¡ALCA, ALCA(rajo)!

Por Vania Sánchez | Enero 2025

Al comandante Hugo Chávez Frías

In Memoriam

En 2025 se cumplen 20 años de la IV Cumbre de las Américas celebrada en Mar de Plata. Una reunión histórica para los pueblos de América Latina se produjo el contundente y, casi unánime, rechazo al Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) planteado por George W. Bush, entonces presidente de Estados Unidos a los países del Centro y Sur del continente americano. El ALCA se había estado gestando durante más de diez años. En ese periodo, los resultados prometidos del libre tránsito de mercancías y capitales se pusieron a prueba mediante el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en el que participaban Estados Unidos, Canadá y México.

Según la teoría, el libre comercio permite, por un lado, elevar la escala de la producción al dar paso a mercados más grandes; y por otro, elevar la productividad del trabajo y emplear los recursos ahí donde son más valiosos. Es decir, el libre comercio, dado que permite hacer una mejor asignación de los recursos humanos, naturales y del capital productivo, da lugar a que el valor producido sea mayor aun con los mismos recursos. Así, como se manifiesta en el Acuerdo de Marrakech de 1994 de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el libre comercio debería servir para mejorar la calidad de vida, crear empleos y promover el desarrollo sustentable de los países. Con este discurso, los países imperialistas acabaron imponiendo una división del trabajo al mundo y las reglas de una globalización expoliadora y empobrecedora para los pueblos marginados del mundo que, por esconder esta condición, se les denomina “países en desarrollo” o del “sur global”. ¿Cuáles son los resultados de 30 años de esta globalización?

De acuerdo con la OMC, en los 30 años de globalización, el comercio entre las economías emergentes y en desarrollo -es decir, entre los países del sur global- pasó de tener una participación de 5% del comercio bilateral mundial en 1995 a 18% en 2022. Es decir, más que se triplicó. En tanto que la participación del comercio entre los países desarrollados pasó de 55% del total mundial a 32% de éste. No obstante, y según el informe del Banco Mundial (BM) titulado La riqueza cambiante de las naciones 2021, en este año los países de ingreso bajo que concentran 8% de la población mundial solo poseen 1% de la riqueza mundial, la misma parte que tenían 23 años antes. Y aun, la riqueza forestal per cápita de los países del sur global se redujo entre 1995 y 2018 se redujo en 8%. Es decir, que el esfuerzo de incrementar su participación en el mercado mundial no se ha visto recompensado con una mayor participación en la riqueza del mundo. Según el estudio Intercambio desigual de trabajo en la economía mundial del Instituto para la Ciencia y la Tecnología Ambiental (ICTA-UAB), en 2021 el Norte global importó 906 mil millones de horas de trabajo realizado en el Sur global y exportó 80 mil millones, menos del 10%; esto significa que para importar una hora de trabajo del Norte global el Sur global debe exportar más de 10 horas de trabajo. En fin una globalización que implica una transferencia masiva de esfuerzo y recursos.

Esa es la globalización que los pueblos del sur global repudiamos. Esa es la globalización a la que hace 20 años el Comandante Hugo Chávez mando al carajo. El Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) era una iniciativa de los Estados Unidos que pretendía una zona de libre comercio en todo el continente y que implicaba la pérdida de soberanía de los gobiernos a organismos supranacionales supuestamente neutrales. En fin, el acuerdo buscaba que los países del Centro y Sur de América quitaran las barreras arancelarias a fin de que los enormes y monopolistas capitales del imperio pudieran acceder a mercados de mercancías y capitales del resto de países, así como a sus recursos naturales. Prometían a cambio el acceso a su mercado copado de monopolios con los que toda competencia está perdida, así como financiamiento para el desarrollo que a la postre siempre se ha traducido en mayor deuda y control territorial del imperio debido a las diferencias del tamaño y desarrollo de las economías nacionales.

En nuestros días los políticos de Estados Unidos, entonces paladines del libre comercio, proclaman la vuelta de las barreras comerciales como mecanismo de defensa de su economía nacional; desconocen las virtudes que antes le atribuían al libre comercio para promover el desarrollo y el empleo en el mundo ahora que sus capitales tienen rivales provenientes de otras latitudes. Entonces como ahora, era evidente que la negativa al ALCA era muy insuficiente. Aunque los países del Sur global empiezan a hallar fórmulas para integrarse económicamente de suerte que el comercio resulte en un auténtico motor de desarrollo para todas las partes. México parece dar otra vez la nota discordante como en Mar de Plata en 2005. Parece que el gobierno de Claudia Sheinbaum no repara en que, uncidos a la economía estadounidense a los mexicanos solo nos queda un futuro de pobreza y subdesarrollo.


Vania Sánchez es doctora en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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