Por Pablo Hernández Jaime| Enero 2025
La concepción materialista de la historia, a veces denominada materialismo histórico, es una de las piezas clave del pensamiento marxista. Dicha concepción fue desarrollada por Marx (1818-1883) y Engels (1820-1895) como parte de una larga y compleja trayectoria intelectual y política. Para ayudar a comprender esta concepción, en este pequeño artículo presento una breve contextualización biográfica y algunas reflexiones.
Es perfectamente posible encontrar indicios tempranos de la concepción materialista de la historia en los artículos periodísticos de Marx en la Gaceta Renana (1842-1843), así como en sus escritos sobre La cuestión judía o la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (ambos de 1844 (Marx, 1970a, 1970b)). Por el lado de Engels, también es posible hallar estos indicios en textos como su Esbozo de crítica de la economía política (1844/1970), junto con los textos de Marx en el primer y único número de la revista Los anales franco-alemanes), o en su exhaustiva investigación sobre La situación de la clase obrera en Inglaterra (publicada a inicios de 1845, pero cuya preparación y redacción debió tomar cerca de tres años (Engels, 2020)).
Sin embargo, el primer documento donde la concepción materialista de la historia es objeto de un análisis y reflexión más detallados es La ideología alemana. Esta obra nunca fue publicada en vida de Marx o Engels (la primera publicación fue en 1932). Su redacción data de entre 1845 y 1846 (Marx & Engels, 2014). El texto en cuestión está íntimamente relacionado con otro libro de Marx y Engels, La sagrada familia, que fue escrito entre 1844 –año en que ambos se conocieron– y 1845 (Marx & Engels, 2013). Estos libros tenían un objetivo común: criticar a un grupo de pensadores alemanes conocidos como jóvenes hegelianos o hegelianos de izquierda. Esta crítica, como indicaría Marx varios años después, tenía la intención de “saldar cuentas” con su propia concepción filosófica precedente (Marx, 2008).
La ideología alemana es un libro muy extenso, cercano a las 500 páginas en algunas ediciones. El primer capítulo de este libro, que constituye una crítica al filósofo alemán Ludwig Feuerbach, es también la primera formulación de la concepción materialista de la historia.
¿Por qué esta concepción aparece junto con la crítica a Feuerbach, y quién es este pensador? Ludwig Feuerbach fue un hegeliano de izquierda al que se le atribuye haber realizado una importante crítica materialista al idealismo hegeliano. Los textos de Feuerbach influyeron mucho en el pensamiento de los jóvenes hegelianos, incluyendo a Marx y Engels. Sin embargo, había algo que no terminaba de convencer a estos últimos.
Mientras ambos amigos comenzaban la redacción de La ideología alemana en 1845, Marx redactó un muy breve, aunque fundamental, texto que puede ayudarnos a entender, aunque sea un poco, la intención detrás de la crítica de Marx a Feuerbach. Este pequeño documento, publicado por Engels años después en 1888, eran las Tesis sobre Feuerbach (Marx, 2011). Aquí, entre muchas otras cosas, Marx indica que el materialismo feuerbachiano incurre en un error muy importante. Este error consiste –parafraseando la tesis VI (p. 116)– en que, al tratar de disolver la esencia religiosa en la esencia humana, Feuerbach se limita a considerar al ser humano solo en abstracto, como género humano, pero no en sus determinaciones históricas. El error, por tanto, no consiste en querer encontrar un fundamento humano a los fenómenos religiosos, sino en quedarse estancado frente a una concepción general y abstracta de la esencia humana.
No es que Marx niegue absolutamente la existencia de cierta esencia atribuible al género humano, sino que, para él, las distintas formas de existencia de esa esencia solo pueden ser conocidas estudiando el proceso histórico real de las sociedades (Marx & Engels, 2014). En cierto modo, la concepción materialista de la historia, tal cual aparece esbozada (es importante notar que se trata de un esbozo) en el primer capitulo de La ideología alemana, es la propuesta de Marx y Engels para aproximarse al estudio concreto de la sociedad. Es necesario subrayar que esta propuesta no es un análisis acabado ni contiene las leyes reveladas de la historia. Se trata, en cambio y como Marx mismo señaló posteriormente, de una concepción que le sirvió como “hilo conductor” de sus estudios (Marx, 2008, p. 4).
