Por Anaximandro Pérez | Noviembre 2024
El triunfo electoral de Donald Trump, quien ha enfatizado la necesidad de poner un alto total a la guerra de Ucrania, provocó preocupaciones profundas entre la clase política de Estados Unidos. Esto fue especialmente visible en las medidas inmediatas, apresuradas, que tomó el poder ejecutivo estadounidense respecto de ese conflicto. No había pasado ni medio mes después de las presidenciales norteamericanas cuando el mandatario ucraniano anunció que el gobierno de Joe Biden, así como los gobiernos otanistas de Francia y Reino Unido, habían autorizado el uso de los misiles de largo alcance ATACMS y Storm Shadow, respectivamente, para atacar a Rusia en el interior de su territorio. Esto podría pensarse como un simple paso adelante en el conflicto ucraniano; pero en realidad es la decisión más peligrosa para el mundo entero que han tomado los países occidentales en los últimos tiempos.
La autorización fue dada al gobierno ucraniano el domingo 17 de noviembre. En concreto, ella implica que a partir de esa fecha las fuerzas armadas ucranianas están habilitadas para destrozar objetivos localizados a unos 300 km de distancia desde las plataformas de lanzamiento de esos proyectiles.[1] Sin embargo, fue una medida tan imprudente que, de inmediato, causó polémica en EEUU. La inconformidad ha sido vehiculada particularmente por los portavoces y partidarios del presidente electo.
Uno de ellos, el famoso comentarista y expresentador de Fox News Tucker Carlson –quien desde mi punto de vista expresa muy bien los intereses y perspectivas políticas del equipo de Trump–, señaló: “pienso que estamos viendo la cosa más malvada que he presenciado durante mi vida, esto es, la ineficaz administración [Biden] dejando a la siguiente administración [Trump] una guerra mundial, con un conflicto nuclear, al autorizar a Ucrania, un estado intermediario de EEUU, el bombardeo al interior de Rusia”. Asimismo, Carlson criticó al equipo en el gobierno, pues pareciera –dijo– que Washington considera a Putin como una especie de monarca, que dirige con su voluntad absoluta a Rusia, cuando, en realidad, la política de este país es mucho más compleja. En ese sentido, agregó, ante un ataque sobre Moscú u otras ciudades, como el que permiten los misiles occidentales de largo alcance que posee Ucrania, el ejecutivo ruso tendrá que mostrarse fuerte y, en tanto que no le quedan salidas, la fuerza se materializará como una respuesta muy contundente contra quienes ofenden a la Federación Rusa.[2]
Eso corresponde al ambiente interior del país provocador. En cambio, hacia el exterior, como era de esperarse ante la agresividad de Biden, el gobierno ruso respondió contundentemente. Primero, el 18 de noviembre, se hicieron públicas las declaraciones de la portavoz de la Cancillería de Rusia, María Zajárova, quien advirtió que este paso significa una escalada mayúscula en la medida en que implica la entrada directa de Estados Unidos y la OTAN en el conflicto contra Rusia. Después se hicieron públicas más declaraciones del gobierno ruso, entre las cuales destacó la noticia de la actualización de la doctrina nuclear rusa, dada a conocer el 19 de noviembre. La principal línea de esta doctrina apunta que el empleo de esa clase de armamento tiene una naturaleza defensiva o, en otras palabras, que el uso de dispositivos de destrucción masiva por parte de los rusos ocurrirá exclusivamente cuando sea necesario “garantizar la protección de la soberanía y la integridad del Estado, disuadiendo a un potencial adversario de [cometer] una agresión”.[3] Pero, tal como indica Carlson, los Estados occidentales subestiman al gobierno ruso. El asunto es que la decisión de Biden ha desencadenado precisamente la formulación de ese peligrosísimo escenario, en el cual, por un mero imperativo existencial, se está llevando a Rusia al deseo de estrenar sus bombas atómicas.
Todas esas red flags son claras. Cuando menos cualquier persona sensata y medianamente informada habría entendido como cosa indispensable la reversión de la autorización dada a Ucrania. No obstante, los gobiernos de la OTAN no dieron marcha atrás. El mismo 19 y, después, el 21 de noviembre, fueron lanzados desde Ucrania seis misiles norteamericanos ATACMS, así como varios misiles franco-británicos Storm Shadow e Himars estadounidenses, sobre las regiones rusas de Briansk y Kursk. Los ataques fueron repelidos, pero en tanto que el gobierno ruso ya había advertido e informado que esos proyectiles sólo podían conducirse por medio de asistencia directa de los expertos militares de los países occidentales, su empleo táctico verificó la conclusión de que Rusia está bajo un ataque directo de Occidente.
