Movilidad Sostenible, ¿Para quién?

Por Samira Sánchez | Octubre 2024

La Zona Metropolitana de la Ciudad de México es la ciudad del trayecto, la del flujo accidentado, en la que habitar es sinónimo de desplazamiento. Buena parte de la población pasa más de tres horas diarias en la micro, combi o metro en su trayecto cotidiano. Es en estas circunstancias en las que aparece el discurso sobre la necesidad (o moda) de transitar a una ciudad con <<movilidad sostenible>>. El paradigma de la movilidad sostenible constituye una serie de políticas como fomentar el uso de la bicicleta, desincentivar el uso del automóvil, electrificación del transporte motorizado, entre otras. Estas se han implementado en varias ciudades del mundo, empezando por las del Norte Global. Al parecer, este paradigma ha sido bandera de una especie de habitante eco-friendly que pretende mover el mundo desde las aplicaciones de su teléfono celular.

La movilidad sostenible ha funcionado también como un discurso promovido por unos cuantos y ha conseguido que el asunto, lejos de comprenderse como una política o estrategia para aumentar la calidad de vida de todos los habitantes, se haya minimizado a una burda corrección política en donde la pugna parece centrarse en el transporte no motorizado contra el transporte motorizado. El paradigma de la movilidad sostenible, lejos de tratar el problema como algo común para la mayoría de la gente, es un ejercicio en el que las autoridades gubernamentales trabajan para ser parte de un indicador global cuyo fin es atraer capital internacional a la ciudad.

Este tipo de paradigmas que no cuestionan, por ejemplo, la función que los automotores tienen para las necesidades del capital crea obstáculos para las ciudades y para los países que viven en un sistema capitalista y que, por lo tanto, priorizan la valorización del capital sobre la calidad de vida. En las ciudades, el sistema capitalista busca sin descanso “la aniquilación del espacio mediante el tiempo” (Marx, Grundisse, Cuaderno V), pues los desplazamientos lentos implican que la ganancia tarde en realizarse. Lo que persigue el capital es un proceso rápido en el que los flujos sean tales que representen los mínimos costos y las máximas ganancias privadas. Estas verdades que Marx descubrió en el funcionamiento del capitalismo no solo aplican para las grandes empresas, sino también para todos los trabajadores que tratan de sobrevivir en el sistema capitalista. Por lo tanto, la movilidad es parte del funcionamiento del sistema capitalista y como tal se debe solucionar en conjunto.  

Algunas de las soluciones que propone el paradigma de movilidad sostenible, como el uso de la bicicleta no pretende un cambio real en las ciudades. No se pregunta por el impacto que tiene la movilidad sostenible en ciudades tan desiguales como la nuestra. No se pregunta lo que implica pedirle que se traslade en transporte público o en bicicleta a un comerciante que vive en la periferia de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México y trabaja en el Centro Histórico o en alguno de los polos económicos de la Zona cuando viene cargando su puesto. Por el contrario, este paradigma permite la implementación de políticas urbanas que dan motivos a la policía para realizar detenciones a las personas que se desplacen en autos que no cumplan con los requisitos, que estén expuestos a los abusos policiales. Hablo de personas con una gran dependencia de sus automotores para vivir, así que más multas y policías solo significan más desigualdad y opresión, sin asegurar que haya realmente una mejoría en la calidad del aire o una disminución en el uso de combustibles. De ahí que las políticas enfocadas a reducir el uso del auto basadas en incrementar los costos directos a sus usuarios, se pueden convertir en una fuente de desigualdad económica rápidamente, si no hay alternativas económicas de transporte al momento de aplicarlas. Muchas personas claramente dependen del automóvil para su vida diaria, sobre todo su viven en periferias sin transporte público que les permita acceder a sus trabajos.  Estas políticas urbanas que entran dentro del paradigma individualizan el problema de la sustentabilidad y jamás se preocupan realmente por mejorar el transporte público que es donde hay un margen más amplio para mejorar la situación de los trabajadores. Antes de plantearse el tema de la movilidad, la pregunta sustancial para comprender cómo nos trasladamos es cómo se construye el espacio en la ciudad y quiénes son las personas que tienen real incidencia en las decisiones de tal espacio. Es verdad que las condiciones materiales y sociales de la ciudad capitalista favorece el desplazamiento en transporte motorizado. Sin embargo, en lugar de enfrentar esta represión desde sus causas, los promotores de la movilidad sostenible se centran en castigar modos no sostenibles como los autos mediante las multas. Para hacer una transformación real no es útil adoptar paradigmas de ciudades del Norte Global y reprimir a quienes no lo cumplen; para ello es necesario reconocer las injusticias y la organización para una construcción de condiciones materiales y sociales para una mejor calidad de vida de todos.


Samira Sánchez es maestra en Estudios Urbanos por El Colegio de México e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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