Después de redactar La ideología alemana, Marx y Engels trataron de hacer sus investigaciones y análisis orientándose con su concepción materialista de la historia. Esto se puede ver en obras como La miseria de la filosofía (1847/1987), El manifiesto del partido comunista (1848/2012) o El dieciocho brumario de Luis Bonaparte (1852/2015), así como en muchos de sus artículos periodísticos. Sin embargo, tal concepción no debe entenderse como un conjunto de principios y conceptos que solo debemos memorizar y después “aplicar” a nuestras reflexiones sobre la realidad[1]. La misma concepción materialista indica que, para conocer verdaderamente el origen, funcionamiento y tendencias de una sociedad, es necesario aproximarnos a su proceso histórico real, y esto solo puede hacerse estudiando directamente la forma en que las personas viven, actúan y se relacionan entre sí bajo determinadas condiciones[2].
Las premisas de que partimos no tienen nada de arbitrario, no son ninguna clase de dogmas, sino premisas reales, de las que solo es posible abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía puramente empírica (Marx & Engels, 2014, p. 16).
Es importante enfatizar este último punto, pues la concepción materialista de la historia contiene aun planteamientos muy generales y abstractos sobre el funcionamiento de la sociedad y su historia. Dicha concepción debe entenderse como una herramienta teórica y metodológica para el estudio de la realidad y no como un conjunto de principios o axiomas de los cuáles deducir o derivar automáticamente conclusiones específicas sobre el mundo (como si la teoría ya tuviera contenida la verdad de todos los lugares y épocas históricas).
Pero ¿qué dice la concepción materialista de la historia? Dos de sus ideas centrales son las siguientes. En primer lugar, esta concepción indica que toda la historia y funcionamiento de la sociedad depende de que las personas estén en condiciones de poder producir y reproducir su vida de alguna manera. El ser humano está anclado a su necesidad de subsistir, aunque no se reduce a ella. La producción y reproducción de la vida es la “base” de la sociedad y son precisamente los cambios en esta “base” los que permiten el desarrollo de nuevas expresiones de la propia vida humana, nuevos modos de vida, nuevas formas de ser (Marx, 2008; Marx & Engels, 2014, p. 16).
Así, por ejemplo, la posibilidad de que alguien pueda manifestar su propia vida como poeta depende de que esa persona (1) esté en condiciones de subsistir, ya sea mediante su trabajo de poeta, con un trabajo alterno o a través de algún subsidio, (2) tenga acceso al trabajo de poetas precedentes, ya sea a través de la lectura o la declamación, y (3) pueda dedicar algún tiempo, por pequeño que sea, a producir su propia poesía. Asimismo, este poeta manifestará su vida como tal poeta (4) produciendo su poesía en un idioma y no en otro y (5) hablando de las cosas que él u otros han conocido y experimentado.
Todo esto: la subsistencia, el acceso a la poesía, el tiempo libre, e incluso el lenguaje y las vivencias personales son cosas que dependen, en última instancia, de ciertas condiciones económicas de la sociedad (por ejemplo, el desarrollo de las fuerzas productivas y el tipo de relaciones sociales de producción). Esta primera idea es conocida precisamente como la tesis de la determinación económica en última instancia y se restringe a señalar esto: que cualquier expresión social y humana es posible, a final de cuentas, porque las condiciones en que se produce y reproduce la vida humana lo permiten. Es importante tener cuidado aquí, pues a veces esta tesis es entendida como sinónimo de que “todo tiene una causa económica”. Pero esta formulación es cuando menos imprecisa. Si entendemos “causa económica” como “condición de posibilidad”, entonces la formulación es estrictamente cierta. Pero si entendemos “causa económica” en un sentido mecánico, como que cada cosa en la sociedad es un “efecto” directo de algo “económico”, entonces la formulación es falsa, pues hay muchas cosas en la sociedad que no son el resultado directo de la economía.
En su carta a Joseph Bloch de 1890, el viejo Engels advierte precisamente contra este error cuando indica que…
… apenas podrá afirmarse, sin incurrir en pedantería, que de los muchos pequeños Estados del Norte de Alemania fuese precisamente Brandemburgo, por imperio de la necesidad económica, y no por la intervención de otros factores […] el destinado a convertirse en la gran potencia en que cobraron cuerpo las diferencias económicas, lingüísticas, y desde la Reforma también las religiosas, entre el Norte y el Sur. Es difícil que se consiga explicar económicamente, sin caer en el ridículo, la existencia de cada pequeño Estado alemán del pasado y del presente o los orígenes de las permutaciones de consonantes en el alto alemán… (Engels, 1974a, p. 718).
