Los intentos del imperialismo norteamericano por conservar su hegemonía

Por Ollin Vázquez | Noviembre 2024

Los ataques comerciales de Estados Unidos a las empresas chinas a través de aranceles o represiones comerciales (vía restricción de la venta de materias primas y demás suministros necesarios para la producción de mercancías de las empresas chinas) se están renovando. En mayo de este año el mandatario estadounidense Joe Biden anunció que el 27 de septiembre comenzarían a cobrarse aranceles a las importaciones de vehículos eléctricos provenientes del país asiático y, a partir de enero del próximo año, a los semiconductores. El gobierno estadounidense dijo tener la intención de aumentar los aranceles a las mercancías chinas por un valor de 18 mil millones de dólares: 25% en metales, 50% a semiconductores y 100% a vehículos eléctricos. Estos eventos no son más que la continuación de una guerra comercial iniciada desde 2017 por EUA, que tiene como objetivo reestablecer el poder económico hegemónico que China le arrebató desde el 2014[1].

En 2018, con la creciente competencia de China en cadenas globales de valor específicas como inteligencia artificial, electrónica, telecomunicaciones y proyectos de infraestructura, el entonces vicepresidente de EUA, Pence, reiteró cambios profundos en la política de su país hacia China mediante medidas como el control de inversiones y exportaciones de China a EUA y viceversa, a fin de impedir el crecimiento y aumento de la competitividad de China. En 2021 Biden aprobó un presupuesto de un billón de dólares en infraestructura y 250 mil millones de dólares en cadenas globales de valor como semiconductores y empaque avanzado; baterías de gran capacidad; minerales y materiales críticos; y farmacéutica, con la intención de competirle mano a mano a China en el corto plazo y superarlo en un futuro cercano.

La preocupación de Estados Unidos de perder el dominio hegemónico del planeta en materia económica consiste en que éste fue el que le permitió crear a las super instituciones mundiales, como la OTAN o el FMI, para someter y poner a su disposición al resto de países del mundo. La economía norteamericana, antes de que iniciara la Segunda Guerra Mundial, estaba en un periodo de turbulencia económica causado, principalmente, por el crecimiento de su aparato financiero (y las inestabilidades que eso conlleva). Tan solo recordemos que en 1929 ocurrió el crack de Wall Street o “La Gran Depresión”, que generó una caída de la producción de EUA de alrededor del 30% y el desempleo pasó de 3 al 24%, de ese año a 1932. Alemania y Francia no se quedaron atrás, pues su producción disminuyó 16 y 15%, respectivamente. La crisis financiera disminuyó el gasto del sector privado, tanto en inversión productiva como en el consumo, lo que redujo a su vez la demanda de insumos, bienes y servicios, creando un círculo vicioso que terminó por disminuir la producción en occidente (Chang, 2014).

Es decir, que la economía norteamericana ya desde entonces daba muestras de que en su seno las contradicciones del capitalismo se estaban intensificando cada vez más. Como dijo Marx y desarrolló posteriormente Lenin, conforme se desarrolla el capitalismo los capitales se concentran y se centralizan, creando monopolios que dominan los mercados ya no solo nacionales, sino a nivel mundial. Sin embargo, las tasas de rentabilidad (tasa de ganancia) tiende a decrecer, esto quiere decir que conforme se invierten más cantidades de capital, lo que se obtiene de “ganancia” después de reponer lo que se gastó en mano de obra y demás materiales para producir, es cada vez menor. Además, dado que los capitalistas inundan todos los mercados con sus mercancías y capitales, se va haciendo cada vez más difícil encontrar nuevos sectores y mercados dónde reinvertirlos. Los capitales, entonces, buscan nuevas formas para obtener más ganancias en el menor plazo, por lo que muchos de ellos prefieren servir para especulación u obtener rentas por prestar sus capitales a terceros. Es así como se alimenta el sector financiero.

