Por Betzy Bravo | Octubre 2024
“Lenin, para ser Lenin, debió pensar antes de actuar, reflexionar sobre las condiciones de esa praxis, única forma de comprender su naturaleza necesaria.” (Sartelli apud Lukács, 2007, p. 10.)
Introducción
En la primera parte de este ensayo, se afirmó que los análisis sobre la personalidad de Vladimir Lenin coinciden en su dedicación a la acción política. Se le describe como un revolucionario práctico cuyo pensamiento estaba profundamente arraigado en la lucha política. Esta postura ha llevado a interpretaciones dogmáticas que mitifican su figura y subestiman la importancia de la teoría en la práctica política, lo cual limita la capacidad de entender y resolver problemas sociales de manera más efectiva.
Lejos de ser meramente pragmático, Lenin tenía una visión teórica fundamentada en el materialismo. Para Lenin, la teoría revolucionaria es esencial para guiar la acción política. En este sentido, Clara Zetkin resaltó en sus memorias la importancia que aquel le concedía a la justa combinación de teoría y práctica en la lucha revolucionaria.
El dirigente bolchevique, a través de su análisis de la realidad política, no sólo buscaba la transformación social, sino que también promovía una reflexión profunda y crítica sobre las circunstancias históricas para evitar errores en la acción revolucionaria. Así, se ha analizado cómo en la visión leninista hay una vinculación necesaria entre teoría y práctica. En la primera entrega se abordó el ámbito teórico del líder revolucionario, mientras que en esta segunda entrega se expondrá el ámbito práctico. Ambos aspectos, no obstante, no pueden ser desvinculados, están conectados necesariamente, con un único objetivo: la superación del sistema capitalista.
2.- Práctica racional
2.1- Procesos transformadores de la realidad
El enfoque filosófico propuesto por Marx resalta un elemento fundamental: la práctica. Según él, la existencia humana se define por la capacidad de transformar el entorno, un proceso que conduce a la humanización del individuo. La esencia de este planteamiento consiste en la necesidad de una transformación radical del mundo. Para Marx, la filosofía no sólo debe teorizar sobre la realidad sino transformarla: “los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, dice su famosa tesis XI sobre Feuerbach. Asumir una responsabilidad con respecto al desarrollo del mundo es una tarea difícil; diseñar y ejecutar un proyecto de transformación lo es aún más.
La conciencia alberga un proceso gradual en que el ser humano se transforma a sí mismo mientras modifica su entorno. La conciencia, refinada a lo largo del devenir histórico, se involucra en la práctica; critica la realidad existente mientras proyecta una nueva, y tal proyección no se erige como idea solamente sino que tiene un lugar en la práctica social de los seres humanos. Por ejemplo, una obra de arte representa una nueva realidad, producto de un proceso histórico. Para materializarla, la conciencia transita dialécticamente desde lo ordinario (la percepción sensorial) hacia la praxis (autoconciencia y práctica), manifestándose en la creación de una nueva visión del mundo. Un ejemplo concreto de una nueva visión del mundo es, según Hegel, el arte. Según el filósofo, “lo que en el arte significa apariencia es que la realidad cotidiana está superada-asumida. Y la apariencia en el arte es más bien una forma mucho más verdadera, superior, frente a la forma en que estamos acostumbrados a ver lo ético.” (Hegel, GWF, 2015, p. 97). De acuerdo con esta visión, entonces, el arte plantea un elemento transformador de la materia, del mundo tal cual se nos ha presentado originalmente. Hay otros elementos que pueden establecerse como modificadores de la realidad social, no solamente las obras de arte; también podríamos enumerar, en este sentido, las revueltas sociales o las ideas mismas que cambian las concepciones históricas.