Una segunda idea central dentro de la concepción materialista de la historia es que, desde que surgieron la propiedad privada y la explotación, es decir, desde que la sociedad se dividió en clases, el desarrollo histórico está determinado por el conflicto o lucha entre esas clases (Marx & Engels, 2012). Asimismo, para cada sociedad de clases, habrá alguna de ellas que resulte dominante. De manera que las ideas e intereses de la clase dominante terminarán imponiéndose por sobre las ideas e intereses de las demás. Aquí, nuevamente, es necesario tener cuidado, pues la dominación de una clase nunca es absoluta ni mecánica, sino que se impone solo como tendencia y de forma agregada, y no como resultado de un plan maestro perfectamente ejecutado (como si la clase dominante pudiera tener control absoluto sobre la realidad). Esto lo advierten Marx y Engels en La ideología alemana cuando señalan que…
La vida material de los individuos, que en modo alguno depende de su simple «voluntad», su modo de producción y la forma de intercambio, que se condicionan mutuamente, constituyen la base real del Estado […] estas relaciones reales, lejos de ser creadas por el poder del Estado, son, por el contrario, el poder creador de él. Los individuos que dominan bajo estas relaciones tienen […] que dar necesariamente a su voluntad, condicionada por dichas determinadas relaciones, una expresión general como voluntad del Estado, como ley […] Así como no depende de su voluntad idealista o de su capricho el que sus cuerpos sean pesados, no depende tampoco de ellos el que hagan valer su propia voluntad en forma de ley, colocándola al mismo tiempo por encima del capricho personal de cada uno de ellos. Su dominación personal tiene necesariamente que construirse, al mismo tiempo como dominación media. […] El Estado no existe, pues, por obra de la voluntad dominante, sino que el Estado, al surgir como resultante del modo material de vida de los individuos, adopta también la forma de una voluntad dominante (Marx & Engels, 2014, p. 286 y 287).
Este planteamiento de Marx y Engels es un poco denso, pero muy importante. La idea es básicamente que la voluntad de los individuos de la clase dominante no puede nunca imponerse de forma absoluta: primero, porque los intereses e ideas inmediatas de cada uno de ellos no son necesariamente las mismas y, segundo, porque su dominación se opone también a las acciones, ideas e intereses del resto de la sociedad. Incluso con el poder del Estado, la voluntad de la clase dominante se impone solo como “dominación media”. Esta misma idea la retoma Engels en la carta a Bloch previamente citada.
La historia se hace de tal modo que el resultado final siempre deriva de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida; son, pues, innumerables fuerzas que se entrecruzan las unas con las otras, un grupo infinito de paralelogramos de fuerza, de las que surge una resultante –el acontecimiento histórico–, que a su vez, puede considerarse producto de una fuerza única, que, como un todo, actúa sin conciencia y sin voluntad. Pues lo que uno quiere tropieza con la resistencia que le opone otro, y lo que resulta de todo ello es algo que nadie ha querido […] Pero del hecho de que las distintas voluntades individuales […] no alcancen lo que desean, sino que se fundan todas en una media total, en una resultante común, no debe inferirse que estas voluntades sean = 0. Por el contrario, todas contribuyen a la resultante y se hallan, por tanto, incluidas en ella (Engels, 1974a, p. 717 y 718).
Habría muchas más cosas que decir sobre la concepción materialista de la historia. Sin embargo, dejaré ese y otros temas para un momento posterior.
Si tuviéramos que resumir la concepción materialista de la historia en una oración, quizá podría decirse que ésta consiste en buscar las fuerzas impulsoras del desarrollo histórico en las transformaciones del modo de producción y reproducción de la vida material de las personas reales. Por supuesto, esta concepción abrió paso a una serie de reflexiones y planteamientos que podemos rastrear en las obras tempranas de Marx y Engels. Estas ideas, que fueron esbozadas de manera amplia en La ideología alemana, después fueron recuperadas en diversas obras. Uno de los textos más célebres al respecto es el Prologo de la Contribución a la crítica de la economía política (Marx, 1859/2008). Sin embargo, dichas ideas también están presentes en obras posteriores como El Capital de Marx (1867/1975) o en trabajos de Engels como el Anti-Dühring (1878/1968) o Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1888/1974b). Este último libro, de hecho, está explícitamente inspirado en el ya mencionado primer capítulo de La ideología alemana, y fue también junto con este libro que se publicaron por primera vez las célebres Tesis sobre Feuerbach.