El desarrollo de los acontecimientos llevó al lanzamiento de una contraofensiva rusa y al pronunciamiento del presidente Vladimir Putin del día 21. Éste dijo que “a partir de este momento, como hemos subrayado repetidamente, el conflicto regional provocado por Occidente en Ucrania ha adquirido un carácter global”. Informó también sobre la réplica de Rusia a la provocación de la OTAN y “a los planes de EEUU de producir y desplegar misiles de alcance medio y corto en Europa y en la región de Asia-Pacífico”. En concreto, la respuesta consistió en poner a prueba el novedoso sistema de misiles Oreshnik de las fuerzas armadas rusas, cuyos proyectiles están capacitados para portar ojivas nucleares.[4] El objetivo de la contraofensiva, unas instalaciones militares ucranianas, fue pulverizado en menos de 15 minutos desde la plataforma de lanzamiento; aunque, impresionantemente, ésta se encontraba a unos 1,000 km de distancia del lugar del impacto.[5]
Estos misiles rusos, a decir de su presidente, alcanzan una velocidad de Mach 10 o “de 2.5 a 3 km por segundo”. Se trata de una tecnología inédita e indetectable para los sistemas de defensa antiaérea más modernos del mundo que existen hoy. Finalmente, enfatizó Putin, “no fue Rusia, sino EEUU quien destruyó el sistema de seguridad internacional. Y al seguir luchando, aferrándose a su hegemonía, empuja el mundo entero a un conflicto global”. Para cerrar su intervención, recordó una vez más que su política no es bluff: “si alguien más lo duda, es en vano. La respuesta siempre tendrá lugar”.[6]
En suma, el equipo gobernante de Biden parece desesperado. Ni todos sus medios, ni sus sanciones, ni su presumida superioridad militar le han facilitado la realización de su proyecto de infligir una derrota estratégica a la Federación de Rusia. Asimismo, en el futuro próximo, si es que Trump cumple con establecer un diálogo de paz con Putin, los partidarios de tal proyecto tampoco lograrán sus metas. Por ello, en su situación desesperada, la autorización dada a Zelensky por los actuales ocupantes de la Casa Blanca parece un peligroso zarpazo de impotencia. Intentan forzar una solución rápida del conflicto con sus misiles de largo alcance; ponen a prueba la resiliencia de los rusos, esperando que se dobleguen. Pero esta vía tampoco sirve. La superioridad del armamento ruso se los ha demostrado. En todo caso, es necesario detener a la bestia impotente, al Estado imperial norteamericano; de lo contrario, la atmosfera será ocupada por gases tóxicos, por champiñones de humo que imposibilitarán la vida sobre el planeta.
Anaximandro Pérez es doctor en Historia por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS) de París.
[1] Cfr. con el artículo “Biden autoriza que Ucrania use misiles estadounidenses de largo alcance para atacar territorio ruso”, en https://www.bbc.com/mundo/articles/c8rl4xe45xpo (consultado el 23 de noviembre de 2024).
[2] Véase “Glenn Greenwald: Una nueva y peligrosa escalada eb Rusia, y nuestros políticos chantajeados” del 20 de noviembre de 2024, en https://www.youtube.com/watch?v=AKh4txSD0eQ&t=48s (consultado el 23 de noviembre de 2024).
[3] El desarrollo de estos pronunciamientos puede seguirse en las páginas de X del gobierno de Rusia. En especial, en la página de la Embajada de Rusia en México (https://x.com/EmbRusiaMexico).
[4] Véase la transmisión del discurso hecha por la agencia Sputnik. Fue compartida por el sitio de la embajada de Rusia en México el 21 de noviembre de 2024, en ibidem (consultada el 23 de noviembre de 2024).
[5] Así lo recogió, por ejemplo, el periódico mexicano Reforma, en su edición del 23 de noviembre de 2024.
[6] Esto en la misma transmisión supracitada de Sputnik.
