¿Éxito o fracaso? La política de China hacia Siria en el contexto de la guerra civil

Por Ehécatl Lázaro | Enero 2025

La caída del gobierno de Bashar al-Assad en diciembre de 2024 marca un cambio significativo en la realidad geopolítica de Asia Occidental. Aunque los actores internos fueron fundamentales en el resultado de la guerra civil, los actores externos desempeñaron un papel determinante. ¿Cuál fue la participación de China? En este artículo se analiza la política de China hacia Siria en el contexto de la guerra civil y se compara con la política que aplicaron las otras dos Grandes Potencias: Estados Unidos y Rusia.

1. La guerra civil siria

La guerra civil en Siria inició con la Primavera Árabe, en 2011. El conflicto evolucionó rápidamente de su etapa política a una etapa armada y en 2012 ya había varios grupos armados buscando la derrota militar del presidente Bashar al-Assad. En la primera fase de la guerra, el gobierno perdió el control de partes importantes del territorio nacional ante el avance de los ejércitos rebeldes. En 2020, cuando la guerra entró en un periodo de estancamiento, el país quedó dividido de la siguiente manera: el gobierno controlaba la mayor parte del territorio y las ciudades más importantes; el norte quedó bajo el control del Syrian National Army, armado y apoyado por Turquía, y de yihadistas radicales como Hayat Tahrir al-Sham, una derivación de Al-Nusra; el este quedó bajo el control de las kurdas Syrian Democratic Forces; y el sureste quedó controlado por tropas estadounidenses. Después de trece años de guerra, en diciembre de 2024, tras una rápida ofensiva dirigida Hayat Tahrir al-Sham, el gobierno de Bashar al-Assad colapsó.

Las Potencias Medias de Asia Occidental se involucraron desde el principio en la guerra civil, convirtiendo a Siria en el campo de batalla de un conflicto regional. Turquía, Israel, Arabia Saudí y Qatar apoyaron activamente a los rebeldes en contra del gobierno. Turquía impulsó en 2011 la formación del antigubernamental Syrian National Army y éste se convirtió en un actor proxy al servicio de los intereses de Estambul. Además, Turquía intervino militarmente en territorio sirio desde 2016 hasta 2022, combatiendo directamente a las fuerzas del gobierno sirio, a las fuerzas kurdas y a las del Estado Islámico. Israel atacó con misiles instalaciones militares del gobierno sirio en diferentes ocasiones. Hasta 2017, Arabia Saudí proveyó armas y financiamiento a grupos rebeldes islamistas. Qatar se coordinó con Turquía para apoyar con armas y dinero a los mismos grupos rebeldes.

Ante el agravamiento de la situación, el gobierno de Bashar al-Assad solicitó a Irán apoyo militar para luchar contra los diferentes grupos armados. Desde 2011 Irán envió soldados a territorio sirio, además de proveer entrenamiento y apoyo técnico a las tropas gubernamentales. La intervención directa de Hezbollah en territorio sirio también puede considerarse como parte de la participación de Irán, pues el grupo armado libanés tiene fuertes lazos con Irán y hay una profunda coordinación militar. Hasta 2024, el apoyo militar de Irán fue fundamental para evitar la derrota militar del gobierno sirio.

La actuación de las Potencias Medias en la guerra civil siria estuvo coordinada con la política de las Grandes Potencias. Estados Unidos apoyó a Turquía, Arabia Saudí, Qatar Israel y a los rebeldes; Rusia apoyó a Irán y al gobierno de Bashar al-Assad. China se mantuvo al margen de esta dinámica geopolítica, buscando mantener relaciones de cooperación con todos los gobiernos de la región, pero sin apoyar al gobierno o a los rebeldes en la guerra civil.

2. Estados Unidos: fortalecer su hegemonía

Desde el final de la Guerra Fría el principal objetivo de Estados Unidos en Asia Occidental ha sido mantener su hegemonía en la región para que sirva a su estrategia geopolítica mundial (唐志超, 2024). Con la invasión de Irak, Estados Unidos comenzó una estrategia de fuerte intervención militar directa, con el objetivo de garantizar su seguridad energética, proveer seguridad a sus aliados en la región y promover cambios de régimen para instaurar democracias liberales. Washington llegó a tener más de 160 mil soldados en Irak y más de 250 mil en Asia Occidental. Durante el gobierno de Obama, Estados Unidos comenzó un cambio en su estrategia: en lugar de una fuerte presencia militar, buscaría mantener su hegemonía a través de una intervención más suave, aunque sin renunciar a la fuerza (张帆, 2021). Ante la creciente presencia de Rusia y China en la región, desde el primer gobierno de Donald Trump, Estados Unidos se propuso disminuir la influencia de Rusia y China; Irán y Siria fueron elementos importantes en esta estrategia (牛新春, 2018) (岳汉景, 2015).