2.2.- La necesidad de una práctica racional
Los movimientos sociales que transforman la realidad ocurren necesariamente, pero no necesariamente pueden ser victoriosos. De acuerdo con Lenin, es posible que un incorrecto análisis de la realidad conlleve una praxis limitada o que no resuelva suficientemente los problemas de las clases explotadas. En este sentido, criticaba varias alas de la socialdemocracia de su tiempo. La crítica es reflexiva, alude a la razón en tanto que pretende profundizar lo más posible en el análisis de la realidad, de la coyuntura o de las circunstancias históricas. Así, la práctica de funda con un análisis racional y, en ese sentido, se trata de una propuesta de práctica no espontánea, sino bien organizada, con base en un análisis riguroso del momento histórico.
De ese modo Lenin criticó a los izquierdistas alemanes, quienes se oponían a la idea de que el Partido Comunista de Alemania hiciera alianzas o compromisos con el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), representado por los seguidores de Karl Kautsky. Para Lenin, este rechazo refleja una comprensión errónea de la situación política y de las tácticas revolucionarias necesarias. Por otro lado, en Rusia también había también facciones similares a los kautskianos alemanes, como los mencheviques de derecha y de izquierda. En 1917, las masas obreras rusas pasaron progresivamente de apoyar a los mencheviques y socialrevolucionarios hacia los bolcheviques. Este proceso, que fortaleció el poder de los comunistas en Rusia, no se produjo de manera similar en Alemania. En lugar de fortalecer a los comunistas, las masas alemanas se inclinaron inicialmente hacia el USPD, un partido intermedio que vacilaba entre las posturas de la derecha (Scheidemann) y los comunistas.
Lenin atribuye este fenómeno a los errores tácticos cometidos por los comunistas alemanes, como su negativa a participar en el parlamento burgués y en los sindicatos reaccionarios. Estas actitudes “izquierdistas”, dice Lenin, son una enfermedad infantil que necesita ser corregida, fundamentalmente porque la historia y la estructura social del capitalismo hacen inevitable la necesidad de alianzas y compromisos con diversos sectores de la sociedad, incluidos aquellos que se encuentran en transición hacia el comunismo, como los pequeños campesinos, los semiproletarios y otras facciones de la clase obrera.
De modo que Lenin insiste -muy claramente en La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo– en que es necesario buscar formas de compromiso que faciliten la fusión de estos sectores con el ala comunista, siempre y cuando no se comprometa la lucha ideológica con el ala oportunista del mismo partido. La habilidad política está en saber cómo maniobrar y hacer acuerdos que eleven el nivel de conciencia revolucionaria y de lucha del proletariado, en lugar de debilitarlo o rebajarlo. A esto aludía, por ejemplo, cuando se trataba de hacer compromisos o alianzas con organizaciones que poseían una línea ideológica distinta de la suya (Lenin, VL, 1998, pp. 73-97).
2.2.1- La conciencia de clase
Lenin expresa en su ¿Qué hacer? que preferiría exponer sus ideas sin polémica, pero que el economismo ha mostrado ser más persistente y fuerte de lo que se esperaba. Por ello, es esencial llevar a cabo una lucha decidida contra esta tendencia, que aunque vaga e indefinida, es lo suficientemente sólida como para resurgir de diversas formas, lo cual mermaría el desarrollo de la revolución proletaria. Después del giro hacia el economismo por parte de Rabócheie Dielo y el fracaso del Congreso de Unificación del POSDR en el extranjero (Zurich, 1901), Lenin concluye que el economismo, una versión rusa del oportunismo internacional en el marxismo, es incompatible con su corriente, la de «Iskra» y el bolchevismo.
Lenin centra sus ataques en esta corriente dentro de la propia socialdemocracia rusa, en lugar de enfocarse en el constitucionalismo liberal, la autocracia zarista o los socialistas-revolucionarios, puesto que Rabócheie Dielo ha adquirido una importancia histórica al reflejar no el economismo consecuente, sino la dispersión y vacilaciones teóricas. Lenin enfatiza que no se puede avanzar sin liquidar definitivamente este periodo de ambigüedad en el proyecto y la práctica. El economismo es una desviación del marxismo, pues no persigue el fin último de superar el modo de producción capitalista para instaurar un modelo justo, sino que se satisface con reformas que no alteran radicalmente el sistema capitalista. Es por eso que eliminar las desviaciones reformistas se vuelve una tarea urgente que ha de realizarse a través de la concientización de las clases proletarias, es decir, del estímulo de la conciencia de clase.
