticio que recreó en la Revista Plural, en el que vierte varias opiniones sobre la guerrilla, calificó de sofisma la demanda por la liberación de los presos políticos: “Esas personas no están en la cárcel por sus ideas sino por asaltar bancos, secuestrar gente y haber condenado a muerte a varios inocentes. Ni con la mejor buena voluntad del mundo se puede calificar las acciones de esos individuos como “actividades políticas” son delincuentes.”
[8]Castellanos, Op. Cit.p.43.
[9]Octavio Paz, “El Plagio, la plaga y la llaga”, Revista Plural, 36, septiembre de 1974.
[10]Para una lectura interesada en los pormenores de la Reforma Política de LEA, escrita desde una postura crítica y sumamente explicativa, véase: Daniel Cosío Villegas, El estilo personal de gobernar, México, Joaquín Mortíz, 1974.