Desde 2011, Estados Unidos impuso sanciones económicas a Siria para debilitar al gobierno y facilitar su caída. En 2012 lanzó la Operación Timber Sycamore, por medio de la cual proveyó dinero, armas y entrenamiento a tropas del Free Syrian Army, uno de los grupos rebeldes (Mazzetti, Goldman, & Schidt, 2017). En 2014, Estados Unidos comenzó a intervenir militarmente en el este del país para combatir al Estado Islámico, y desde 2017 comenzó a atacar directamente al ejército de Bashar al-Assad, defendiendo a los ejércitos rebeldes Free Syrian Army y Syrian Democratic Forces. Cuando cayó el gobierno de Bashar al-Assad, Estado Unidos tenía dos mil soldados en territorio sirio, los cuales, además de proteger a las tropas rebeldes, extraían y aprovechaban ilegalmente el petróleo sirio, como lo declaró públicamente Donald Trump (Olay, 2024). Además de las sanciones económicas, el control del Free Syrian Army, su presencia militar directa en el este del país, y la extracción de petróleo, Estados Unidos también coordinó a las tropas kurdas del Syrian Democratic Forces, que controlan el noreste del país.

3. Rusia: defender a su aliado

Con el colapso de la Unión Soviética, Rusia perdió la gran influencia que tenía en Asia Occidental, pero con el gobierno de Putin ha vuelto a ser un actor importante (彭玲, 2015). Los intereses de Rusia en la región son los siguientes. Estratégicamente, detener el avance de Estados Unidos; en términos de seguridad, evitar que la inestabilidad de Asia Occidental amenace su seguridad, sobre todo en la región del Cáucaso, y combatir a las organizaciones terroristas; económicamente, ampliar los mercados en la región y promover una mayor cooperación energética. Si bien Rusia mantiene una diplomacia balanceada con todos los países de Asia Occidental, donde más se ha concentrado es en sus aliados Siria e Irán (吴冰冰, 2018). Para Rusia, Siria era una pieza fundamental en su objetivo de ampliar su influencia en la región. No sólo por ser su aliado tradicional, sino también por la base naval de Tartus, única base militar que le quedó en la región después del fin de la Guerra Fría. Siria sería como la puerta de entrada de Rusia a Asia Occidental (顾炜, 2020). Por eso Rusia se opuso firmemente a toda intervención extranjera en la guerra civil. En el Consejo de Seguridad de la ONU, vetó 16 veces las resoluciones que impulsaron Estados Unidos y sus aliados para intervenir en Siria (罗晓云 & 朱新光, 2016).

Cuando comenzó la guerra civil, Rusia ya vendía al gobierno de Siria armas y equipo militar. Su intervención militar directa comenzó en 2015, a petición del gobierno sirio. Moscú envió asesores militares y fuerzas especiales, además de atacar con misiles las posiciones de los diferentes ejércitos rebeldes. La intervención militar de Rusia evitó la caída del gobierno sirio hasta diciembre de 2024. Tras el colapso de su gobierno, Bashar al-Assad voló a Moscú, donde el gobierno ruso le otorgó asilo por razones humanitarias.

4. China: proteger sus intereses sin intervencionismo

El primer país de la región con el que China estableció relaciones diplomáticas fue Egipto, en 1956; desde 1992, cuando estableció relaciones con Israel, Beijing mantiene relaciones diplomáticas con todos los países de la región. A diferencia de Estados Unidos y Rusia, que durante el siglo XX consolidaron su presencia en la región, China es una Gran Potencia relativamente nueva en Asia Occidental. La política de China hacia esta región está determinada por sus intereses y por sus principios de política exterior.

Los intereses de China en Asia Occidental son seis. Estratégicamente, China busca alcanzar la prosperidad y la estabilidad de la región; políticamente, busca promover la política de Una Sola China; en términos de energía, Asia Occidental es la región de donde China compra más petróleo; económicamente, quiere ampliar sus mercados en la región y busca participar en la industria de la construcción; en el aspecto de la seguridad, China busca proteger sus intereses, así como combatir al terrorismo y la piratería; también busca preservar la cultura de Asia Occidental, a la cual considera una de las civilizaciones más antiguas (Bingbing, 2021). En el caso de Siria, antes de la guerra civil la cooperación económica entre Siria y China era limitada; entre sus principales intereses, China busca promover la Iniciativa de la Franja y la Ruta, mantener la estabilidad política e impulsar su desarrollo económico.