Sin embargo, y a pesar de las reiteradas formulaciones de Marx y Engels sobre la concepción materialista de la historia, es importante recordar que dicha concepción nunca estuvo pensada como una teoría acabada de la historia y la sociedad, sino como una guía para el estudio concreto de la realidad. El Capital de Marx, de hecho, es uno de los resultados de este tipo de estudios que permiten profundizar, aunque no agotar la investigación. Tener presente esto es crucial, pues la propuesta política de Marx y Engels, el socialismo científico, implica que los revolucionarios estén constantemente estudiando la realidad para encontrar en ella las vías posibles de su transformación. En este sentido, la concepción materialista de la historia debe servir como una herramienta teórica y metodológica para el desarrollo de un socialismo científico ajustado a nuestra época y contexto, que nos permita comprender, pero también transformar la realidad.
Pablo Hernández Jaime es doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
[1] ¿Cómo podemos estar seguros de que la concepción materialista no debe entenderse en estos términos? Porque esta es precisamente una de las criticas centrales de Marx y Engels a los jóvenes hegelianos, tanto en La sagrada familia como en La ideología alemana. En el primero de estos textos puede buscarse la expresión irónica de “tranquilidad del conocimiento”, con la que Marx y Engels indican la actitud dogmática que asumen inadvertidamente los jóvenes hegelianos al asumir que sus “principios teóricos” ya son verdaderos y les permiten, además, hacer deducciones empíricas válidas a través de la pura reflexión (Hernández Jaime, 2022; Marx & Engels, 2013, 2014).
[2] Siguiendo su propia crítica a los jóvenes hegelianos, Marx y Engels, en el primer capítulo de La ideología alemana enfatizan la fundamentación empírica de sus premisas. Este énfasis no es gratuito, pues una de las críticas reiteradas, tanto a los hermanos Bruno y Edgar Bauer como a Szeliga y Stirner, era precisamente la falta de fundamentación material de sus premisas.
Referencias
Engels, F. (1968). Anti-Dühring. la suversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring (M. Sacristán (ed.)). Grijalbo.
Engels, F. (1970). Esbozo de crítica de la economía política. In K. Marx & A. Ruge (Eds.), Los Anales Franco-Alemanes. Ediciones Martínez Roca.
Engels, F. (1974a). Engels a Joseph Bloch. In C. Marx y F. Engels: Obras Escogidas (pp. 717–719). Progreso.
Engels, F. (1974b). Ludwig Feuerbach y el Fin de la Filosofía Clásica Alemana. In C. Marx y F. Engels: Obras Escogidas (pp. 614–653). Editorial Progreso.
Engels, F. (2020). La situación de la clase obrera en Inglaterra. Akal.
Hernández Jaime, P. B. (2022, December). Sobre la dialéctica de la autoridad en “La sagrada familia.” CEMEES.
Marx, K. (1970a). Contribución a la Critica de la Filosofia del Derecho de Hegel. In J. Bravo (Ed.), Los Anales Franco-Alemanes (pp. 101–116). Ediciónes Martínez Roca.
Marx, K. (1970b). La cuestión judía. In K. Marx & A. Ruge (Eds.), & J. M. Bravo (Trans.), Los Anales Franco-Alemanes (pp. 223–257). Ediciones Martínez Roca.
Marx, K. (1975). El Capital: Crítica de la Economía Política. Libro Primero: el Proceso de Producción del Capital (P. Scaron (ed.)). Siglo XXI.
Marx, K. (1987). Miseria de la Filosofía: Respuesta a la Filosofía de la Miseria de Proudhon (M. Soler (ed.)). Siglo XXI.
Marx, K. (2008). Prólogo. In J. Tula (Ed.), Contribución a la crítica de la economía política (9th ed., pp. 3–7). Siglo XXI.
Marx, K. (2011). Tesis sobre Feuerbach (1845). In El materialismo de Marx. Discurso crítico y revolución (pp. 109–121). Itaca.
Marx, K. (2015). El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. In Antología. Karl Marx. Siglo XXI.
Marx, K., & Engels, F. (2012). Manifiesto del Partido Comunista. In Textos Selectos y Manuscritos de París; Manifiesto del Partido Comunista con Friedrich Engels; Crítica del Programa de Gotha. Editorial Gredos.
Marx, K., & Engels, F. (2013). La sagrada familia o crítica de la crítica crítica contra Bruno Bauer y consortes. Akal.
Marx, K., & Engels, F. (2014). La Ideología Alemana. Akal.