La conciencia de clase es una cuestión central en la teoría leninista, pues, de acuerdo con Lenin, no puede haber una revolución sin un proletariado politizado que sostenga una dictadura para así lograr la erradicación de la burguesía y del statu quo. El desarrollo del Partido obrero revolucionario está fincado en buena medida en una sólida conciencia de clase de las y los obreros. Lenin afirma que la clase obrera no puede alcanzar una verdadera conciencia política si no es capaz de identificar y solidarizarse con todas las formas de opresión, incluso aquellas que afectan a otras clases. La conciencia de clase debe ir más allá de los intereses inmediatos de la clase trabajadora y considerar el conjunto de las relaciones sociales y políticas existentes.
Para Lenin, esta conciencia no surge de manera espontánea dentro del movimiento obrero (Lenin, VL, 1998, pp. 84-97). Sin embargo, la conciencia socialista, necesaria para llevar a cabo una transformación revolucionaria, se deriva de teorías elaboradas por intelectuales que, aunque inicialmente podrían pertenecer a clases burguesas, se alinean con los intereses del proletariado a través de su praxis revolucionaria. El Partido, en esta perspectiva, juega un rol fundamental como productor colectivo de conocimiento. No sólo organiza la lucha, sino que también educa políticamente a la clase trabajadora, ayuda a conectar la lucha cotidiana con un proyecto revolucionario más amplio. La conciencia de clase no se obtiene únicamente a partir de la experiencia inmediata de los trabajadores, sino que necesita un análisis profundo de la sociedad, de las leyes y de las instituciones que perpetúan la opresión.
3.- El peligro de desarticular la teoría de la práctica (y viceversa)
Al desvincular teoría y práctica puede provocarse una profunda crisis que limita la capacidad de evolución de la teoría marxista, así como la capacidad de responder a las condiciones históricas concretas. Ése es el peligro de desarticular la teoría de la práctica: una teoría que no se ajusta a las realidades cambiantes de la lucha de clases y las condiciones sociales corre el riesgo de volverse irrelevante o ineficaz. Por otro lado, una práctica revolucionaria sin una reflexión teórica adecuada puede conducir a errores políticos graves, a mermar el ánimo de la militancia y limitar la capacidad de prever situaciones futuras y salidas creativas a los problemas concretos.
Se ha dicho recurrentemente que Marx y Lenin no entregaron un sistema teórico acabado, sino una base que ha de ser constantemente revisada y enriquecida mediante la interacción con las luchas de masas y los cambios históricos. Esta visión se alinea con la idea de que el marxismo es una herramienta viva, que requiere de una interrelación continua entre teoría y práctica para mantenerse relevante y efectivo.
La vitalidad del planteamiento de Marx surge precisamente de la capacidad de los movimientos de masas obreras y populares actuales de replantear y revitalizar la teoría a través de la praxis. Esto sugiere que, lejos de una crisis terminal, el estallido de las contradicciones puede abrir un nuevo horizonte para el marxismo, siempre y cuando se integren de manera orgánica la reflexión teórica con la práctica revolucionaria. Sólo un marxismo que articule teoría y práctica de manera continua y dinámica podrá ofrecer soluciones a los problemas contemporáneos y guiar un futuro de transformación social.
Betzy Bravo es maestra en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
Bibliografía
Hegel, G.W.F. (2015). Filosofía del arte o estética. Abada Editores/Universidad Autónoma de Madrid.
Lenin, V. I. (1998). La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo. Fundación Federico Engels.
Lenin, V. I. (1981). ¿Qué hacer? Progreso.