Los principios de política exterior de China consisten en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica y el Pensamiento de Xi Jinping sobre la Diplomacia. En cuanto a los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica, estos fueron propuestos por Zhou Enlai en 1953 y desde la Reforma y la Apertura son una guía para la actuación de China en el plano internacional. Los principios son: respeto mutuo a la integridad soberanía e integridad territorial, no agresión, no interferencia en los asuntos internos del otro, igualdad y beneficio mutuo, y coexistencia pacífica (Xinhua, 2024). Estos principios son el marco al cual China se apega para conducir sus relaciones internacionales.

El Pensamiento de Xi Jinping sobre la Diplomacia es el sistema teórico sobre relaciones internacionales al que se apega China en la Nueva Era. El sistema se está enriqueciendo permanentemente, pero su corpus conceptual puede ser clasificado en tres tipos, según su naturaleza: conceptos básicos, centrales y extendidos. Entre los conceptos básicos se encuentran Rejuvenecimiento de China, Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad, Cambios no Vistos en Cien Años, Nuevo tipo de Relaciones Internacionales, Desarrollo Pacífico, Diplomacia de Grandes Potencias con Características Chinas, etc. Entre los conceptos centrales están Reforma de la Gobernanza Global, Iniciativa de la Franja y la Ruta, Verdadero Multilateralismo, etc. Entre los conceptos extendidos están: Valores Comunes de la Humanidad, Iniciativa de Desarrollo Global, Iniciativa de Seguridad Global, Iniciativa de Civilización Global, etc. (郭树勇, 2023).

Los principios de política exterior, tanto los históricos como los actuales, dictan la pauta general de las relaciones internacionales de China con todo el mundo. Por lo tanto, también se aplican en el diseño y la ejecución de la política de China hacia Asia Occidental y específicamente hacia Siria. Esta aproximación hacia las relaciones internacionales, que huye de la visión geopolítica tradicional y evita actuar bajo la lógica de Suma-Cero o la Mentalidad de Guerra Fría, es un rasgo distintivo de su política exterior. Es la razón por la que China no establece alianzas con ningún país y por la que sus soldados, a diferencia de los rusos y los estadounidenses, no intervinieron en la guerra civil siria.

China insistió desde el principio de la guerra en la necesidad de una resolución política y en el respeto que los demás países debían tener a la soberanía siria. En marzo de 2012 impulsó un plan de paz de seis puntos, en coordinación con Rusia, la Liga Árabe y el secretario general de la ONU; en octubre del mismo año, China propuso un nuevo plan de negociaciones para resolver el conflicto. En 2014, impulsó una nueva ronda de diálogos entre los bandos en conflicto. En 2021, Beijing nuevamente propuso un plan de cuatro puntos para proteger el bienestar de la población y apurar la reconstrucción del país. Además, durante el conflicto China suministró ayuda humanitaria por diversos canales al país, así como a los refugiados sirios en países vecinos (刘莹, 2022). En el Consejo de Seguridad de la ONU, China utilizó diez veces su poder de veto para impedir la aplicación de medidas que consideraba injerencistas en la guerra civil siria.

Desde el principio de la guerra, China se opuso a la estrategia de cambio de régimen, fundamentalmente por dos razones. Primero, porque constituía una violación a la soberanía siria; segundo, porque un cambio de régimen podría tener efectos desestabilizadores no sólo para el país, sino también para toda la región, considerando las consecuencias que el cambio de régimen produjo en Irak y Libia. Aunque China nunca impuso sanciones al gobierno sirio y siempre mantuvo sus relaciones económicas y políticas con el gobierno de Bashar al-Assad, nunca se posicionó a favor o en contra en lo concerniente a la guerra civil. Desde el punto de vista oficial, China deja que los sirios decidan por sí mismos: sea cual sea el signo político del gobierno, Beijing está dispuesto a mantener relaciones oficiales con los representantes de Siria.

5. Cambio de régimen en Siria: ¿fracaso para China?

Desde el inicio de la guerra civil, China asumió que el conflicto se trataba de un asunto interno y tomó la posición de no interferir en él. Esto es consistente con sus principios de política exterior y con su práctica diplomática. Sin embargo, durante esos años China cultivó una relación de cercanía con el presidente Bashar al-Assad. Por sus principios de política exterior, China no establece alianzas con ningún país del mundo, pero sí puede tener una mayor amistad según la posición que los gobiernos asuman hacia China. En el caso de Siria, Bashar al-Assad públicamente se posicionó en contra de la hegemonía estadounidense, y apoyó la política de Una Sola China, la Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, así como las tres iniciativas globales sobre desarrollo, seguridad y civilización propuestas por China. En 2023 Bashar al-Assad asistió a los Juegos Asiáticos que se celebraron en Hangzhou y se entrevistó con el presidente Xi Jinping; en esa ocasión, ambos mandatarios anunciaron el establecimiento de la Asociación Estratégica China-Siria. La afinidad entre Beijing y Damasco era clara.