La Segunda Guerra Mundial y el periodo de posguerra llegaron como maná del cielo para los capitales norteamericanos y europeos, pues les permitió dar un respiro a las contradicciones internas de sus economías que se habían aguzado en los años 30. Los preparativos para la guerra permitieron mayor dinamismo en los mercados, principalmente en el sector del armamento y los automóviles. Desde 1930 varias empresas industriales norteamericanas (Ford, General Motors, Standard Oil, IBM, General Electric, Alcoa, Dow Chemical, Pratt &Whitney, Du Pont, Union Carbide, Westinghouse, Gillette, Goodrich, Singer, Eastman Kodak, Coca-Cola, US Steel e ITT) y bancos (J.P. Morgan, Dillon, Read & Co. y Harriman Brothers & Company) se beneficiaban de algún tipo de conexión con Alemania. Por ejemplo, para la producción de coches de la empresa Ford situada en Colonia en Alemania (conocida como Ford-Werke) se empleaban algunos insumos importados de Estados Unidos; en 1937 éstas fueron de aproximadamente 2 millones de libras de caucho y 130 mil de cobre. Standard Oil les vendió caucho sintético; Pratt & Whitney, Boeing y Sperry Gyroscope, equipo de aviación; National Cash Register, cajas registradoras y máquinas de ese tipo. De 1933 a 1939, las importaciones alemanas de petróleo y derivados provenientes de EUA, incrementaron de 7.2 a 28.8%. Así también, durante la forma de “guerra relámpago” librada entre 1939 a 1940, se emplearon equipamientos, tecnología y combustible sintético obtenidos años anteriores en EUA. Además, Estados Unidos también suministró armamento y créditos (el programa Lend-Lease impulsado por Roosevelt) a Gran Bretaña para su defensa, haciendo crecer espectacularmente la demanda en los mercados norteamericanos en 1940 (Pauwels, 2017).

Cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial los capitales norteamericanos se beneficiaron de los préstamos que se hicieron a los países europeos para su reconstrucción (Plan Marshall) y de la compra de bienes para la construcción de la infraestructura. En 1948 se aprobaron los fondos para la reconstrucción de Europa occidental por valor de 14 mil millones de dólares de aquel tiempo, equivalente al 2% del PIB de EUA; esto es, 115 mil millones con el valor del dólar de 2021. Las importaciones de Europa provenientes de Estados Unidos se pagaban con dólares de los mismos préstamos que les habían otorgado (Harvey, 2022). Esto permitió que Estados Unidos gozara de un crecimiento económico sostenido entre 1945 y 1973 de 2.5% en promedio. Sin embargo, esto no duraría para toda la eternidad, puesto que las contradicciones del capitalismo seguían vigentes. A partir de 1971 la economía estadounidense comenzó a perder fuelle; en 1973 y 1979, con las crisis del petróleo y la inflación, que venía creciendo continuamente desde finales de los años sesenta, terminaron por marcar el fin de la bonanza económica. Consecuentemente, en Estados Unidos, tras el ascenso de Ronald Reagan, y en Inglaterra, con Margaret Thatcher, comenzaron a implementarse las políticas neoliberales, con lo que buscaban aumentar las tasas de rentabilidad del capital, mediante la disminución de la porción de la riqueza que se quedaban los trabajadores (y en menor medida el Estado). Así también, muchas empresas de los países más desarrollados desplazaron sus capitales a los países más atrasados, donde los salarios eran bajos y se podían obtener mano de obra y materias primas baratas. En ese sentido, resultaba beneficioso que los países atrasados, como los latinoamericanos, abrieran sus fronteras y modificaran sus marcos legales para que pudieran crear un ambiente favorable a las empresas y los capitales extranjeros.

Sin embargo, la salida de las empresas a otros países en busca de disminución de costos ocasionó que a la larga se desindustrializara Estados Unidos. Los datos muestran que el empleo en los sectores de la industria y energía como porcentaje del empleo total fue de 13% en 2000 y 11.5% en 2019; mientras que el empleo del sector manufacturero de 10.8 y 9.9% para los mismos años. Además, desde 1980, la aportación de las manufacturas al valor agregado no ha sobrepasado el 20%. Mientras tanto, el empleo en el sector terciario ha crecido exponencialmente; en 1970 fue de 61% y en 2019 de 79.3% (Cuadrado-Roura, 2021). Es decir que, las mismas necesidades del capital norteamericano de disminuir los costos y buscar rentabilidades más altas, hizo que la producción de mercancías en Estados Unidos fuera relegada, poniéndolo en desventaja tecnológicamente y productivamente respecto a otros países, como lo es actualmente China.

