Por Ehécatl Lázaro | Noviembre 2024
El daoísmo es una de las dos grandes escuelas filosóficas autóctonas chinas que perviven en la actualidad. La otra es el confucianismo. Ambas surgieron en el periodo conocido como los Reinos Combatientes, que va del siglo V al III a.n.e. El Dao Dejing, atribuido a Laozi, es considerado como el texto fundacional del daoísmo. Se trata de una serie de enseñanzas que el sabio chino escribió para que los gobernantes de su tiempo aprendieran a dirigir sus reinos con sabiduría y prosperidad. Aunque está escrito como una serie de consejos, el pequeño texto encierra una concepción del universo muy distinguible. Las ideas se rodean de una nube de misticismo propia del conocimiento antiguo; es la actitud de los albores del pensamiento sistemático de la humanidad, que veía con temor, veneración y respeto al conjunto de fuerzas indescifrables que operaban en el mundo. En este texto, de gran valor para la historia china, encontramos una concepción espontánea de la dialéctica.
El Dao es el eje articulador del daoísmo. ¿Qué es el Dao? En el Dao Dejing, el Dao es la forma más general del movimiento. Todos los fenómenos están regidos por el Dao, ninguno se escapa de su acción. El Dao es el creador de todo, pero a él nadie lo creo, él siempre ha existido. Todos los fenómenos existentes, aunque son de una gran diversidad, en realidad son iguales en tanto que operan bajo la invisible ley del Dao. De acuerdo con Laozi, para que una persona tenga una buena vida, para que un gobernante tenga un buen gobierno, etc., es necesario conocer el Dao y adecuar nuestro comportamiento a esas leyes.
Además del concepto del Dao, Laozi acuña también el término Wu Wei, que ha sido traducido como No Acción. Pero Wu Wei no quiere decir ser inactivo o no actuar, sino no actuar contra las leyes del movimiento, es decir, actuar siguiendo las leyes generales del movimiento, el Dao. Sólo cuando se conoce el Dao se puede aplicar el principio de Wu Wei. Esta es la única manera de tener resultados satisfactorios en nuestra vida.
Es destacable también la noción sobre la unidad y lucha de contrarios que atraviesa todo el Dao Dejing. Para Laozi la unidad y lucha de contrarios existe en todos los fenómenos, ha existido siempre y siempre existirá. Es una forma de existencia del Dao. Siglos más tarde, durante la dinastía Song (siglos X-XIII), estudiosos del daoísmo crearían el concepto del Yin y el Yang para esclarecer la unidad y lucha de contrarios que encierra el Dao Dejing.
Como es claro para quien tenga un conocimiento básico de la dialéctica, el Dao Dejing contiene una concepción primitiva de la dialéctica. Pero no es un caso único o una rareza de la historia. En la tradición china, el Yi Jing, conocido en español como el Libro de los Cambios o el Clásico de los Cambios, escrito entre los siglos X y VIII a.n.e. contiene ya concepciones dialécticas tempranas. En ese sentido, Laozi bebe del conocimiento previo sobre este tema y logra plasmar de manera más sistemática una idea que ya se venía explorando con anterioridad.
China no es el único país donde surgió una concepción espontánea de la dialéctica. En Occidente se considera que Heráclito de Éfeso es el iniciador de esta corriente del pensamiento. Sin embargo, en Occidente la concepción dialéctica perdió su centralidad ante las diferentes corrientes del pensamiento que surgieron en los siglos posteriores a Heráclito y sólo hasta después del Renacimiento comenzó a ser retomada por diferentes pensadores, alcanzando su forma más acabada con Hegel y Marx, en el siglo XIX. En cambio, en China la concepción espontánea de la dialéctica se volvió una corriente hegemónica desde los inicios de la dinastía Qin, en el siglo III a.n.e., y con el tiempo se fue enriqueciendo de diversas maneras. Las otras corrientes filosóficas con fuerte presencia en China, como el confucianismo y el budismo, dialogaron con el daoismo, pero nunca una de las tres suprimió o marginó a las otras dos. El budismo, aunque no es una corriente originada en China, sino en Nepal, llegó a China en el siglo II a.n.e y tuvo una acogida excepcionalmente buena, de tal manera que echó raíces y se desarrolló ahí, dando origen a otras ramas del budismo; durante la dinastía Tang, siglos VII-X, los japoneses consideraban a China como el gran centro difusor del budismo e iban ahí a a estudiar de los grandes maestros.
De acuerdo con algunos investigadores, esta centralidad de la concepción espontánea de la dialéctica en la cultura china favoreció la llegada del materialismo histórico-dialéctico en el siglo XX. El británico Joseph Needham, autor de la magna obra “Ciencia y Civilización en China”, experto sinólogo y socialista de toda la vida, escribió sobre la llegada del marxismo a China: “casi puedo imaginar a los académicos chinos diciéndose a sí mismos: “qué sorprendente, es como si nuestra filosofía perenne integrada con la ciencia moderna al fin llegara a nosotros”. Siguiendo esta tesis, una de las razones por las que el marxismo fue tan difundido en China y fue tan bien recibido por el pueblo fue la existencia de una fuerte concepción espontánea de la dialéctica en la ancestral cultura popular. Difícilmente puede decirse que los más de 1,400 millones de chinos sean marxistas, pero al menos sí puede decirse que todos ellos poseen un pensamiento dialéctico como horizonte cultural. Siguiendo a John Bellamy Foster, esta podría ser una de las razones por las que China resultó ser una tierra tan fértil para el comunismo.
Ehécatl Lázaro es maestro en Estudios de Asia y África, especialidad China, por El Colegio de México.