Con la caída del gobierno de Bashar al-Assad, ¿puede decirse que la política de China hacia Siria, en el contexto de la guerra civil, fracasó? Por un lado, China perdió a un socio importante y a un amigo en Siria, pero con el nuevo liderazgo sirio, Beijing también puede establecer una relación de cooperación y amistad para perseguir sus intereses. China ha señalado que respeta la elección del pueblo sirio y ha ofrecido al nuevo gobierno un diálogo conjunto para trabajar en la reconstrucción económica del país (Xinhua, 2024). Luego de 14 años de guerra, China representa una oportunidad de desarrollo que Damasco difícilmente puede rechazar.

Si las nuevas circunstancias representan una nueva etapa de estabilidad, entonces habrá mejores condiciones para relanzar las relaciones económicas entre Siria y China, incluida la Iniciativa de la Franja y la Ruta. La estabilidad política y el impulso económico constituyen condiciones necesarias para que Siria viva un nuevo proceso de desarrollo. Para China, el desarrollo es la clave para resolver todos los problemas (Xinhua, 2019).

Si en las nuevas circunstancias Siria no encuentra mayor estabilidad, sino que entra en una nueva fase de caos, más aguda que la anterior, entonces no sólo la cooperación económica no aumentará, sino que también existirá el riesgo de que aumente el número y la actividad de los grupos terroristas. En la guerra civil siria, actores como el Estado Islámico, Al-Nusra, entre otros grupos de extremistas religiosos, desempeñaron un rol importante durante todo el conflicto. Hayat Tahrir al-Sham, el grupo que tomó Damasco, es un desprendimiento de Al-Nusra.

A China le interesa específicamente que el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental no amenace su seguridad nacional. Esta organización es parte de los grupos armados que se aliaron con Hayat Tahrir al-Sham para combatir a Bashar al-Assad y que hasta diciembre de 2024 mantuvieron su base de operaciones en la ciudad de Idlib. Esta organización extremista religiosa emplea métodos terroristas con el objetivo de lograr la independencia de la provincia china de Xinjiang (United Nations, 2011). Considera a Beijing como su enemigo principal y sus ataques violentos han causado numerosas víctimas entre la población civil. China toma con mucha seriedad las actividades de esta organización y otras similares. El 13 de diciembre Wang Yi expresó que la Siria del futuro debe oponerse firmemente a cualquier forma de terrorismo y fuerzas extremistas (Xinhua, 2024).

6. Retos de China en las nuevas circunstancias

En términos de Grandes Potencias, la caída del gobierno de Bashar al-Assad representa el avance de Estados Unidos en la región, el retraimiento de Rusia y un nuevo escenario para China. La política de cambio de régimen que impulsó Estados Unidos en Siria desde 2011 forma parte de una política de cambio de regímenes que inició desde la invasión de Irak en 2003. Después de un cambio de estrategia en la región, que dio lugar a diversas reflexiones sobre un posible retraimiento estadounidense, Estados Unidos se reafirma como la principal Gran Potencia en Asia Occidental. Rusia, que defendió al gobierno de Bashar al-Assad política y militarmente, pierde un aliado importante y tiene que rediseñar su política hacia Asia Occidental, enfocándose en fortalecer a su otro aliado en la región: Irán.

A diferencia de Estados Unidos y Rusia, la caída del gobierno de Bashar al-Assad no representó para China un cambio significativo en su presencia en la región. China no compite con Estados Unidos por la hegemonía, ni busca establecer un sistema de alianzas para ganar influencia en la región, como Rusia. China busca fortalecer sus relaciones económicas con Asia Occidental, garantizar su seguridad energética, promover la estabilidad política, y luchar contra el terrorismo y la piratería. Ninguno de estos intereses se ve seriamente comprometido por el cambio de gobierno en Siria.

Para China, el final de la guerra civil siria no representa un cambio sustancial en la situación de Asia Occidental. La inestabilidad de la región sólo alcanzará una solución definitiva cuando quede resuelta la cuestión palestina, es decir, cuando Palestina tenga un Estado propio, gobernado por el pueblo palestino (Ministry of Foreign Affairs of the People’s Republic of China, 2024). Mientras esto no ocurra, el déficit de paz seguirá siendo la principal característica de la región, impidiendo el desarrollo económico y fomentando la aparición de grupos extremistas. China ha venido ganando experiencia como mediador en conflictos regionales, como el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudí, y es un socio económico muy importante para todos los países de Asia Occidental. Ante el retraimiento de Rusia y la creciente hostilidad de Israel contra Palestina, Líbano, Siria e Irán, China puede desempeñar un papel más importante como Gran Potencia, contribuyendo a los procesos de pacificación, a la reconstrucción económica y la lucha contra el terrorismo.


Ehécatl Lázaro es maestro en Estudios de Asia y África, especialidad China, por El Colegio de México.

Referencias

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