Como se mencionó anteriormente, Estados Unidos busca desesperadamente recuperar la hegemonía económica del mundo. De modo que surge la pregunta: ¿cuáles son las consideraciones que está haciendo el gobierno estadounidense para atraer a nuevos capitales y garantizarles altas tasas de rentabilidad? Dadas las condiciones de urgencia en las que navega Estados Unidos, sus políticas imperialistas están yendo contra países grandes, chicos, ricos y pobres. En el marco de la guerra en Ucrania y la guerra comercial con China, Estados Unidos no ha dudado en amenazar económica y políticamente a sus aliados europeos, en caso de no atenerse a todo tipo de medidas “tomadas en la Casa Blanca”. 

En primer lugar, como ya mencionábamos, se impondrán más aranceles a la importación de mercancías provenientes de China. En segundo lugar, se están haciendo políticas de créditos y subvenciones a las empresas de Estados Unidos, con el argumento de que se pretenden reducir las emisiones de carbono. Por ejemplo, la Ley IRA de 2022 se propone ofrecer créditos fiscales y subvenciones, durante aproximadamente 10 años, para las empresas eléctricas que busquen generar energía limpia y almacenamiento de energía, para las productoras de vehículos que usen combustibles limpios (eléctricos) y para reducir las emisiones de los procesos de fabricación industrial, al que además se le destinarán 6 mil millones de dólares para un nuevo programa de instalaciones industriales avanzadas. Además, se propuso disponer de 9 mil millones para que el Estado adquiriera tecnologías limpias a productores norteamericanos (para que tengan un mercado estable) y coches eléctricos para el Servicio Postal del gobierno (REPSOL, 2023). Estos son solo algunos ejemplos de los incentivos fiscales que está dando Estados Unidos para reanimar a su economía en un momento donde su competencia con China se está haciendo cada vez más cerrada. En tercer lugar, es necesario recalcar que no es casualidad que la Agenda 2030 y sus objetivos de descarbonización, impulsada por la Unión Europea y las Naciones Unidas, represente beneficios a la economía norteamericana, particularmente porque está abriendo la oportunidad de atraer a las empresas europeas y repatriar a las propias. En términos generales, la Unión Europea les impuso una regla a las empresas fabricantes de autos, de que los motores fabricados cumplan un mínimo en la emisión de CO2, so pena de pagar grandes multas. Sin embargo, las compañías europeas, como Volkswagen declararon que no pueden hacer la transición en la producción en tan corto plazo y a costos bajos, como los automóviles eléctricos chinos, por lo que están pensando seriamente en cerrar sus empresas en Alemania y trasladarlas a Estados Unidos. La producción de vehículos de algunas empresas tendría que reducirse en más de 2 millones de unidades. Esto se suma a la desventaja que ya de por sí tiene Europa por el encarecimiento drástico de los energéticos desde que comenzó la guerra en Ucrania.

            En resumidas cuentas, Estados Unidos está tomando las medidas pertinentes para no perder su hegemonía económica, aunque éstas impliquen guerras comerciales con sus competidores, como China, o afectaciones en la producción y el empleo en otros países, como los de Europa.


Ollin Vázquez es maestra en Economía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Notas

[1] De acuerdo con Dussel (2022), China se convirtió en la primera potencia económica del mundo desde el 2014, si se mide el PIB con PPA (paridad del poder adquisitivo).

Referencias

Chang, H. J. (2014). Economics: The User’s Guide.

Dussel, E. (2022). Capitalismo con características chinas. Conceptos y desarrollo en la tercera década del Siglo XXI.

Harvey, R. (Febrero de 2022). El Plan Marshall. ¿Ayuda humanitaria o arma política? Casus Belli II(2), 181-201.

Pauwels, J. R. (2017). El Gran Capital y Hitler. Fondo Documental EHK.

Scroll al inicio

Descubre más desde CEMEES

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo